Anuario 2001
China
"China entra en la OMC y consigue el sí del COI para organizar los JJ.OO. de 2008"
M. Helena Gaya

Para la República Popular China este año que acaba de terminar será recordado, posiblemente, como uno de los más significativos de su reciente historia. China ha conseguido entrar en la Organización Mundial del Comercio tras quince años de negociaciones y ha logrado hacerse con la sede de los Juegos Olímpicos de verano de 2008. Los casi 1.300 millones de chinos pueden sentirse orgullosos de los logros de su país, pero en especial los 64 millones que están afiliados al Partido Comunista de China, porque no podían celebrar de mejor manera el ochenta aniversario de su formación política.
La histórica entrada de China en la OMC fue aprobada por aclamación por los 142 países miembros el pasado 11 de noviembre en la cumbre celebrada en Doha (Qatar). El ingreso de China en la OMC supone un cambio en el panorama económico mundial porque con los casi 1.300 millones de habitantes y un intercambio comercial anual de 480.000 millones de dólares, es considerado el mercado potencial más interesante de este siglo ya que abre grandes oportunidades para incrementar las exportaciones occidentales.
Para permitir su entrada en la OMC, China ha debido comprometerse ante los 142 países miembros a eliminar todos los subsidios a las exportaciones agrícolas, algo que la Unión Europea y Japón se niegan incluso a considerar y, además, en la misma línea, ha anunciado que cortará en un 8,5 por ciento su apoyo nacional a la agricultura, un punto y medio por debajo del 10 por ciento permitido a los países en desarrollo. A cambio de estas concesiones Pekín podrá vender sus productos, sin apenas limitaciones, a todo el mundo.
Pero no sólo saldrán ganando los que ya eran miembros, sino que China, la recién llegada, espera ser la más beneficiada de su entrada en la OMC. Los analistas han recordado que China juega con la ventaja de que Pekín tiene capacidad para inundar los mercados con productos a precios extraordinariamente competitivos, debido al bajo coste de la mano de obra, lo que puede plantear problemas a otros países asiáticos.
Los expertos han anunciado que China hace años funciona bajo la máxima "de un país dos sistemas" por lo que, no debería costarle demasiado adaptarse a las exigencias de guión de la OMC, porque aunque formalmente sigue estando bajo un gobierno comunista, el capitalismo se desarrolla en las llamadas "zonas especiales" como Shangai, como en cualquier otro país. A veces incluso con mejores resultados, porque en Hong Kong, la capital financiera de la gran China continental, se genera una riqueza que representa el 10 por ciento del PIB del país y se acumula el 40 por ciento del total de las exportaciones. La velocidad a la que está cambiando China, sobretodo en la última década, es enorme y va a tener consecuencias tanto hacia dentro como hacia fuera del país.
El Banco Mundial ha asegurado que en el 2020, los chinos serán la primera potencia económica del planeta, por encima de Estados Unidos, y acumularán el 20 por ciento del comercio mundial. China es hoy en día la sexta mayor economía del mundo medida por su PIB que supera los 1.080 millones de dólares (casi 200 millones de pesetas), a pesar de que ocupa el lugar número 140 en función de su renta por cápita que no alcanza los 3.600 dólares (unas 720.000 pesetas).
Así pues, los países que quieran empezar a invertir en el reciente liberalizado mercado chino deben tener en cuenta que, en estos momentos, en China ya sólo un tercio de las empresas son propiedad al cien por cien del sector público. Otro tercio está representado por empresas mixtas, muchas de ellas con capital municipal, y el último tercio lo componen empresas totalmente privadas. El Gobierno de China, encabezado por el presidente Jiang Zemin, no sólo no rechaza este fenómeno económico, sino que necesita de él para mantener una cierta estabilidad social: en el último años la friolera de 20 millones de trabajadores han sido despedidos de las empresas estatales menos competitivas.
Sin embargo, los observadores señalan que sólo con un proceso tan acelerado de cambio puede entenderse que el país más poblado del mundo haya mantenido un ritmo de crecimiento sostenido de una media del 7 por ciento desde la década de los ochenta.
Asimismo, China ha conseguido multiplicar su PIB por cinco en tan sólo 20 años. Por increíble que parezca, uno de los factores que más influencia ha tenido en el próspero desarrollo económico del país en los últimos tiempos fue la matanza de la Plaza de Tiananmen, en 1989, que aunque en su día paró durante años la ronda de negociaciones con la OMC, sirvió a los dirigentes del Partido Comunista Chino para darse cuenta de que algo se agitaba en las amplias capas de la población urbana del país. Las pertinentes rectificaciónes les llevó el pasado 11 de noviembre a entrar como miembros de pleno derecho en la OMC.
El gigante dormido ha despertado con fuerza con la entrada del nuevo siglo y ya son muchos los que vaticinan que la irrupción del capitalismo en China no es más que el primer síntoma de la instauración de la democracia en un plazo de tiempo relativamente corto.
Sin embargo, ante los comentarios de algunos sectores de dentro y fuera de China sobre la posible instauración de la democracia, en la clausura de la Asamblea Nacional Popular para el ingreso a la OMC, el primer ministro chino, Zhu Rongji, descartó cualquier reforma política que lleve el país a un sistema político plural o al estilo occidental. En el mismo anuncio quedó descartada la rotación de partidos en el poder y un sistema legislativo bicameral.
Difíciles relaciones entre China y EE.UU.
George W. Bush, consciente de la inminente entrada de China en la OMC, se reunió con el viceprimer ministro chino Qian, el pasado mes de marzo, para ratificar su política de amistad preferencial a pesar de las fuertes diferencias que les separan. Los temas de la reunión, que como las veces anteriores llegaron a un punto muerto, fueron: la venta de armas estadounidenses a Taiwán, la situación de los derechos humanos en China y la cooperación de las empresas chinas con las fuerzas armadas iraquíes. Por su parte Qian puso sobre la mesa la defensa de Taiwán por parte de los norteamericanos y el escudo antimisiles de Bush que en China se ve como una amenaza a la disuación nuclear.
Sin embargo, los buenos propósitos de los dos países se vieron maltrechos el pasado abril cuando un avión espía de la Navy chocó contra un caza chino causando la muerte del piloto. El accidente puso en entredicho las buenas relaciones bilaterales entre ambas potencias. China, que retuvo a los 24 tripulantes del aparato americano, pedía a Estados Unidos una disculpa formal. Pero los estadounidenses se negaron a enviarla. Este estira y afloja duró casi un mes, hasta que Washington cedió. No obstante, cuando las aguas volvían a su cauce, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, en una maniobra poco acertada, ordenó suspender los cantactos militares con China, obligando a la Casa Blanca a retractarse horas después. Esta acción demostró al mundo que Estados Unidos no tiene una política bien definida sobre como actuar en China.
A raíz del enfrentamiento, el presidente chino, Jiang Zemin, tachó, el pasado mes de mayo, durante la cumbre Asia-Europa, a su homólogo americano de “enfermo, inmoral e imprudente” y acusó al presidente George W. Bush de querer imponer sus ideas occidentales a todos los pueblos del mundo.
Cuando las relaciones entre ambos países se encontraban en su punto más bajo se vio obligado a intervenir el ex presidente americano Bill Clinton, quien lanzó un mensaje al inquilino de la Casa Blanca aconsejándole que restableciese la amistad con China, un país considerado por los estadounidenses como esencial para mantener la estabilidad en Asia. Clinton, durante su mandato, mantuvo una relación cordial con China sólo ensombrecida cuando la OTAN bombardeó, por error, la embajada de China en Belgrado en mayo de 1999.
A pesar del llamamiento de Clinton, las relaciones entre China y Estdos Unidos no volvieron a normalizarse hasta el pasado mes de septiembre, cuando Pekín, tras los atentados supuestamente perpetrados por los terroristas del grupo Al Qaeda, manisfetó su apoyo a Bush a un ataque armado siempre que se produjese dentro del marco de las ONU y no de la OTAN. Geopolíticamente, a China no le gusta la nueva zona de influencia de la Alianza, que según la nueva doctrina tiene capacidad de actuación desde Canadá a Kazajstán.
Los intereses que persigue Pekín son paz y petróleo en el norte, que le subminstran Rusia y Corea, y estabilidad en el oeste. De esta manera China puede dirigir sus esfuerzos hacia Taiwán, el Tíbet y la zona del Xinjiang, habitada por los uigures.
Sin embargo, los conciudadanos de Jiang Zemin no fueron tan condescendentes con los norteamericanos y manifestaron que los atentados responden a la agresiva y arrogante política del presidente americano.
