Irak
China: Los motivos del 'no': todo al servicio del expansionismo económico
Marta Caseny

La crisis de Irak ha significado un punto de inflexión en la diplomacia china. Históricamente el país no ha tendido a tener ningún protagonismo en crisis internacionales y el hecho de que ahora se haya manifestado abiertamente contra el ataque militar a Irak e incluso dejara abierta la puerta del uso del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas si daba luz verde al ataque es un cambio que debe ser medido con atención. De hecho, debemos tener en cuenta que actualmente el verdadero foco de atención del Gobierno chino es la expansión económica del país y no la política exterior, con lo cual, el nuevo rumbo que parece haber tomado en lo concerniente a política exterior estará probablemente ligado al expansionismo de su economía.

Si comparamos la respuesta del Gobierno chino durante la operación Tormenta del Desierto en 1991 y su reacción ahora frente a la decisión de los EE.UU. de atacar Irak, vemos claramente que, efectivamente, la política exterior china ha sufrido un giro de 180 grados. En 1991 China se abstuvo de ejercer su derecho de veto y, en esta ocasión, aunque finalmente no podría haberlo ejercido porque el ataque se produjo sin esperar el consenso en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Gobierno chino tampoco había amenazado con bloquear la resolución final si daba luz verde al ataque militar. Se había limitado a sumarse a la declaración común suscrita por Francia, Rusia y Alemania que apostaba por impedir una resolución de la ONU que autorizara el ataque a Irak y a puntualizar, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, Tang Jiaxuan, que China tomaría la decisión sobre su derecho de veto en el momento en que le fuera requerido y "de acuerdo con la política exterior independiente y pacifista" del país. En el caso de 1991 la abstención de China tenía un objetivo muy claro: silenciar la condena internacional por la matanza de estudiantes que tuvo lugar en la plaza de Tiannanmen en 1989.

El objetivo del Gobierno chino al enfrentarse a la política belicista de los EE.UU. tiene ahora otra lectura distinta. En este caso, el Gobierno chino aprovecha la coyuntura internacional para alzarse como líder y portavoz del Sudeste asiático. Por otra parte, desde que en 1974 China introdujo el concepto de las Tres Chinas (Hong Kong, Taiwan y la China continental) no ha dejado de planear en el contexto internacional que a pesar del progreso económico, la China continental interior es, de facto, un subtercer mundo. Al alzarse junto a Francia, Alemania y Rusia contra la hegemonía belicista de los EE.UU., China esperaba ganar las simpatías de los países alineados bajo el "No a la guerra" y alejar así las miradas críticas hacia el paupérrimo interior del país. A la vez, confiaba en obtener además el amparo necesario para que la defensa de su hegemonía territorial frente a los países con los que hace frontera no fuera vista como un comportamiento belicista para con sus vecinos.

Hay también otro factor muy importante en la oposición china a la guerra: la necesidad de impedir el avance del poder norteamericano en Asia. Y, por extensión, el deseo de evitar que los países que forman parte de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) estrechen sus ...


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