Anuario 2005

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Nepal
El monarca nepalí asume todo el poder tras dar un golpe de Estado
C. Ortega-Monasterio

La monarquía nepalí, una vez más, ha mostrado este año su cara más represiva. El 1 de febrero de 2005, el rey Gyanendra declaró el estado de excepción, disolvió el Gobierno y asumió todos los poderes por segunda vez en tres años. El monarca, justificando sus acciones en la ineptitud del Gobierno de turno frente a la amenaza de la guerrilla maoísta, suprimió las libertades esenciales, llevando a su país a una profunda crisis tras acusar a su primer ministro, Sher Bahadur Deuba, de no cumplir con su promesa de reanudar las conversaciones de paz con los rebeldes antes del plazo fijado, el 13 de enero. El Partido Comunista de Nepal (maoísta) nació tras la escisión del Partido Comunista de Nepal (Centro Unido). Su principal meta es derrocar a la monarquía y reemplazar la monarquía de Gyanendra por un sistema de Gobierno al que denominan “Nueva Democracia”, un modelo de Estado socialista que establecería un sistema económico comunista.

Una peculiar democracia siempre bajo tutela

Mientras el rey anunciaba por televisión la nueva situación del país, el Ejército ocupó las redacciones para censurar las noticias. El Gobierno mandó a todas las emisoras privadas del país que retiraran los programas de noticias y que sólo transmitieran programas de variedades. Además de disolver el Parlamento, Gyanendra destituyó al primer ministro y suspendió la libertad de prensa, palabra y expresión, de la asamblea pública y privacidad, las protecciones contra la detención preventiva y otros derechos constitucionales. El Ejército tomó las calles de Katmandú y puso bajo arresto domiciliario a Deuba. También encarcelaron a representantes políticos, estudiantes, activistas de derechos humanos, periodistas y sindicalistas, que fueron detenidos inmediatamente después de la declaración del estado de excepción y, aunque algunos fueron puestos en libertad poco después, casi un año después aún se están practicando más encarcelamientos, sobre todo en los distritos urbanos.

El 2 de febrero el rey formó un nuevo Gabinete, integrado por diez personas de confianza que “él mismo dirigiría”, según comunicó, días después, a lo medios de comunicación estatales. El nuevo ministro del Exterior anunció entonces que no habría elecciones hasta que finalizase la rebelión maoísta y que podrían pasar tres años antes de restaurar la democracia pluripartidista. La secretaria general de Amnistía Internacional, Irene Kahn, declaró tras una visita que realizó al país entre el 10 y el 16 de febrero que “el conflicto que desde hace tiempo enfrenta a los maoístas y a las fuerzas armadas ha destruido los derechos humanos en el ámbito rural. Ahora, el estado de excepción está destruyéndolos también en las zonas urbanas, llevando al país al borde del desastre.”

La comunidad internacional criticó duramente el golpe de Estado de Gyanendra y durante los meses posteriores, la mayoría de gobiernos occidentales retiraron a sus representantes en Nepal como medida de presión para que el monarca reinstaure un régimen democrático de manera inmediata. India y Reino Unido, los principales proveedores militares del Estado nepalí, bloquearon el envío de armas. Afortunadamente para Nepal, tras una reunión entre Gyanendra y el primer ministro indio, Manmohan Singh, el pasado mes de abril, durante la cumbre Afro-Asiática de Yakarta, se acordó el levantamiento del embargo por parte de India ante la promesa del rey nepalí de convocaría unas elecciones generales en 2006.

A mediados de ...


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