Irak
Rusia: Un juego de equilibrios diplomáticos para enmascarar la política interna
Marta Caseny

La amistad que entablaron Rusia y los EE.UU. tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 para hacer frente al terrorismo internacional se tambaleó a causa de la guerra de Irak. Y el hecho de que Rusia anunciara el mes de febrero su intención de hacer uso del derecho de veto en el Consejo de Seguridad para evitar un ataque militar contra Irak sin el respaldo de la ONU es sólo una pieza más del entramado de relaciones que tejen la red de dicha amistad, por el momento infructuosa.

El 23 de diciembre de 2002 Irak anuló un acuerdo comercial valorado en 200.000 millones de dólares con la empresa petrolífera rusa Lukoil para castigar a dicha empresa por haber negociado con los EE.UU. acerca de sus intereses en el futuro Irak post-Sadam, según declaró el primer ministro iraquí, Tarek Aziz. El 10 de febrero el panorama se redibujó. Mientras el presidente ruso, Vladimir Putin, viajaba a Alemania y Francia para entrevistarse con sus homólogos y aliados contrarios el ataque militar, el ministro de Comercio iraquí, Mohammad Mehdi Saleh, recordó a Rusia que ésta había perdido 60.000 millones de dólares a causa de las sanciones de la ONU a la vez que le auguraba un buen futuro económico en Irak haciendo referencia al acuerdo de comercio que negociaban con Moscú y que le aportaría un beneficio de más de 40.000 millones (previsto para 10 años y que incluía 67 acuerdos en agricultura, petróleo, transportes y energía). Ese mismo día el ministro iraquí de Comercio afirmó que, efectivamente, el contrato con Lukoil para desarrollar el yacimiento petrolífero de West Qurna había terminado, aunque éste podría ser concedido a otra compañía petrolífera también rusa.

La deuda contraída por Irak en transacciones comerciales con Rusia asciende a 7.000 millones de dólares. Pero Irak es el segundo país con mayores reservas de petróleo (el 11% del total mundial) y garantizar a Rusia una parte importante del pastel es una opción que beneficiaría a ambos. Aún así, Putin ya se había anticipado a dejar la puerta abierta para dar marcha atrás en caso de que las palabras del ministro de Comercio iraquí se quedaran sólo en eso, palabras, y declaró que "si Irak pone trabas a los inspectores, Rusia podría cambiar su posición y ponerse de acuerdo con los EE.UU. en nuevas y más duras acciones del Consejo de Seguridad de la ONU".

El 4 de marzo el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Igor Ivanov, se entrevistó con Jack Straw, su homólogo británico, y apuntó en una entrevista concedida a la BBC que efectivamente el Gobierno ruso contemplaba seriamente la opción de vetar una resolución de las Naciones Unidas que diera el visto bueno a un ataque militar en Irak.

Pero en Washington la amenaza de veto por parte de Moscú no supuso en ningún caso un replanteamiento de la situación general, sino que ante la nueva coyuntura internacional los EE.UU. empezaron a barajar la opción de atacar sin necesidad de esperar votaciones en el Consejo de Seguridad. De hecho, se dudó ...


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