Anuario 2001
Jordania
"Abdalá II introduce tímidas reformas para reanimar la maltrecha economía del país"
Isabel González

El monarca hachemí Abdalá II de Jordania ha introducido durante su segundo año de mandato, desde que el 7 de febrero de 1999 fuera entronizado, una serie de reformas en el país para reanimar la crisis económica en la que se encuentra la región desde 1991, fecha en la que tanto los países del Golfo como EEUU retiraron las ayudas económicas a Jordania por no sumarse a la aplicación del embargo a Irak y no contribuir con la fuerza militar internacional contra el régimen de Sadam Hussein durante la Guerra del Golfo.

Aunque las reformas aplicadas por el monarca hachemí, básicamente económicas, han destacado más por el tono en el que se han realizado que por el contenido de las mismas, indican un cierto cambio de rumbo en la política de Abdalá respecto al legado de su padre, el rey Hussein.

Remodelación del Gobierno

Una de las primeras medidas de Abdalá tras su llegada al poder es sustituir gradualmente el equipo de gobierno de su padre. En este sentido, el 17 de junio Abdalá disuelve el Parlamento jordano. Esta decisión permite al monarca realizar una remodelación del Gobierno, que afecta a 13 ministros, entre ellos el primer ministro Abdel Rauf al-Rawabda, (miembro prominente del influyente sector tribal autóctono jordano), que abandona el Gobierno al año de ser investido.

No obstante, la remodelación del Gabinete no afecta a carteras relevantes como la de Asuntos Exteriores, que sigue a cargo de Abdul Ilah al Jatib, y la de Interior, que la ocupa Awad Julaifat.

En el lugar de Abdel Rauf al-Rawabda, Abdalá designa a Ali Abu al-Rageb, ex ministro de Industria y Comercio.

La destitución de Rawabda es el punto culminante de una tormenta de críticas vertidas desde los sectores económicos del país contra su gestión, especialmente por su falta de determinación a la hora de impulsar las reformas exigidas por la Casa Real para asentar el proceso de liberalización económica en la que se encuentra inmerso el país. Según los expertos, su pertenencia a una clase social tradicionalmente muy influyente en el ámbito político, pero de escaso peso económico, explica su falta de operatividad para seguir los dictados de Palacio.

De hecho, la suspensión de Rawabda se justifica por la oposición que muestra para ejecutar el proyecto de conversión del puerto de Aqaba, única vía marítima jordana, en una “Zona Industrial Cualificada” (ZIC) orientada a atraer, por medio de la concesión de beneficios fiscales y la gestión privada, las inversiones extranjeras, además del capital israelí.

Este tipo de iniciativas, respaldadas al 100% por Abdalá, no sólo despiertan los temores entre la clase política, sino que encuentran el rechazo frontal del movimiento antinormalización.

Las reformas económicas y, particularmente, el proceso de privatización de las industrias jordanas tampoco cuentan con muchos respaldos entre el sector tribal jordano, que ve como dicho proceso pone en peligro su capacidad de intervenir políticamente en la administración del Estado mientras una nueva élite económica, hasta ahora sin atributos políticos destacados, comienza a influir a medida que avanza el ritmo de las privatizaciones.

Aunque el aumento de los problemas económicos ha sido el principal reto del rey jordano, durante su segundo año de mandato, Abdalá ha tenido que abordar otros desafíos. Entre éstos se halla la creciente oposición al tratado de paz jordano-israelí de 1994, no sólo popular, sino también entre los sectores tribales de la clase política.

Otra de las cuestiones que preocupa a Abdalá, y que es clave para asegurar la supervivencia del reino hachemí, es la necesidad de mejorar la relación diplomática que Jordania tiene con el resto de países árabes vecinos. En este sentido, Abdalá, ha realizado enormes esfuerzos

Jordania enfría su relación con Israel

Si Hussein de Jordania había mostrado una adhesión entusiasta al Tratado de paz jordano-israelí firmado en 1994 bajo la batuta de EEUU, por considerarlo clave para el desarrollo económico del país, su hijo, Abdalá II, decepcionado con los resultados obtenidos, manifiesta la necesidad de volver a examinarlo.

La firma del Tratado de paz de Wadi Araba (1994), a través del cual se establece la normalización de todo tipo de relaciones entre Jordania e Israel, se sustentó en la doble necesidad de recuperar el papel histórico de la monarquía jordana como actor regional imprescindible, así como en la de frenar el retroceso socioeconómico del país.

Pero la “normalización” a Jordania no ha reportado demasiados beneficios, en todo caso el gran beneficiado ha sido Israel. De hecho, en Jordania lo que ha provocado ha sido la división de la sociedad; entre los partidarios de las reformas neoliberales aplicadas por Abdalá, que representan una minoría, y la gran mayoría de la población, que es contraria al reconocimiento de Israel y a la “normalización” económica con este país mientras Israel siga ocupando territorios árabes e impida la creación de un Estado Palestino.

Además, la vía adoptada por Abdalá, favorable a la inversión privada y extranjera en sectores hasta hace unos años públicos, con el fin de impulsar el desarrollo económico del país (como por ejemplo la reducción del 50% de las tarifas portuarias en un intento de hacer más competitivo el puerto de Aqaba) ha supuesto tener que pagar un doble peaje. Por un lado, tener que ajustar la política regional a los imperativos norteamericanos e israelíes, y por otro, modificar las estructuras del poder tradicional jordano y de su anquilosada burocracia administrativa a manos de la clase funcionaria autóctona.

En cuanto al compromiso económico norteamericano con Jordania, éste se basa en que el reino hachemí favorezca la inserción de la economía israelí en sus propios mercados. Para ello, en 1998 EEUU crea las “Zonas Industriales Cualificadas” (ZIC), proyectos industriales en los que el capital israelí se ve favorecido por la abundante y barata mano de obra jordana que nutre la industria turística israelí.

Pero la relación jordano-estadounidense sufre un giro de 180º en el 2001, ya que si hasta el momento el desequilibrio generado por la inserción israelí en la economía jordana había contado con el beneplácito estadounidense, los atentados del 11 de septiembre, y la necesidad de EEUU de contar con un aliado en Oriente Próximo ante la proximidad de una guerra contra el terrorismo, aceleran la aprobación en el Senado estadounidense de un Tratado de Libre Comercio con Jordania.

El 24 de septiembre la Cámara de Representantes apueba el acuerdo comercial con Jordania, convirtiéndola en la cuarta nación que tiene una relación comercial sin aranceles con EEUU, junto a México, Canadá e Israel.

El acuerdo obliga a las dos naciones, que tienen un volumen comercial no superior a los 400 millones de dólares al año, a reducir progresivamente sus aranceles durante los próximos díez años, tanto en lo referente a productos agrícolas como a bienes industriales.



El tandem jordano-egipcio

Respecto al conflicto palestino-israelí, Jodania mantiene una postura ambigua. Mientras, por un lado, y de cara a conseguir la estabilidad del país (con un 60% de la población de origen palestino) respalda la Intifada, por otro se alinea con Egipto, el gran aliado árabe de EEUU en Oriente Próximo, para abortar las tentativas de Siria de crear un frente radical que empuje a los estados árabes del ala más radical; Siria, Irak, Libia, Palestina e Irán, a una guerra abierta contra Israel. De igual manera, y aprovechando su calidad como presidente de turno de la Liga Árabe, el rey Abdalá, junto con el gran mediador en Oriente Próximo, Hosni Mubarak, ejercen su influencia en las diversas cumbres de la Liga Árabe para que tampoco prospere la iniciativa de Bashar el Asad de romper toda relación comercial con Israel por los excesos que el Ejército israelí ha cometido contra los palestinos durante los quince meses de Intifada transcurridos.

Mano dura contra la población

La moderación diplomática propugnada por el tándem Abdalá-Mubarak ante los países de la Liga Árabe, e incluso llevada al papel en el plan de paz jordano-egipcio, (que consiste en el cumplimiento de lo acordado en la cumbre de Sharm el-Sheij, a finales de 2000 con el fin de alcanzar un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes) contrasta con la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad jordanas para reprimir cualquier expresión de apoyo a la Intifada palestina.

Ante la imposibilidad de poder contener la masiva participación popular en las manifestaciones y concentraciones de apoyo a la Intifada que se producen en Jordania desde que esta estallase en septiembre de 2000, provocan que el 8 de octubre de 2000 el Gobierno jordano prohíba por decreto cualquier manifestación en apoyo a la Intifada, recortando aún más los ya estrechos márgenes de libertad de la población.

La represión de las fuerzas de seguridad se ha sistematizado, a la vez que ha intensificado su actuación mediante el uso de gases lacrimógenos, carros militares, tanques y munición de fuego real, además del uso indiscriminado de la fuerza física contra niños, mujeres y hombres por igual, causando cientos de heridos en el último año y medio.

Irak, el gran escollo jordano

Durante el ejercicio político de 2001 una de las máximas aspiraciones de Abdalá ha consistido en conseguir el apoyo de todos los países árabes para pedir el levantamiento de las “sanciones inteligentes” contra Irak, su principal socio comercial y el único suministrador de crudo, del que recibe anualmente 70.000 toneladas de petróleo. En este sentido, durante la cumbre de la Liga Árabe celebrada en Ammán (Jordania) los días 28 y 29 de marzo, lidera la propuesta de redactar una resolución que pida a la comunidad internacional el fin de las sanciones contra el régimen de Sadam Hussein. Abdalá y Mubarak, los grandes promotores de la propuesta, obtienen el apoyo de todos los miembros de la Liga Árabe con la excepción de Arabia Saudí y Kuwait, que se niegan a la rehabilitación de Bagdad a menos que Sadam Hussein prometa respetar su integridad.Por otro lado, Abdalá también es consciente de que en este terreno debe pisar con mucho cuidado para no levantar ampollas en la Casa Blanca, puesto que diez años después de la Guerra del Golfo, EE.UU sigue empeñada en aplicar las sanciones contra Irak.



Cronologia año  2001
15 de marzo: Egipto y Jordania intentan evitar que Siria lidere un frente bélico antiisraelí. Los gobiernos de El Cairo y Ammán, paradigmas de la línea moderada en Oriente Próximo, viajan a Damasco para evitar que el Gobierno de Damasco presente una moción en la próxima cumbre de la Liga Árabe, para que cualquier ataque de Israel contra Siria no sea considerado como una agresión contra la nación árabe en su totaliadad.

28 y 29 de marzo: Se celebra la primera cumbre de la Liga Árabe de este año. A pesar de los intentos realizados por Abdalá II y Hosni Mubarak para conseguir la reconciliación entre Kuwait y Arabia Saudí con Irak, esta no es posible. El único avance de la cumbre es que Siria y Palestina sellan su reconciliación. Siria reconoce después de ocho años sin hacerlo, a Arafat como líder de la Autoridad Nacional Palestina.

30 de marzo: Los servicios de seguridad jordanos prohiben terminantemente la celebración de actos de apoyo a la causa palestina.

14 de mayo: Tras una modificación de la legislación a favor de las inversiones privadas nacionales y extranjeras en sectores hasta hace unos años públicos, el rey Abdalá, presenta el proyecto de creación de una Zona Económica Especial de Aqaba (ZEEA) con el fin de impulsar el desarrollo del puerto mediante capital privado. Para ello se procedió a reducir las tarifas un 50%. El resultado es que en tan sólo 2 meses 661 compañías invierten en el puerto sin que el Ministerio de Información haga público su origen.

16 de mayo: El Fondo Árabe para el Desarrollo Económico y Social (FADES), con sede en Kuwait, concede a Jordania un crédito de 115 millones de dólares para construir la presa de “Al Wehda” sobre el río Yarmuk (en la frontera entre Siria y Jordania). La construcción del embalse se enmarca dentro de un acuerdo firmado entre Siria y Jordania en 1987, y que había sido postergado durante años ante la ausencia de financiación, la tensión política entre ambos países y las reservas expresadas por Israel.

14 de junio: El secretario general de la ONU, Kofi Annan se entrevista con el rey Abdalá II de Jordania en la ciudad portuaria de Aqaba, en el mar Rojo, para analizar el conflicto palestino-israelí y las sanciones contra Irak, asuntos que afectan gravemente a la economía jordana.

8 de agosto: La organización terrorista Resistencia Islámica mata a un israelí en Ammán después de que el Ejército israelí volviese a poner en vigencia el código Lila Azul, que permite a sus agentes disparar sobre cualquier palestino sospechoso.

24 de septiembre: El Congreso de Estados Unidos aprueba un acuerdo comercial con Jordania , uno de sus principales aliados en Oriente Próximo. Una vez sea ratificado por el presidente estadounidense, George W. Bush, Jordania se convertirá en la cuarta nación en tener una relación comercial sin aranceles con este país, junto con México, Canadá e Israel. El acuerdo comercial obliga a las dos naciones a reducir sus aranceles progresivamente durante los próximos díez años.

8 de octubre: El Gobierno jordano aprueba la Ley de carácter temporal número 54. Esta ley, que es una enmienda al código penal, prohibe todas las manifestaciones y marchas en apoyo a la “intifada” de Al Aqsa y las exigencias de que se cerrase la embajada de Israel en Jordania. Con este decreto se recortan los ya estrechos márgenes de libertad de la población jordana.

10 de octubre: Reporteros Sin Fronteras (RSF) envía una carta de protesta al rey Abdalá de Jordania contra las enmiendas al código penal en materia de prensa. Estas medidas preven el cierre “provisional o permanente” de periódicos, en caso de que se publiquen informaciones “difamatorias, falsas o que perjudiquen a la unidad nacional, a la reputación del Estado, incitando a huelgas o perturbando el orden público”.

4 de diciembre: El reino hachemí envía un contingente de 1.600 militares a Afganistán, que, según Jordanía, no se involucrará en combates, sino que su misión es proteger un hospital que Jordania establecerá allí, y ayudar a facilitar la llegada de ayuda humanitaria internacional a Afganistán. El centro médico jordano se establecerá cerca de Mazar-i-Sharif.


 


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