Anuario 2001
Estados Unidos
"El 11-S desata el “síndrome de Pearl Harbor” y acelera la recesión económica"
Claudia C. Blass

La mañana del 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos se levantaba con la noticia de que dos aviones se habían estrellado inexplicablemente contra las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, y que otro avión lo había hecho poco después contra el edificio del Pentágono, en Washington D.C. Las torres no resistieron los daños causados en sus estructuras y se desplomaron, atrapando en su interior a trabajadores y miembros de los equipos de rescate del cuerpo de policías y bomberos de Nueva York que habían entrado en los edificios para evacuarlos. Un cuarto avión, que había desaparecido de los radares de los aeropuertos, se precipitó en un bosque en las cercanías de Pennsylvania.
Pasados los primeros momentos de conmoción ante la noticia, se habla de atentados terroristas, ya que la hipótesis de un simple accidente resultaba a estas alturas demasiado improbable. Se empieza a especular sobre la autoría de los ataques y se llega a la conclusión de que no puede tratarse de la obra de un grupo de fanáticos, sino de una cuidada organización, financiada por una compleja estructura. Todo apunta hacia el magnate saudí y enemigo declarado de Estados Unidos Ossama Bin Laden. Éste había sido expulsado de Afganistán en 1996 debido a las presiones de Washington, pero regresó respaldado por los talibán, integristas musulmanes, cuando éstos se hicieron con el poder en Afganistán.
Tras los atentados, los vuelos nacionales e internacionales con destino u origen en Estados Unidos fueron cancelados o desviados a Canadá y las fronteras aéreas norteamericanas cerradas.
Fue, y sigue siendo, extremadamente difícil precisar con certeza el número de víctimas mortales. Los incendios en el llamado ground zero, la explanada donde antes se levantaban las Torres Gemelas, sólo se lograron sofocar a los cien días de los atentados. Los últimos datos señalan más de tres mil muertos pero, tres meses después de los atentados, aún se están retirando escombros de las torres y es difícil hallar los cuerpos, fundidos en el amasijo de hierros al que han quedado reducidas las dos torres.
Estados Unidos y todo el mundo esperaban una respuesta por parte de su presidente, George W. Bush, quien aseguró que los ataques serían respondidos con contundencia. El presidente novel, que en diversas ocasiones se ha reconocido poco dado a los asuntos de carácter internacional, tenía que hacer frente a la mayor situación de emergencia que jamás pudo imaginar. El Congreso enseguida dio carta blanca a Bush para iniciar la guerra y aprobó la donación inmediata de 40 millones de dólares para llevar a cabo las tareas de rescate y la ofensiva militar.
Desde el primer momento, los estrategas militares de Bush coincidieron en que la represalia debía prepararse minuciosamente, pues no podían correr el riesgo de repetir una acción como la de su antecesor Bill Clinton con la respuesta que dio a los ataques terroristas a sus embajadas en Kenia y Tanzania de 1998.
Primer jaque al terrorismo
Los primeros movimientos de Bush en esta operación contra el terrorismo fueron, en primer lugar, congelar todas las cuentas corrientes que actuaban como fuente de financiación de la red terrorista Al Qaeda, a la que vinculaban con Bin Laden y atribuían la autoría de los atentados.
En segundo lugar, se inició una ronda de contactos con los dirigentes de países de todo el mundo con el objetivo de establecer una coalición internacional en contra del terrorismo. Los encuentros con los países musulmanes tuvieron un papel relevante, ya que los radicales talibán habían amenazado con declarar la yihad, la guerra santa, a todos aquellos que colaborasen de cualquier modo con los norteamericanos. Por otro lado, la gravedad de los acontecimientos obligaba a estos países a posicionarse de algún modo y ésta era una decisión delicada. Algunos optaron por ‘colaborar’ dejando únicamente que aviones estadounidenses sobrevolaran su espacio aéreo o permitiendo el paso de la ayuda humanitaria por su territorio.
Por otro lado, la OTAN activó por primera vez en su historia el artículo 5 de su Tratado: "Las partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas" y, automáticamente, se deberá defender a ese aliado.
Operación “Libertad Duradera”
Casi un mes después, Estados Unidos y Gran Bretaña -el único país que acabaría colaborando en las operaciones de guerra contra Afganistán- empezaban a enviar efectivos a territorio afgano y el 7 de octubre se lanzaban los primeros ataques aéreos.
En una primera fase de la operación que finalmente se denominó "Libertad Duradera" se pretendía destruir con misiles de alta precisión los campos base y de entrenamiento de Al Qaeda. Dos semanas más tarde iniciaron los ataques terrestres, en los que contaron con el apoyo de la resistencia antitalibán, la Alianza del Norte. No fue hasta este momento que Estados Unidos reconoce las primeras bajas entre su ejército al estrellarse por accidente un helicóptero.
Antes de los ataques sobre Afganistán, ciudadanos de todas partes y diversas personalidades del mundo político e intelectual habían pedido a Estados Unidos que no que no se causaran muertos inocentes. Los talibán poco tardaron en intentar mostrar al mundo las víctimas civiles provocadas por las bombas norteamericanas a través de la cadena de televisión Al Jezirah, un equivalente en el mundo árabe de la CNN en el mundo occidental, que se convirtió en fuente de información como contrapunto a la norteamericana CNN. Washington finalmente tuvo que reconocerlo, aunque lo hizo escudándose en que era inevitable causar daños a los civiles en una guerra.
Mientras la operación “Libertad Duradera” continuaba, en Estados Unidos se hablaba de terrorismo biológico y el pánico iba en aumento ante el creciente número de casos de ántrax detectados en todo el país, que acabó cobrándose cuatro víctimas mortales.
Un mes después de los atentados, el 12 de noviembre, los estadounidenses volvieron a sumirse en el temor de un posible nuevo atentado terrorista: un airbus de American Airlines se estrella sobre el neoyorquino barrio de Queens. Murieron 260 personas y finalmente, desde la Casa Blanca, se confirmó que fue un accidente.
El precio de la guerra
Las consecuencias económicas de los atentados se dejaron sentir enseguida. La Bolsa de Wall Street se vio obligada a cerrar poco después de conocerse los ataques y no volvió a abrir sus puertas hasta el 17 de septiembre. Aquel día cerró con unas pérdidas del 7,13%.
También fueron muchas las empresas que, directa o indirectamente, se vieron afectadas. Las compañías aéreas tuvieron que hacer frente a las cancelaciones de las reservas de los pasajeros, y la industria de la hostelería también se resintió de ello. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) calcula que las pérdidas de las aerolíneas en el 2001 serán de cerca de 13.000 millones de euros. Paralelamente, el Gobierno republicano, que nunca ha sido partidario de un Estado grande y fuerte en exceso, se vio obligado a intervenir para evitar que la crisis adquiriera dimensiones fuera de control. En total, se calcula que ha dedicado más del 1% de su PIB entre las ayudas a las tareas de rescate, a las víctimas y a sus familiares, en la ayuda para las compañías aéreas, en el refuerzo de la seguridad nacional y de los servicios de inteligencia, en los gastos de guerra y en la ayuda humanitaria prestada a los refugiados afganos.
Caen los talibán
George W. Bush anunció que la guerra sería larga y que podría durar varios meses, pero aclaró que en el "monumental combate del bien contra el mal, el bien prevalecerá". El 13 de noviembre, con la ayuda de la Alianza del Norte, se producía la toma de la capital afgana, Kabul, dominada hasta entonces por los talibán, que se refugiaron en la ciudad de Kandahar. Esta primera victoria se consolidó con la reapertura de la embajada de Estados Unidos en la capital, tras haber permanecido cerrada desde 1989. Dos semanas más tarde, Kandahar caía y los últimos reductos talibán huían a las cuevas de Tora Bora, excavadas con ayuda de los norteamericanos durante la resistencia afgana contra los comunistas soviéticos, y se convirtieron en el principal objetivo de los bombardeos ante la sospecha de que Bin Laden y el mulá Omar, el número uno de los talibán, se encontraban escondidos en ellas. Pero, por el momento, ni rastro de ellos.
Como un paso hacia delante en la guerra contra el terrorismo mundial, a mediados de noviembre, George W. Bush, en calidad de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Norteamericanas, dio la orden de crear tribunales militares para juzgar a extranjeros sospechosos de colaborar con el terrorismo.
Tras los ataques a Afganistán, son varios los países que están en el punto de mira de los norteamericanos en la cruzada internacional contra el terrorismo que han emprendido: Somalia, Sudán y Yemen son posibles objetivos ante la sospecha de que podrían albergar grupos terroristas afines a Al Qaeda. Washington tampoco ha descarta futuras intervenciones militares en Iran, Irak y en Corea del Norte.
El sentimiento nacional se refuerza
Tradicionalmente, Estados Unidos ha sido un país volcado sobre sí mismo, orgulloso y celoso de su identidad nacional. Lo sucedido ha reforzado aún más el sentimiento patriótico de los ciudadanos norteamericanos, que se han volcado en infinitas muestras de apoyo y solidaridad hacia los diversos actores de este acontecimiento: los damnificados, los servicios de rescate, bomberos y policía, y hacia sus políticos más representativos, George W. Bush y el alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani. Éste, en los últimos meses, había visto esfumarse poco a poco el apoyo de los neoyorquinos, pero sus apariciones en público tras el 11-S le hicieron recuperar el afecto y la popularidad entre los ciudadanos y fue nombrado “Personaje del año” por la revista Time. Se llegó incluso a especular con la posibilidad de un tercer mandato de Giuliani como alcalde, posibilidad que no se contempla en la legislación norteamericana. Pero fue él mismo quien aclaró que esto no sucedería y, en diciembre, el republicano Bloomberg ganaba las elecciones y se proclamaba alcalde electo.
Tras los atentados, los americanos también se mostraron especialmente sensibles en lo que a materia audiovisual se refiere. Estados Unidos es la meca de la industria cinematográfica y del ocio, de modo que no es de exrañar que Washington enviara a Hollywood a un delegado para reunirse con las compañías cinematográficas para hablar acerca del tratamiento que los hechos del 11-S podrían recibir en futuras producciones audiovisuales. Los contenidos de las programaciones de las cadenas televisivas también se vieron alteradas, desapareciendo de series y películas aquellas escenas cuyos contenidos que pudiesen recordar lo sucedido. Importantes galas, en las que las estrellas del celuloide suelen competir en la ostentosidad de sus vestuarios, fueron canceladas o aplazadas reduciendo el glamour en señal de respeto hacia las víctimas. Estas mismas estrellas participaron en una gala benéfica sin precedentes que fue retransmitida simultáneamente a todo el país por las principales cadenas de televisión americana, dejando a un lado por una noche la competencia y la rivalidad entre ellas.
Pocos días después de los atentados aparecía un vídeo de Bin Laden en el que presuntamente asumía la autoría de los ataques. La grabación fue emitida por todas las cadenas norteamericanas y dio la vuelta al mundo. En las semanas siguientes llegaron nuevos vídeos, pero desde la Casa Blanca se pidió a los medios del país que no se emitieran ya que podrían constituir una forma de comunicación encubierta para enviar órdenes a las células terroristas.
Paralelamente, los americanos se ven abocados hacia el panorama internacional para tratar de poner orden -un orden que repercutirá en su interior. John Micklethwait, editor de The Economist, apunta que si en los próximos meses Estados Unidos se encerrara en su caparazón, los terroristas habrían obtenido entonces su mayor victoria.
Los atentados han abierto los ojos al presidente Bush, mostrándole las dificultades de llevar a cabo una política unilateralista, totalmente centrada en Estados Unidos, como parecía que iba a hacer al inicio de su mandato. Ante la necesidad de responder a los ataques de forma contundente, el presidente de la mayor potencia mundial tuvo que echar mano de países amigos y aliados, resucitando viejas coaliciones y persuadiendo a los estados indecisos que veían comprometida su seguridad ante las amenazas y coacciones de los talibán.
La nueva cara de la Administración
A inicios de año, George W. Bush asumía la presidencia de los Estados Unidos poniendo fin a unas elecciones que tardaron treinta y seis días en resolverse, y que lo hicieron con el arbitrio de un juez del Tribunal Supremo que otorgó la victoria a los republicanos en el disputado estado de Florida. Bush toma el mando rodeándose de un equipo de profesionales y expertos en los que poder delegar, entre ellos Donald Rumsfeld como secretario de Defensa, John Ashcroft como fiscal general y Colin Powell como secretario de Estado. El presidente reconoce que tiene poca experiencia en la tarea de gobernar y en su currículum político cuenta sólo con seis años como gobernador de Texas. La revista Newsweek recogía la siguiente opinión de una ciudadana estadounidense acerca del recién elegido presidente: “Escoger a Geroge W. Bush es como escribir la crítica de un restaurante después de haber pedido la comida pero antes de que te la hayan servido”. En su toma de posesión, Bush prometió trabajar en la línea de lo que él denominó "conservadurismo compasivo", basado en la fe y en las tradiciones, donde todos tengan las mismas posibilidades, pero que exige a los ciudadanos que sean más responsables con sus vidas: "Voy a vivir y liderar bajo estos principios: defender mis convicciones con cortesía; buscar con tesón el interés del público; trabajar para que haya más justicia y compasión; pedir responsabilidad y tenerla yo también".
Una vez en el Despacho Oval, Bush derogó algunas de las medidas adoptadas por Bill Clinton en las últimas semanas, varias de ellas destinadas a la protección del medio ambiente y al fortalecimiento de las ayudas sanitarias a los jubilados. Entre sus prioridades figuraba además la apertura de espacios naturales protegidos para su explotación, y así hacer frente a la crisis energética a la que se enfrentaba el país.
Bush y el resto del mundo
En febrero, Bush anunciaba la intención de Estados Unidos de desplegar un escudo antimisiles para proteger al país de posibles ataques. Esta decisión, que viola el Tratado Antibalístico (ABM) firmado en 1972, que limita el desarrollo y despliegue de armamento de las dos potencias militares de entonces, Rusia y Estados Unidos, causó irritación en el panorama internacional. Sin embargo, Bush no dio su brazo a torcer y se justificó diciendo que hoy el mundo es "menos predecible" y que el problema está en los "países menos responsables" que tienen en sus manos cabezas nucleares. En este marco, para los americanos, "la mejor garantía de estabilidad mundial" es el escudo y no el llamado ‘equilibrio del terror’ propio de la Guerra Fría. En ningún momento se hizo referencia explícita a los países que hoy amenazan a Estados Unidos, sin embargo se da por hecho que se trata de países como Irán, Libia y Corea del Norte.
Ante las críticas recibidas por parte de varios dirigentes políticos sobre la intención de la Administración norteamericana de violar el Tratado ABM, Bush se escudó en que éste es obsoleto, que no es "relevante para nuestro marco estratégico" y que además constituye un obstáculo para que su país mantenga la paz en el mundo. Como muestra de buena voluntad, Bush anunció que reduciría el armamento nuclear estadounidense. En su gira por Europa, el secretario de defensa, Donald Rumsfeld, aseguró que se consultaría el despliegue del escudo y que en ningún caso supondría una amenaza, "excepto para quien quiera amenazar". También expresó la voluntad de ayudar a sus aliados a desplegar ellos también escudos antimisiles.
Siempre en esta línea escogida por Bush de ejercer su poder llevando a cabo una política unilateralista y que atienda únicamente a los intereses económicos de Estados Unidos, a finales de marzo Bush dio a conocer que no pediría a las centrales eléctricas que disminuyesen sus emisiones de dióxido de carbono. A esto se unió la decisión de no ratificar el Protocolo de Kioto, firmado en 1997, el objetivo del cual es reducir el nivel de las emisiones de los gases que causan el efecto invernadero, de los que Estados Unidos produce el 25%. Bush argumenta que, de ejecutarse dicha medida en las centrales norteamericanas, muchas deberían cerrar, y sería perjudicial para los intereses económicos del país. Los que no ven con buenos ojos esta decisión señalan que entre las causas que hacen pensar en los motivos por los cuales Bush no está de acuerdo con el Protocolo está el hecho de querer recompensar a las empresas que le ayudaron económicamente en su campaña tanto a las elecciones a gobernador de Texas como a las presidenciales. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los Bush provienen del negocio del petróleo y el mismo George W. Bush fue propietario de una petrolera antes de entrar en el mundo de la política.
Policía del mundo
En las últimas semanas, algunos han hablado de un nuevo orden mundial, consecuencia del 11-S y de la guerra al terrorismo, con lo que también se ha pretendido demostrar que Estados Unidos es vulnerable y que ya no es la potencia mundial fuerte e invencible que todos creían.
El escritor norteamericano Robert. D. Kaplan, en su obra Viaje al Futuro del Imperio (1999) hace en esta línea una observación arriesgada. Escribe que la existencia continuada en el futuro de Estados Unidos es tan cuestionable como la de cualquier otro país. También los imperios griego y romano fueron grandes potencias mundiales en su día y, sin embargo, acabaron sucumbiendo y disgregándose en configuraciones tribales que darían lugar a los estados modernos como hoy los conocemos. La desaparición de este “Imperio Norteamericano” conllevaría un vacío como el que dejaron Grecia y Roma y sus consecuencias serían imprevisibles.
Pero el mismo Kaplan apunta que el mundo depende cada vez más de las decisiones y los gustos de los norteamericanos. Estamos ante un país que posee grandes recursos tecnológicos que le permitirán situarse aún durante mucho tiempo junto a grandes potencias mundiales como los Tigres Asiáticos o la Unión Europea. Y luego está también la globalización, que tanto interés y atención centra desde hace unos años o, sin ir más lejos, las reacciones provocadas por la decisión de Estados Unidos de no ratificar el Protocolo de Kioto o de abandonar el Tratado ABM. El mundo no depende de los norteamericanos, pero sí que en no pocas ocasiones debe rediseñar sus estrategias cada vez que la Casa Blanca mueve ficha.
Washington, bajo el tan repetido “¡Hoy todos somos norteamericanos!” ha logrado involucrar a medio mundo en esta guerra ‘de todos’, pero sobre todo suya. Han hecho la guerra y han derrotado a los talibán, y ahora los ejércitos de los demás países sustituirán a los norteamericanos en las misiones de mantenimiento de la paz para que puedan ir a declarar la guerra al terrorismo en otros países.
George W. Bush llegaba al Despacho Oval bajo el recelo de casi la mitad de la población que había votado a su oponente demócrata Al Gore en las elecciones de noviembre de 2000. El nuevo presidente, siguiendo la línea de los anteriores presidentes que creyeron que el país tiene una misión histórica única, optó en un primer momento por aislarse y seguir una línea de actuación unilateralista. Pero Bush, durante este primer año de presidencia, ha tenido que hacer frente a más asuntos internacionales de los que seguramente habría deseado. La actuación de su Administración en el conflicto desatado a raíz de los ataques del 11-S ha hecho crecer la estima de los estadounidenses por su presidente, como también le sucediera a su padre en 1991, a raíz de la Guerra del Golfo. Pero a Bush le quedan aún tres años de presidencia por delante.
En estos momentos, la política exterior centra la atención de Estados Unidos, y lo seguirá haciendo durante los primeros meses del 2002. Las relaciones que mantengan a nivel internacional serán reflejo y consecuencia directa de su situación interna. En este sentido, los analistas señalan que deberían ir dejando el uniforme de policía del mundo y pensar también en volver a ocuparse de los asuntos internos del país ya que, entre otros, se enfrentan a una delicada situación económica al borde de la recesión después de haber conocido durante diez años consecutivos un crecimiento espectacular.


El 11-S acelera el camino a la recesión

El ex presidente Bill Clinton dejó la economía norteamericana en su mejor momento de crecimiento y expansión desde hacía diez años. El futuro del superávit logrado se convirtió en uno de los principales puntos de debate entre republicanos y demócratas durante la campaña presidencial. Tras la llegada de la nueva Administración a la Casa Blanca, la Fed ha bajado los tipos de interés diez veces, hasta el 1'75%, el más bajo desde hacía cuarenta años. Estas continuas bajadas hacían sospechar que la primera economía del mundo no se encontraba en un buen momento y que las sombras de la recesión planeaban sobre ella. Bush, partidario de implantar un ambicioso plan de recorte fiscal para devolver el excedente a los ciudadanos, se enfrenta ahora a una delicada situación, que no es heredera del 11-S, pero que sí se ha visto agravada. Las intervenciones del gobernador de la Reserva Federal, Alan Greenspan, sobre el precio del dinero han sido las más agresivas desde la recesión de 1990-1992. El objetivo era estimular la circulación del capital empresarial, estancado desde hacía un tiempo, y con ellas ha decantado la balanza de los índices bursátiles de todo el mundo, que no siempre recibieron las bajadas reaccionando a la alza. Continuamente, los expertos coincidían en señalar cómo la recesión acechaba la economía norteamericana, a lo que la Fed respondía que, si bien se encontraban en un momento delicado y de debilitamiento, una recesión no era probable. Ante este panorama, el analista Robert L. Samuelson habla de la peor "no-recesión" de la historia. Los expertos señalan diversas causas de la recesión que está en camino. El mapa empresarial se ha remodelado notablemente durante este último año a causa de las fusiones y las absorciones de grupos comerciales, y también debido a la oleada de despidos masivos que las empresas han llevado a cabo para reajustar las estrategias. El consiguiente aumento del paro, unido al endeudamiento de las familias por el elevado consumo privado, ha desencadenado la desconfianza de los consumidores, retrocediendo al nivel de hace ocho años. Hay que tener en cuenta que el consumo privado representa el 68% del PIB de Estados Unidos. Los atentados del 11-S no sólo golpearon físicamente uno de los centros financieros más importantes como son las Torres Gemelas del World Trade Center, sino que también fueron la gota que colmó el vaso de la ya de por sí delicada economía. Fue un hecho que marcó un antes y un después, y que hizo que se acelerase la crisis que se venía gestando, y que iba a tener consecuencias a nivel internacional por la influencia económica que ejerce Estados Unidos sobre países de todo el mundo. La economía estadounidense sigue un modelo liberal en el que se da mucha importancia al mercado como motor y regulador, no sólo de la economía, sino también de la sociedad. Esto deja al Estado una intervención y un protagonismo mínimos en este ámbito. Los analistas ven cómo una de las consecuencias económicas más directas del 11-S es que el Estado pasará a desempeñar un papel mayor que el que tenía hasta entonces. Esta solución ha sido interpretada como un resurgir, aunque sea temporal, del modelo keynesiano. En este tipo de situaciones, se hace necesaria la presencia de un Estado fuerte que administre los recursos económicos. Esto pasa por el gasto público, como se ha visto en las primeras medidas aplicadas por Washington tras los atentados, destinando 40 millones de dólares para hacer frente a las tareas de rescate y a la operación militar en Afganistán. Todo esto sucede dentro del marco de una economía globalizada donde el efecto de contagio es irremediable. Algunos expertos y analistas han señalado que en situaciones de crisis como la provocada, el ritmo de la globalización tiende a reducirse y se camina hacia el conservadurismo y el nacionalismo, aunque sea de forma temporal. Situaciones similares ya se vieron en las dos guerras mundiales, en la gran depresión tras el Crack del 29 y en la crisis del petróleo. Bush se ha mostrado contundente ante quienes han insinuado una subida en los impuestos para hacer frente a la crisis: "Over my dead body", por encima de mi cadáver. Seguirá adelante con el plan de recorte fiscal, aunque será algo menos ambicioso que el que había previsto al inicio de su mandato.

Incertidumbres del bioterrorismo

Los investigadores no han logrado dar con el origen del ántrax. Sospechan que fue elaborado en un laboratorio científico norteamericano, pero carecen pistas fiables sobre quién o quiénes puedan ser los autores de los sobres que en su interior contienen esporas de ántrax. Tampoco tienen pruebas sobre la relación entre el 11 de septiembre y los casos detectados, pero entre la población ha crecido el temor ante la posibilidad de que los casos estuvieran relacionados con los atentados. La noticia se conoció sólo más tarde, pero el 5 de septiembre, el ántrax se cobraba su primera víctima mortal en Florida. Este virus produce una toxina que puede llegar a causar la muerte en breve tiempo si no se trata con antiobióticos. A mediados de septiembre se registraba en Nueva York un seguno caso de ántrax en los estudios de una de las cadenas televisivas norteamericanas más importantes, la NBC. Sólo dos días más tarde ya eran doce los casos detectados en el territorio estadounidense y desde Washington se habla de ‘bioterrorismo’. Tom Dasschle, líder de los demócratas en el Senado, recibió también una carta con ántrax y pocos días después el Capitolio fue evacuado ante la alarma del contagio de treinta y una personas por el ántrax. A finales de octubre eran ya cuatro las víctimas mortales del virus y todavía se desconocía su procedencia.

Crisis diplomática en las relaciones con China

La Administración republicana no está demasiado dispuesta a aguantar pacientemente ante el régimen de Pequín como lo hiciera el anterior gobierno. Por un lado está la falta de respeto del país hacia la Carta de los Derechos Humanos. Por el otro, la ayuda prestada a Irak para reforzar su defensa aérea en contra de las sanciones impuestas por las Naciones Unidas. Por su parte, a China le inquieta la venta de armas de Estados Unidos a Taiwán y el apoyo que prestan al Dalai Lama. El encargo de Bush de revisar la estrategia militar del país, junto con su decisión de llevar a cabo el despliegue del escudo antimisiles previsto para el 2004, también inquieta al Gobierno de Jiang Zemin. En el telón de fondo está el hecho de que China se haya convertido en una nueva potencia, en la que Estados Unidos ve a un posible rival en el futuro y del cual desea prevenirse. En medio de este panorama, que a muchos recuerda a la Guerra Fría, un incidente de carácter militar puso las relaciones entre ambos países en la cuerda floja. El 1 de abril, un EP-3, un avión espía de la Navy, chocaba con un caza chino. El aparato norteamericano, que llevaba 24 tripulantes, se vio obligado a realizar un aterrizaje en la base china de Hainan. Los militares norteamericanos no sufrieron ningún daño grave, pero al piloto chino se le dio por muerto. Washington calificó los hechos de accidente, recordando cuando, en mayo de 1999, un avión de la Navy bombardeó por error la embajada china en Belgrado. Pero Pequín no lo vio así y, a pesar de que Washington sostuviera lo contrario, denunció que sobrevolasen el espacio aéreo chino para espiar. Desde la Casa Blanca se dijo que "los vuelos de reconocimiento naval estadounidenses son esenciales para preservar la paz y la estabilidad del mundo". Las autoridades chinas retuvieron a la tripulación del EP-3 y entraron en el avión, acción reiteradamente denunciada desde Estados Unidos ya que, al igual que la embajada norteamericana o cualquiera de sus barcos, se considera territorio nacional. Washington empleó la acción de los chinos para mostrar la falta de respeto de éstos hacia los acuerdos internacionales. Las posteriores negociaciones entre ambos países para hallar una salida a la crisis provocada fueron lentas, y mostraban crecientes signos de impaciencia: China pretendía el cese de los vuelos espía y una disculpa explícita reconociendo la responsabilidad por parte de Estados Unidos, que se negaba a hacerlo argumentando que se hallaba en su derecho de sobrevolar el espacio aéreo internacional. Finalmente, Washington envió una carta a Pequín en la que decía que "lo sentía mucho", expresión que cada país interpretó semánticamente como más le convenía, para continuar criticándose mutuamente por lo sucedido.

Un Bush en la Casa Blanca, de nuevo

A pesar de lo que se pueda uno imaginar viendo el árbol genealógico de George W. Bush, su currículum particular no hacía pensar que se dedicaría a la política y mucho menos que lo haría como presidente de Estados Unidos. Él mismo se reconoció en alguna ocasión como la oveja negra de la familia y que nada tenía que ver con su padre, George H. W. Bush. Es la segunda vez que el hijo de un ex presidente llega a la Casa Blanca: John Quincy Adams, hijo de John Adams, lo hacía en 1825. Entró a estudiar Historia en la prestigiosa universidad de Yale, de donde salió con una licenciatura inferior para alistarse en la Guardia Nacional del Aire de Texas en 1968. Años más tarde, abrió su propia empresa, Arbusto Energy ('bush' en inglés significa arbusto) y de allí pasó al mundo del deporte. Adquirió el equipo de béisbol de los Texas Rangers y trabajó como su administrador. Estas experiencias le sirvieron de trampolín para presentarse como candidato a gobernador de Texas en 1993, su primera incursión seria en el mundo de la política. El éxito de su reelección, en 1998, con el 63% de los votos, le llevó a probar suerte con la presidencia del país. Para contrarrestar los efectos de su turbio currículum (aviso de expulsión de Harvard por mala conducta y afición a la bebida ) y a sus defectos en la oratoria, Bush optó por la "ofensiva del encanto", haciendo gala de su simpatía y carisma, de los que su rival demócrata, Al Gore, carecía. Para recortar su desventaja en cuanto a experiencia política, George W. Bush se rodeó de un equipo de expertos y asesores de gran renombre y que ya habían estado en las filas del ex presidente Ronald Reagan y de Bush padre. Fueron bazas que le dieron una ajustada victoria en las urnas, y por lo que muchos le consideraron presidente ilegítimo. Tras el 11-S y la respuesta a los ataques, su popularidad ha subido notablemente respecto a cuando ocupó el cargo en enero.

Ejército omnipresente

Estados Unidos ha sido y seguirá siendo una enorme potencia militar. Por más que se empeñe en quitarse la etiqueta de 'policía del mundo' que le han colgado, tras el 11-S le resultará todavía más difícil borrar esa imagen. Su Ejército tiene un presupuesto anual de aproximadamente 349 mil millones de dólares, dispone de un 1,4 millones de soldados y 700.000 empleados civiles. Antes de los atentados, Bush opinaba que tenían demasiadas tropas en lugares en los que los intereses norteamericanos no estaban en juego, y acusaba a Clinton de involucrarse en demasiados asuntos internacionales. Ahora, la guerra contra el terrorismo mundial le ha hecho construir alianzas con países que muchos norteamericanos antes no habían oído ni nombrar y ha reforzado su presencia militar. Un reciente informe del Pentágono identifica "intereses vitales para la seguridad de América" en prácticmente todo el mundo. El analista militar John Pike califica la actual presencia militar norteamericana de "global" y señala que es la mayor desde la II Guerra Mundial. Acaban de anunciar su retirada de Kosovo y están presentes en 140 países, siguen en guerra con Irak, sobrevuelan los mares de China, ayudan a combatir el narcotráfico de Colombia y entrenan a militares en todo el mundo.

Estados Unidos de América: denominación de origen

Sus múltiples contrastes no dejan de causar perple
“¡What a country!", exclamó el inmigrante ruso Yakov Smirnoff cuando llegó por primera vez a Estados Unidos. Una expresión que indica sorpresa y al mismo tiempo una cierta confusión por los contrastes que el país presenta y que se va confirmando a medida que se va uno adentrando en este ‘nuevo mundo’. A menudo se ha hecho referencia a Estados Unidos como el melting pot, el punto de fusión, debido al gran número de inmigrantes que viajan allí, procedentes de todas partes del mundo, y que acababan convirtiéndose en un único pueblo con una cultura ecléctica. Este es uno de los aspectos más característicos del país: la riqueza y la diversidad cultural. Además de sus conocimientos, los inmigrantes llevaron a Estados Unidos sus costumbres, su religión, las fiestas, los deportes, las expresiones artísticas, la gastronomía y sus ideas políticas. Las trece colonias, recién independizadas de Gran Bretaña (1776), se enfrentaban al reto de hallar una salida, de trazar un camino de futuro, partiendo de las experiencias de los países del Viejo Continente. No existía una 'cultura americana'. Al Nuevo Mundo llegaban inmigrantes que huían de persecuciones políticas, religiosas, o que simplemente buscaban una vida mejor. Hoy en día, estos motivos siguen siendo vigentes, de forma general, entre quienes emigran a Estados Unidos, “el país de las oportunidades”. Así contribuyeron a formar y enriquecer la cultura americana. J. F. Kennedy, en su obra A nation of immigrants, los describía del siguiente modo: "Cada ola de inmigrantes ha dejado su impacto en la sociedad americana; cada una ha contribuido a la construcción de la nación y la educación de la vida americana". Pero este punto de fusión que representa el melting pot no tiene un sentido peyorativo ni tampoco comporta la pérdida de identidad de las diversas culturas que conviven juntas. Éstas se han ido conservando a través del idioma, de las fiestas y de las tradiciones, que son transmitidas de generación en generación a pesar de la lejanía de su país. Por este motivo, ahora se hace referencia a la cultura y sociedad norteamericana como un salad bowl, un bol de ensalada en la que los diversos ingredientes se combinan entre ellos y, al mismo tiempo, cada uno conserva su gusto y su identidad propios. Diversidad cultural y guetización Estados Unidos tiene una población de cerca de 285 millones de personas. En ella conviven diversos grupos étnicos, siendo la comunidad blanca anglosajona la mayoritaria. Sin embargo, si tradicionalmente la comunidad afroamericana era la primera minoría del país, ésta se ha visto ahora desplazada por la comunidad hispana, que en los últimos años ha cobrado fuerza y ha alcanzado los 36 millones de personas, aproximadamente 14 millones más con relación al último censo de 1990. Cada año entran en el país 600.000 hispanos, la mayoría procedentes de México. Los estados con mayor presencia hispana son California, con 11 millones, Texas, con casi 7 millones, Nueva York, Florida e Illinois, todos ellos importantes centros económicos políticos y culturales. Por eso no es de extrañar que el español como segundo idioma esté en avance en todo el país y que sea la lengua extranjera más solicitada en los centros de enseñanza. Cada vez más, las empresas buscan empleados bilingües y se ve también reflejado en la existencia de 300 periódicos, 582 emisoras de radio y varias cadenas de televisión que se publican y emiten en español. La sociedad norteamericana está experimentando desde hace años un proceso de dispersión o 'guetización'. Los estadounidenses son muy dados a cambiar de trabajo, y por ello de lugar de residencia. Paralelamente, las comunidades van perdiendo población y los núcleos urbanos hacen frente a una singular reconstrucción: barrios blancos acaban siendo sustituidos por barrios negros a medida que la comunidad afroamericana afianza su estatus social; las clases medias-altas se mudan a urbanizaciones privadas y valladas en las afueras residenciales. El escritor norteamericano Robert D. Kaplan hace referencia a ellos como los "nuevos guetos urbanos" que encierran una profunda transformación y abandono. Llega así a la conclusión de que la vieja Unión se está disgregando “en un mosaico de personalidades con identidad propia”. La expansión yanqui Otro aspecto típico de Estados Unidos es el capitalismo. Tras la primera Guerra Mundial, el país experimentó una época de prosperidad que se vería truncada con la caída de Wall Street en 1929, pero que configuró y determinó al país como modelo a nivel mundial. Se había convertido en el principal país suministrador de primeras materias, de productos industriales y también de capital: de deudores de Europa pasaron a convertirse en sus creditores. Es entonces cuando el dólar se consolida como moneda fuerte a nivel mundial, hecho que por otro lado llevó a Europa a la inestabilidad monetaria. Para consolidar este crecimiento, Estados Unidos vio que debía potenciar el consumo también en el mercado interior. Se orientaron entonces hacia la llamada 'sociedad de la abundancia'. En 1920 el republicano Warren Harding derrotaba a Wilson en las elecciones presidenciales. Durante su mandato ensalzó sobremanera las tradiciones nacionales y las protegió celosamente de cualquier contacto exterior, exaltando el WASP (blanco, americano y anglosajón) como esencia del americanismo. Se fue configurando el estilo de vida norteamericano, el 'american way of life' caracterizado por un elevado consumo individual y por la uniformización de gustos, un estilo que acabó convirtiéndose en el prototipo de sociedad contemporánea industrializada. La situación que se vive actualmente no difiere tanto de la de entonces. Los modernos medios de transporte, de comunicación y de producción en masa uniforman los estados americanos. De costa a costa es posible encontrar las mismas cadenas de centros comerciales, supermercados, moteles, negocios, restaurantes... Este hecho ha traspasado las fronteras norteamericanas y ha llegado a Europa y al resto del mundo en mayor o menor grado, y muchas de esas características son muy fácilmente reconocibles en otros países. Kenichi Ohmae habló de la “californización” del mundo, en el sentido de que se intenta exportar un modo de vivir a otros lugares del mundo a través de las industrias del ocio. Son algunos de los efectos de la globalización, amada por unos, odiada por otros. Economía fuerte, economía frágil La globalización se deja ver también en la economía. Hasta hace no mucho, Estados Unidos era el modelo a seguir o, para decirlo de otro modo, el modelo imperante y que más influencia ejercía. De hecho, la caída de Wall Street arrastró tras de sí a Europa a la crisis. En la actualidad, los grandes bloques económicos los constituyen Estados Unidos, la Unión Europea y los Tigres Asiáticos, concentrando la inmensa parte de los intercambios y del comercio mundial. La tendencia es a la alianza estratégica entre multinacionales de los tres bloques. Últimamente hemos venido asistiendo a las fusiones o absorciones de diversas compañías norteamericanas, especialmente del sector de la aeronáutica y de la tecnología. Estados Unidos cuenta con la economía más poderosa y tecnológicamente avanzada a nivel mundial, ahora amenazada por la recesión (crecimiento negativo durante dos trimestres consecutivos). Su economía está orientada hacia el mercado y se rige por la actuación de las mismas compañías, cuya participación es más flexible que, por ejemplo, la de las compañías europeas. El mercado actúa como motor y regulador de la economía e incluso de la sociedad, priorizando la libertad del individuo por encima de la igualdad o de la seguridad. En este sentido, Washington ha intentado disminuir su actuación en este campo, por ejemplo, contratando organismos de gestión privada para llevar a cabo servicios públicos. Las compañías norteamericanas lideran el frente tecnológico, especialmente en el sector informático -ahí está, sin ir más lejos, el caso del gigante informático creado por Bill Gates, Microsoft-, de la aeronáutica y del equipamiento militar. Aun así, en este último aspecto se han visto alcanzados por otras nuevas potencias militares desde el fin de la II Guerra Mundial, gracias a la carrera armamentística desatada a nivel mundial con la Guerra Fría. La fuerza activa del país es de 141 millones de personas y, actualmente, la tasa del paro ronda el 4,1%. En el sector de la agricultura trabaja el 2% de la población, el 18% lo hace en la industria y el 80% en el sector de los servicios. Estados Unidos es un país rico en carbón, cobre, uranio, oro gas natural y petróleo entre otros recursos naturales. Durante el año 2000, el valor de sus exportaciones alcanzó aproximadamente los 776 mil millones de dólares. Los principales países de destino fueron Canadá, México, Japón, Gran Bretaña y Alemania, que compran bienes de consumo, coches, material industrial, bienes de consumo y productos agrícolas. El volumen de importaciones es de 1,223 billones de dólares y los principales países de los que importa son Canadá, Japón, México, China y Alemania, a los que compran petróleo refinado, maquinaria, coches, bienes de consumo, materiales industriales, comida y bebidas. La economía norteamericana también se sumerge en la globalización. Al estar interconectadas las economías de países de todo el mundo, el espacio y el tiempo desaparecen. No hay descanso, en las oficinas las luces no se apagan y se funciona 24 horas al día para mantenerse interconectados con los países que se encuentran en diferentes franjas horarias (incluso dentro mismo de Estados Unidos). En el último año la economía estadounidense, que había experimentado diez años continuos de crecimiento y expansión sin precedentes, se ve ahora amenazada por los riesgos de recesión. Los ataques del 11 de septiembre han agravado esta situación y han empujado al Estado a aumentar su participación en la economía del país para evitar una crisis mayor. En esta Aldea Global que vivimos actualmente son muchos los países que tienen la mirada puesta en la economía norteamericana, ya que si esta se desmorona, ellos se irán detrás en la caída. La recesión tendría efectos sobre todo en Canadá, México, en algunos países de Latinoamérica y en Asia, que son los que más dependen del país. Parece lógico que la recuperación económica de la primera potencia mundial tendría efectos positivos en todo el mundo, incluso en Europa que, con la llegada del euro como moneda única para doce de los países que integran la Unión, se coloca más cerca de Estados Unidos como potencia internacional.


Cronologia año  2001
3 enero: La Reserva Federal (Fed) baja por sorpresa los tipos de interés en medio punto, de un 6,5% a un 6%.

20 enero: George W. Bush asume la presidencia de Estados Unidos como 43º presidente de la historia norteamericana.

31 enero: La Fed baja de nuevo los tipos medio punto hasta situarlos en el 5,5%. Pese a todo, Wall Street recibe la bajada con pérdidas.

5 febrero: Empieza en Nueva York el juicio contra 4 de los 22 presuntos implicados en los atentados terroristas de las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania sucedidos en 1998. Los sospechosos están vinculados al magnate saudí Ossama Bin Laden.

9 febrero: Un submarino nuclear de la Navy, el "USS Greenville", hunde un buque escuela japonés, el "Ehime Maru".

18 febrero: Uno de los agentes más veteranos del FBI es detenido en Virginia acusado de pasar información al Kremlin desde hacía quince años.

20 marzo: La Fed baja de nuevo los tipos de interés medio punto, hasta el 5%, el más bajo desde agosto de 1999.

30 marzo: Bush no ratificará el Tratado de Kioto ni aplicará sus medidas, ya que las considera perjudiciales para la economía norteamericana.

1 abril: Un avión espía de la Navy realiza un aterrizaje forzoso en Hainan, China, tras chocar con un caza chino que lo interceptó.

18 abril: La Fed baja de nuevo por sorpresa los tipos de interés al 4,5%.

19 abril: 5º aniversario del atentado de Oklahoma en el que murieron 168 personas. Su autor, Timothy McVeigh, será ejecutado y su muerte será retransmitida por circuito cerrado de televisión a petición de los familiares de las víctimas.

15 mayo: Nuevo recorte de la Fed en los tipos de interés, que se sitúan en un 4%.

24 mayo: El senador James Jeffords deja el partido republicano y pasa a ser independiente. Esta decisión deja a Bush en minoría en el Senado.

11 junio: Timothy McVeigh muere por inyección letal en la cárcel de Terre Haute, Indiana.

12 junio: George W. Bush inicia su gira por Europa.

27 junio: La Fed rebaja un 0,25 los tipos de interés, situándolos en un 3,75%.

21 agosto: Ante la continua debilidad de la economía estadounidense, la Fed recorta los tipos de interés un 0,25, dejándolos en el 3,5%.

11 septiembre: Dos aviones de la compañía American Airlines son secuestrados y estrellados contra las Torres Gemelas de Nueva York. Las estructuras de los edificios están seriamente dañadas y acaban derrumbándose. Otro avión es desviado y se estrella contra el edificio del Pentágono, en Washington D.C. Se trata de los atentados terroristas más graves de la historia de Estados Unidos y no hay certeza sobre el número de víctimas.

14 septiembre: El Congreso da carta blanca a Bush para hacer la guerra y se movilizan a 50.000 reservistas.

17 septiembre: La Fed baja medio punto los tipos de interés, hasta el 3%, el día en que Wall Street, tras su reapertura después del 11-S, cierra con una caída del 7,13%

2 octubre: Washington muestra a la OTAN pruebas que implican a Ossama Bin Laden en los atentados. La Alianza activa por primera vez el pacto de defensa mutua.

5 octubre: Estados Unidos envía sus primeros mil soldados a la frontera norte de Afganistán.

7 octubre: Dentro de la operación denominada “Libertad Duradera” inician los bombardeos aéreos selectivos sobre las bases de Al Qaeda en Afganistán.

6 noviembre: La Fed recorta los tipos de interés al 2 %.

12 noviembre: La Fed recorta los tipos de interés por décima vez en este año y los sitúa en el 1,75%, el nivel más bajo de los últimos 40 años.

11 diciembre: Procesado en EE. UU. Zacarias Musaui, el primer inculpado por los atentados terroristas del 11 de septiembre.

 


Periodismo Internacional © 2019 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull