Anuario 1999

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Declive de la derecha en Estonia
Gemma Rubiol

Las elecciones generales celebradas el pasado mes de marzo en Estonia apuntan a un agotamiento del Gobierno de derechas, encabezado por el partido de la Unión Pro Patria, uno de los más nacionalistas y conservadores.

Desde su independencia de la ex Unión Soviética, esta pequeña república ha sido gobernada con mayoría absoluta por esta formación. Pero en estas últimas elecciones ha hecho falta una coalición tripartida, entre este mismo partido, el Partido de la Reforma y los moderados, para volver a reafirmar a Lennart Meri, líder de la Unión Pro Patria, como presidente. Con este pacto, la coalición ha arrebatado la presidencia al partido de centro, encabezado por Edgar Saavisar, que había ganado las elecciones con un 23,41% de los votos.

El voto ruso ha tenido mucho que ver con el cambio de signo de estas elecciones. Pese a que los rusos representan un tercio de la población de Estonia, muchos de ellos todavía no tienen la ciudadanía de la república ex soviética y sólo el 20% de los electores convocados a las urnas pertenecen a esta minoría.

El principal objetivo del nuevo Gobierno estonio será la adhesión del país en la Unión Europa, fechada, según sus pretensiones, para el año 2003. Estonia comenzó las negociaciones para el ingreso en 1998; no obstante, todavía está lejos de conseguir los indicadores económicos mínimos para que se produzca su entrada, aunque con una economía más saneada que sus vecinos bálticos (Letonia y Lituania), es, de estos países, el favorito para conseguir su propósito. Si bien es cierto que los resultados en el tránsito de hidrocarburos o en las industrias madereras han sido buenos en 1999, existe un gran descontento entre los agricultores, que vieron cómo sus cosechas no proporcionaron los resultados esperados tras el frío y húmedo verano del pasado año. Las empresas y los pequeños ahorradores sufren el control económico, en cuanto a créditos, de los bancos suecos, que de esta manera fiscalizan, aunque de manera indirecta, el sistema financiero estonio.

Estonia sigue sufriendo el peso de su pasado soviético. El acuerdo para la delimitación de las fronteras entre ambos países sigue sin firmarse y la crisis rusa de 1998 afecta al comercio entre ambos países. El efecto combinado de la devaluación de las respectivas monedas y de las constantes subidas de las tarifas aduaneras rusas sobre los productos estonios se traduce en un encarecimiento de los productos que podría empeorar el déficit de la balanza comercial. Éste, sin embargo, no es el único punto por el que ambos países están en desacuerdo, ya que Rusia tiene todavía instalaciones militares en la península de Pakri y en la base de Paldiski. También es motivo de conflicto la adhesión de la catedral Alexander Nevski al patriarca de Constantinopla en vez de a Moscú, así como los atrasos en el pago de las jubilaciones de los militares estonios por parte de Rusia.

Por otro lado, las relaciones de vecindad que se establecen entre las repúblicas bálticas son buenas, tal y como lo demuestra la cooperación militar y un acuerdo de libre cambio reafirmado este año; sin embargo, cada una defiende su independencia en el momento de mantener relaciones políticas y comerciales con los países vecinos.

Aunque el índice de inflación estonio, con un 8.2%, prácticamente, duplica al de las otras dos repúblicas bálticas, (Lituania y Letonia), y el de paro se sitúa en un 5,1%, no parece difícil que Estonia consiga cumplir los criterios de convergencia para su adhesión a la Unión Europea, ya que los Quince, y especialmente Finlandia o Suecia, no pondrán demasiadas trabas para que su integración se haga efectiva.

(Texto traducido del catalán y revisado por Juan Salvador Martínez)


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