Pero a Bush parece no importarle demasiado lo que piense la población china y, tras el 11 de septiembre, el presidente norteamericano se apresuró a contactar con Jiang Zemin para asegurarse de que podía contar con el apoyo del país más poblado del mundo, que además es fronterizo con Afganistan, para un ataque armado en dicho país. Para Estados Unidos, después de los atentados del 11 de septiembre China ha pasado de ser un “rival estratégico” a ser un “aliado de primera fila”. Este cambio se debe a la amistad política entre China y Pakistán, país vecino de Afganistán al que Estados Unidos intenta convencer para que se una a la “cruzada internacional” contra el terrorismo. Además, China tiene derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Los chinos asintieron a la demanda de los estadounidenses pero, a cambio, China pide a Estados Unidos comprendenda y apoye la lucha contra aquellos que Pekín considera que impiden la reunificación del país: Tíbet, Taiwán. Además a Jiang Zemin le interesa tener controlados a los nueve millones de musulmanes que viven en la provincia de Xingjiang que, aunque no han sido identificados como un grupo organizado armado, cometen atentados, sobretodo en la capital del país, y mantienen lazos con los afganos y otras guerrillas islámicas asiáticas.
El fuerte mercado interno puede blindar a China, más que a otros países de Extremo Oriente, ante el desplome del comercio como consecuencia de la guerra que Estados Unidos libra en Afganistán. No obatnte, los expertos apuntan que una prolongada recesión de Estados Unidos haría mucho daño a la base exportadora china.
Pekín, para prevenir un posible ataque de los separatistas uigures en su territorio, ha trasladado tropas armadas al interior de Xinjiang y ha procedido a efectuar detenciones a gran escala, vulnerando, una vez más, según los observadores internacionales, los derechos humanos. Además, esta ofensiva norteamericana le servirá a China para poder apretar las tuercas a los extremistas uigures, que hasta hoy la comunidad internacional no veía del todo mal por el hecho de oponerse a la China comunista. En el mismo operativo ha cerrado las fronteras con Afganistán y Pakistán.
Taiwán: la herida abierta de China
China y Taiwán han conseguido este año un hecho histórico, han restablecido dos líneas marítimas de transporte de pasajeros, mercancías y servicios postales a través del estrecho de Formosa. Este acuerdo supone el primer contacto estable y continuo desde el final de la guerra civil, en 1949. Además, China y Taiwán entraron en la OMC al mismo tiempo donde y las bases de la organización exigen que entre todos los países miembros haya una relación directa.
Sin embargo, China no ha retirado los más de 300 misiles que apuntan a la isla de Taiwán y que aumentan a razón de cincuenta por año, según los observadores, porque el objetivo de China es conseguir la reunificación del país y, tras la devolución de Hong Kong por parte de los británicos en 1997 y de Macao, antigua colonia portuguesa en 1999, los dirigentes del PCCh anhelan que los taiwaneses acepten los ofrecimientos de ser parte de una sola China. Los misiles responden a la posible intervención militar de la China continental para conquistar Taiwán, idea que descartan los expertos porque China no posee suficiente capacidad militar para desarrollar una ofensiva de este tipo.
Además, China sabe que si da este paso los norteamericanos saldrán en defensa de la isla como emana de una ley del Congreso americano y como le recordó, el pasado mes de abril, Bush a las autoridades chinas. Ante la repetición de este discurso, Pekín recordó a Washington que Taiwán no es un protectorado americano y le instó una vez más a que cumpla el compromiso adquirido en 1982 de reducir progresivamente la venta de armas a Taiwán. Sin embargo, los americanos no cederán mientras China siga vendiendo material armanentístico a países de Oriente Próximo como Irak.
China y Rusia, de nuevo amigos
Jiang Zemin y Vladimir Putin se han reunido dos veces a lo largo de este año. Aun-que de momento se desconoce lo que dará de sí y hasta dónde llegará la nueva relación chino-rusa, los expertos ya se han apresurado a calificarla como la más “dinámica” de los últimos cincuenta años. En el primer encuentro del mes de julio que tuvo lugar en Shangai, Moscú y Pekín hicieron un frente común en contra del escudo antimisiles americanos.
Como mínimo Zemin y Putin están unidos en el próposito de oponerse a la política de Washington. Las reacciones en Estados Unidos no se han hecho esperar porque temen que provoque involuntariamente algo parecido a una alianza político-militar entre China y Rusia. En los años setenta Washington se ganó a Pekín contra Moscú. Ahora se intenta evitar la situación inversa en la que China sustituye a Rusia en el papel de superpotencia y Rusia es la gran tercera pieza capaz de alterar la correlación de fuerzas en un pulso entre dos. Aunque China tiene grandes intereses y dependencias comerciales con respecto a Estados Unidos, los incidentes ocurridos, durante el último año entre ambos países, promueven un acercamiento ruso-chino.
En la segunda cumbre, celebrada el pasado mes de julio en Moscú, Jiang Zemin y Vladimir Putin firmaron un acuerdo de amistad y cooperación descrito por los chinos como fundamento de una relaciones a largo plazo sanas y estables, pero que no incluye en ningún caso una alianza militar. Asimismo manifestaron que mantienen una posición común contra el proyecto del escudo antimisiles americano, rechazan el hegemonismo de Washington en beneficio de un “mundo multipolar”, con varios polos mundiales de diálogo, y condenan el nuevo discurso del intervencionismo imperial encubierto bajo conceptos como el de intervención humanitaria y soberanía limitada.
Los expertos señalan que China y Rusia tienen intereses comunes, pero han invertido su posición en el mundo. El PIB chino es el triple que el ruso. Asimismo, en los últimos diez años China lo ha triplicado y Rusia lo ha dividido por seis.
Sin embargo, en las reuniones chino-rusas se ha puesto énfasis de nuevo del no reconocimiento ruso de Taiwán. Por su parte China responde igual en el conflicto de Chechenia. En la misma reunión se trataron temas económicos y comerciales puesto que China es el principal cliente mundial de armas rusas y, en un futuro no muy lejano, los chinos esperan que el gas siberiano sostenga las crecientes necesidades energéticas del pujante desarrollo del país más poblado del mundo. Por otro lado, a China le interesa mantener buenas relaciones con Rusia porque ambos países comparten una frontera de más de 4.000 kilómetros.
Pekín, sede olímpica de 2008
El pasado 13 de julio China pudo hacer realidad su sueño de organizar unos Juegos Olímpicos. Pekín ya había presentado su candidatura en 1993, pero cayó derrotada ante Sydney para organizar los juegos del 2000.
En aquella ocasión el COI no concedió la victoria a los chinos como castigo por la matanza de Tiananmen. Ahora, paradójicamente, la misma plaza ha sido el escenario donde se ha desbordado el júbilo de decenas de miles de chinos al conocer la noticia de que tras ocho años, de impaciente espera, Pekín ya es sede de los Juegos Olímpicos de verano del 2008.
La votación de los miembros del COI reunidos en Moscú fue rápida y clara, sólo hicieron falta dos votaciones para que Pekín saliese vencedora por mayoría absoluta. Sus rivales eran Osaka, París, Toronto y Estambul. Todos ellos han encajado la derrota con deportividad, excepto los parisinos. Los rotativos franceses, al día siguiente, cargaban con comentarios despectivos contra la ciudad que les ha arrebatado lo que ellos ya daban por hecho, ser capital del deporte el verano del 2008. Los analistas han coincidido en destacar que el honor de ser sede olímpica es un tributo a China, un país con muchos títulos deportivos. Además es la nación más poblada del mundo, el centro de una las grandes civilizaciones del planeta y escenario del proceso de desarrollo y modernización más espectacular del cambio de siglo. Y lo más importante es que se perfila como una potencia diplomática a corto plazo. Asimismo, los miembros del COI y la comunidad internacional esperan que el hecho de convertirse en centro de atención haga reflexionar a China y mejore la situación de los derechos humanos, que en el país más poblado del mundo son violados continuamente.
Pero lo que la comunidad internacional espera con más impaciencia es que China cumpla con la declaración de intenciones de conceder a Taiwán alguna de las pruebas deportivas, lo que sería un paso decisivo en la desactivación de las tensiones a través de estrecho de Formosa. Sin embargo, Pekín debe ponerse a trabajar de inmediato, porque sus infraestructuras de transporte y el alojamiento son insuficientes, es una ciudad envuelta en polución y congestionada por el tráfico.
Por eso, el Gobierno de Zemin ya ha prometido invertir una partida millonaria en los preparativos. De momento se ha gastado la friolera de 120 millones de dólares (22.800 millones de pesetas) en construir carreteras, nuevos centros deportivos o remodelar las viejas instalaciones. No obstante, a China le queda mucho camino por recorrer hasta el verano de 2008. Cuando llegue ese día cualquier movimiento, reformista o regresivo, del régimen chino tendrá un eco en el planeta desconocido con anterioridad.


80 años del Partido Comunista de China

El Partido Comunista Chino (PCCh), la organización más grande del mundo, con 64 millones de afiliados, lo que representa el 5% de la población total del país, cumplió el pasado 1 de julio ochenta años de existencia. El PCCh está en el poder desde 1949, año en que se fundó la República Popular China. Sin embargo, los dirigentes actuales, encabezados por el presidente Jiang Zemin, tiene problemas para convencer a la población de que son los únicos capaces de modernizar el país. En 1921 fueron un puñado de jóvenes activistas los que se reunieron el primero de julio en Shangai y formaron el PCCh. La celebración del 80 aniversario tuvo lugar en el Gran Palacio del Pueblo de China, cerca de la plaza de Tiananmen. Sin embargo, el discurso del presidente de China no tuvo ninguna palabra por la matanza de 1989 ni tampoco por la revolución cultural de los sesenta ni tampoco para el gran salto delante de los cincuenta. Jiang Zemin aprovechó la ocasión para recordar que la principal misión de su partido y del país consiste en recuperar Taiwán para lograr la “completa reunificación de China” que cada vez está más cerca tras la recuperación de Hong Kong y Macau. Además, Zemin prometió a sus conciudadonos esfuerzos para combatir la corrupción del partido y eludió cualquier alusión a la situación de los derechos humanos.

Quince años para entrar en la OMC

China es desde el pasado 11 de noviembre miembro de pleno derecho de la Organización Mundial del Comercio, pero a este día histórico le preceden quince años de largas negociaciones. El primer paso que dio Pekín para entrar en el OMC fue en 1986 cuando solicitó acceder al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT) como estrategia para lograr un mayor desarrollo del “socialismo con características chinas” puesto en marcha por el fallecido dirigente del Partido Comunista de China Deng Xioping en 1978. Pero el 4 de junio de 1989, la brutal represión del movimiento prodemocrático de Tiananmen por parte de los carros de combate del Ejército de Liberación Popular (ELP), aisló a la China política y económica de la comunidad internacional. Este desamparo de la comunidad internacional se pondría de nuevo de manifiesto cinco años más tarde, en 1994, cuando China intentó acelerar sin éxito su acceso al GATT con la intención de participar en la primera reunión de la OMC, (la OMC es el órgano que el 1 de enero de 1995 sustituyó al GATT). Para intentar suavizar la situación, en noviembre de ese mismo año, Pekín anunció el mayor conjunto de medidas aperturistas de su historia, rebajó las tarifas aduaneras en un 30 por ciento y permitió la entrada de empresas extranjeras al país mediante compañías de capital mixto. En la misma línea, en octubre de 1997, rebajó la tarifa básica de importación del 23 al 17 por ciento, excepto en productos como los automóviles. En 1998 los chinos ofrecieron una promesa clara de recortes arancelarios, pero sus interlocutores internacionales pidieron más acceso a los bienes y servicios extranjeros en el mercado nacional. Sin embargo, el final se empezó a perfilar en el 15 de noviembre de 1999, cuando tras varios días de negociaciones intensas China y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo bilateral considerado clave para el ingreso de Pekín en la OMC. Días antes del tratado con Estados unidos, las autoridades chinas habían firmado uno similar con Japón al que le siguió, el 26 de noviembre, el suscrito con Canadá en Toronto. El 24 de diciembre de 2000 Cuba y Venezuela se unieron a las naciones anteriores en la conclusión de negociaciones bilaterales con China para su acceso a la OMC. Asimismo, India firmó el pasado 22 de febrero, por lo que tras el pacto con la UE, ya sólo debía alcanzar pactos similares con un reducido número de países: Ecuador, Suiza, México, Guatemala y Costa Rica. Estos acuerdos se han ido firmando a lo largo de este año 2001. La incorporación de China a la OMC provocará un impacto sin precedentes en la economía mundial a partir de que empiece a moverse en el marco del libre comercio.

Taiwán, el último eslabón para la reunificación de China

Taiwán, considerada por las autoridades chinas como una provincia rebelde, es el último eslabón para la reunificación de China. Este es el conflicto que actualmente concentra un mayor interés por parte de la república comunista, que tiene más de 300 misiles apuntando la zona. El problema arranca en 1949, cuando el gobierno nacionalista de Kuomintang huyó a la isla de Formosa ante su inminente derrota en la guerra civil que le enfrentaban a las fuerzas comunistas. Desde entonces se constituye en Taiwán un gobierno independiente respecto al régimen comunista chino, que se proclama el heredero legítimo del gobierno de la República China. El sistema que implantó Kuomintang en la isla fue una dictadura, pero finalizó en 1996 con las primeras elecciones democráticas. Taiwán ha experimentado en las últimas décadas un crecimiento económico espectacular que lo ha situado entre los países más desarrollados de la zona asiática. Aunque los mayoría de los taiwaneses se muestran favorables a un futuro proceso de reunificación, las autoridades isleñas han rechazado repetidamente las ofertas de reunificación de Pekín por no considerar satisfactorias las condiciones propuestas, en particular con el régimen político. Desde los años ochenta estas ofertas han incluido la constitución de la isla en una región administrativa especial con apmplios poderes, entre ellos unas fuerzas armadas propias. Sin embargo, Taiwán vincula su respuesta afirmativa al abandono por parte de la China continental del sistema comunista a favor del libre mercado, condición a la que se añade la existencia de un sistema democrático que garantice los Derechos Humanos. China pretende superar las reticencias de Taiwán asegurándole que al igual que Hong Kong, funcionará bajo el principio de “un país dos sistemas”. Ante los desaires de Taiwán a la reunificación, China ha anunciado en varias ocasiones que si es necesario usará la fuerza para recuperar la antigua provincia. Sin embargo, este tipo de operación se descarta, al menos a corto plazo, porque china no posee suficiente capacidad militar para conquistar Taiwán.


Cronologia año  2001
24 de marzo: La antorcha olímpica inicia su recorrido, desde Grecia, por los seis continentes.

4 de marzo: La viceministra de la Comisión Nacional de Población y Planificación Familiar anuncia que se eliminará gradualmente la política del hijo único.

15 de marzo: Inicio de las movilizaciones tibetanas contra el abuso de poder y la represión por parte de China.

12 de abril: EE.UU insta a China a poner fin a la represión y a reanudar las conversaciones con el Dalai Lama.

1 de mayo: La antorcha olímpica llega a Pekín tras recorrer 140.000 kilómetros.

8 de mayo: El presidente chino, Hu Jintao, y el primer ministro japonés, Yasuo Fukuda, se reúnen. El encuentro pone punto final a diez años de estancamiento en sus relaciones. En la reunión se acordó resolver equitativamente la disputa sobre la explotación de las enormes reservas de gas del mar de China Oriental.

4 de mayo: Representantes del Gobierno chino se reúnen con enviados del Dalai Lama.


13 de mayo: Un terremoto golpea el centro de China. mueren 60.000 personas.

28 de mayo: El presidente chino, Hu Jintao, mantiene un encuentro con el vicepresidente taiwanés, Vincent Siew. Se trata del contacto de más alto nivel desde 1949. En la reunión se establecen más comunicaciones directas por aire, mar y tierra entre ambos territorios.

22 de julio: China y Rusia firman un acuerdo que fija definitivamente sus 4.300  kilómetros de frontera común.

8 de agosto: Se inauguran los Juegos Olímpicos de Pekín.

24 de agosto: Se clausuran los Juegos Olímpicos de Pekín.

2 de octubre: El Gobierno  impulsa una reforma agraria.

21 de octubre: La economía china avanza al menor ritmo en cinco años.

10 de noviembre: El Gobierno chino hace público un Libro Blanco sobre América Latina.

27 de noviembre: El Gobierno Chino presenta un  paquete de medidas contra la crisis.

10 de diciembre: Se celebra la cumbre del clima de Poznan (Polonia) en la que se acuerda la limitación de emisiones para los grandes países emergentes como China e India. Estos países, tendrán que limitar sus emisiones entre un 15% y un 30% en 2020 respecto a la tendencia actual.

13 de diciembre: Corea del Sur, China y Japón se reúnen en una cumbre independiente para hacer frente a la crisis económica.

 


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