Anuario 2007

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Sáhara Occidental
Negociaciones directas por primera vez en siete años
Clara Bassols

En junio, representantes del Gobierno marroquí y del Frente Polisario se sentaban unos frente otros en Nueva York. Bajo la atenta mirada de la ONU y en aplicación de la resolución 1754 del Consejo de Seguridad que, a finales de abril, instaba a entablar conversaciones “sin condiciones previas”, las dos partes enfrentadas abrían las primeras negociaciones directas desde el año 2000. Tras el fracaso de la reunión, las dos delegaciones acordaron volverse a reunir en agosto. La segunda ronda de negociaciones cerró sin grandes progresos y no se esperan grandes avances tampoco en la tercera reunión prevista para el 7 de enero de 2008. El principal escollo sigue siendo el mismo de hace 30 años: los saharauis consideran que su condición jurídica debe ser determinada mediante un referéndum que incluya la opción de la independencia, mientras que Marruecos sólo acepta hablar de autonomía. Estados Unidos, Francia y Reino Unido respaldan la autonomía para el Sáhara, mientras que Argelia y la mayoría de los Estados africanos se sitúan junto al Frente Polisario a favor de la celebración del referéndum. 

Delegaciones presentes en Nueva York

El plan Baker

Un general marroquí condecorado en España

El 18 de junio, Marruecos y el Frente Polisario iniciaban en Manhasset, en las afueras de Nueva York, unas negociaciones históricas. Y es que desde el 2000 las dos partes enfrentadas en un conflicto que dura ya más de 30 años no se habían sentado cara a cara para hablar del futuro de un pueblo que, en 1975, pasó de manos españolas a marroquíes. A finales de abril, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobaba la resolución 1754, en la que se instaba a las dos partes a entablar conversaciones “de buena fe y sin condiciones previas”. Aunque Marruecos y el Frente Polisario aceptaron iniciar las negociaciones, las posiciones de partida presentaban dos líneas rojas: Rabat aceptaba negociar con el Polisario un Estatuto de Autonomía para el Sáhara Occidental y someterlo a referéndum, mientras que el Polisario defendía que esa consulta incluyera varias opciones además de la autonomía, incluida la independencia. El  Polisario, por su parte, consideraba que la represión marroquí contra estudiantes saharauis en distintas ciudades marroquíes y entre la población del Sáhara Occidental en los primeros meses del año no indicaba que el reino alauí se dirigiera a las negociaciones en Nueva York con ánimo de entablar negociaciones “de buena fe”.
Asimismo, el movimiento que en 1976 creó la República Árabe Saharaui Democrática —considerada por muchos un Gobierno saharaui en el exilio—, criticó que el ministro marroquí del Interior, Chakib Benmoussa, formara parte de la delegación que se desplazó a Estados Unidos. Su presencia era considerada por los saharauis como un mensaje de Marruecos al mundo de que el conflicto saharaui es un problema interno marroquí y no un proceso de descolonización.
Por su parte, el Gobierno marroquí afirmó antes de iniciar los dos días de reuniones que Marruecos participaba en las negociaciones de Manhasset “con una gran disposición y optimismo” de poder cerrar el contencioso.
En los dos meses transcurridos entre la primera y la segunda ronda de negociaciones, las tensiones no cesaron y las dos partes manifestaron su intención de no ceder en sus posiciones. A finales de julio, el rey de Marruecos Mohamed VI aseguró en un discurso, pronunciado con motivo del octavo aniversario de su llegada al trono, que no aceptaría otra solución del conflicto que no fuera su proyecto de autonomía bajo la soberanía de Rabat. El día siguiente, el Frente Polisario reaccionó y advirtió que el monarca alauí no podía fijar las reglas del juego ...

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