Anuario 2002
Pakistán
"Una transición democrática bajo control militar"
Maria Altimira

Después de tres años de mandato, el presidente paquistaní, Pervez Musharraf, no ha hecho más que reforzar, cada vez más, el poder de los militares. Esto ha sido posible gracias a la celebración de un referéndum mediante el cual el general ha ampliado su mandato hasta el 2007 y a la entrada en vigor de 29 enmiendas constitucionales (entre las cuales figura una que otorga al presidente el poder de disolver el Parlamento y otra que respalda la creación de una Consejo Nacional de Seguridad, mayoritariamente formado por partidarios de Mushararaf, encargado de supervisar las decisiones del Parlamento). En este contexto, las elecciones celebradas en octubre de 2002 significan más que el establecimiento de una auténtica democracia, la transición del país hacia un gobierno civil bajo el férreo control de Musharraf. Aunque los aliados paquistaníes en la campaña antiterrorista, EE.UU. y Gran Bretaña, a quienes Musharraf ha intentado contentar con su lucha contra los extremistas islámicos que actúan en Cachemira, hayan tildado los comicios de paso hacia una verdadera democracia, la historia de este país no nos da razones para ser tan optimistas.
La restauración el pasado 16 de noviembre de la Constitución de 1973 (a excepción de los artículos relativos a los gobiernos provinciales y al Senado), que fue suspendida tras el golpe militar de 1999, no ha significado la democratización del país, sino la transición hacia un gobierno civil bajo el poder del general Pervez Musharraf y, por consiguiente, de los militares. Con el restablecimiento de dicha Constitución han entrado en vigor las 29 enmiendas constitucionales que el general Musharraf anunció en agosto, dos de las cuales dan carta blanca al actual régimen militar para frenar cualquier iniciativa de la Asamblea Nacional (Cámara Baja) e incluso para suspender al Parlamento de sus funciones. A ello debe añadirse el referéndum, celebrado el 30 de abril de 2002, en el que Pervez Musharraf se ha asegurado su permanencia en el Gobierno durante los próximos cinco años, sin correr el riesgo de ser elegido, o no, presidente de Pakistán por las nuevas cámaras –Parlamentos regionales y Parlamento federal- tal y como establece la Constitución. Además, la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán (CDHP) afirmó que, durante la celebración del referéndum, los ciudadanos votaron tantas veces como quisieron, y que los bajos índices de participación contrastaron con la alta participación de los funcionarios públicos.

En consecuencia, la celebración de los comicios parlamentarios paquistaníes, el pasado 10 de octubre del 2002 (los primeros desde 1997), debe analizarse con cierta precaución. Los comicios fueron tildados por los aliados paquistaníes en la lucha contra el grupo terrorista Al-Qaeda, Estados Unidos y Gran Bretaña, como un gran paso hacia la democratización del país. Mientras, los partidos democráticos paquistaníes acusaban a Musharraf de hacer desaparecer del mapa político a dos de sus más férreos opositores: la presidenta vitalicia del partido Partido Popular de Pakistán, Benazir Bhuto (quien se exilió a Londres bajo amenaza de ser arrestada si volvía a Pakistán) y el depuesto primer ministro y actual presidente del Partido de la Liga Musulmana. Ambos, bajo serias acusaciones por parte del régimen de Musharraf, por lo que permanecen lejos de Pakistán.

Aunque todavía no se ha constituido la nueva coalición de gobierno, tanto el nuevo primer ministro, Mir Zafarullah, como el presidente de la Asamblea Nacional (Cámara Baja), Chaudhry Amir Hussain, pertenecen a un partido favorable al presidente Musharraf, el partido de la Liga Musulmana de Pakistán-Quaid (PML-Q). De los 342 escaños parlamentarios que debían ser elegidos para la nueva Asamblea Nacional, el PML-Q obtuvo 79 y el Partido Popular de Pakistán (PPP), de Benazir Bhutto, 63. La tercera fuerza del país fue, con 52 escaños, la radical alianza islámica Muttahida Majlis Amal (Frente Unido de Acción) que ha barrido en la provincia de la frontera noroccidental y en la aéreas tribales colindantes, donde se sospecha que se ocultan miembros de Al-Qaeda. El partido de Nawaz Sharif, la Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz (PML-N), tan sólo consiguió 18 asientos.

Con todo, la primera fuerza del país, el PML-Q, no ha conseguido la mayoría absoluta y el creciente apoyo de la población a la alianza islámica MMA, radicalmente antiamericana y antigubernamental, preocupa a Musharraf.

Musharraf entre la espada y la pared
La alianza entre EE.UU. y Pakistán a raíz de los atentados del 11 de septiembre ha significado un cambio radical en las relaciones estratégicas de este país musulmán. EE.UU. tiene ahora a sus viejos aliados en la lucha contra la invasión soviética de Afganistán en los años 80, Al Qaeda y los talibanes, como principales enemigos. Por esta razón, el Gobierno de Bush ha presionado a Pakistán no sólo para que se enfrente a sus nuevos contrincantes, sino también para que acabe con los grupos terroristas radicales islámicos que actúan tanto dentro de Pakistán como en la Cachemira india. A raíz de estas presiones, el Gobierno de Islamabad, presidido por Pervez Musharraf, empezó en 2002 una ofensiva dirigida a los grupos extremistas islámicos, los cuales gozan del apoyo de un importante sector de la población. Todo ello ha significado un giro de 180º en la política paquistaní, un país que durante los últimos veinte años ha permitido e incluso se ha beneficiado de las actuaciones de los grupos extremistas asentados en su territorio. Algunos de ellos, como el Ejército del Profeta (Jaish-e-Mohammed) o el Movimiento de los Mujahidín (Harakat ul-Mujahidin) se han dedicado a atacar y sembrar el caos en la Cachemira India, la soberanía de la cual es reivindicada por el Gobierno de Pakistán.

En un discurso que tuvo lugar el 12 de enero de 2002, dirigido al pueblo paquistaní y a la comunidad internacional, el jefe del Ejecutivo de la República Islámica de Pakistán señaló las dos prioridades políticas de su Gobierno. En primer lugar, la erradicación de los grupos islámicos extremistas paquistaníes (quienes luchan contra las autoridades indias en el estado de Jammu y Cachemira y contra los intereses occidentales, la minoría hindú y la cristiana en Pakistán). Y en segundo lugar, el control de las llamadas escuelas religiosas o madrasas, que forman a los futuros militantes de estas organizaciones radicales. Las coordenadas políticas expuestas en este discurso se materializaron con la entrada en vigor de una ley antiterrorista, la nueva regulación de las madrasas y la lucha efectiva contra el terrorismo. La respuesta de los grupos islámicos extremistas a la nueva política gubernamental consistió en la perpetración de diversos atentados contra intereses occidentales en la zona.

El primero de ellos fue el asesinato del periodista estadounidense Daniel Pearl, presuntamente a manos del grupo radical islámico Jaish-e-Muhammed cuando elaboraba un reportaje sobre organizaciones radicales en Pakistán y sus conexiones con Al Qaeda. Su cuerpo fue encontrado sin vida el 16 de mayo, tres meses después de su desaparición. El 17 de marzo, un atentado contra una iglesia protestante en Karachi acababa con la vida de 5 personas, dos de ellas de origen norteamericano. Apenas dos meses más tarde, el 8 de mayo, 15 personas murieron como consecuencia de un atentado suicida contra un autobús en la ciudad de Karachi. Entre las víctimas había 11 franceses que trabajaban en la construcción de submarinos para Pakistán. A mediados de junio, después de la visita del secretario de defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, una bomba explotaba delante del consulado de EE.UU. en Karachi, causando la muerte de 11 paquistaníes. El cuarto atentado tuvo lugar en una escuela cristiana, a 40 kilómetros de Islamabad, donde unos terroristas empezaron a disparar contra los guardias del centro educativo; el incidente se saldó con la muerte de 6 personas. Al cabo de cuatro días, tres enfermeras de un hospital cristiano en la ciudad pasquistaní de Taxila fallecían al estallar una granada de mano en el hospital cristiano donde trabajaban.

