Anuario 1999
Arabia Saudí
"El príncipe heredero Abdelaziz refuerza su poder en medio de la crisis económica"
Xavier Tedó

Dado que las tres cuartas partes de los ingresos de Arabia Saudí provienen del petróleo, la monarquía saudí emprendió una serie de medidas para paliar el descenso del precio del barril de crudo. Una de ellas fue la de reunirse con el presidente de Irán, Mohammed Jatami, el 16 de mayo. La visita del dirigente iraní a Riad es la primera que realiza un presidente de Irán desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979, hecho que pone de manifiesto la gravedad de la situación.
El descenso de los precios del crudo, con costes que oscilaban a principios de año entre los dieciséis y los diez dólares el barril, ya suscitó los primeros contactos entre los dos mayores productores de petróleo meses antes, fruto de los cuales nació el acuerdo para reducir la producción. En el mes de marzo, tomaron una decisión histórica al limitar la producción a 7,5 millones de barriles diarios, dado que desde la guerra del Golfo no se había producido ningún recorte. La actitud pronorteamericana de Arabia Saudí, que contrasta con los desafíos constantes de Irán a EE.UU., no ha resultado ser un impedimento a la hora de negociar una resolución conjunta para parar la crisis económica. El acuerdo para la rebaja de la producción petrolífera permitió que el precio del crudo se volviera a disparar hacia finales de año.

La colaboración entre ambos países asusta a los Emiratos Árabes Unidos (EAU), país que teme perder la disputa con Irán sobre tres islas que Teherán se anexionó apenas proclamarse su independencia, en 1971. La importancia geoestratégica de la zona, ya que la quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo pasan por el estrecho de Ormuz (entre Irán y los EAU), ha provocado que el Gobierno de Abu Dhabi (capital de los EAU) criticara, durante el mes de julio, el progresivo acercamiento entre Riad y Teherán que se está produciendo desde que el moderado Jatami se hizo cargo de la presidencia de Irán. Este año, los EAU concedieron un préstamo de 5.000 millones de dólares a la monarquía wahhabí de Arabia Saudí, hecho que ha permitido a su Gobierno subir el tono de las críticas.

La política austera a la que se ha aferrado Riad, con la suspensión de proyectos, la renegocación de contratas o la disminución de las compras, no ha impedido que Arabia Saudí acumulara un déficit presupuestario tres veces más elevado del previsto (12.300 millones de dólares). El presupuesto para 1999 es una fiel muestra de este retroceso económico, porque se estableció sobre la base del precio de 12 dólares por barril, una cantidad que contrasta con la cifra de 30 dólares de hace tres años. La política presupuestaria del Gobierno de Riad conjugó la restricción de los gastos y de las reformas económicas, aun cuando no instauró el impuesto sobre la renta reclamado desde hace tiempo por el FMI.

Internamente, pese al grave estado de salud del rey Fahd, el monarca wahhabí se ha mantenido en el trono por la ausencia de consenso en el seno de la familia real. Fahd, de 77 años y 125 kilos de peso, padece de diabetes, sobrepeso y ha sido intervenido quirúrgicamente en diferentes ocasiones durante este año. La última se produjo en junio, cuando los médicos saudíes le extrajeron un coágulo en el ojo izquierdo. Esta operación le obligó a guardar reposo y a pasar casi dos meses y medio de convalecencia en Marbella, donde dejó más de 12.000 millones de pesetas en gastos. El deterioro de la salud del monarca saudí, agravado desde 1998, y sus largos periodos de ausencia en la Corte, han permitido al príncipe heredero, Abdalah Ben Abdelaziz, reforzar su autoridad con la adopción de medidas austeras. Además, se ha otorgado responsabilidades internacionales al hacer visitas a extranjero, en las que ha invitado a las grandes potencias occidentales a iniciar "una colaboración económica estratégica", y a los Estados del Magreb a "reconstruir el mundo árabe".

El 21 de agosto, la muerte del príncipe Faisal ben Fahd, hijo mayor del monarca wahhabí (aunque no estaba en la línea de sucesión al trono) evidenció el grave estado de salud del rey Fahd, que no pudo asistir a los funerales de su hijo en Riad. Esto hizo posible que el príncipe heredero asumiera el rol de jefe de la monarquía saudí. Asimismo, Abdalah ostenta la vicepresidencia del Consejo de Ministros desde el 25 de julio, lo que ha favorecido su ascenso en la carrera política y ha consolidado su poder en el seno de la familia real, que está dividida, con respecto a la sucesión del rey Fahd, entre los que son partidarios de proseguir la línea prooccidental de la monarquía wahhabí y los detractores del entendimiento con EE.UU. y el resto de Occidente. Aun así, el ascenso político de Abdalah reafirma el deseo del rey Fahd de consolidar la primera opción. Unas buenas relaciones que otorgan a Riad seguridad ante sus vecinos árabes y que, a la vez, permite a Washington importar petróleo a buen precio.

(Texto traducido del catalán por Juan Salvador Martínez)


Las relaciones internacionales de Arabia Saudí

En la vertiente diplomática, además del acercamiento a Irán, Riad ha asistido al creciente activismo del multimillonario saudí Osama Bin Laden, empeñado en la difusión del islam en todo el mundo y, especialmente, en África. Las generosas donaciones del hombre más buscado por EE.UU. en Sudán o Tanzania, por ejemplo, son una muestra palpable. Este hecho ha disparado la alerta de la Administración norteamericana, dado que EE.UU. teme que los atentados del terrorista saudí se sucedan en el futuro. Asimismo, el 18 de febrero y el 20 de marzo pasados, la monarquía saudí mantuvo contactos con Yemen para resolver el contencioso que mantiene con el país más pobre de la Península Arábiga, a la hora de delimitar sus fronteras. Un conflicto que dura 65 años y que tiene su origen en el Acuerdo de Taïf (ciudad situada a unos 20 kilómetros al sur de La Meca) de 1934, por el que Arabia Saudí se anexionó tres provincias fronterizas. Aun así, la campaña de oposición al régimen iraquí de Saddam Hussein ha definido la política internacional de la monarquía wahhabí. Arabia Saudí ha conseguido que tanto la Liga Árabe como el Consejo de Cooperación del Golfo mantuvieran el aislamiento a que han condenado al régimen iraquí. La Liga Árabe, integrada por 22 países, no condenó los bombardeos de EE.UU. y de Gran Bretaña a Irak, exigencia que Saddam Hussein había pedido al mundo árabe en la reunión que se celebró en El Cairo (Egipto) el 25 de enero. Paralelamente, el Consejo de Cooperación del Golfo, que lidera Arabia Saudí y del que forman parte Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Qatar y Omán, tampoco se pronunció en contra del cerco occidental a Irak. Estos hechos representan, al parecer de algunos diplomáticos árabes, el triunfo de la campaña antiiraquí promovida por la monarquía wahhabí, así como un golpe muy duro a los esfuerzos de los últimos años de algunos países árabes para restablecer la solidaridad del mundo árabe. Los analistas consideran que la supeditación de Arabia Saudí hacia la Administración norteamericana hace inviable el sueño nasserista del panarabismo. Aunque, las relaciones entre los diferentes países árabes ha mejorado en los últimos años.


 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies