Anuario 2002
Libia
"Gaddafi abandona su testaruda “rebeldía” y decide hacer las paces con el resto del mundo"
Cristina Hermida

A pesar de su irrelevante peso demográfico – casi cinco millones y medio de habitantes- la Libia de Gaddafi siempre ha aspirado a desempeñar un papel de primera fila en los conjuntos árabe y africano, gracias a su potencial económico, derivado de los hidrocarburos. Pero a nivel internacional, Libia es considerada un Estado“rebelde” y por ello, ha sido incluida en la “lista negra”. Este año, no obstante, Gaddafi está reconsiderando su política exterior para sacar al país de su ostracismo internacional.
Libia se ha ganado a pulso la reputación de “Estado terrorista” por haber prestado apoyo financiero, político y logístico a ciertos movimientos de liberación, como el OLP y el Frente Polisario; a movimientos independentistas de Irlanda, Córcega, Filipinas; a movimientos subversivos minoritarios de Níger, Malí, Mauritania e incluso a grupos de terroristas y extremistas, como la organización palestina de Abu Nidal. A todo aquel que contribuyese a acelerar el fin de toda forma de imperialismo, sobre todo el estadounidense.

El 31 de septiembre, en conmemoración del 33º aniversario del golpe de Estado que le llevó al poder, Gaddafi anunció en un discurso televisado que su país dejará de ser un Estado rebelde y, en adelante, “aceptará la legalidad internacional”. Durante años “hemos tenido un comportamiento revolucionario y hemos actuado como un Estado rebelde”, reconocía, pero no olvidó subrayar que “tenemos que aceptar la legalidad internacional pese a que esté falseada e impuesta por Estados Unidos; de lo contrario, nos va a aplastar”.

Se trata de un cambio radical en la testaruda actitud de Libia, que ha vuelto a sorprender en la escena internacional, como ya lo hizo en 1999, cuando tras once años de negarse a extraditar a los dos agentes secretos presuntos autores del atentado de Lockerbie, finalmente aceptó entregarlos. Decisión por la que fue “premiado” por la ONU, que suspendió provisionalmente el embargo que impuso al país en 1992.

Recientemente, EE.UU. amplió la lista de países que conforman el “eje del mal”. A Irán, Irak y Corea del Norte, se ha sumado a Cuba, Libia y Siria. En el informe anual del Departamento de Estado americano, titulado “Pautas del terrorismo 2001”, se detalla que éstos continúan sus esfuerzos por adquirir armas nucleares, así como armamentos químicos y biológicos. Pero el citado documento destaca que países como Sudán y Libia “parecen estar reconsiderando” sus políticas y adoptando medidas para seguir en la “dirección correcta”. Y así es, Libia ya hace tiempo que ha dado muestras de haber dejado de apoyar al terrorismo. El 11-S dio una nueva oportunidad a Gaddafi para salir de más de dos décadas de aislamiento internacional. El dirigente libio se declaró “horrorizado” por los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono, y fue también de los primeros en calificar como actos de “autodefensa” las represalias militares contra Al Qaeda, cuya red islamista se infiltra en un sector de la oposición libia en el exilio. Su buena disposición fue recompensada por EE.UU. con la inclusión de la guerrilla libia Grupo de Combate Islámico entre los movimientos terroristas más buscados. Estos integristas armados representan la única oposición seria al régimen de Trípoli, que en 1994 reclamó a Interpol la detención de Osama Bin Laden.

Sin embargo, ante este “supuesto” giro de 180 grados en su política exterior, el director de la agencia de misiles de defensa del Pentágono alertó en octubre de 2002 de que Libia continúa con su propósito de comprar misiles de largo alcance. “Los libios han estado activos procurando obtener capacidades misilísticas y no solamente de corto alcance”, dijo el general de la Fuerza Aérea, Ronald Kadish.

Los países de la “lista negra” tienen prohibido recibir ayudas económicas de Estados Unidos y son objeto de un riguroso control. Ante el panorama actual de “Todos contra el terrorismo”, Gaddafi se está apresurando a salir del centro de la diana de los norteamericanos, pero para poder abandonar la lista, no basta con que un país renuncie al terrorismo, sino demostrar que nunca más lo utilizará como medio para lograr sus objetivos. Por ello, Gaddafi está negociando una posible declaración de responsabilidad y un acuerdo económico en relación al atentado de Lockerbie.

La ONU ha fijado cuatro condiciones para levantar por completo las sanciones, hasta ahora solamente suspendidas. En primer lugar, extraditar a Holanda a los agentes secretos relacionados con el atentado de Lockerbie, medida que Libia ya cumplió en su momento. En segundo lugar, renunciar al terrorismo, campaña que Gaddafi ya se ha espabilado a poner en marcha, anulando su tradicional apoyo financiero, político y logístico a movimientos considerados “conflictivos”. Y, finalmente, abonar una compensación económica a las familias de las 270 personas que perdieron la vida en el atentado aéreo de Lockerbie, en 1988, acción terrorista supuestamente perpetrada por dos agentes del servicio secreto de Libia; sin embargo, el Gobierno libio sigue negando que estuvieran involucrados. Como parte del trato, también se exige que Libia reconozca oficialmente su responsabilidad en la tragedia. Cuestión más complicada de acatar, tras diez años de negar su implicación.

El 30 mayo, el régimen afirmó estar dispuesto a pagar 2.700 millones de dólares, (cerca de 2.940 millones de euros) cifra equivalente a la cuarta parte de los ingresos anuales libios por exportación de petróleo. Se trata de una de las mayores indemnizaciones de la historia. Es la primera vez que un Estado acusado de terrorismo ofrece una compensación económica. Si la oferta de Trípoli es aceptada, los familiares de cada una de las víctimas recibirán unos 10 millones de dólares.

El acuerdo de indemnizaciones prevé que el cobro de las compensaciones se hará en tres plazos: un 40 por ciento cuando la ONU levante completamente las sanciones impuestas; otro 40 por ciento, cuando también lo haga EE.UU. y el 20 por ciento restante, cuando Libia deje de figurar en la lista de países que apoyan al terrorismo.



El 14 marzo, la sala de Apelación de un tribunal escocés, emplazado en el territorio neutral de Camp Zeist, en Holanda, rechazó el recurso del único acusado en relación al atentado, condenado en enero de 2001 a cadena perpetua. El segundo procesado fue puesto en libertad por falta de pruebas. De todos modos, Libia presentará un recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra el veredicto dictado. Así concluye el juicio del mayor acto terrorista perpetrado en suelo británico, un proceso legal que ha durado más de 13 años. Las indemnizaciones son el único capítulo pendiente.





Manteniendo distancias con sus “colegas” de la Liga Árabe

El revolucionario discurso de Gaddafi, en conmemoración del 33º aniversario de su llegada al poder, sorprendió a más de uno, incluso a sus “colegas” árabes y africanos. En su intervención afirmaba que su país actuará en adelante de conformidad con la Unión Africana y “no de la mano del mundo árabe, aturdido por la globalización” y guiado por una Liga Árabe “dócil e ineficaz”. Constantemente, Libia ha pasado de acercarse al Magreb a darle completamente la espalda, según le conviniera.

El Estado libio ha vuelto la vista hacia África a la voz de mando de su líder. Este año, Gaddafi emprendió una gira por África destinada a elevar su estatura de líder en el continente. El presidente iba acompañado con una comitiva de 400 personas, que se movilizaron en 60 vehículos, entre ellos dos autobuses y doce limusinas de lujo blindadas, cuatro aviones y un buque que le seguía con comida.

La voluntad de Gaddafi es labrarse a los 60 años una imagen de mediador en conflictos y de nuevo padre de la unidad africana, a pesar de que en el pasado financió y protagonizó (como en Chad) guerras africanas. Pero también mantiene buenas relaciones con sus principales clientes, los países del sur de Europa y del Magreb, para los que organizó el Foro Euromediterráneo 5+5, celebrado el 30 de mayo en Trípoli. En esta cumbre, se reunieron ministros y secretarios de Estado de Asuntos Exteriores de ambas orillas del Mediterráneo occidental, cinco países de Europa y cinco del Magreb, que se comprometieron a reforzar la lucha contra el terrorismo. Desde la suspensión en marzo de 1999 de la aplicación de las sanciones de la ONU, ésta es la primera vez que se dan cita en Trípoli tantos diplomáticos occidentales al mismo tiempo. Este encuentro contribuye a sacar al régimen del ostracismo internacional en el que se halla sumido.

Mientras se ha dedicado a potenciar su vertiente africana, en lo que se refiere a la árabe, el líder libio se ha ido alejando en los últimos años de sus “colegas”, tras décadas de pregonar la unidad panárabe.

El 24 de octubre Gaddafi crea un revuelo general: anuncia oficialmente la retirada de Libia como país miembro de la Liga Árabe, a cuyas reuniones ya había dejado de asistir. Ésta supondría la primera retirada voluntaria que se produce desde la creación en 1945 de la organización, compuesta en la actualidad por 22 miembros. El abandono se produce tras las críticas del líder libio a la “ineficacia” de la organización respecto a la crisis iraquí y al conflicto israelí-palestino. Libia ya había amenazado con anterioridad con su retirada; la última, el 2 de marzo, cuando Gaddafi instó a los comités populares, burócratas que dirigen las 25 provincias en las que se divide el país, a formalizar el abandono de la Liga Árabe. El año pasado también lanzó amenazas similares en la cumbre de Ammán. ¿El supuesto motivo? Que se ignorara un proyecto de paz presentado por Gaddafi, a puerta cerrada, para hacer frente al conflicto de Oriente Próximo. Episodio que recientemente se ha vuelto a repetir, puesto que el plan saudí que está ahora encima de la mesa y que se pretendía aceptar en la Cumbre de Beirut es similar al que presentó Gaddafi. En líneas generales, se plantea la retirada israelí de los territorios árabes conquistados en 1967, a cambio del reconocimiento del Estado de Israel, del que Libia se ha declarado constantemente enemigo irreductible. “No puede haber un Estado palestino en Cisjordania y Gaza. Es cómico reconocer un Estado palestino en esas dos zonas”, afirmó sorprendentemente Gaddafi, en la primera crítica directa a la iniciativa saudí, que pese a haber recibido una cálida acogida internacional, ha destapado una vez más las divergencias que dividen a los Estados árabes.



Una economía al dictado de los hidrocarburos

En general, las empresas europeas han sabido sacar provecho de los conflictos entre Libia y EE.UU., tomando posiciones en un mercado en plena expansión. Las relaciones entre Libia y la UE se normalizaron tras el levantamiento de las sanciones, en abril de 1999. Este año, la compañía española Repsol YPF ha recibido la aprobación de la compañía nacional de petróleo de Libia (NOC) para desarrollar un campo petrolífero situado en la región de Murzuq, 700 kilómetros al sur de Trípoli, que empezará a funcionar a partir del primer trimestre de 2004. La compañía invertirá en la operación 159,9 millones de euros.

La economía depende absolutamente de los ingresos del sector del petróleo, que supone una de las mayores renta per cápita en África (7.600 dólares), pero sólo una pequeña parte de ese caudal va a parar a manos de las clases bajas. Las restricciones en las importaciones y la ineficaz asignación de los recursos han causado carencias periódicas de alimentos y bienes básicos. El maná del petróleo hizo que se disparara el sector terciario (como el comercio y la construcción), mientras que la agricultura e industria eran las grandes olvidadas.

El ascenso en los precios del crudo en 1999 y en 2000 y la suspensión del embargo de la ONU permitieron incrementar los ingresos procedentes de las exportaciones y ayudaron a estimular la economía. Fundamental, también, ha sido la devaluación en enero de 2002 del dinar en un 51 por ciento, una medida que ha favorecido enormemente a las exportaciones, pero que conlleva el aumento de la inflación en un 13,6 por ciento. La población, enormemente empobrecida, tendrá que pagar casi el doble por los productos que consuma.

Para diversificar las fuentes de ingresos, el Gobierno libio se ha marcado dos ambiciosos proyectos: impulsar un turismo aún sin explotar y desarrollar una agricultura actualmente subdesarrollada, por lo que Libia se ve obligada a importar el 75% de lo que consume. El faraónico proyecto de ingeniería hidráulica, el “gran río artificial”, es la principal obra del régimen de Gaddafi. Todas las fases de este proyecto deberían estar concluidas en 50 años y supondrá la fertilización de dos millones de hectáreas en pleno desierto. A partir de esta instalación, se pretende también asegurar el suministro de agua, desde los pozos perforados en Al Hasauna y Samnu, al norte de Sabha, a los complejos turísticos previstos en la llamada zona “los lagos del desierto”, verdaderos oasis que surgen entre las dunas de arena, y a los nuevos hoteles que se están construyendo en las zonas pobladas por los tuareg.



Fiel al tradicional caciquismo árabe

Coincidiendo con el 33º aniversario de la toma del poder del coronel Gaddafi, la Fundación Internacional Gaddafi de Asociaciones Benéficas, dirigida por su hijo Saif al Islam al Gaddafi, anunció la excarcelación de algunos de los presos. Una amnistía que se otorga cada año en celebración de esta “festividad”. El 2 de agosto, la Fundación publicaba los nombres de 62 presos que iban a ser excarcelados. Una constante de los países del Magreb es la libertad de expresión castigada con prisión e incluso con condenas a muerte; así se encuentra detallado en el artículo 3 de la Ley 71 y en el artículo 206 del Código Penal, que establecen que “se castigará con la ejecución a todos aquellos que promuevan el establecimiento de cualquier agrupación, organización, o asociación proscrita por la ley, o que pertenezcan o presten su apoyo a tales organizaciones”. Este año eran condenados a muerte Salem Abu Hanak, jefe del departamento de Química de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Qar Younes en Benghazi; y Abdullah Ahmed Izzedin, profesor de la Facultad de Ingeniería de Trípoli. Ambos fueron detenidos bajo la sospecha de ofrecer apoyo al proscrito Grupo Islámico Libio, conocido también como Hermandad Musulmana, del que por ahora no se tiene constancia que haya recurrido a la violencia o propugnado su uso, según Amnistía Internacional.



A nivel político, la situación de Libia se mantiene estática. La Jamahiria, que significa “Estado de las masas”, está, en teoría, gobernado por la población a través de los comités populares que administran las 25 provincias en las que se encuentra divido el país. Pero, en la práctica, al igual que su homólogo tunecino Ben Alí, Gaddafi opta por la más pura de las dictaduras, que al frente de una burocracia de comités populares, sólo da legitimidad al partido del régimen, la Unión Socialista Árabe, mutilando así el juego político y la consecuente libertad de expresión.



















Cronologia año  2002
2 marzo.El presidente libio, Muhamar Gaddafi, insta a su Gobierno a formalizar su retirada de la Liga Árabe, una decisión que parece vinculada al plan de paz saudí.3 marzo.Visita oficial del secretario general de la Liga Árabe, Amro Musa, a Gaddafi, para tratar de evitar que Libia abandone la organización.14 marzo.La Sala de Apelación del Tribunal escocés especial, establecido en Camp Zeist (Holanda) para juzgar el caso Lockerbie, rechaza la apelación del libio Abdel Baset al Megrahi, condenado el año pasado a cadena perpetua. 30 mayo. Cumbre en Trípoli. Los ministros o secretarios de Estado de Exteriores de cinco países de Europa y cinco del Magreb se comprometen a reforzar la lucha contra el terrorismo. 16 julio. Gaddafi, el líder libio, inicia una campaña por África para elevar su estatura de líder en la región.7 agosto.El Gobierno libio afirma que está dispuesto a pagar una compensación por el atentado de Lockerbie, y asegura que considerará la petición de la ONU de aceptar su responsabilidad en la tragedia. 31 septiembre.En conmemoración del 33º aniversario del golpe de Estado que le llevó al poder, Muammar el Gaddafi anuncia en un discurso televisado que su país dejará de ser un Estado rebelde y en adelante, “aceptará la legalidad internacional”.

 


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