A pesar de la inseguridad que los atentados crearon en el seno de la sociedad civil, sobretodo entre la minoría cristiana y las familias de origen occidental (gran parte del personal diplomático abandonó el país), el Gobierno paquistaní también tuvo ocasión de demostrar que podía hacer frente a esta amenaza. El 4 de enero, el Gobierno de Islamabad afirmaba haber detenido a unos 100 miembros de dos de los grupos que luchan para la secesión de la Cachemira India, Lashk-e-Toiba y Jishad-e-Mohammed, que más tarde serían ilegalizados. Las autoridades paquistaníes también arrestaron a 200 militantes del grupo radical sunní Sipah-e-Sahaba y 100 de la organización terrorista shií Tehrik-e-Jaffria. En otra operación, el pasado 15 de diciembre las fuerzas de seguridad paquistaníes el pasado 15 de diciembre, detenían a tres sospechosos de planear un ataque suicida contra dos diplomáticos de EE.UU. La colaboración con el Gobierno norteamericano en la lucha contra el terrorismo también daría sus frutos. El 28 de agosto, dos supuestos militantes de grupos musulmanes radicales eran arrestados en una provincia del noroeste, situada al lado de la frontera con Afganistán. La policía les acusaba de colaborar con Al Qaeda en diversos atentados en Pakistán. Tres semanas después, 10 miembros de Al Qaeda, entre los cuales se encontraba uno de los máximos hombres de confianza de Bin Laden, Abu Zubaiyda, caían en manos de las autoridades paquistaníes.

Con todo ello, Musharraf había llegado tan lejos como le era posible en un país en el que la tercera fuerza política era un partido protalibán y en el que un importante sector de la población lo acusaba de defender los intereses del mundo occidental, y sobretodo del estadounidense, en detrimento de los propios. Las presiones de la coalición internacional contra el terrorismo, por un lado, y la oposición de buena parte de los paquistaníes, quienes veían cómo la comunidad islámica mundial era atacada en todos los rincones del planeta (Palestina, Afganistán, Irak…) en nombre de la libertad y contra el terrorismo, por otro, pusieron al Gobierno de Pervez Musharraf entre la espada y la pared.



La economía paquistaní crece pero la pobreza de su población aumenta

Pese a los sucesos del 11 de septiembre, la participación de Pakistán en la guerra de Afganistán, la situación de recesión mundial y las tensiones con la vecina India, la economía paquistaní ha crecido un 3,6% durante el 2002, gracias al aumento registrado en el sector agrícola, comparado con el 2,4% del año anterior. Además, gracias al apoyo que brindó a EE.UU. en su lucha contra el terrorismo, las ayudas económicas que el Gobierno de Bush le ofreció sirvieron para reducir la deuda externa de 36 mil millones a dos mil millones de dólares. El déficit fiscal también experimentó un descenso del 6,1% al 5,3%. Sin embargo, los buenos resultados estadísticos no significaron una reducción del % de la población que vive bajo el umbral de la pobreza y la diferencia entre los sectores más ricos y más pobres de la sociedad cada vez son mayores. La inversión en la economía (productos de inversión), que en al año 2002 fue del 13,3% del PIB, la más baja desde 1966, podría explicar esta aparente contradicción. El Gobierno de Islamabad dispone ahora de más dinero para los gastos estatales que en años anteriores (en 2001 el 20% del gasto presupuestario se dedicó a pagar la deuda externa) pero sigue sin tener suficientes ingresos para dedicarlos a los productos de inversión (sanidad, educación, infraestructuras…). El gasto en defensa (22,5% del PIB) y el déficit fiscal son también razones que explican la falta de políticas sociales. Según el FMI, el crecimiento de la economía paquistaní no es suficiente para reducir en un plazo de tiempo relativamente corto la pobreza que aflige al país y es necesaria una fuerte inversión en educación (el 56% de la población es analfabeta) y sanidad.

Actualmente, un 50% de la población paquistaní vive bajo el umbral de la pobreza, esta cifra es la misma que en 1964, pero es superior a la de 1988 cuando sólo un 17% de la población se encontraba en esta situación. El Indicador de Desarrollo Humano sitúa a Pakistán en la posición 135, por debajo de India y Sri Lanka y sus habitantes tienen una renta por cápita de 2.100 dólares anuales.

Según el Banco de Desarrollo Asiático (BDA), la economía paquistaní crecerá un 4,5% durante el 2003 debido a que el sector de la agricultura, el pilar de la economía de este estado musulmán, se beneficiará de las recientes lluvias, que permitieron alcanzar las mayores reservas de agua en tres años.


Cachemira, una región en eterna disputa

Este último año hemos sido testigos de un espectacular aumento de las tensiones indo-paquistaníes, las cuales, según algunos expertos, condujeron a ambos países al borde de una cuarta guerra. Desde el 13 de diciembre del 2001, cuando un grupo de integristas islámicos atacaron el Parlamento de la Cachemira india causando la muerte de 14 personas, las relaciones entre estos dos países con capacidad nuclear se deterioraron hasta el límite.

A partir del incidente del Parlamento cachemir, los gobiernos de ambos Estados incrementaron la presencia de sus tropas en la línea de control, que separa el territorio de Cachemira en poder de Pakistán y el de India, hasta alcanzar la cifra de un millón de efectivos. Al mismo tiempo que India prohibía el uso de su espacio aéreo a los aviones paquistaníes, Islamabad ilegalizaba a los dos grupos terroristas responsables, según Nueva Delhi, del incidente del Parlamento. Pero para el Gobierno indio esta iniciativa no era suficiente y contrastaba con la negativa de Pervez Musharraf de entregar a 20 militantes islámicos a quienes India culpaba de fomentar el terrorismo separatista en la Cachemira bajo su control. Los ataques a ambos lados de la frontera se sucedieron con regularidad, causando el desplazamiento de miles de personas que habitaban en territorios colindantes. EEUU, alarmado por el riesgo de una guerra nuclear, incrementó la actividad diplomática enviando, entre otros, al secretario de estado de EE.UU., Colin Powel; al ministro de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld y al ministro de Asuntos Exteriores británico, Jack Straw.

El ataque terrorista del 14 de mayo, perpetrado por tres rebeldes islámicos y dirigido a un autobús de pasajeros y al cuartel general del Ejército, ambos en el estado de Jammu y Cachemira, causó la muerte de 32 personas y supuso un recrudecimiento de los enfrentamientos (el 30 de mayo un incidente similar en un cuartel de la misma zona causaría la muerte de tres agentes de la policía cachemir). Tras la decisión de EE.UU., Reino Unido y la ONU de autorizar el abandono del país por parte del personal de sus respectivas embajadas en Pakistán, el primer ministro indio, Atal Bihari Vajpayee, viajó a Cachemira, por primera vez en dos años, para pedir a sus tropas que se dispusieran para la “lucha final”. Tres días después, Pakistán empezó una serie de pruebas con misiles de corto y medio alcance capaces de transportar cabezas nucleares que se repetirían durante la celebración de los comicios parlamentarios en Jammu y Cachemira (debemos tener en cuenta que India también probó en enero pasado el misil “Agni”, capaz de alcanzar objetivos a más de 2.000 kilómetros). El Gobierno de Vajpayee no le dio mucha importancia a dichas pruebas y se limitó a afirmar que no estaba “particularmente impresionado” y que el objetivo obvio de los ensayos era conseguir el respaldo de la opinión pública paquistaní, muy sensible en lo referente a la cuestión de Cchemira.

