Anuario 2001

Afganistán
Alemania
Arabia Saudí
Argentina
Australia
Austria
Bielorrusia
Brasil
Bulgaria
Chile
China
Colombia
Congo
Corea del Norte
Corea del Sur
Egipto
España
Estados Unidos
Filipinas
Francia
Georgia
Gran Bretaña
Holanda
India
Indonesia
Israel
Italia
Japón
Jordania
Kazajstán
Kirguistán
Líbano
Macedonia
Malasia
Mozambique
Nepal
Nigeria
Pakistán
Perú
Portugal
Rusia
Serbia
Singapur
Siria
Sri Lanka
Sudáfrica
Tayikistán
Timor Oriental
Ucrania
Uzbekistán
Venezuela
Zimbabue
Sudáfrica
El presidente Mbeki aplica recetas liberales y consolida las desigualdades
Roger Pi

En Sudáfrica todavía conviven dos mundos: el primero, rico y desarrollado, integrado por la minoría blanca; y el segundo, integrado por negros que no han accedido al reparto de la riqueza que prometía el final del “apartheid” y que viven en condiciones de subdesarrollo. Las iniciativas del presidente Mbeki, sucesor de Mandela desde que éste abandonó el cargo en 1997, de crear una clase media negra y de reducir la pobreza que asola la población, contrastan con su firme adhesión a las políticas neoliberales y a la adopción de medidas restrictivas respeto al gasto público.

Los escándalos de Winnie Mandela

El partido del “apartheid” no tiene sitio en la nueva Sudáfrica

Sudáfrica aspira a liderar el continente

El principal de sus objetivos, el de la reforma agraria para que los negros puedan encontrar su sitio en la nueva economía de mercado sudafricana, todavía no se ha alcanzado. El Gobierno se había fijado como objetivo distribuir, hasta el 2014, el 30 por ciento de las tierras del país entre la población negra a través de la compra o de la expropiación de las granjas de los blancos, pero a pesar de la disposición de los blancos a vender o ceder el 6 por ciento de la tierra, la reforma no avanza.
Mbeki tampoco ha sabido hacer realidad el llamado “Black Empowerment”, unas medidas para incentivar empresas destinadas a la población negra que no han obtenido ningún éxito. Y mientras la mitad de los sudafricanos viven en la miseria, los blancos abandonan el país por la carencia de estímulos o desesperados ante la oleada de ocupación de tierra. El empobrecimiento generalizado también ha comportado un incremento de la violencia y de la inseguridad, y Sudáfrica se sitúa ahora en uno de los primeros lugares del “ranking” de países más peligrosos del planeta. Este fenómeno deriva de la violencia heredada del “apartheid” y de la pobreza que alimenta los sentimientos xenófobos contra las oleadas de inmigrantes procedentes de otros países del área sudafricana mucho menos desarrollados. Aun así, Sudáfrica, contrariamente al resto de países africanos, ha construido estructuras estatales sólidas dotadas de medios legales para proteger los derechos humanos. Su Estado federal, estructurado en nueve provincias, se caracteriza por el respeto a las minorías y las diferencias culturales, lingüísticas y religiosas.

Las promesas olvidadas
Nelson Mandela puso en marcha en 1996 un plan de redistribución de la riqueza para desarticular la estructura financiera que había construido el “apartheid”, e intentó solucionar los graves problemas de desocupación y de déficit del Estado. Estos programas, que eran una interpretación autóctona de los de ajuste estructural (PAE) del Banco Mundial, se llamaron Planes de Estrategia de Crecimiento, Ocupación y Redistribución (GEAR). Se basaban, sobre todo, en la búsqueda de una nueva manera de plantear el sistema económico del país, basado en una estricta disciplina fiscal y un alto crecimiento nacional.
Pasados cinco años y con la llegada al poder de presidente Mbeki, los GEAR no han cumplido ninguna de las promesas de desarrollo social, ni ha conseguido los hitos fiscales que se proponían. Los diseñadores de los GEAR auguraban la creación de ...

Cronología año   2001

14 de febrero. Los residentes de Pretoria encabezan una multitud de protestas contra la intención del Gobierno de privatizar el agua. Este hecho se enmarca dentro de la oleada de privatizaciones impuestas por el FMI que tienen como fin conceder créditos para el desarrollo. El Gobierno de Mbeki ha optado por ceder los derechos de la explotación a la compañía Suez-Lyonnaise, lo cual todavía ha levantado más protestas. Mientras tanto, los ocupas de tierras mantienen su pulso particular con el Gobierno.



4 de abril. La presión internacional y del propio Gobierno sudafricano hacen que las compañías farmacéuticas, muy preocupadas por su imagen exterior, retiren las querellas que habían presentado contra la decisión gubernamental de no respetar sus patentes sobre el territorio de la República y fabricar medicamentos genéricos.



3 de mayo. La policía se prepara ante una nueva oleada de ocupaciones tal y como se producen en Zimbabue. La oposición del Congreso Panafricano no sólo apoya la acción, sino que recoge fondos para hacer frente al Gobierno y a los granjeros blancos en los tribunales. Además, la oposición promete ayudas económicas y en infraestructuras a los nuevos granjeros.



3 de octubre. Uno de los líderes del CNA (Congreso Nacional Africano), Tony Yengeni, que encabeza el Departamento de Defensa, protagoniza un escándalo de fraude de dinero público y de tráfico de influencias que afecta a buena parte del partido gubernamental. Yengeni fue descubierto porque tenía, entre otros, un coche de lujo de la compañía DaimlerChrysler, que había resultado beneficiaria de un concurso billonario para fabricar armamento de alta tecnología.



5 de diciembre. El presidente Mbeki da un toque de alerta al máximo dirigente de Zimbabue, Robert Mugabe, para que agilice el proceso de democratización y celebre elecciones limpias. Mbeki cierra de esta manera una peculiar política de no intervención con respecto a su vecino que no ha servido para estabilizar la situación.



14 de diciembre. El Tribunal Supremo de Pretoria falla a favor de las ONG y obliga al Gobierno a facilitar de manera gratuita medicamentos contra el sida a las mujeres embarazadas. Al cabo de pocos días, el Gobierno recurre la sentencia y el Ministerio de Sanidad anuncia que no tiene fondos suficientes para atender a los afectados por la enfermedad.


Periodismo Internacional © 2019 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull