Anuario 2005

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Alemania
Nace la “Gran Coalición” para afrontar las reformas necesarias
Gaspar Pericay

El número de parados en Alemania ha batido, en el año 2005, su propio récord y ha llegado a superar los temidos 5 millones de personas hasta llegar en marzo a los 5.216.000 parados, lo que representa el 12,6% de la población activa. Esa cifra es la más alta registrada desde el final de la Segunda Guerra Mundial y posiblemente el dato más significativo de la crisis económica que arrastra la todavía llamada “locomotora europea”, que en 2003 creció tan sólo un 0,1%. Paradójicamente, la primera potencia exportadora del planeta no consigue desperezarse, resolver sus problemas estructurales y mantener un ritmo de crecimiento que la aleje del temido estancamiento, que es una realidad intermitente desde hace ya casi un lustro, aunque en los noventa, debido a los efectos de la reunificación -que todavía perduran-, la economía germana vivió también períodos de desconcertante fragilidad. Así, el país atraviesa una tediosa época que ha llevado la crisis a todas las esferas del poder. El Gobierno federal, los “länder”, la estructura del Estado de Bienestar, las finanzas públicas, la integración del Este, el rol en la Unión Europea y en el mundo; todo ello está siendo cuestionado en un intento de hallar un camino que lleve a Alemania a lo que anhela ser, una potencia mundial y el referente europeo indiscutible a nivel económico, político, social e, incluso, cultural.

Este panorama desconcertante desembocó en el relevo de Gerhard Schröder al frente del Gobierno alemán. La democristiana Angela Merkel ganó las elecciones legislativas celebradas el 18 de septiembre y batió a Schröder que optaba a la reelección. Sin embargo, la sorpresa fue la ajustada diferencia entre los resultados finales de ambos. Tan sólo cuatro escaños separaban a la CDU de Merkel (con su rama bávara, la CSU, con la que forma coalición) del socialdemócrata SPD del hasta entonces canciller. El discurso neoliberal de la líder conservadora no convenció como se esperaba a la ciudadanía, que se mostró prudente frente a las reformas económicas propuestas. Los alemanes, conscientes de la delicada situación que atraviesa su país, se decantaron por la implantación de políticas menos traumáticas que las que proponía Merkel, por eso muchos volvieron a votar a Schröder, quien era el primero en asumir que las cosas no iban bien y que había que apretarse el cinturón, pero de manera más suave que la propuesta por los conservadores. Ante la imposibilidad de formar gobierno con sus aliados naturales, los dos grandes partidos tuvieron que pactar un gobierno en coalición, que después de unos días de incertidumbre se decidió que fuera presidido por Angela Merkel.



La única salida a unos resultados electorales sin mayorías claras

“La Gran Coalición” se fraguó con el pacto entre los democristianos de la CDU/CSU, ganadores de las elecciones legislativas del 18 de septiembre con 226 escaños, y los socialdemócratas del SPD, que pese a unos malos pronósticos finalmente consiguieron 222 diputados. Los aliados naturales de los democristianos, los liberales del FDP alcanzaron los 61 escaños, que sumados a los 226 de la CDU/CSU no llegaban a los 309 necesarios para la mayoría absoluta esta legislatura. Lo mismo le ocurría al SPD, que de nada le servían los 51 diputados de Los Verdes para repetir la coalición rojiverde que ha gobernado Alemania los últimos siete años. Además, las diferencias personales de Oskar Lafontaine y otros dirigentes del PDS de los cuadros del SPD y, sobre todo, los irreconciliables programas económicos de ambos partidos hacían impensable un acuerdo con esta formación que dispone de 55 asientos en el “Bundestag”, el Parlamento federal alemán. La primera semana se barajaron otro tipo de coaliciones: por un lado, la bautizada como “Jamaica” por los colores de la bandera de este país y los de los partidos políticos que la integrarían (negro para ...


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