Anuario 2009

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La crisis y los escándalos financieros minan la popularidad de Brown
Ana María Moledo

La City de Londres, centro financiero por excelencia, ha sufrido con especial dureza las consecuencias de la crisis económica global, por lo que 2009 en Reino Unido ha sido un año de políticas de ayuda y de planes de salvamento. El Gobierno de Gordon Brown ha intentado impulsar la recuperación económica, en medio de un aluvión de críticas, pese al galopante déficit público. La impopularidad del primer ministro ha ido aumentando con los meses. A las consecuencias de la crisis económica se sumaron los escándalos financieros que protagonizaron algunos de sus parlamentarios o el grave revés que sufrió su partido en las elecciones europeas del pasado 7 de junio. Los infortunios de los laboristas han derivado en ventaja para los conservadores, que han visto cómo los índices de popularidad de su líder, David Cameron, crecían con vistas a las elecciones legislativas de 2010.

El perfil bajo de la política exterior británica


La recesión hizo daño a uno de los motores más importantes de la economía británica, puesto que los servicios financieros suponen un 8% del PIB del país y un 14% de los ingresos del Gobierno. Ocho de los mayores bancos del Reino Unido se vieron afectados por la crisis de las 'subprimes' ya en 2008. La reacción del Gobierno de Gordon Brown llegó en forma de un plan de rescate valorado en 50.000 millones de libras (68.000 millones de euros). El objetivo: dar liquidez a los bancos para que pudieran conceder préstamos a las empresas.
    La actual coyuntura económica ha evidenciado la debilidad de los laboristas. El Gobierno que inició Gordon Brown en 2007, tras la dimisión de Tony Blair, prometía ser capaz de hacer frente a las consecuencias de la crisis. La brillante trayectoria de Brown como ministro de Hacienda, entre 1997 y 2007 (período en el que Gran Bretaña registró un elevado nivel de crecimiento, descensos en los índices de paro y una baja inflación), le convertía en el candidato idóneo para el cargo. Sin embargo, las políticas del Ejecutivo laborista no se han distanciado mucho, en líneas generales, de las llevadas a cabo por otros países.
    Las medidas del Gobierno para poner freno a la consecuencias de la crisis eran claramente intervencionistas. Al igual que Alemania y Estados Unidos, Reino Unido llevó a cabo una nacionalización parcial de la banca que se puso en marcha con la aprobación del primer plan de rescate, y que continuó en 2009. El propio Gordon Brown advirtió, durante la presentación del primer paquete de ayuda, que se trataba de 'acciones radicales', pero negaba que esta nacionalización parcial fuese un intento por parte del Ejecutivo de dirigir los bancos. Sin embargo, ese primer impulso del Gobierno se quedó corto y no consiguió dar liquidez a todas las entidades con problemas. 2008 había finalizado con participaciones del Gobierno en Royal Bank of Scotland, Northern Rock y Bradford & Bingley, entre otros, y 2009 comenzaba de la misma manera: con la adquisición del 43,4% de Lloyds Banking Group (producto de la fusión entre dos bancos deficitarios: Lloyds TBS y HBOS) por parte del Ejecutivo británico.
    Con el objetivo de ampliar la ayuda de rescate a los bancos, el Gobierno anunciaba el 19 de enero un nuevo plan de salvamento. Este segundo paquete, dotado con 100.000 millones de libras, recogía algunas modificaciones con respecto al primero. Entre otras, se concedía más ...

Cronología año   2009


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