Anuario 1999
Irak
"Los aliados mantienen sus ataques pese a las discrepancias en la ONU por el mantenimiento del embargo"
Xavier Tedó

Durante todo este año, aviones de EE.UU. y de Gran Bretaña han bombardeado Irak de manera persistente, con dos o tres ataques aéreos por semana, en la campaña militar aérea más larga desde la Guerra del Vietnam. La fugaz operación “Zorro del Desierto”, de diciembre de 1998, ha dado paso a una guerra –llamada de desgaste– que no parece perseguir el derribo de Sadam Husein, sino tan sólo debilitarlo al tiempo que el rais garantiza la estabilidad del país, aunque EE.UU. también baraja la posibilidad de establecer allí un gobierno prooccidental que garantice sus intereses en la zona.
Las ofensivas de los aviones occidentales, que no se encuentran amparadas por ninguna resolución de las Naciones Unidas, han provocado la muerte de unas doscientas personas, la mayoría civiles, y más de quinientos heridos. Aparte de las pérdidas humanas, Irak ha visto cómo eran destruidas viviendas, escuelas, edificios públicos y otros sitios de vital importancia para la economía iraquí, como oleoductos petrolíferos.
Además, la ONU ha mantenido el embargo que desde el final de la Guerra del Golfo impuso al país árabe. El programa “Petróleo por Alimentos”, auspiciado por el Consejo de Seguridad a finales de 1996, y que permite a k vender 5.260 millones de dólares de petróleo cada seis meses a cambio de alimentos y medicamentos, no ha servido para paliar los graves déficit de la población iraquí. Las autoridades iraquíes hablan de la muerte de 700.000 niños por desnutrición y carencia de medicamentos desde la imposición de este embargo, en 1991. Este hecho es una evidente muestra del genocidio al que Occidente está abocando a un país que, si en los tiempos bíblicos fue un paraíso, ahora es un infierno donde más de doscientos niños son ingresados cada día en unos hospitales deteriorados por las bombas.
En Irak, el año empezó con una multitudinaria manifestación en Bagdad para protestar contra los bombardeos de las fuerzas aliadas tras la operación “Zorro del desierto”. Asimismo, una semana más tarde (el 9 de enero), se descubrió que la UNSCOM, la misión de la ONU encargada de supervisar la destrucción del armamento de destrucción masiva de Iraq, espiaba para dar información a la OTAN. Este hecho espoleó al régimen de Husein, que denunció la carencia de credibilidad de una organización supuestamente imparcial. La avalancha de críticas que recibió la UNSCOM, especialmente de Francia y Holanda, abrió la caja de los truenos en la ONU, que defendió la equidistancia de la UNSCOM en el conflicto con Irak.
La destrucción del oleoducto iraquí hacia Turquía por nuevos bombardeos, el 29 de marzo, confirmó la apuesta aliada de debilitar la, ya débil de por sí, economía iraquí sin derrotar militarmente a Sadam Husein. A EE.UU. le conviene que el rais esté al frente del poder, porque mantiene la estabilidad de un país fuertemente desestructurado, aunque no descarta la posibilidad de establecer allí un gobierno prooccidental que garantice sus intereses en la zona. Este oleoducto era fundamental para Irak porque por allí pasaba el 40 % del petróleo –1,9 billones de barriles al día– que exporta Irak y que abastecía la refinería turca de Ceyhan. Los daños a la infraestructura petrolera iraquí causados por la guerra y el embargo hace que Irak sólo pueda vender la mitad de la cantidad que les es permitida según el programa "Petróleo por Alimentos". En este marco de bombardeos selectivos, el 4 de abril, EE.UU. destruyó la principal estación que controla el bombeo de petróleo iraquí hacia la estación terminal de Mina Al Bakr, en el Golfo Pérsico. A medianos de abril, mientras los bombardeos seguían castigando casi diariamente a Irak, empezaron a aflorar las primeras discrepancias en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ante la apuesta anglo-estadounidense de proseguir la política de represión, China, Francia y Rusia presentaron una propuesta que se fundamentaba en la designación de una comisión de vigilancia que sustituiría la UNSCOM –desautorizada por su colaboración con EE.UU.– y en un gradual levantamiento de embargo, con especial énfasis en los productos de primera necesidad. Este nuevo planteamiento es fruto de la constatación de que el embargo a quien castiga, de hecho, es al pueblo iraquí y no al régimen de Sadam Husein, y al hecho que los regímenes totalitarios, sometidos a presiones bélicas externas, intensifican el sentimiento nacionalista de la población, que se aglutina en torno al líder. Los suculentos contratos de suministros de repuesto para las refinerías malogradas por los bombardeos entre Iraq y compañías extranjeras de Francia, Italia, Rusia y la China podrían haber tenido un peso importante a la hora de reconducir la situación.
En esta línea, Inglaterra y Holanda elaboraron un documento, que contaba con el visto bueno de Washington, y que proponía suspender el embargo de petróleo si Sadam permite la inspección de su armamento químico y biológico. Como contrapartida, la ONU permitiría la entrada en Irak de inversiones extranjeras una vez el régimen iraquí retomara su colaboración con una nueva organización de vigilancia armamentística que sustituyera la controvertida UNSCOM. Aun así, Rusia, China y, con más matices, Francia, no lo subscribieron porque apostaban por la suspensión de las sanciones impuestas a Irak. Este hecho ha dejado a Iraq en una situación crítica puesto que la población está pagando las consecuencias de la falta de entendimiento entre Occidente y los opositores al régimen iraquí, como la Asamblea Suprema de la Revolución Islámica, que tiene sus bases logísticas en Teherán y Londres y recibe sustanciales ayudas económicas procedentes de Estados Unidos (poco más o menos, unos 100 millones de dólares). Con todo, el régimen de Sadam presenta una solidez envidiable puesto que controla todas las estructuras sociales y políticas de la República.
A partir de noviembre, EE.UU. y Gran Bretaña empezaron a bombardear Irak con proyectiles de cemento para no causar más "daños colaterales" –o sea, muertos– que pudieran deteriorar la imagen de la Casa Blanca y despertar a la opinión pública internacional del letargo de la indiferencia. La precisión de estos proyectiles recae en el hecho de que sólo destruye objetivo marcado.
(Texto traducido del catalán por Juan Salvador Martínez)


Estados Unidos entrena a la oposición iraquí de Florida

También en noviembre, EE.UU. dejó clara su posición en este conflicto, así como sus objetivos. A principios de ese mes, Washington empezó a entrenar a opositores al régimen iraquí de Sadam Husein en una base militar de Florida. Este hecho hundía definitivamente la vía de la diplomacia para resolver el conflicto, dado que la única estrategia que plantea EE.UU. es la de derrocar el régimen de Husein para reemplazarlo por un gobierno democrático "amigo de Occidente". Mientras tanto, continúa librándose una guerra silenciosa en las zonas de exclusión aérea del norte y sur de Irak, áreas que EE.UU. y Gran Bretaña patrullan desde 1991 bajo el pretexto de que hace falta proteger a las poblaciones kurda y chií del Ejército de Sadam Husein. Esta guerra, que hace que el país se mantenga dividido, ha provocado una situación excepcional en el mundo.

Irán, en el punto de mira

El mes de junio se convirtió en una pesadilla para Irak puesto que los atentados contra miembros de la oposición iraní golpearon dos veces Bagdad. En el primero, el 6 de junio, dos bombas estallaron ante el cuartel general de los Muyahidines del Pueblo en el centro de la capital. El segundo atentado, que se produjo cuatro días más tarde, fue el más grave que se ha producido contra esta organización desde 1986, dado que murieron seis militantes muyahidines. La presencia de esta organización en Bagdad, que data de 1986, y los sucesivos atentados contra este grupo impiden la total normalización de las relaciones entre ambos países. El rais cargó contra Irán por sus agresiones –atentados contra los Muyahidines–, por su connivencia con los servicios de espionaje de EE.UU. y de Israel para ocupar la ciudad kurda de Sulaimaniya (en la frontera con Irán) y por su apoyo al embargo de la ONU, a la vez que amenazó con usar la fuerza.

Los chiíes se rebelan contra Sadam

Durante el mes de febrero, se produjeron los disturbios más importantes en el interior de un país que se encuentra desunido, dado que el norte (de mayoría kurda) y el sur (de mayoría chiita) son zonas enfrentadas con el rais Husein porque éste es musulmán de rama suní –curiosamente, minoritaria en Irak–. El estallido de violencia en el sur del país se produjo por el asesinato de un líder chií, el ayatolá Muhammad Sadeq al-Sadr, en la ciudad santa de Najaf (al sur de Bagdad). El espíritu crítico del imán hacia el régimen de Sadam suscitó que la oposición chií de Iraq e Irán acusaran al presidente iraquí de estar tras el atentado. Como es habitual, desde que en 1979 se hiciera cargo del país, Husein apaciguó la revuelta con una brutal represión que se saldó con más de veinte muertos. El Gobierno iraquí denunció la existencia de un complot internacional, abanderado por EE.UU., que pretendía romper la unidad del país. Hay que señalar que Whasington ha cambiado su estrategia de derrocar a Husein y se dedica, desde hace unos años, a potenciar su apoyo a la oposición iraquí. En agosto, la oposición iraquí armada –chiíes de Irán– asesinó a uno de los tres viceprimer ministros de Iraq, Al-Zubeidi. El atentado fue reivindicado por la Asamblea Suprema de la Revolución Islámica, que con el apoyo de Irán y de Gran Bretaña, donde tiene sus bases logísticas, y las ayudas económicas de Estados Unidos, trata de derrocar al Gobierno iraquí. Sin embargo, el presidente iraquí controla todas las estructuras sociales y políticas del país, por lo que resulta complicado que una posible revolución se inicie desde el interior de Irak.


 


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