Anuario 1999
Uzbekistán
"Karimov vuelve a ser reelegido por una aplastante mayoría absoluta"
Jordi Mumbrú

Tras nueve años en el poder, Islam Karimov renovó por cuatro años su cargo de presidente de la república ex soviética de Uzbekistán (que consiguió la independencia en 1991, aunque, en principio, apostó por el comunismo). El reelegido presidente, de 61 años, consiguió el 91,9% de los votos, contra el 4,17% de su único adversario, Abduljafiz Dzhalálov, quien ya anunció, antes de las elecciones, que votaría por su oponente. Ante las anomalías electorales –que en Asia Central son bastante normales– el Departamento de Estado norteamericano advirtió que ponía en entredicho que Karimov hubiera ofrecido a los electores una verdadera opción de voto.
Karimov, que ganó sus primeras elecciones en 1992, consiguió mediante un referéndum, celebrado tres años después, prolongar su poder hasta 2000. El presidente, que en principio se opuso a la fragmentación de la URSS, decidió emprender una campaña contra el “colonialismo” ruso, cambió el nombre del Partido Comunista, así como el de plazas y calles que tuvieran reminiscencias de su pasado soviético. En febrero de 1999, Tashkent anunció su salida de la Alianza de Seguridad Regional, apadrinada por Rusia, y su abandono del sistema de seguridad colectiva de la CEI (Comunidad de Estados Independientes), firmado en 1992. El único tratado que les queda con Rusia es un acuerdo bilateral de cooperación firmado en 1994. Sin embargo, y pese a los encendidos discursos contra Rusia, actualmente su dependencia es evidente. Rusia apoya el Gobierno conservador y autoritario del país y, a cambio, obtiene garantías respecto a la tutela de las minorías rusas.

La falsa democracia de Karimov prohibió, en el año 1993, el Partido Nacionalista ERK y el Partido Radical BIRLIK (formado por islamistas), e inició una dura campaña de represión con los seguidores de ambas formaciones. Ante todos estos abusos de poder, el 16 de febrero de 1999, estallaron ocho explosivos situados cerca de la residencia del presidente con un resultado de 15 muertos y 128 heridos. El Gobierno denunció a los islamistas radicales, pero las detenciones que se sucedieron afectaron también a los medios nacionalistas laicos, como al hermano del disidente en el exilio Ahamed Saleh, jefe del partido ERK. No obstante, debido a la sofisticación del atentado, pensaron que podía haber sido organizado por cómplices en el aparato del Estado. Karimov amenazó a todos aquellos que querían “desestabilizar el orden del país” y tomó importantes medidas de seguridad, aunque no llegó a proclamar la ley marcial.

Uzbekistán tiene una extensión un poco inferior a la del Estado español y está situado en el sur de Kazajstán y al norte de Turkmenistán y de Afganistán. A pesar de haber sido la mayor república de la URSS productora de algodón, y de ser un país muy rico en petróleo, gas natural y oro, Uzbekistán está inmerso en una profunda crisis provocada en gran parte por la corrupción de la oligarquía del país. Y es que de todas las repúblicas ex soviéticas, Uzbekistán fue la que optó por una renovación más moderada después de obtener la independencia, y ahora, nueve años después, el poder y la corrupción continúan empobreciendo la república.

La extrema pobreza que afecta a gran parte de los 23 millones de personas que habitan el país provocó que se acelerara la creación de nuevas relaciones internacionales. Los principales socios de Uzbekistán son Rusia, Ucrania, países de Europa Oriental y Estados Unidos. Las nuevas relaciones económicas son básicas para que Uzbekistán cree una nueva fuente de ingresos que le permita abandonar las enormes dependencias con Rusia; pero ni los rusos ni Karimov han demostrado tener la intención de alejarse del poder. Además, la debilidad de los precios del petróleo implicó un menor interés por parte de los inversores occidentales en toda la zona. La crisis económica de Asia Central redujo las inversiones japonesas y coreanas.



La guerra civil tayica

Otro problema que acentúa la crisis económica que vive Uzbekistán es el conflicto armado que enfrenta a diferentes regiones. Por un lado, en las regiones de Samarkanda y Bujara (en la parte este del país, fronteriza con Tayikistán: una zona en la que habitan aproximadamente un millón de tayikos sometidos a duras políticas de asimilación por parte del Gobierno ex comunista de Tashkent) son regiones que luchan por conseguir la independencia y la posterior anexión a Tayikistán. Por otro lado, un gran número de uzbekos, residentes en el norte de Afganistán, y de tayikos, residentes en Uzbekistán, participan directamente en la cruenta guerra civil de Tayikistán; una guerra en la que se ven involucrados numerosos países de Asia Central como los firmantes del Tratado de Seguridad Colectiva: Tayikistán, Rusia, Armenia, Kazajstán y Kirguistán. La guerra, que empezó en el año 1992 –poco después de que se proclamara la independencia– finalizó, en teoría, con un acuerdo en 1997. El año pasado se dio un importante paso hacia la paz, con la aprobación de un referéndum que modificaba el sistema de gobierno tayiko para conducir al país hacia la conciliación nacional. De todas maneras, el enfrentamiento continúa entre la oposición islámica y aquellos que defienden el comunismo progubernamental.

(Texto traducido del catalán por Juan Salvador Martínez)



 


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