Anuario 2003

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Afganistán
Una nueva Constitución para un pais roto
Montse Bofill

Afganistán no se ha recuperado todavía de la intervención militar americana del 2001 a raíz de los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono. En realidad la post-guerra está siendo larga y muy violenta, de manera que las fuertes tensiones que se crearon durante el conflicto continúan latentes. Los antiguos dirigentes taliban, que todavía hoy en día son los principales opositores del nuevo régimen democrático, están organizados en pequeños grupos a lo largo del territorio afgano y atentan continuamente contra la población civil, las fuerzas nacionales y los soldados occidentales (en su mayoría norteamericanos).

El sueño de Hamid Karzai, principal candidato para la presidencia de Afganistán, es crear un país que siga los fundamentos de las democracias occidentales como el sufragio universal, el cumplimiento de los derechos humanos, el respeto a la mujer y la libertad de expresión, pensamiento y difusión, sin tener que renunciar a las bases primordiales de la cultura afgana. Por esto, este diciembre el Estado centroásitico ha aprobado la nueva Constitución, que es el paso previo, junto con el nuevo censo de población, para poder celebrar las elecciones presidenciales del junio del 2004.

Estos comicios tienen como objetivo regularizar la situación de Afganistán y establecer un poder central a todo el país. Pero para conseguirlo, el Gobierno de Karzai tiene que saltar dos grandes obstáculos: el crecimiento exponencial del mercado ilegal de opio y los atentados terroristas de los guerreros taliban. Y la única vía para solucionarlos es, según Karzai, el aumento de las fuerzas militares y policiales. El deseo del presidente afgano sería disponer de un cuerpo militar de 70.000 hombres y uno de policial de 50.000. Pero actualmente sólo hay 9.000 militares y la fuerza policial es mucho precaria. Karzai ha intentado solucionarlo pidiendo más soldados a los norteamericanos y a la OTAN. La situación es preocupante, y cada vez es más difícil justificar las muertes ante la opinión pública de los países de Occidente. Y por si fuera poco, la vieja idea de los EE.UU. de construir las cañerías de petróleo que atravessessin Afganistán y Pakistán cada vez se ve más lejos. Los norteamericanos ya han empezado a construir la ruta caucásica, y por el momento parece que se conformarán con esta.

Afganistán ha pasado por 30 años de guerra, periodos dictatorials y fundamentalismo religioso. Además, predomina el analfabetització y se está tendiendo al rejovecimiento de la población (el 42% tiene menos de 14 años). Su renta por cápita es de 170 dólares por habitante y por el momento parece que la pobreza no disminuirá. Las ayudas económicas de Occidente llegan con cuenta-gotas y son, de largo, insuficentes. Y por si fuera poco, la reforma del Gobierno y los nuevos ideales democráticos de Karzai en realidad sólo benefician a Kabul. Sin ir más lejos, la segunda ciudad más importante d’Afganistán, Kandahar, es un de los núcleos dónde los taliban tienen más apoyo y, por lo tanto, dónde la intervención norteamericana se ve con más recelo. Por esto no es de extrañar que la carretera que ...


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