Anuario 2002
Uzbekistán
"El presidente Karimov se lanza en brazos de Estados Unidos para reafirmar su primacía regional"
Ignasi Castelló

Uzbekistán ha sido el país de Asia Central que más y mejor ha aprovechado la campaña norteamericana en Afganistán para mostrarse como el firme aliado de Occidente, distanciándose de la tutela rusa y realzando su papel de líder en la zona. Al autoritario Islam Karimov, la operación global contra el terrorismo le ha servido para justificar su represión de los movimientos islamistas y para atraer las simpatías de Washington.

Desde que Estados Unidos empezó a buscar aliados en Asia Central para iniciar su ofensiva contra el Gobierno de los talibán y capturar al máximo responsable de los ataques del 11-S, Ossama Ben Laden, Uzbekistán fue uno de los primeros países en ofrecer sus instalaciones de albergar tropas norteamericanas en su territorio. Desde la llegada de los talibán al poder en 1994, Uzbekistán había financiado a los afganos de etnia uzbeka, dirigidos por el “señor” de la guerra Abdul Rashid Dostum, para combatir a los estudiantes coránicos, por la que la relación entre ambos países era de enemistad.

Para facilitar la operación militar en Afganistán, el régimen de Islam Karimov cedió la base terrestre de Janabad -que aloja a unos 2.000 soldados-, y los pequeños aeropuertos de Kokoida y Termez. Toda esta ayuda uzbeka a la campaña militar ha provocado que Uzbekistán se haya convertido, junto a Afganistán, en el mayor baluarte norteamericano en Asia Central.

Durante todo 2002, el régimen de Karimov ha visto recompensada esta ayuda, y los viajes de distintos líderes políticos y militares occidentales al país han sido constantes. Tanto el jefe del Comando Central de EE.UU., Tommy Franks, como el secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, visitaron Tashkent y firmaron acuerdos de cooperación militar y estratégica con Uzbekistán, que recibió ayudas por valor de 22 millones de dólares para seguir combatiendo el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), vinculado a Al-Qaeda. Esta guerrilla islámica había sido acusada, tanto por Uzbekistán como por los servicios de espionaje estadounidense, de colaboracionista con la organización encabezada por Osama Ben Laden.

También el presidente del Banco Mundial, James Wolfesohn, fue uno de los huéspedes de Karimov durante 2002, y acordó que el país recibiría respaldo económico si avanzaba en la instauración del libre mercado. Exigencia que, sin embargo, no fue requerida por la Unión Europea para aprobar nuevas ayudas por un montante de 50 millones de dólares anuales y firmar un acuerdo de seguridad nuclear. Ante este claro y definitivo viaje de Uzbekistán hacia la órbita occidental –anteriormente sólo se habían firmado pequeños acuerdos de cooperación comercial con la Bruselas y Washington-, el antiguo guardián de la zona, Rusia, trató de no perder influencia sobre Tashkent, pero, hasta la fecha, el Kremlin no ha podido detener el giro occidental del país.

Con este apoyo de las democracias y las instituciones occidentales en el contexto de la lucha global contra el terrorismo, Islam Karimov se ha visto reforzado para continuar dirigiendo Uzbekistán con mano de hierro. Uzbekistán, desde los primeros años de su independencia, es periódicamente atacado por la guerrilla MIU, a la que Karimov siempre ha reprimido duramente. Con la excusa de la seguridad ante el islamismo, el ex dirigente comunista, nunca ha dudado en perseguir las manifestaciones religiosas y políticas que se pudiesen oponer a Tashkent y se calcula que en las cárceles uzbekas hay entre 7.000 y 10.000 presos por delitos políticos y/o religiosos.

Además, la persecución que desde Uzbekistán se ha llevado a cabo contra el MIU de los últimos años han contaminado las relaciones con sus vecinos Kirguistán y Tayikistán. Ante la imposibilidad de poder instalar sus bases en Uzbekistán por la brutal represión, el MIU ha tenido que desplazarse a las repúblicas vecinas, donde ha podido actuar con mayor libertad. Para intentar presionar a los vecinos Tayikistán y Kirguistán, Karimov ha emprendido distintas acciones para que estos países, a los que siempre ha acusado de hacer “la vista gorda” ante el MIU, actúen según la conveniencia de sus intereses. Situado geográficamente en el camino de la energía centroasiática, por Uzbekistán pasan las distintas tuberías energéticas que alimentan a Kirguistán y Tayikistán. Para presionar a ambos países, Uzbekistán no ha dudado en “cortar” el suministro de energía a los dos únicos países que no disponen de yacimientos petrolíferos de consideración. Además, las importantes bolsas de población étnicamente uzbeka que vive en los dos países, sobre todo en el sur de Kirguistán, también ha servido como arma que Karimov ha utilizado para fomentar la desestabilización de las dos jóvenes repúblicas.

Otro factor para alzarse con la primacía en la zona es el hecho que Uzbekistán es el único país que puede desarrollar una agricultura extensiva en la zona. Favorecido por el reparto aleatorio que hizo Stalin tras la II Guerra Mundial, Uzbekistán ocupa la mayor parte del valle de Fergana, donde se concentra la mayor parte de su población y de su industria agrícola, mayoritariamente de algodón. Por su parte tayikos y kirguíes vieron que, tras el reparto de Stalin, fueron divididos entre diferentes repúblicas y su “territorio” se reducía a una pequeña zona del Fergana –prácticamente inutilizable para cultivar como consecuencia de la agricultura intensiva de la época soviética- y al sinfín de pequeños valles del Hinduskush. Los otros vecinos la zona, Kazajstán y Turkmenistán, no tienen que soportar la presión uzbeka ya que, aunque no puedan practicar la agricultura en muchas de sus tierras -la mayor parte de Turkmenistán es desierto y de Kazajstán, estepa- disponen de importantes yacimientos energéticos que les hacen independientes de Tashkent.

La dependencia de Tayikistán y Kirguistán hacia Uzbekistán ha provocado que, aparte de un sentimiento antiuzbeko en ambas repúblicas, el régimen de Karimov pueda presionar a los dos países según sus intereses. Esta presión llevó, por ejemplo, a Uzbekistán a exigir formar parte del Grupo de Shanghai, que agrupa a los países fronterizos con China (Kazajstán, Tayikistán, Rusia, Kirguistán y China) aunque, de hecho, no disponga de fronteras con la República Popular.

Internamente, el régimen de Karimov tampoco tiene una oposición organizada. Tras más de una década de brutal represión contra cualquier forma de disidencia, las únicas voces discordantes con el Gobierno son las del MIU. Esta situación de casi nula oposición ha sido aprovechada durante 2002 por la presidencia del país para convocar un referendum que aprobó, con un 91’58% de los votos a favor, la ampliación del mandato de Karimov hasta 2007. Con la única oposición del MIU, cuya persecución está tolerada por la campaña antiterrorista global que la campaña antiterrorista global (la ONG Humans Rights Watch denunció que se torturaba a los militantes islámicos detenidos), Karimov ha podido dirigir el país de una manera cómoda.

El año 2002 ha permitido al Gobierno de Islam Karimov disponer de buenas perspectivas para el futuro. Legitimizado y financiado por Occidente para reprimir como mejor le convenga a la oposición islamista, Uzbekistán puede aumentar su liderazgo en Asia Central bajo el paraguas norteamericano. Además, la extraña proposición del vecino Kazajstán, de unificar los dos países en un solo Estado, podría permitir a Uzbekistán disponer del recurso del petróleo, del que el subsuelo uzbeko no es rico, y mejorar la economía de un país en que muy pocos se reparten los escasos recursos de que dispone.



Cronologia año  2002
10 de enero. Visita del ministro de Exteriores ruso, Igor Ivanov, para tratar de frenar la influencia norte americana.

22 de enero. El jefe del Comando Central de los EEUU, Tommy Franks, firma un tratado de cooperación militar.

28 de enero. Karimov gana el referendum con el 91’58% de los votos para ampliar su mandato 7 años.

29 de enero. La UE duplica la ayuda al Uzbekistán (50 millones de euros) y firma un acuerdo de seguridad nuclear.

3 de marzo. El presidente interino de Afganistán, Hamid Karzai, visita el país y se compromete a luchar contra el narcotráfico.

12 de marzo. Firma de un tratado de colaboración estratégica con EE.UU.

3 de abril. El presidente del Banco Mundial, James Wolfeson, visita el país.

10 de mayo. Uzbekistán da su apoyo a Alemania para su ingreso en el Consejo de Seguridad de la ONU.

14 de junio. Uzbekistán abandona la organización de la integración regional del GUNAM.

15 de julio. Los EEUU donan 22 millones de euros para mejorar las estructuras militares.

9 de septiembre. El presidente del Kazajstán propone la unificación de los dos países.

18 de octubre. Karimov ataca la ONU y alaba a EE.UU. por su presencia en Afganistán.

 


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