Anuario 2000
Rusia
"Tras la tragedia del “Kursk” Putin reconoce el pésimo estado del país"
Laura Jimeno

En medio de la corrupción, las mafias, el autoritarismo, la crisis y la hambruna, Rusia intenta en vano recuperarse de las cenizas del imperio soviético bajo la mirada impasible de la mayoría de los rusos, que contemplan cómo se desmorona todo.
La tragedia del submarino nuclear "Kursk" ha mostrado al mundo la forma de actuar del Gobierno ruso y ha hecho reflexionar a sus ciudadanos sobre el pésimo estado del país.
El presidente ruso, Vladimir Putin, tras las críticas recibidas durante el naufragio del "Kursk" y ante el posterior incendio de la torre de Oskántino, confesó que "esta nueva catástrofe ha mostrado claramente el estado real en que se encuentran las infraestructuras vitales rusas, tanto civiles como militares, y el conjunto del país" , y añadió que "no hay que ignorar que detrás de estos desastres se esconden grandes problemas económicos".

El "Kursk" se hundió el 12 de agosto con 118 tripulantes a bordo, cuando fue sorprendido por varias explosiones, provocadas por causas que todavía se desconocen, mientras participaba en unas maniobras navales en el mar de Barents, en la costa norte de Rusia. Diez días fueron necesarios para organizar la "operación rescate" porque las autoridades rusas tardaron demasiado en pedir ayuda a otros países. Las familias de los fallecidos y la opinión pública criticaron duramente esta actuación, sobre todo después de conocer que el submarino envió las primeras señales de socorro tres días antes del anuncio oficial del hundimiento. Algunos oficiales anónimos de la Marina Rusa confesaron que a bordo del "Kursk" había cuatro ojivas nucleares que, junto a algunos documentos secretos, podrían explicar el hermetismo oficial y las reticencias del Kremlin a aceptar ayuda extranjera, además de los intentos del poder de encubrir la catástrofe desde el primer momento. El Gobierno intentó defenderse diciendo que todos los marinos murieron en el acto.

A principios de octubre, la empresa que construyó el sumergible se negó a firmar un contrato con la empresa de buceo noruega Stolt Offshore para recuperar los cadáveres, porque consideraba que la operación era excesivamente cara. No obstante, el Kremlin, en un afán por mejorar su imagen, decidió llevar adelante esta complicada operación antes de que las tormentas invernales del mar de Barents, cerca del Polo Norte, imposibilitaran la labor.

De todas formas, sólo rescataron doce cuerpos y algunos documentos que les parecían importantes para el Estado, antes de suspender la operación por el mal tiempo.

Rusia planea reflotarlo el próximo verano, porque cree que con un proyecto que han avalado algunos expertos se conseguirá recuperar el sumergible nuclear de forma segura.

Poco después de esta tragedia se incendió la torre de telecomunicaciones Oskántino, en Moscú, por un cortocircuito. Esta torre de metal y hormigón armado se construyó en 1967, en plena época soviética, y se convirtió en la construcción más alta del mundo con sus 540 metros de altura, hasta que fue superada por la torre de Toronto, en Canadá, nueve años más tarde. Oskántino era una señal más de identidad del gigantismo soviético propio de la época estalinista, pero las llamas convirtieron este estandarte de la pretendida modernización soviética en la chamuscada evidencia de la crisis crónica que azota Rusia.

Elecciones rusas

Sin embargo, estos problemas no son sólo económicos, porque la corrupción también envuelve a los altos cargos políticos. El 26 de marzo se celebraron los comicios presidenciales rusos, después de que Boris Yeltsin dimitiera el 31 de diciembre. Tras ser acusado de corrupción, adelantó las elecciones y nombró a Vladimir Putin su sucesor.

Putin, ex primer ministro de Yeltsin y ex director de los servicios secretos rusos (FSB), ganó los comicios en la primera vuelta por mayoría absoluta. Unas elecciones que fueron presuntamente manipuladas, según investigaciones de los medios de comunicación independientes y de la oposición.

Putin ganó con un 52,9% de los votos, pero tras seis meses de investigaciones, los medios de comunicación independientes han comprobado que bastantes votos fueron sustraídos de otros candidatos y se le otorgaron a Putin; aparecieron 1,3 millones de votantes nuevos porque votaron los niños y los difuntos; en algunos pueblos pequeños salió vencedor cuando casi nadie le había votado; algunos líderes locales amenazaron con dejar sin trabajo a los que no votaran a Putin y algunos empresarios les dieron el voto dentro del sobre a sus empleados. En estos comicios, la mayoría de los votantes optaron por el sucesor de Yeltsin en lugar de su principal rival, el actual líder del Partido Comunista, Guennadi Ziugánov, que obtuvo un 29,2% de los votos.

Putin, un hombre con claras ideas centralizadoras, que fue impulsado al poder por su actuación en la segunda guerra de Chechenia, cuando él era primer ministro de Yeltsin, apostó por acabar con la corrupción y las mafias pero garantizó inmunidad total a su corrupto antecesor.

En un Estado federal como Rusia, en el que las reglas de juego no están consolidadas, el presidente electo ha lanzado unas medidas reestructuradoras bastante polémicas. La primera de ellas fue la creación de siete grandes distritos administrativos territoriales cuyo perfil competencial era dudoso porque estas macroestructuras limitan y disminuyen el poder de las repúblicas. Este control central es un intento desesperado de Putin de solucionar los brotes separatistas que están surgiendo en varias zonas del país.

Las propuestas recentralizadoras no agradaron mucho a los gobernadores rusos, que sólo podrán opinar en el Consejo de Estado, un órgano sin poder real creado por Putin que reúne a los líderes de las 89 regiones de la Federación Rusa. Sin embargo, en la única sesión plenaria que se ha celebrado de este órgano, Putin sólo permitió que se opinara sobre la vuelta al himno soviético.

El desastre del "Kursk" ha revelado que Putin es un líder profundamente imbuido de la cultura política que ha marcado siglos de la historia de Rusia: el Estado va antes que las personas.

Segunda guerra de Chechenia

El Ejército pasa por una mala época, como ha mostrado la tragedia del "Kursk", pero el Kremlin declaró la segunda guerra de Chechenia en 1999 con unos fines electorales y estratégicos que incrementaron el caos de la pequeña república donde conviven dos posiciones irreconciliables: Moscú no reconocerá la independencia chechena, y los separatistas, con una victoria en Grozny a sus espaldas, no tienen la intención de ceder.

Esta guerra, que se presentó a la opinión pública rusa como una persecución a los "bandidos terroristas" tras los atentados del verano de 1999 en Moscú, tenía muchas motivaciones encubiertas, ya que Putin quería evitar que los brotes separatistas que han surgido en varias zonas del país proliferasen.

Una de las posibles causas de este conflicto apunta a Moscú, porque en el momento de desmantelar la Unión Soviética en 1991 no propuso a las entidades de la Federación de Rusia un estatuto de autonomía con unos criterios auténticamente democráticos. El Kremlin improvisó un modelo de economía liberal sin normas, concediendo el comercio de los sectores más rentables como el petróleo, el alcohol o las armas a las mafias o clanes locales de Rusia.

Con la creación de dichas mafias resurgieron los sentimientos nacionalistas y una renovación del islam que permanecía vivo en un país que durante más de un siglo se ha resistido al colonialismo moscovita. Tras la anterior guerra de Chechenia, en 1994-96, la república quedó destrozada propiciando que proliferaran las mafias y los bandidos, según los rusos.

Y Moscú, que en 1999 había perdido influencia dentro del Cáucaso, creyó que la única manera de controlar esa zona estratégica era mediante una victoria en Chechenia que redujera el riesgo de contagio independentista en la región. El conflicto se ha mantenido durante todo el año, porque Putin se ha negado a negociar la paz con los rebeldes chechenos, a pesar de las advertencias de EEUU y Europa, que le acusan de violar los derechos humanos en esta guerra en la que civiles inocentes han sido torturados, mutilados, y asesinados por los militares rusos.

Crisis del Ejército

Los intentos fallidos de rescate del submarino nuclear "Kursk" volvieron a poner sobre la mesa la lamentable situación en que se encuentra la Marina rusa que, privada de financiación, ha reducido los entrenamientos y sufre una insuficiencia de recursos técnicos y humanos.

Tras el desmembramiento de la Unión Soviética, la industria de defensa quedó en manos de Rusia y experimentó una rápida reducción del presupuesto militar y de los salarios de los trabajadores. La dureza del Ejército hizo que disminuyera el número de soldados procedentes del medio urbano y se aumentó el porcentaje de conscriptos con antecedentes penales.

Putin ha anunciado que pagará los salarios atrasados a los soldados y que aumentará un 50% el presupuesto destinado a modernizar tecnológicamente el anquilosado ejército.

La incapacidad de las autoridades para reestructurar la economía y la crisis financiera de 1998 han hecho que Rusia tenga una inflación del 27,7 por ciento y sea incapaz de pagar la deuda pública interna y la externa, que ya alcanza los 160.000 millones de dólares. El rublo ha continuado devaluándose, el índice de paro es del 14,1 por ciento, los salarios medios han descendido, la situación sanitaria se ha ido deteriorando progresivamente, y más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, según datos oficiales.

En el 2000 los rusos se muestran bastante optimistas porque creen que con el aumento del precio de los carburantes podrán obtener beneficios en el 2001 y pagar la deuda externa. Pero el problema radica en que los sectores más productivos están en manos de los oligarcas y de las mafias, que transfieren sus ganancias al extranjero.

La liberalización de la economía sin normas hizo que se incrementara la corrupción y que algunos oficiales se convirtieran en millonarios en media década, y presuntamente relacionados con los misteriosos asesinatos de varios empresarios del país que todavía quedan por aclarar.

Las élites rusas y la gente cercana al poder fueron los mayores beneficiarios de las privatizaciones porque gracias a decretos presidenciales, concesión de monopolios y favores administrativos, consiguieron las empresas más productivas del país.

Las mafias se han consolidado y los oligarcas son los que verdaderamente detentan el poder en Rusia. Algunos son tan conocidos como Berezovsky, que ha sido acusado de malversación de fondos, ha huido del país y ha acusado a Putin de financiar ilegalmente la campaña electoral para las presidenciales. Berezovsky fue asesor de Yeltsin y ayudó a Putin a llegar al poder, pero abandonó su puesto en el Parlamento por diferencia de criterios con Putin.

Otro magnate destacado, Vladimir Gusinsky, propietario del principal grupo de comunicación indepen-diente, Media Most, el único imperio mediático crítico con el Kremlin, ha denunciado la presión y la persecución que sufren los medios de comunicación independientes en Rusia. Gusinsky ha sido detenido varias veces acusado de estafa pero sin pruebas, "una excusa" , según él, por emitir programas satíricos como "Kukli" (equivalente a los guiñoles españoles), que han enfurecido a Putin.


El eterno retraso

La demografía en Rusia desciende vertiginosamente. Este año hay 800.000 habitantes menos que el año pasado, porque el índice de natalidad es cada vez más bajo, y ha aumentado la mortalidad por el alcohol que causa enfermedades cardiovasculares o muertes violentas como accidentes de coche, homicidios y suicidios. Los jóvenes cada vez consumen más drogas por no ver cómo se derrumba todo a su alrededor, y esto hace que se incremente considerablemente la criminalidad. La dureza del clima y la falta de recursos arrebata la vida a muchas personas que viven en la extrema pobreza. La degradación del sistema sanitario también ha contribuido a que la esperanza de vida sea de 58 años para los hombres y de 68 para las mujeres, cuatro años menos que el año pasado. Hay 50 millones de rusos que viven por debajo del índice de pobreza, la pensión de jubilación media está por debajo del ingreso mínimo vital, los médicos, maestros y militares reciben salarios ridículos, o sufren impagos o retrasos, o ambas cosas a la vez. Y un 14% de la población está en paro, según datos oficiales, aunque hay más gente. Los rusos se han acostumbrado a carecer de todo, han aprendido a valorar la tierra y a sobrevivir desarrollando una solidaridad familiar y una ayuda mutua basada en criterios no mercantiles. Hoy en día, un 80% de las transacciones comerciales interiores son mediante el trueque. Esto no es una economía liberal ni comunista, sino tradicional y comunitaria. La eterna conciencia de carencia, la falta de incentivos, y la necesidad de un Estado protector han condenado a Rusia al retraso y a la debilidad generando personas resignadas, sumisas, escépticas y acríticas.


Cronologia año  2000
4 de febrero. El primer ministro ruso, Yevgeni Primakov, líder del Partido Comunista, se retira de las elecciones presidenciales de marzo y es sustituido por Guennadi Ziugánov.

26 de marzo. El sucesor de Boris Yeltsin y ex jefe del FSB, Vladimir Putin, gana las segundas elecciones presidenciales democráticas rusas.

14 de abril. Finalmente, el presidente ruso Vladimir Putin ratifica el tratado START-2 para reducir a la mitad el arsenal nuclear de EEUU y de Rusia. Sin embargo, Rusia, en contra de EEUU, mantendrá sus suministros de misiles antinavío a China.

15 de mayo. Putin propone dividir las 89 provincias rusas en siete grandes distritos administrativos que estarán controlados por el Kremlin.

1 de junio. El Parlamento ruso, La Duma, aprueba la reorganización administrativa de Putin.

13 de junio. El propietario de los medios de comunicación independientes Media Most, Vladimir Gusinsky, es detenido sin cargos formales.

17 de julio. El magnate Boris Berezovsky renuncia a su puesto en el Parlamento ruso para protestar por el centralismo de Putin y sus "ataques" a los gobernadores regionales.

8 de agosto. La explosión de una bomba en un concurrido paso subterráneo del centro de Moscú mata a siete personas y causa heridas a 85.

12 de agosto. Se hunde el submarino nuclear "Kursk" con 118 marinos a bordo en el mar de Barents.

17 de agosto. Fallan todos los intentos de rescatar a los marineros del submarino. Las autoridades rusas anuncian que ya no hay nadie con vida.

22 de agosto. Putin se desplaza al lugar de la catástrofe para rendir homenaje a los tripulantes.

23 de agosto. Putin pide disculpas públicamente por su actuación en la tragedia del "Kursk".

24 de agosto. Un almirante noruego confiesa que Rusia obstaculizó la "operación rescate" de los marinos con su falta de información.

27 de agosto. Un cortocircuito provoca un incendio en la torre de televisión Oskántino provocando la muerte a cuatro personas.

7 de septiembre. Rusia descarta atacar Afganistán para defender la zona del integrismo, pero ofrecerá asistencia militar a sus aliados contra la ofensiva de los talibaneses en Asia Central.

8 de septiembre. Rusia reducirá su Ejército en casi un tercio. Este es el primer paso de la reforma militar emprendida por Putin que intenta modernizar un Ejército obsoleto y debilitado.

2 de octubre. Rusia firma un contrato con una compañía noruego-británica para recuperar los cuerpos del "Kursk". Los buzos rusos viajan a una base de entrenamiento de Noruega.

3 de octubre. Rusia coloca minas y refuerza las defensas a lo largo de la frontera entre Tayikistán y Afganistán.

20 de octubre. El Kremlin nombra gobernador de Chechenia al ex alcalde de Grozny Bislan Gantamirov que estuvo en la cárcel seis años por malversación de fondos.

26 de octubre. En uno de los cuatro cuerpos recuperados del "Kursk" se encuentra una carta que revela que 23 marinos estuvieron vivos después de la catástrofe.

 


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