En la cumbre de Alma Ata, celebrada del 4 al 5 de junio, en la que se reunieron los jefes de Estado y de Gobierno miembros de la Conferencia de Interacción y Creación de Medidas de Confianza en Asia (Afganistán, China, Egipto, India, Irán, Israel, Kazakstán, Kirguistán, Pakistán, la Autoridad Nacional Palestina, Rusia, Turquía, Uzbekistán y Mongolia), India reivindicó su oposición a la mediación de un tercero en la búsqueda de una solución a la disputa cachemir. Esta afirmación hacía referencia a las ofertas rusas y estadounidenses de celebrar una reunión bilateral en territorio neutral y de permitir la presencia de observadores internacionales en la línea de control, medidas que Musharraf estaba dispuesto a aceptar.

El levantamiento por parte de India de la prohibición que impedía el uso de su espacio aéreo por parte de Pakistán y la retirada de los barcos que patrullaban en el mar Arábigo frente a la costa de paquistaní significaron un punto de inflexión en las relaciones indo-paquistaníes y un paso atrás en la escalada de tensión. Pero la esperanza duraría poco. El 3 de julio, Nueva Delhi denunciaba que el flujo de guerrilleros desde Pakistán a Cachemira había vuelto a aumentar como consecuencia de la permisividad y el apoyo que el régimen de Islamabad ofrecía a los grupos radicales islámicos que luchan por la secesión de Cachemira contra el Gobierno indio. Pervez Musharraf negaba cualquier relación con ellos y afirmaba que no autorizaría la exportación del terrorismo a ningún lugar del mundo desde su territorio. Dos atentados más en el conflictivo estado de Jammu y Cachemira (uno a mediados de julio y otro finales de agosto, que causaron la muerte de 39 personas) alertaban de la posible ola de violencia que podría desatar la celebración de los comicios en la región.


Las elecciones

A pesar del despliegue de decenas de miles de soldados y policías, unas 800 personas murieron al intensificarse la violencia protagonizada por los guerrilleros desde que se anunciaron los comicios parlamentarios del estado de Jammu y Cachemira, territorio bajo soberanía india, en agosto. Islamabad y la AML (Alianza Multipartidista para la Libertad), integrada por 23 partidos secesionistas, calificaron las elecciones de “farsa”.

Según la AML, que se empeñó en boicotear los comicios parlamentarios pidiendo a los electores que no acudieran a las urnas, las fuerzas de seguridad indias amenazaron a los ciudadanos de las terribles consecuencias que se derivarían de su abstención. Sólo el 40% de la población de este estado acudió a las urnas y el resultado de los comicios significó un duro revés para el primer ministro indio, Atal Vijari Vajpayee, quien había dado gran importancia a las elecciones, al considerar que legitimarían su autoridad en este estado que se disputa con Pakistán. El partido que había dominado la política en la Cachemira india durante más de cinco décadas y que era, entre otras cosas, gran aliado del Gobierno central, la Conferencia Nacional (CN), perdió el poder y su debutante líder Omar Abdullah no pudo conseguir el control del Parlamento, aun siendo la primera fuerza, con la obtención de 28 escaños. El Partido del Congreso (20 escaños), el mayor rival político del gobierno federal liderado por el Partido Popular de corte nacionalista hindú, y el Partido Democrático Popular Cachemirí (16 escaños), ambos contrarios a la secesión de la región, se dispusieron a gobernar en coalición.

De estos resultados se derivan las siguientes interpretaciones. En primer lugar, la abstención del 60% de los electores demostró el apoyo de una gran parte de la población al AML. En segundo lugar, mostró la insatisfacción popular con el gobierno de Farook Abdullah, padre de Omar y anterior líder de la Conferencia Nacional (CN), más conocido por una vida llena de lujos y extravagancias que por su dedicación a los problemas de la región. Y finalmente, puso de manifiesto el descontento de la población cachemir por la alianza de la CN con los nacionalistas hindúes en el Gobierno federal.


