Anuario 2007

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Argelia
Debilidades internas, fortalezas exteriores

Clara Bassols

Casi 270 personas han muerto este año en siete actos terroristas, lo que ha obligado a restablecer férreos controles de seguridad en todo el país. Unos controles que no pudieron evitar el gran atentado del 11 de diciembre en Argel que causó más de sesenta muertos. Una acción que tuvo como objetivo la sede de las Naciones Unidas y que mostró que Al Qaeda ha establecido Argelia como un nuevo frente contra Occidente. En mayo, el Frente de Liberación Nacional (FLN) del presidente Bouteflika reeditaba su hegemonía en el Parlamento tras las elecciones legislativas y pese a la elevada abstención. El antiguo partido único, que ha gobernado el país desde su independencia en 1962 y que impuso su dominio en 1992 pese a la victoria de los islamistas en la primera vuelta de las elecciones, sigue recibiendo el apoyo de las potencias occidentales beneficiarias de los recursos del país. 

El nuevo frente de Al Qaeda

Argelia acabó el año como lo empezó: con violencia. A principios de febrero, siete explosiones simultáneas causaron seis muertos en Argel y en la zona de la Cabilia. El 11 de diciembre, un atentado volvía a sembrar el terror en Argel, matando a 67 personas e hiriendo a más de 300. En el que fue uno de los peores atentados registrados en la capital desde que la violencia se extendió en el país en la década de los noventa, dos bombas de más de 800 kilos cada una explosionaron con un intervalo de apenas diez minutos frente a la fachada de varias agencias internacionales, entre elllas el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Sólo un día antes de la matanza reivindicada por Al Qaeda del Magreb Islámico, el Gobierno argelino alardeaba de nuevo sobre el éxito de la reconciliación nacional y de la lucha contra el terrorismo islamista.
Uno de los autores de la masacre del 11 de diciembre en Argel, según los Servicios de Inteligencia argelinos, fue Rabah Bechla, de 64 años y enfermo terminal de cáncer, viejo conocido del terrorismo islamista, en el que venía participando desde hacía más de una década. El segundo terrorista, Larbi Charef, de 30 años, fue uno de los beneficiados por una de las últimas amnistías en favor de los islamistas decretadas por el Ejecutivo de Bouteflika.
Precisamente, las amnistías dirigidas a los islamistas que sucedieron a la aprobación en referéndum de la Ley de Concordia General en 2005 son una de las medidas que más valoran los argelinos de la gestión del presidente Bouteflika. Pero también podrían ser las culpables del último atentado del 11 de diciembre. La política de reconciliación nacional llevó a la reinserción en la sociedad de miles de islamistas que habían empuñado las armas tras la ilegalización del FIS —partido islamista que ganó las elecciones en la primera vuelta sin que se concretara su victoria— en 1992. Pero, lo que es más importante para el ciudadano de a pie, la “reconciliación nacional” supuso un descenso en el número de muertos como consecuencia de acciones terroristas. Una disminución que, pese a todo, se ha convertido en una agonía constante en la que, cada año, siguen muriendo centenares de argelinos. Las últimas bombas de Argel llegaron tras una sucesión de atentados suicidas cometidos desde principios de año, la mayoría de ellos dirigidos contra intereses militares, policiales y gubernamentales. Unos objetivos concretos ...

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