Anuario 1999
Corea del Sur
"Corea del Sur promete introducir reformas económicas para mantener su crecimiento"
Carmen Alcalde

Tras haber rozado la bancarrota hace tan solo dos años, la economía de Corea del Sur afronta el año 2000 con una reactivación asombrosa. Las exportaciones baten récords y el ritmo de crecimiento ronda el 10%. Para alcanzar su sueño de convertirse en una potencia económica en el siglo XXI todavía queda mucho por hacer, pero las reformas iniciadas por el Gobierno del país han hecho renacer las esperanzas.
Tan solo un temor: ante la proximidad de las elecciones generales, en abril del 2000, los analistas se plantean si las imprescindibles reformas del sistema económico van a llevarse a cabo o se frenarán ante la cita electoral. Conseguir que este boom sea duradero depende de ello.
Uno de los asuntos que el Gobierno surcoreano deberá superar es la reestructuración de los grandes conglomerados (chaebol) y la confirmación de la apertura a la inversión extranjera.

Los chaebols son enormes conglomerados presentes en todos los sectores de la producción, para los que trabajan la mayoría de surcoreanos y que facturan varias decenas de billones de pesetas al año. Entre ellos, destacan especialmente Hyundai, Daewoo, Samsung, LG y SK.

El problema de los chaebols deriva de los préstamos indiscriminados que los gobiernos coreanos fueron concediendo a estos conglomerados, en manos de un grupo reducido de familias. La situación permitía un acceso fácil al dinero, haciendo posible una extensión sin control. Como resultado, una deuda imposible de pagar amenazó con la quiebra en cadena de todo el país. La situación se ha ido salvando con préstamos de los bancos que, a su vez, se han endeudado con entidades extranjeras.

Ahora en Seúl se habla de los “chaebol de segunda generación”. Estos pretenden ser más pequeños, más operativos, más democráticos y más transparentes, pero, de momento, siguen siendo igual de poderosos.

La operación ha sido impulsada por el presidente surcoreano, Kim Dae Jung, presionado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el préstamo de 60.000 millones de dólares que concedió a Corea del Sur, en diciembre de 1998, a cambio de una reestructuración. El Gobierno ha exigido a los chaebol, principalmente, introducir una mayor transparencia en la gestión y facilitar la entrada de capital extranjero. El objetivo: ganar competitividad y ayudar a pagar la deuda.

Además, en este contexto de crecimiento explosivo, vuelve a preocupar la inflación, principalmente por las elevadas demandas salariales de los sindicatos, que quieren compensar los sacrificios realizados en los dos últimos años.

Y es que, uno de los problemas más preocupantes del país es el desempleo. A diferencia de los países europeos, en Corea del Sur no hay subsidio de paro y la recesión económica derivada de la crisis del 97 ha sacudido a las empresas. Decenas de miles de trabajadores, sobretodo de industrias pesadas, han sido despedidos y otros han visto sus salarios congelados. La tasa de paro alcanzó en marzo el 8’1%, mientras que en 1997 rondaba el 2%.

Y como ocurre demasiado a menudo, las víctimas más afectadas son las mujeres. Ellas son las primeras en ser despedidas. Cuando nueve entidades bancarias decidieron despedir a 4.400 trabajadores de puestos “bajos”, el 83% fueron mujeres, aunque sólo el 13% de esos puestos eran ocupados por ellas.

La raíz de este problema, sin embargo, es mucho más profunda. Pocas mujeres surcoreanas trabajan (el paro femenino creció en 1998 un 3%, mientras que el masculino descendió un 1%), y las que lo hacen no acostumbran a tener contratos fijos, ni alcanzan puestos directivos. Según un ejecutivo de un chaebol, “harán falta diez años” para que las mujeres ocupen un puesto destacado en el sistema productivo surcoreano.

Como consecuencia de la situación general, durante el mes de abril del 99, se han producido graves incidentes entre policías y manifestantes por los despidos en las empresas públicas. Centenares de estudiantes de extrema izquierda, trabajadores y sindicalistas exigían al Gobierno el cese de las reestructuraciones industriales. Los sindicatos convocaron manifestaciones masivas y huelgas que, finalmente, no llegaron a mostrar toda la fuerza que pretendían.

El presidente surcoreano, Kim Dae Jung, ha reiterado en numerosas ocasiones su voluntad de frenar la oleada de despidos, que ha sembrado una lógica alarma en la sociedad.

El estilo de trabajo coreano está marcado por unas pautas diferentes a las acostumbradas en la mayoría de países occidentales: los empleados sólo tienen un día de descanso, el domingo, y una semana de vacaciones en todo el año. Fruto de este ritmo, han conseguido dejar de ser un país productor de tecnología barata para convertirse en una potencia con recursos propios. Por lo tanto, son capaces de situarse al mismo nivel que empresas norteamericanas o japonesas.

Corea del Sur ha conseguido lo que algunos califican de milagro. En 1999, el producto interior bruto ha pasado de una recesión del 7% en el tercer trimestre de 1998 a un crecimiento que ronda el 10%, un cambio de sentido que demuestra la capacidad de recuperación de este país.

En tan solo medio siglo, y saliendo de una cruda guerra civil, Corea del Sur ha pasado de una economía agraria casi medieval a un sistema industrial de mercado que la ha colocado en los primeros puestos de las naciones asiáticas, sólo superada por Japón. Todo esto, además, en un país que se encuentra dividido y amenazado por el régimen comunista de Corea del Norte, que le obliga a destinar una buena parte de su PIB a defensa, y que ha tenido que hacer una profunda transición hacia la democracia.

La problemas económicos sufridos por Corea en el 97 fueron causados por tres crisis que, para desgracia de los surcoreanos, llegaron cogidas de la mano: una monetaria externa, una financiera interna y otra estructural que ha hecho plantearse el modelo de desarrollo surcoreano, durante años mirado como un ejemplo de despegue económico.

Para hacerse una idea de lo grave que llegó a ser el estado económico del país, sólo hay ver que el FMI, junto con otros organismos, tuvieron que intervenir con carácter de urgencia e inyectar fondos a toda prisa.

Este año en cambio, el Gobierno surcoreano ha registrado una inflación incluso más baja de la que esperaba. Dos factores: el descenso de los precios en los artículos importados y la fortaleza del won frente al dólar se han encargado de acallar temores e inducir al optimismo general.


Corea del Sur: la historia ascendente

Cuando el general Park Chung Hee tomó el poder, en mayo de 1961, Corea del Sur estaba considerado como uno de los países más pobres del mundo: tenía poca tierra cultivable, una clase media prácticamente inexistente, un gran índice de analfabetismo y tan solo unos miles de trabajadores industriales. En 1996 Corea del Sur ya era la economía número 11 del mundo en orden de importancia. La economía del sur alcanzó 30 veces el tamaño de su vecino rival del norte. Nunca un país había logrado tanto desarrollo en tan poco tiempo. Sin embargo, con la crisis del 97, el sistema cayó. Bajo la disciplina austera de Park Chung Hee y la amenaza del Norte, el sistema político y económico ayudó a configurar la sociedad educada de clase media que hace hoy estable la democracia. En 1998 la industria estaba en bancarrota, los bancos sin liquidez, los sindicatos incontrolables y la élite política desacreditada. Además, la burocracia existente estaba empeñaba en seguir reteniendo su poder. A las puertas del 2000, Corea del Sur es dirigida por el presidente Kim Dae Jung, para quien los chaebol tendrán que competir con justicia y los bancos tendrán que prestar en base a su respectiva situación. El acceso igualitario al dinero tiene como objetivo producir un florecimiento de nuevas compañías, cuya competencia obligará a los chaebol a ser eficientes. Kim, de 73 años, afirma que los requisitos de una economía más eficiente y los de una democracia verdadera convergen.


Cronologia año  1999
11 de febrero: Los bancos comerciales de Corea del Sur declaran una pérdida de 14’48 billones de wones (12.300 millones de dólares) en 1998.

23 de febrero: Corea del Sur amnistía a casi 9.000 personas, entre ellas, al preso político más antiguo del mundo. Se trata del ex soldado norcoreano Wu Yong Gak, de 71 años, que llevaba 41 en prisión.

26 de abril: Se producen graves incidentes en Corea del Sur por los despidos en las empresas públicas. Enfrentamientos entre policías y manifestantes.

27 de abril: Los sindicatos ponen fin a la ola de huelgas en Corea del Sur. El Gobierno de Seúl había amenazado con utilizar la fuerza contra los huelguistas e incluso con despedirles si no ponían fin a la protesta.

16 de junio: Siete marineros de Corea del Sur resultan heridos en un enfrentamiento con buques norcoreanos en aguas del Mar Amarillo.

1 de julio: La fortaleza del won mantiene la inflación coreana bajo mínimos. Hasta mayo, los precios de las importaciones cayeron un 23’2%.

4 de julio: El Gobierno surcoreano anuncia la privatización de 11 grandes grupos industriales.

10 de agosto: Corea del Sur acelera el pago de la deuda al FMI. En 1998 le reembolsó más de 7.700 millones de pesetas.

31 de octubre: 57 muertos y 71 heridos en la ciudad de Inchon, Corea del Sur, al incendiarse un bar lleno de estudiantes. El local no tenía salidas de emergencia.

 


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