Origen del conflicto de cachemira

La escisión de la India colonial, tras la retirada británica, dio lugar a la creación de dos nuevos países: India, de mayoría hindú, y Pakistán, de mayoría musulmana. La división del antiguo imperio colonial británico entre ambos países se hizo teniendo en cuenta la religión dominante de sus antiguas provincias, las de mayoría musulmana pasaron a formar parte de Pakistán y las de mayoría hindú de India. En general, el reparto no supuso ningún problema. Hubo sin embargo, tres excepciones. La primera fue la provincia de Hyderabat, la segunda Junagadh (junto a la costa de Gujarat): ambas pretendían acceder a Pakistán pero India lo impidió recurriendo a sendas y rápidas operaciones de ocupación militar. Y finalmente, el estado septentrional de Jammu y Cachemira, causa de dos de las tres guerras entre India y Pakistán (que tuvieron lugar en 1947,1965 y 1971; esta última supuso la independencia de una parte del territorio paquistaní con el nacimiento de un nuevo país, llamado Bangladesh). Antes de la descolonización, el estado de Jammu y Cachemira, de mayoría musulmana, era gobernado por un príncipe hindú, el maharajá Hari Singh. Ante el inminente reparto del imperio, este príncipe hindú debía escoger si Cachemira debía formar parte de India o de Pakistán. Pero, cuando los dirigentes del futuro Estado musulmán decidieron invadir la zona, el príncipe Hari Singh se vio obligado a solicitar ayuda a India, la cual supeditó su intervención a la futura integración de Cachemira al Gobierno de Nueva Delhi.

Cachemira: ¿Elecciones legítimas o ilegítimas?

Tanto la India como Pakistán tienen sólidos argumentos para defender su legítima soberanía en la región de Cachemira. Para India, la solución del contencioso debe seguir los principios establecidos en la “Declaración de Simla”(un tratado firmado por ambos países en 1972, tras la victoria india en la segunda guerra indo-paquistaní). Esta declaración consagra la intangibilidad de la línea de control en Cachemira e impone a Pakistán la renuncia a cualquier intento de internacionalizar sus contenciosos –ambas partes dirimirán sus diferencias de forma pacífica y por cauces exclusivamente bilaterales-. La posición de India puede entenderse fácilmente si tenemos presente que se legitima a partir de la Declaración de Simla. Para el jefe del Gobierno indio, Atul Bihari Vajpayee, los resultados de los comicios que se celebraron entre agosto y septiembre del 2002 en el estado de Jammu y Cachemira (bajo soberanía india) debían decidir el destino de dicho estado. Sin embargo, para Pakistán y para los partidos políticos secesionistas de Cachemira, agrupados en la llamada Alianza Multipartidista para la Libertad, estas elecciones no eran más que una farsa. Pakistán sostiene que la solución del conflicto debe pasar por el referéndum acordado por la ONU, tras la segunda guerra indo-paquistaní de 1947-1949, que deja en manos de la población de Jammu y Cachemira la resolución del conflicto.

