Anuario 2005

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Gran Bretaña
Blair inicia su tercer mandato marcado por los ataques terroristas
Gaspar Pericay

El primer ministro Tony Blair volvió a ganar las elecciones legislativas celebradas en mayo de 2005. Los resultados fueron ciertamente menos contundentes que las dos veces anteriores, pero ni todos los flecos de Irak ni la protesta de un sector del Partido Laborista ni una retahíla de promesas incumplidas en política interior, como la mejora de la Sanidad o la de los transportes públicos, hicieron peligrar la victoria de Blair, que inauguró así su tercer mandato. No obstante, el propio primer ministro, los militantes laboristas y el resto de observadores tienen claro que ganó, en muy buena medida, gracias a Gordon Brown y a sus éxitos económicos al frente del “Exchequer”. Pese a la victoria electoral y a su voluntad personal de dar prioridad a la agenda interior, parece que Blair no podrá alejarse, tampoco en esta legislatura, de Irak -donde hasta finales de diciembre de 2005 habían muerto 98 soldados británicos-, sus consecuencias y la “guerra contra el terrorismo”. El inicio del tercer mandato se empañó por los brutales atentados del 7 de julio en el transporte público de Londres por parte de extremistas islámicos, que hicieron patente la vulnerabilidad de la sociedad occidental a ataques terroristas en cadena -como previamente lo habían hecho el 11-S y el 11-M-.

Algo se mueve en la tradición británica

También mostraron el odio de ciertos sectores islamistas hacia Occidente, y la existencia de un submundo excluido, o autoexcluido, en la multicultural realidad británica; tres de los autores de la masacre en el metro y el autobús de Londres eran de origen paquistaní y el otro jamaicano, aunque todos ellos eran ciudadanos de Reino Unido, residentes en el área de la industrial ciudad de Leeds, obstinados en destruir la sociedad del país en el cual residen.



Los atentados del 7-J

En plena hora punta de la mañana del 7 de julio, cuatro atentados suicidas sacudieron el centro de la capital británica. Tres explosiones casi simultáneas en el metro y otra, cerca de una hora más tarde, en uno de los míticos autobuses rojos de dos pisos que circulaba por el centro de la ciudad causaron la muerte de 53 personas y se calcula que unos 700 heridos; fue el mayor ataque terrorista que ha sufrido el Reino Unido en toda su historia y la mayor masacre de civiles desde los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. La cadena de atentados fue reivindicada por un grupo de la órbita de Al Qaeda, las Brigadas Abu Hafs Al Masri, que también reivindicó el atentado del 11-M de Madrid. Aun así, la investigación sigue abierta y se desconoce todavía las verdaderas conexiones que podría tener con redes terroristas internacionales. Los autores materiales eran todos musulmanes y dos de ellos habían viajado recientemente a Pakistán y habían estudiado en una madrasa, las escuelas coránicas en las que el eje de la enseñanza es la memorización y recitación de suras del Corán (fragmentos). Dada la juventud de los suicidas -que tenían 18, 19, 22 y 30 años-, se sospecha que estuvieron dirigidos por otro u otros individuos. Además, las cintas de vídeo-vigilancia de la estación de tren de Lutton, por donde llegaron al centro de Londres, muestran a una quinta persona. Se han detenido a varios sospechosos, en Reino Unido y fuera de él -como en Egipto, donde se arrestó a un químico que podría haber fabricado los explosivos o instruido a los autores materiales de la masacre-, pero nadie ha sido juzgado todavía, y algunos de estos detenidos han sido ya puestos en libertad sin cargos.

Los atentados fueron planificados minuciosamente dada su coordinación y el día escogido; el día anterior, Londres había sido elegida ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos de 2012 y la seguridad era una baza importante de la candidatura. Además, durante aquellos días se estaba celebrando una cumbre ...


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