Anuario 2009

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El TPI emite una orden de arresto contra el presidente de Sudán por crímenes de guerra y de lesa humanidad en Darfur


Borja Franco

El 3 de marzo de 2009 el Tribunal Penal Internacional (TPI) dictó su primera orden de arresto contra un jefe de Estado en activo: el presidente de Sudán, Omar Hassan el Bashir. Después de meses de deliberación, el TPI acusó a Bashir de crímenes de guerra y de lesa humanidad por su “papel esencial” en los asesinatos, raptos, saqueos y torturas de civiles en la región sudanesa de Darfur. El conflicto armado entre los grupos rebeldes de Darfur y las milicias Janjaweed, tribus nómadas árabes del norte de Sudán armadas por el Gobierno islamista de Bashir, han sumido Darfur en una grave crisis humanitaria. Desde 2003, año en que estalló el conflicto, han muerto 300.000 personas y dos millones y medio han tenido que refugiarse, bien huyendo al país vecino Chad o bien agrupándose en campos de refugiados en el interior de su país.

Pero tal y como habían pronosticado los analistas, Bashir no se doblegó ante la orden de arresto internacional, sino que se rebeló contra ella: el Tribunal Internacional 'se puede comer' la orden de arresto, afirmó el dirigente islamista. 'Quieren que nos preocupemos con sus asuntos, sus acusaciones (...) nosotros queremos decirle al pueblo: “No estéis muy preocupados con estas decisiones”'. El Gobierno sudanés, puesto que no reconoce la legitimidad del TPI, se negó a entregar a su líder, y por lo tanto, su arresto todavía corre a cuenta de los Estados que sí reconocen esta instancia internacional. Pero los 22 miembros de la Liga Árabe y los 53 Estados de la Unión Africana (UA) rápidamente se pronunciaron en contra de la orden y se situaron del lado de Bashir. Reforzado por este apoyo, el mismo mes de la sentencia el líder sudanés desafió al TPI realizando hasta cuatro viajes al extranjero. Bashir viajó a Eritrea, Egipto y Libia antes de acudir, a finales de marzo, a la cumbre árabe celebrada en Doha.
Sin embargo, la provocación de Bashir no terminó en sus viajes. Tan pronto como conoció la decisión del Tribunal, el presidente sudanés expulsó a trece organizaciones humanitarias que operaban en Darfur, a las que acusó de “colaborar con el TPI”, y también denunció “el nuevo colonialismo” ejercido por el tribunal, la ONU y las organizaciones humanitarias. Esta decisión pudo desencadenar una catástrofe  humanitaria en una de las zonas más convulsas del mundo, ya que, según la ONU, cerca de un millón y medio de sudaneses se quedaron sin acceso a servicios sanitarios y alrededor de un millón sin alimentos. Finalmente, tres meses después de la expulsión, el Gobierno de Jartum autorizó el regreso de las organizaciones humanitarias.
Una vez se calmó la situación en Sudán, y disminuyó la tensión entre el líder africano y la comunidad internacional, salió a la luz una noticia sorprendente. El jefe de la operación militar conjunta en Sudán de las Naciones Unidas y la Unión Africana (UNAMID), Martin Agwai, dio por finalizada la guerra de Darfur. Según este oficial, las divisiones internas entre los 27 grupos rebeldes habían convertido los sangrantes enfrentamientos del principio de la guerra en choques aislados y bandolerismo. Previamente, el nuevo enviado especial norteamericano nombrado por la Administración Obama, Scott Gration, había anunciado que el Gobierno sudanés ya no llevaba a cabo matanzas masivas en Darfur. Las declaraciones de este general ...

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