Anuario 1998
Birmania
"Myanmar, paradigma de la represión y de la inestabilidad política"
J. Salvador Martínez

Myanmar (46 millones de habitantes), la antigua Birmania, vive desde 1992 bajo la tiranía de la dictadura militar dirigida por el general Than Shwe. Desde entonces, la situación ha empeorado considerablemente y las manifestaciones protagonizadas por estudiantes son duramente reprimidas por las fuerzas de seguridad. Tampoco la presión internacional ha contribuido a mejorar la situación.Tras conseguir la independencia en el año de 1948 y mantener un régimen democrático parlamentario, Birmania cayó en una profunda depresión tras el golpe militar (1962) del general Ne Win.
En el mes de enero se celebró el 50º aniversario de la independencia del país. La celebración fue aprovechada por la Premio Nobel de la Paz (1991), Aung San Suu Kyi, líder de la Liga Nacional para la Democracia (LND, principal partido de la oposición) para solicitar un cambio de gobierno con elecciones democráticas. El gobierno militar, sin embargo, no sólo ignoró la petición, sino que reforzó las medidas represivas.

El 15 de noviembre de 1997 la Junta Militar anunció la disolución del SLORC (Consejo para el Restablecimiento de la Ley y el Orden) y la creación del Consejo para la Paz y el Desarrollo del Estado (SPDC), compuesto por 19 militares. Cuatro de ellos pertenecían a la junta anterior y el resto eran jóvenes militares regionales. El nuevo Consejo realizó una remodelación del Gobierno, que definitivamente estaría compuesto por 40 personas, muchos de ellos civiles. El hostigamiento y la persecución contra militantes y dirigentes de la LND continuó durante el año 1998, pero el Gobierno autorizó un congreso de la oposición para celebrar el octavo aniversario de las elecciones generales.

En agosto de 1998, los militares lanzaron una virulenta campaña de prensa contra Suu Kyi, quien había sido detenida en un puesto de control de la Armada cuando, por cuarta vez, intentaba salir de Yangon (la capital, anteriormente conocida como Rangún) para encontrarse con sus partidarios. En uno de esos intentos, Suu Kyi estuvo encerrada durante seis días en su coche hasta que fue sacada a la fuerza por la policía y devuelta a su casa en una ambulancia, un hecho que atrajo considerables críticas internacionales al régimen del SPDC. La Junta calificó a Suu Kyi como "enemigo público número uno" y los diarios gubernamentales agregaron que quien se encontrase con ella en público no habría de "vivir mucho".

El partido de la oposición manifestó su intención de convocar unilateralmente un “Parlamento Popular” con los candidatos electos y representantes de los grupos étnicos minoritarios, lo que fue apoyado por manifestaciones estudiantiles en Yangon. En septiembre la LND estableció un Comité de Representantes, dirigido por Suu Kyi y Aung Shwe que actuaría en nombre del Parlamento Popular, que declaró ilegales todas las leyes aprobadas por la Junta en los últimos diez años y pidió la libertad incondicional para todos los presos políticos. En octubre de 1998 el vicesecretario general de la ONU, Alvaro de Soto, viajó a Myanmar, donde se entrevistó con miembros del SPDC y con Suu Kyi. De Soto ofreció ayuda económica y humanitaria a la Junta si iniciaba diálogo productivo con la LND, a lo que la Junta contestó liberando a varios opositores en los meses posteriores.

Además de la represión política, la existencia de trabajo forzoso es habitual en este país asiático. En agosto de 1998 fueron detenidos en Yangon 18 activistas pro derechos humanos extranjeros y condenados a trabajos forzados, aunque posteriormente fueron liberados gracias a la presión internacional ejercida para ser expulsados del país. Ya a principios de los años sesenta, la Organización Internacional del Trabajo pidió a las autoridades de Birmania que pusieran fin a esta práctica, pero en 1997, la junta gobernante se negó a cooperar con una comisión de investigación especial de la OIT sobre las violaciones por parte de Birmania del Convenio, de 1930, sobre el trabajo forzoso. A comienzos de 1998, se negó a permitir la entrada en el país de dicha comisión. En su informe, la comisión de investigación manifestaba que el trabajo forzoso que se practicaba en Birmania era un crimen de lesa humanidad que probablemente se continuará cometiendo mientras los militares continúen en el poder.

La mayoría de los Estados de la Unión Europea (UE) se han mostrado favorables al aislamiento del Gobierno birmano. De hecho, desde 1996, la UE ha cerrado su territorio a los miembros de la Junta y a los altos cargos del régimen. Las restricciones administrativas al comercio exterior han sido reforzadas, prohibiéndose la exportación de varios productos desde marzo de 1998. Las inversiones extranjeras han desaparecido prácticamente (un 70% en el primer semestre de 1998 en relación al año anterior). En este contexto, la tendencia a la “asiatización” de las inversiones se ha convertido en un reto, y se ha dado prioridad al desarrollo de la agricultura.

Pero la degradación del medio ambiente podría hacer peligrar futuras cosechas y, en lugar de mejorar, la situación es cada vez más preocupante. Un informe elaborado en 1998 por el World Resources Institute destacó que la deforestación extensiva ya había causado erosiones masivas del suelo, sedimentación de ríos, aumento de inundaciones y escasez de agua graves en las estaciones secas en algunas regiones. El comercio con madera parece intensificar la gravedad de estos problemas, y la destrucción de los bosques en esta zona a lo largo de la cabecera del río Irrawaddy no sólo daña al medio ambiente, sino que produce un grave impacto sobre el sustento de los pueblos corriente abajo. El aumento de las inundaciones pone en peligro los cultivos de arroz a lo largo de este río, y también las pesquerías ribereñas.


Suu Kyi, la alternativa prohibida

Aung San Suu Kyi es la cabeza visible de la oposición al régimen de Myanmar (nombre con el que se rebautizó Birmania el 18 de junio de 1990). Fue a finales de los 80 cuando los birmanos despertaron del letargo mantenido durante los 26 años de dictadura del general Ne Win y su partido único, el omnipresente BSPP (Partido Birmano del Programa Socialista). Casi tres décadas después del golpe de Estado de 1962, la política de nacionalizaciones y el aislamiento de la «vía birmana al socialismo» de Ne Win habían convertido a uno de los países más ricos y prósperos de Asia en uno de los más pobres del mundo y la insostenible situación económica fue el detonante de las protestas prodemocráticas que en marzo de 1988 empezaron a brotar de las universidades. La dimisión de Ne Win, en julio de ese año, y la designación de su sucesor —uno de los máximos responsables del aparato represivo del régimen— avivaron aún más la revuelta. Las actuaciones del Ejército para aplastar la rebelión dejaron una fecha dramática para la historia: el 8 de agosto de 1988, cuando centenares de estudiantes murieron víctimas de la brutal represión contra los manifestantes en las calles de Rangún. La necesidad de frenar la fiebre revolucionaria llevó a los militares a anunciar la celebración de elecciones libres, pero el régimen no esperaba una derrota en las urnas. Aunque la LND logró 396 de los 485 escaños del Parlamento, los militares se aferraron al poder y se negaron a transferir el gobierno hasta que se redactara una nueva Constitución, siempre bajo su aprobación. Los diputados electos la LND constituyeron un gobierno en el exilio. El resto del mundo empezó a tomar conciencia de lo que ocurría en Birmania cuando Suu Kyi recibió, en 1991, el Nobel de la Paz. Para entonces, la hija del general Aung San, popular héroe de la independencia birmana, llevaba dos años bajo un arresto domiciliario que aún duraría hasta julio de 1995. La supresión de todos los derechos civiles y políticos desencadenó protestas que provocan, hasta hoy en día, numerosas detenciones y muertos. En 1988 se estableció el SLORC (Consejo para el Restablecimiento de la Ley y el Orden) que actuó como instrumento para reprimir cualquier manifestación en contra del régimen.


 


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