La cuestión del armamento nuclear

Tanto India como Pakistán son Estados nucleares. Un informe de la prestigiosa publicación británica “Jane Defence Weekly” estima que la India tiene de 50 a 150 cabezas nucleares, mientras Pakistán podría tener de 25 a 50. Las razones por las que ambos países se han nuclearizado son esencialmente distintas. Para responder al porqué India ha adquirido tecnología y ha realizado pruebas nucleares, debemos fijarnos en sus principales directrices en lo que se refiere a política exterior, aunque también encontramos razones internas que lo explican. En primer lugar, India tiene dos enemigos en la región de los que defenderse: Pakistán y China. La relación de enemistad que mantiene con Pakistán ya ha sido expuesta anteriormente. Por otra parte, las relaciones entre China e India han sido también tradicionalmente muy tensas debido a la ocupación del Tíbet por parte del Ejército chino en 1951 y a la construcción de una carretera al norte de Jammu y Cachemira, sin respetar la frontera con India. Este último hecho motivó el único enfrentamiento militar entre los dos países, en 1962, que resultó favorable para las tropas de Pekín y a partir del cual China pasó a tener el control efectivo de Aksai Chin –una zona de 34.000 kilómetros cuadrados en la región de Cachemira-. Además, conviene tener en cuenta que la primera prueba nuclear china tuvo lugar tan sólo dos años más tarde de la derrota india y que Pekín siempre ha facilitado la adquisición de misiles a Pakistán. Otra de las razones que ha impulsado a India a convertirse en un Estado nuclear ha sido su pretensión de ocupar un lugar más destacado en la esfera internacional, concretamente su intención de formar parte del Consejo Permanente de Seguridad de Naciones Unidas y del club de los países nucleares. El TNP (Tratado de No Proliferación Nuclear) utiliza el calificativo “club de los países nucleares” para referirse a aquellos países socios que ya hubiesen fabricado y hecho explotar un arma nuclear antes del 1 de enero de 1967; son los únicos firmantes del TNP que pueden aumentar y conservar su armamento nuclear, mientras que todos aquellos países socios del TNP que no forman parte del club de los países nucleares no pueden adquirir armamento nuclear y deben destruir el que ya poseen. Cuando India (cuyo primer ensayo nuclear data de 1974) negoció en 1965 con los países miembros del TNP su posible entrada, propuso que el TNP también prohibiera la adquisición y aumento de las armas nucleares a los miembros del club de los países nucleares. Algo que a Estados Unidos y a la URSS, principales impulsores del TNP, no les pareció buena idea. Por ello, tanto India como Pakistán no están sujetos a ningún tratado que pueda penalizar la utilización de su armamento nuclear. Esta situación preocupa enormemente a la comunidad internacional, que ve en el conflicto de Cachemira la posibilidad de una guerra nuclear. En cuanto a Pakistán, sus razones, después de las tres derrotas que ha sufrido en las contiendas contra India, responden al deseo de igualarse, en términos de fuerza, a India. Pakistán se ha mostrado favorable en diversas ocasiones a la firma del CTBT (Prohibición Total de Ensayos Nucleares) y del TNP, pero con una condición: que India también se prestara a firmar dichos tratados.

Actual división de Cachemira

Cachemira esta dividida en tres territorios: uno pertenece a India, otro a Pakistán y el restante a China. India controla la mitad del territorio total de Cachemira, de aproximadamente 135.000 kilómetros cuadrados, conocido como el estado de Jammu y Cachemira, de mayoría musulmana y por el que Pakistán se enfrenta con el Gobierno de Nueva Delhi. La Cachemira india, que dispone de un gobierno autónomo elegido directamente por su población, se subdivide, a su vez, en tres regiones: el valle de Cachemira, donde vive la mayoría de la población de religión musulmana; la región de Jammu, con mayoría hindú, y la inhóspita y casi deshabitada región de Ladakh, al este, de etnia tibetana y religión budista. Pakistán, por su parte, domina unos 82.000 kilómetros cuadrados de territorio cachemir. El Gobierno de Islamabad ha procedido a la división administrativa de este territorio separando la denominada Azad Kashmir (Cachemira Libre), con un gobierno nominalmente autónomo y títere en realidad de la Administración paquistaní, de los llamados “territorios del norte”, bajo jurisdicción directa del Ejército paquistaní. Y finalmente, China controla Aksai Chin, un área de 34.000 Kilómetros cuadrados ocupados por el Gobierno de Pekín tras la guerra con India en 1962, y otros 16.000 en la zona de Karakorum, cedidos unilateralmente a China por Pakistán en 1965 mediante un acuerdo fronterizo, no reconocido por Nueva Delhi.


Cronologia año  2002
1 de enero. India prohíbe el uso de su espacio aéreo a los aviones paquistaníes, tras el atentado de guerrilleros islámicos contra el Parlamento de Jammu y Cachemira, perpetrado el 13 de diciembre de 2001.

12 de enero. El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf , anuncia la ilegalización de dos grupos radicales islámicos que luchan por la secesión de la Cachemira india, Lashkar-e-Toiba y Jaish-e-Mohammed, pero descarta entregar a India a 20 militantes islámicos a quienes Nueva Delhi culpa de fomentar el terrorismo en Jammu y Cachemira.

17 de marzo. Un atentado contra una iglesia protestante en Islamabad causa la muerte de 5 personas.

30 de abril. Musharraf gana con el 97,5% de los votos un referéndum para ampliar su mandato por cinco años.

8 de mayo. Un coche bomba conducido por un terrorista suicida explota en la puerta de un lujoso hotel de Karachi y mata a 14 personas, 11 de ellos eran técnicos franceses que trabajaban en la construcción de un submarino paquistaní.

14 de mayo. Al menos 32 personas mueren cuando tres rebeldes islámicos atacan un autobús y un cuartel general del Ejército indio en el estado de Jammu y Cachemira.

22 de mayo. El primer ministro indio, Atal Bihari Vajpayee, visita por primera vez en dos años Jammu y Cachemira y pide a sus tropas que se dispongan para la lucha final contra Pakistán.

25 de mayo. Pakistán prueba el misil Ghauri Hataf 5 de medio alcance y con capacidad para transportar cabezas nucleares.

26 de mayo. Pakistán prueba con éxito el segundo misil de la serie Hataf.

27 de mayo. El presidente paquistaní, Pervez Mmusharraf, dirigió un discurso clave a la nación en el que aseguró que no será el primero en empezar la guerra con India, pero si dará una respuesta “adecuada” si ataca India ataca antes.

28 de mayo. Pakistán prueba con éxito el tercer misil balístico.

30 de mayo. El presidente de Estados Unidos, George Bush, pide a Pakistán que detenga las incursiones de radicales islámicos a Cachemira.

Supuestos guerrilleros entran en un cuartel indio de la policía, situado a 180 kilómetros de la ciudad de Jammu, y matan a tres agentes.

31 de mayo. EE.UU. y el Reino Unido autorizan al personal no esencial de sus embajadas a abandonar Pakistán ante los temores de un nuevo enfrentamiento indo-paquistaní.

1 de junio. La ONU prepara la evacuación de su personal diplomático en India y Pakistán.

10 de junio. India levanta la prohibición del uso de su espacio aéreo que había impuesto a los aviones de Pakistán.

11 de junio. India empieza a retirar los barcos de guerra que patrullaban en el mar Arábigo frente a la costa de Pakistán.

14 de junio. Un atentado con coche bomba dirigido al consulado de EE.UU. en Karachi acaba con la vida de 11 personas.

21 de agosto. Musharraf se arroga nuevos poderes al anunciar varios cambios en la constitución. Entre ellos, el poder de disolver el parlamento y su jefatura en el Consejo Nacional de Seguridad, un nuevo órgano que legitima el papel de los militares en los asuntos de gobierno.

1 de septiembre. La Comisión Electoral rechaza la candidatura de la ex primera ministra Benazir Bhutto para las próximas elecciones legislativas paquistaníes.

16 de septiembre. Primera ronda de las elecciones parlamentarias del Estado indio de Jammu y Cachemira.

24 de septiembre. Segunda vuelta de los comicios en la Cachemira India.

1 de octubre. Tercera ronda de las elecciones en Jammu y Cachemira.

8 de octubre. Última vuelta en los comicios parlamentarios de Jammu y Cachemira. El partido Conferencia Nacional pierde el poder tras cinco décadas de dominio de la política cachemir. Los opositores Partido del Congreso y Partido Democrático Popular Cachemir se disponen a gobernar en coalición.

10 de octubre. La pro gubernamental Liga Musulmana de Pakistán-Quaid (LMP-Q) gana las elecciones legislativas de Pakistán. De los 342 escaños de los que está compuesto el parlamento (60 están reservados a las minorías) 79 fueron para el LMP-Q, 63 para el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) y la tercera fuerza con 52 escaños en el parlamento es la alianza islámica protalibán Muttahida Majlis Amal. -La Casa Blanca expresa su satisfacción por la celebración de las elecciones paquistaníes y lo considera un hito hacia la democratización del país.

16 de noviembre. El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, reinstaura la Constitución y entran en vigor las 29 enmiendas constitucionales.

 


Periodismo Internacional © 2019 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull