Anuario 2005

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Polonia
Giro a la derecha tradicionalista en una Polonia sumida en la confusión
Gaspar Pericay

El 9 de octubre Polonia pasó página de un capítulo de su historia. Los dos candidatos que pasaban a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales eran de derechas. Lech Kaczynski, del partido conservador y católico Ley y Justicia, y hasta entonces alcalde de Varsovia, quedó en segundo lugar en la primera vuelta con el 33,1% de los votos, pero fue él quien finalmente ganó el segundo asalto, el 23 de octubre. Se convertió así en presidente de Polonia, y juró el cargo el 23 de diciembre. Su partido tradicionalista también había ganado las elecciones legislativas celebradas el 25 de septiembre, aunque muy lejos de conseguir mayoría absoluta. No obstante eso, ha podido formar un gobierno en minoría, con el apoyo parlamentario de dos formaciones populistas y, una de ellas, marcadamente ultraconservadora. De esta forma, Ley y Justicia acapara ahora los principales cargos de poder en Polonia. La incógnita es saber si el país cierra así una etapa de su historia o es un capítulo más de la larga transición poscomunista, debido a la posible inestabilidad de los apoyos parlamentarios del nuevo Gobierno y, sobre todo, a la sensación de confusión y desorientación que impregna a la sociedad polaca en los últimos años, después del descrédito de la clase política tradicional, compuesta por comunistas y sindicalistas reconvertidos.

Con la victoria en las dos elecciones de Ley y Justicia (PiS en polaco), Polonia tiene por primera vez, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un Ejecutivo neta y originariamente conservador, sin herencias de movimientos de otros tiempos como era la conservadora Solidaridad, que había nacido como un sindicato que se oponía al régimen comunista. Sin embargo, el nuevo Gobierno cuenta con una estabilidad parlamentaria frágil. Los grandes resultados de los populistas y radicales parecen indicar que se está lejos de una etapa de estabilidad y que más bien se está en un nuevo camino del largo viaje de la transición que lleva Polonia desde un régimen comunista hacia una democracia inserta en la Unión Europea y hacia una economía de libre mercado integrada en la globalización. Este auge de las opciones políticas con un discurso más populista, que llega más fácilmente a la gente, deriva del nivel de confusión y pasotismo de la ciudadanía en los últimos años, profundamente descontenta con los anteriores gobiernos y dirigentes por los múltiples escándalos de corrupción y de mala gestión pública. Tras la caída del régimen comunista, entre finales de 1989 y principios de 1990, vinieron las presidencias del popular líder sindical Lech Walesa y de un comunista reconvertido, Aleksander Kwasniewski. Sus gobiernos fueron forzados, convulsos e inestables, sacudidos por las desavenencias internas y los escándalos. Ambos líderes cayeron en desgracia, y con ellos el legado que arrastran. La ciudadanía polaca se ha hartado de la clase política que ha protagonizado la vida pública de los últimos quince años. A sus ojos, está desacreditada, y otros partidos han aparecido, como Ley y Justicia, liderado por los dos hermanos gemelos Kaczynski, que se fundó en 2001. La ciudadanía los han abrazado en masa, aunque -o porque- algunos de estos partidos tengan un marcado corte populista y radical.



Los gemelos Kaczynski ganan las elecciones legislativas y las presidenciales

Ley y Justicia (PiS) ganó las elecciones legislativas del 25 de septiembre sin alcanzar la mayoría absoluta. A lo largo de la campaña electoral, algunas de las encuestas daban como vencedor a los conservadores católicos y otras a los liberales, liderados por Donald Tusk, pero todas coincidían en que ninguno de los dos podría gobernar en solitario y, por afinidad ideológica y por aritmética parlamentaria, se daba por hecho que deberían llegar a un entendimiento para gobernar juntos en coalición. No ...


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