Anuario 2002
Kirguistán
"Riesgo de guerra civil en la "isla de la libertad" centroasiática"
Ignasi Castelló

Los constantes enfrentamientos entre Gobierno y oposición ha hecho que Kirguistán entre en una dinámica peligrosa. Los disturbios en la capital, juntamente con los ataques de la guerrilla islámica, han provocado que el país cierre el año en una situación explosiva
Kirguistán, que en los primeros años de su independencia fue considerado como una “isla de libertad” al ser el único país de Asia Central en el que sus gobernantes no proceden de las élites ex comunistas, se ha puesto durante el 2002 al filo de la guerra civil. Los enfrentamientos con la oposición, los problemas con el sur secesionista (de etnia uzbeka) y los constantes ataques de la guerrilla islámica del Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), han llevado al país al borde del abismo. El presidente, Askar Akayev, antaño modelo para los demás gobiernos de Centroasia, ha tenido que afrontar la crisis provocacda por la disolución de su Gobierno el año que han llegado las ayudas y el interés de Estados Unidos por la región.

El año despertó con Kirguizistán enrolado en la coalición internacional contra el terrorismo que había derrocado a los talibán afganos. Desde la base aérea de Manas, que el Gobierno había cedido a Estados Unidos, habían partido parte de los bombarderos estadounidenses y los Mirage franceses que habían derrotado al mulá Omar y a sus huéspedes de Al-Qaeda en Afganistán. La satisfacción norteamericana por las facilidades puestas por el Ejecutivo kirguís fue tal que incluso el rotativo “USA Today” afirmó que Manas se podría convertir en base americana permanente a cambio de ayudas económicas. A los 200 marines que había en los primeros días de operación “Libertad duradera” se les unieron 200 más de nacionalidad francesa a principios de febrero, cosa que hizo plantear a las autoridades kirguíes la posibilidad de aumentar el tamaño de la base aérea hasta los 5.000 efectivos. Esta creciente presencia de tropas occidentales en las repúblicas de Asia Central inquietó a las autoridades rusas, que mostraron su disconformidad y consiguieron arrancar de Akayev que no se haría ninguna ampliación de Manas sin el conocimiento de Moscú. Hasta que EE.UU. aterrizó en Kirguistán, esta república era una de las más pobres, junto a la devastada Afganistán y Tayikistán (que salía de una guerra civil) de la zona. Sin ningun tipo de reserva energética en su subsuelo, Kirguistán vio en Estados Unidos la manera de encontrar una posibilidad de prosperar económicamente. A parte de la pobreza de su subsuelo, Kirguistán, al ser un país montañoso, hace que la agrícultura sea casi impracticable. El único punto donde es posible la agricultura es una pequeña porción del valle de Fergana –que está repartido entre Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán- que se encuentra muy contaminada por el uso masivo de fertilizantes durante la época soviética en que se cultivaba el algodón. Por esta razón el régimen de Akayev ha visto en la presencia norteamericana la manera de aupar su desastrosa economía.

Pese a esta clara voluntad de aprovecharse de la nueva coyuntura de la zona, su realidad interior distaba de ser tranquila. Justo a principios de año (cinco de enero) el Gobierno Akayev había ordenado la detención de líder de la oposición, Azimbeck Beknazarov, a quien se le acusaba de un extraño delito de prevaricación. Nada más conocer la detención, la oposición en pleno salió a la calle exigiendo la liberación de su líder y algunos de sus partidarios iniciaron una huelga de hambre, huelga que finalizó el siete de febrero con la muerte por inanición de uno de sus participantes.

De hecho, las protestas contra Akayev han sido una constante en los últimos años, pero el nivel de radicalización de unos y de represión de otros, parece haber llevado al país a un punto de no retorno. Tras la huelga de hambre, las protestas continuaron, sobre todo en las provincias del sur, étnicamente uzbekas debido a la repartición aleatoria del territorio en época de Stalin, y donde la oposición a Akayev es mayor. A las manifestaciones por la detención de Beknazarov se le unieron las de sectores nacionalistas kirguíes que se habían levantado en contra de la decisión de Parlamento de ceder unas 95.000 hectáreas de territorio a China. Este territorio, que contenía yacimientos de minerales sin explotar, era una de las exigencias chinas desde la independencia del país en 1991.

Esta “capitulación” de las autoridades kirguíes a la voluntad de la República Popular se entiende en el hecho que en los últimos años, Kirguistán, se ha convertido en el mayor socio comercial de China en Asia Central. Olvidado por Moscú, y visto como el hermano pobre (économica y étnicamente) entre sus países vecinos, sobretodo por Uzbekistán, Kirguistán ha girado su mirada a Oriente para poder sobrevivir. Valedora de un gaseoducto que transporte el gas turkmeno, China ha visto en Kirguistán la puerta de entrada a los mercados centroasiáticos. Además, a China le interesa colaborar con el Gobierno Akayev debido a la fuerte presencia en territorio kirguís de separatistas iugures, musulmanes chinos, que tiene su base de operaciones fuera del territorio de la República Popular. Fruto de estas buenas relaciones entre los dos países fue la rapidez con la que la policía kirguís solucionó el asesinato de un diplomático chino y los atentados contra intereses surcoreanos en la capital. Aunque no se vinculó a los cinco detenidos por el tiroteo al diplomático con la guerrilla del MIU, el creciente sentimiento antichino entre sectores kiguíes ha sido duramente reprimido por el Gobierno de Akayev. Este sentimiento, que mezcla el nacionalismo con la resisténcia islámica, está arraigado en las provincias del sur, donde el MIU dispone de más adeptos y más fuertes son sus incursiones armadas. Así pues la estrecha relación, comercial y militar, ha hecho que las peticiones chinas sean siempre escuchadas por el Gobierno del vecino Kirguistán.

El Movimiento Islámico de Uzbekistán ha sido, desde los primeros días de la independéncia de Kirguistán, una de las mayores amenzas a la seguridad del país. Esta guerrilla de carácter fundamentalista y transnacional -pese a que su principal objetivo es derrocar el régimen de Islam Karimov en Uzbekistán, la descomunal represión del líder uzbeko sobre este movimiento ha provocado que la guerrilla sólo pueda actuar en los países vecinos-, ha encontrado un lugar entre los habitantes de mayoría uzbeka que viven en el sur. Aunque nunca ha sido probado, Kirguistán siempre ha acusado a “potencias extranjeras”, en referencia a Uzbekistán, de estar detrás de los disturbios que periódicamente sacuden la zona sur de país, cosa que ha dinamitado las relaciones entre ambos Estados.

Este año las protestas en el sur han llegado a su punto máximo y el tiroteo de la Policía contra una manifestación, causando cinco muertos (seis según los manifestantes) y 61 heridos, llevó el país al extremo. A partir de ese momento, el presidente Akayev acusó a la oposición de “extremista”, pero decidió conceder la libertad vigilada a Beknazarov en un gesto interpretado como de buena voluntad para apaciguar los ánimos de una cada vez más tensa oposición. Este asesinato de manifestantes marcó el año kirguís, ya que desde todos los sectores se consideró el hecho más grave de la joven “democracia” de Kirguistán. Finalmente, tras distintas excarcelaciones y puestas en libertad de opositores y de los policias causantes de los disparos, el Gobierno en pleno se vio obligado a dimitir, y aunque el nuevo Ejecutivo salió por elección casi directa de Akayev, la oposición frenó el tono de sus protestas.

Esta calma tensa, sin embargo, no duró más que unos meses, y aunque el Gobierno de Kirguistán recibió el apoyo del Kremlin, los opositores de sur volvieron a movilizarse, esta vez con la excusa de un supuesto fraude electoral en las provincias más contrarias a la política de Bishnek. En este momento la oposición decidió un cambio de estrategia y organizó un marcha de manifestantes que había de ”tomar” la capital –nunca los contrarios al Gobierno se habían manifestado en Bishnek-, exigir la dimisión del presidente y la convocatoria de elecciones.

Aunque la marcha finalmente llegó a Bishnek, la detención de los manifestantes primero, y su posterior puesta en libertad dejó la cosas en una peligroso situación de espera, que pone al país en un estado potencialmente explosivo.

El año 2003 se presenta especialmente difícil para uno de los países más pobres de la región. Kirguistán no posee grandes yacimientos de petróleo ni de gas, pero su territorio es básico para conectar la región con la China. Además de los problemas internos, con un régimen que ha pasado de ser ejemplo de sus vecinos a ser considerado como dictadura por la ONG International Crisis Group en su informe del 21 de agosto, Kirguistán se enfrenta con la guerrilla islámica en el sur del país y con la cada vez más belicosa red de activistas iugures que tienen la base en el país. Para tratar de frenar esta expansión de la oposición, el Gobierno Akayev no ha dudado en ponerse en manos de China, en un primer momento, y de Occidente, en menor medida, tras los hechos del 11-S -Kirguistán ya ha pedido ser considerado como aliada de la OTAN-. Frente este avance, tanto chino como occidental, Rusia se ha visto obligada a intervenir para no peder la influencia en una de las repúblicas centroasiáticas que, hasta la fecha, había casi ignorado.





Cronologia año  2002
5 de enero. Detienen al opositor Azimbek Beknazarov acusado de prevaricación.

17 de marzo. El Parlamento acuerda ceder 95.000 hectáreas de territorio a China.

18 de marzo. Una manifestación pro Beknazarov acaba con 5 muertos y 61 heridos.

19 de marzo. Beknazarov es puesto en libertad vigilada.

16 de mayo. Una manifestación para exigir la detención de los policías que dispararon contra unos manifestantes (18/3) acaba con 5 muertos. El ministro de defensa, Mirzakan Subanov, advierte del riesgo de guerra civil en el país.

20 de mayo. Se prohibe cualquier tipo de manifestaciones.

22 de mayo. Dimisión del Gobierno en pleno ante los constantes disturbios.

22 de junio. Protestas generalizadas en el sur del país contra el Gobierno contra el presidente Akayev.

28 de junio. El Parlamento decreta la anmistía de los policías acusados de disparar sobre manifestantes, los detenidos en las manifestaciones y al diputado de la oposición Beknazarov.

30 de junio. Asesinado un diplomático chino en la capital.

18 de julio. Una gran manifestación al sur del país pide la dimisión de Akayev.

14 de agosto. Nace el “Movimiento por la destitución de Akayev y las reformas en Kirguizistan”

9 de septiembre. El presidente Putin da su apoyo al presidente Akayev.

15 de septiembre. Maniobras militares conjuntas con China.

14 de octubre. Destituido el Fiscal General por los disturbios de marzo.

20 de octubre. La oposición saca el 46% de los votos en las elecciones locales del sur.

11 de noviembre. La marcha opositora entra en la capital, 129 detenidos


 


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