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El auge de la extrema derecha flamenca alarma al Gobierno de Verhofstadt
Gustavo Da Silva

El avance electoral del ultraderechista Vlaams Blok (Bloque Flamenco) en los comicios locales del 2000, corroborando la tendencia de las legislativas del año anterior, ha alertado al Gobierno del liberal Guy Verhofstadt y movilizado al resto de partidos belgas para intentar frenar a una formación con tintes populistas y xenófobos.

El aumento del respaldo social al Vlaams Blok ha sido especialmente visible en Amberes, la segunda ciudad en número de habitantes del país, donde continúa siendo la primera fuerza política. La extrema derecha concentra un tercio del electorado del enclave portuario, centro neurálgico de la economía de Flandes –región norte de Bélgica de habla flamenca, un dialecto del neerlandés–.

El resto de partidos representados en el Consejo Municipal –socialistas, liberales, democristianos, nacionalistas moderados y verdes– ha tenido que reeditar una alianza, que en Bélgica se ha bautizado elocuentemente como cordón sanitario, para aislar a los radicales en la oposición. A pesar de que el Vlaams Blok ha incrementado su implantación en otros núcleos urbanos flamencos, como Gante, Malinas, Lokeren o Beveren, tampoco ha logrado acceder a sus gobiernos locales.

Trasvase de votos y nacionalismo

El hecho de capitalizar el papel de oposición, como en Amberes, es uno de los factores que explican el auge de la ultraderecha flamenca. El partido liderado por Filip Dewinter ha arrastrado, desde las elecciones legislativas de 1999, un gran número de votantes democristianos descontentos con la gestión del antiguo Ejecutivo conservador. El desplome de los democristianos, que fueron apartados del poder por vez primera desde los años cincuenta, se debió a un último mandato salpicado por la corrupción, la inseguridad alimentaria –el caso de las dioxinas– y un suceso que conmocionó a la sociedad belga, el escándalo del pederasta Dutroux, que provocó una cadena de dimisiones de altos cargos de la Administración.

Desde entonces, la población flamenca –el 57 por ciento de Bélgica– ha sido más permeable al discurso demagogo del Vlaams Blok, que ha estimulado el histórico resentimiento respecto a los vecinos francófonos de Valonia –el 32’2 por ciento–. Flandes es una región con mejores niveles de prosperidad económica y de calidad de vida; la extrema derecha explota este filón diferencial para acusar a los valones de absorver buena parte de los impuestos de los contribuyentes flamencos.

Inquietud por el caso austriaco

La emergencia de este partido no sería alarmante si excluyera de su doctrina política posturas racistas que, por ejemplo, justifican una actitud de marginación hacia aquellos inmigrantes que no aprendan a hablar flamenco o “no sigan su estilo de vida”. El Gobierno de Verhofstadt ha sido incapaz de contener la subida electoral del Vlaams ...

Cronología año   2000

8 de enero. El Gobierno restablece los controles fronterizos para evitar una gran afluencia de inmigrantes, poco antes de que se regularice la situación de numerosos ilegales.

28 de febrero. Suspensión de la cooperación militar con Austria.

8 de octubre. Elecciones comunales y provinciales, en las que por primera vez tienen derecho de voto 88.000 residentes de la Unión Europea. El Vlaams Blok obtiene el 33% de votos en Amberes –un 5% más que en 1994–, lo que le vale 20 representantes en una Cámara Municipal de 55. En Malinas obtiene el 25% y en Gante, el 20%. En Bruselas, los liberales continúan como primera fuerza política y los verdes ascienden al segundo puesto.

17 de octubre. El Gobierno anuncia un paquete de medidas que otorgan más autonomía fiscal y financiera a Flandes, Valonia y Bruselas.

11 de diciembre. El primer ministro, Guy Verhofstadt, desbloquea las negociaciones de los Quince sobre el Tratado de Niza, al aceptar tener un voto menos que Holanda en el Consejo de Ministros, rompiendo así una histórica paridad. A cambio, la futura UE de 27 países celebrará todos los Consejos Europeos en Bruselas.


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