Anuario 2006

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El ex presidente Alan García vuelve a gobernar Perú dieciséis años después
Pau Cortina

Alan García ha vuelto. El que fue presidente del país entre 1985 y 1990 ya lo intentó en las últimas elecciones del año 2000, después de ocho años de gobierno de Alberto Fujimori en los que vivió en París, donde se exilió para evitar ser juzgado por enriquecimiento ilícito durante su mandato. Pero entonces se impuso Alejandro Toledo, el candidato por Perú Posible que ha presidio el país los últimos cinco años. Referente al  mandato de Toledo, son muchas las voces que lo identifican como un periodo de estabilidad política y económica basada en una orientación clara hacia políticas neoliberales. Sin embargo, no cabe olvidar los numerosos casos de corrupción atribuidos a su gobierno así como el inalterable y altísimo índice de pobreza en Perú como dos elementos muy negativos de su gestión.

El García de los años ochenta se presentaba a sí mismo como un socialdemócrata radical y al inicio de su mandato aplicó políticas ciertamente arriesgadas como la nacionalización de la banca o la reducción unilateral del pago de la deuda externa. En ese tiempo, García parecía estar enemistado con el statu quo, con lo que se ganó el rechazo de las clases adineradas peruanas, la desconfianza comercial de Estados Unidos y malas relaciones con organizaciones internacionales como el FMI. Sin embargo ahora ha aparecido como un político moderado en torno al que se han agrupado antiguos detractores, básicamente para impedir la victoria del candidato de la Unión por Perú, Ollanta Humala, el “nacionalista” peruano de origen indígena que en la primera vuelta de las elecciones celebrada en abril aventajaba tanto a Alan García como a la nueva candidata del partido conservador Unidad Nacional, Lourdes Flores. Así, en la segunda vuelta del mes de junio salió vencedor Alan García, sumando a su electorado el apoyo de una Unidad Nacional que ya no podía concurrir, con un 52,7% de los votos.

Ollanta Humala, con un apoyo electoral del 47,3, se quedó sin la presidencia de Perú pero estuvo cerca de dar la sorpresa de convertirse, de esa manera, en otro líder de la hornada “revolucionaria” que está floreciendo en América Latina, y que se identifica hoy día con el eje Caracas-La Paz-La Habana. Sin embargo Humala ha conseguido que su Partido Nacionalista, una formación sin apenas historia y que tuvo que aliarse con Unión Por Perú para poder ser reconocido legalmente como partido, tenga una representación muy significativa en el Congreso, con una tercera parte de los escaños de la Cámara, exactamente 45, por sólo 36 del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), el partido ganador de Alan García. El ex teniente-coronel del Ejército peruano Humala ya era conocido en Perú antes de presentarse a las elecciones por haberse levantado en armas con una pequeña facción del Ejército en el año 2000, contra de la corrupción en esta institución, una acción por la que fue juzgado, encerrado y amnistiado, todo en tan solo un año. La asociación del personaje con la revolución bolivariana o la política del presidente boliviano, Evo Morales, viene dada por sus explícitas propuestas electorales de nacionalizar el gas natural, el petróleo y la electricidad, reformar la Constitución de 1993 para facilitar la intervención del Estado en la economía, reglamentar las inversiones extranjeras, ...

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