Anuario 2005

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Aires de cambio
Gaspar Pericay

En la República Italiana, dominada mediática y políticamente por Silvio Berlusconi, que ejerce de primer ministro y que es apodado “Il Cavaliere”, se respira un aire de cambio. Los escándalos y las desavenencias de la coalición gubernamental y las sucesivas victorias de la izquierda en las elecciones regionales y municipales parecen anunciar un cambio de rumbo de la política italiana. El regreso a su tierra del emérito profesor de Economía y ex primer ministro Romano Prodi, tras finalizar su mandato como presidente de la Comisión Europea, es como el de un hijo pródigo que vuelve a casa para sacar a los suyos del bache. La figura de “Il Professore” ha conseguido aglutinar a la izquierda -en un proceso no exento de tensiones- e infunde respeto a adversarios y a correligionarios, que lo ven como el único con verdaderas garantías de éxito de poder hacer descabalgar a Berlusconi. Este 2005 se ha convertido en el precalentamiento de la gran batalla electoral prevista para el 9 de abril de 2006 entre “El Caballero” y “El Profesor”, entre la coalición de centro-derecha y la de centro-izquierda. No obstante, nada está asegurado ya que Berlusconi, la primera fortuna del país y que controla un imperio comunicativo, tiene una larga experiencia en salir de atolladeros y en resurgir de sus cenizas.

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La victoria de la izquierda en las elecciones regionales del 5 de abril de 2005 representa un nefasto augurio para Silvio Berlusconi y la derecha con vistas a las generales previstas para abril de 2006. En unos comicios marcados por la muerte del Papa Juan Pablo II el día 2 de abril, que consternó Italia y paralizó Roma, en plena recta final de campaña, el centro-izquierda, bajo la bandera de La Unión, ganó en once de las trece regiones en disputa, conservando las cinco que ya tenía: Campania, Emilia Romagna, Marche, Toscana y Umbria. Arrebató, pues, seis regiones a la coalición de centro-derecha, las de Abruzzo, Calabria, Lazio, Liguria, Piemonte y Puglia. Por su parte, la derecha, agrupada bajo el nombre de La Casa de las Libertades, sólo conservó Veneto y Lombardia, feudo de unos de los socios de Berlusconi, la regionalista Liga Norte. Además, el 18 de abril, una última región celebraba sus comicios. Era la de Basilicata, en el sur de Italia, donde la coalición de centro-izquierda volvió a arrasar con un 67% de los votos, ampliando en diez puntos más el amplio margen que ya le distanciaba de los conservadores respecto a los resultados de 2000. Así es que, en total, la coalición de izquierda ha conquistado doce de las catorce regiones en liza, con más del 54% de los votos, contra apenas un 42% de la coalición liderada por el primer ministro. Y más aún, la alta participación, que superó el 70%, avaló contundentemente los resultados y les dio relevancia. Tanto es así que el Gobierno de Silvio Berlusconi se tambaleó.

Tras la debacle electoral, dos de los tres socios de “Il Cavaliere”, los posfascistas de Alianza Nacional (AN) y los conservadores de la Unión de la Democracia Cristiana (UDC), pidieron un cambio de rumbo en la acción de Gobierno para favorecer más a las regiones del sur -los menos desarrolladas del país- y aumentar la competitividad de la economía y de las empresas italianas; cambios que debían insertarse en una revisión global del programa de la coalición. Estas medidas programáticas y a medio plazo tenían que ir acompañadas de otras más palpables e inmediatas, y esto pasaba por un cambio sustancial del equipo de Gobierno. Incluso se llegó a plantear la posibilidad de reemplazar al propio Berlusconi. Este último, convencido de su fuerza en el partido mayoritario de La Casa de las Libertades, Forza Italia -que fue creado por él con los cuadros de su grupo empresarial para presentarse por primera vez en 1995 como candidato a ocupar la ...


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