Anuario 2002
Chile
"El superviviente de la crisis latinoamericana se encuentra atrapado en la mayor crisis de gobierno de los últimos 12 años"
Míriam Nadal

Chile es un país con dos bloques ideológicos relativamente iguales en adhesión popular, pero con distinto poder en el sí de la sociedad. Tras las elecciones parlamentarias del 16 de diciembre del 2001, se ha producido un nuevo equilibrio de fuerzas en la política nacional chilena. Este equilibrio se caracteriza por una persistente fortaleza de la Concentración por la Democracia, y un avance gradual de la Alianza por Chile, la coalición opositora, convirtiéndose en una alternativa “real” en los próximos comicios. A pesar de este equilibrio “político”, el poder económico y real sigue en manos de la derecha.
La Concentración por la Democracia es la coalición de partidos de centro izquierda que asumió por primera vez la presidencia chilena en 1990, con la victoria del democristiano Patricio Aylwin sobre el dictador Augusto Pinochet, que gobernaba el país desde el golpe militar de 1973. En 1993 se repitió el éxito de 1990, y la Concentración compuso su segundo gobierno, presidido por el también democristiano, Eduardo Frei Ruiz-Tagle. En el 2000, el socialista Ricardo Lagos reeditó el triunfo por el bloque formado por el grueso de fuerzas democráticas y progresistas.

En las elecciones parlamentarias de diciembre del 2001, la Concentración obtuvo el 48% de los votos y 63 diputados. La Alianza por Chile, el bloque opositor de derechas, el 44% y 57 diputados, en una cámara de 120 escaños.

Tras los comicios, el presidente Lagos apuntó que había entendido el mensaje que el pueblo chileno le había enviado: buscar acuerdos y avanzar con políticas promovidas por “una voluntad suprapartidista”; es decir, buscar el entendimiento entre el mayor número de partidos chilenos.

En el interior de la coalición de centro izquierda, la Democracia Cristiana, que era el primer partido chileno desde 1965, vio reducido su número de votos en un 19%; bajando cuatro puntos desde 1997. Aún así, los sondeos previos a los comicios pronosticaban un colapso del partido. Esto hace que dentro de la Concentración, las diferentes formaciones políticas estén más proporcionadas entre sí y hace más evidente la necesidad de cooperación entre ellas.



La oposición, la Alianza, obtuvo un buen resultado electoral. La Unión Demócrata Independiente se ha convertido en la primera fuerza política en Chile, la más votada del país. Según algunos analistas políticos chilenos, la formación también de derechas, Renovación Nacional se debilita por la sensación del electorado que es un partido con importantes contradicciones internas.

A pesar que actualmente no existe el peligro que en Chile se produzca una regresión autoritaria, hay “poderes fácticos” que condicionan notablemente la vida política chilena y el debate sobre los grandes temas del país. Los poderes fácticos (empresarios, medios de comunicación potentes, Fuerzas Armadas y minorías electorales de derechas con capacidad de vetar gracias el sistema electoral chileno) son próximos al pinochetismo político. Son un sector que ha evitado que los sucesivos gobiernos democráticos no hayan realizado reformas en el Poder Judicial, en la educación y en la erradicación de la pobreza. De hecho, los avances en materia de justicia, en especial sobre las violaciones de Derechos Humanos cometidos durante la dictadura de Pinochet, han sido nulos.



El actual gobierno de la Concentración no puede imponer nada por mayoría. Tras los últimos comicios, el Ejecutivo debe generar mayorías amplias para qué no se divida todavía más el país. Con la llegada de la democracia, se terminó con el régimen autoritario del general Pinochet y se aseguró un Gobierno compuesto por una coalición progresista y democrática mayoritaria. En los primeros años de la Concentración se intentó llegar a un consenso para pasar página a las atrocidades del dictador. Y se dio mucha importancia a la estabilidad económica del país y se olvidó el debate sobre los “grandes temas”. El debate y el consenso se centraron únicamente en desplazar la dictadura. Y desde entonces, Chile no ha avanzado como se podía esperar.

Es cierto que en comparación con sus vecinos, Chile es económicamente un país “sano”; pero según los partidos de la izquierda chilena, pese a la consolidación de la democracia, el país no ha resuelto los problemas de pobreza y desigualdad; aunque sí que es un éxito de los partidos de la Concentración que no se haya sufrido una crisis económica como la mayor parte de los Estados latinoamericanos. Según los economistas chilenos, el país no tiene un modelo de crecimiento “autosostenible” porque, como muchos otros países, depende de la situación de los mercados internacionales; pero es en la actualidad el miembro del Cono Sur menos afectado por la crisis argentina.

Aún así tiene una tasa de desocupación del 10% y un crecimiento bajo (3,5%) respecto el que tenia décadas anteriores (10%).

Con la desaceleración económica, han disminuido las inversiones y el crecimiento en el país, pero por el momento no se cuestiona la estabilidad macroeconómica del país según el economista chileno i rector de la Universidad de Chile, Luis Riveros.

La consciencia de los chilenos sobre lo que está sucediendo en los países de la región, hace que no obstante, los ciudadanos sientan cierto temor de contagio.



Región en crisis, ¿Chile está contagiado?

Chile es en la actualidad una de las economías más estables de la zona. El Gobierno chileno ha proyectado un crecimiento de la economía de un 2,3% este 2002. Las estimaciones, cada vez más conservadoras y bajistas, se hacen eco de los problemas existentes como el elevado índice de desempleo, que afecta a medio millón de chilenos.

El ministro de Economía, Jorge Rodríguez, en un encuentro en Santiago con empresarios, les pidió “no hacer cosas impracticables” en un país sano con vecinos “contagiosos”. Según el ministro, Chile debe mantener su prestigio.

En principio, los bancos chilenos están “salvados”: se benefician del supuesto entorno financiero del país que por la situación de Chile parece menos arriesgado y más trasparente que el de los otros países latinoamericanos. El riesgo de contagio parece lejano. Un informe de la agencia de calificación de riesgo, Standard & Poor, asegura que los bancos chilenos son los más aislados de los problemas económicos y políticos que afectan a América Latina.

Chile tiene una deuda externa baja, unos 38.000 millones de dólares, según el último informe del Banco Central chileno. La prensa apunta que es una cifra “controlable” si se tiene en cuenta la solvencia del país por las reservas que tiene.

Por eso es por lo que Chile ha llegado a un acuerdo de libre comercio con Washington, ahora que el Congreso de los Estados Unidos ha otorgado al presidente Bush la Autoridad de Promoción Comercial, antiguamente conocida como “vía rápida” o “fast track”; un mecanismo mediante el cual el presidente de los Estados Unidos podrá negociar directamente los acuerdos comerciales, que podrán ser aprobados o rehusados, pero nunca modificados. Bill Clinton intentó que el Congreso norteamericano autorizara esta ley durante su mandato, pero no lo consiguió.

El acuerdo definitivo se consiguió el 13 de diciembre de este año 2002. Una década hace que Chile espera el sí de los Estados Unidos al Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los dos países. Según el presidente chileno, Ricardo Lagos, el acuerdo supondrá más desarrollo y más ocupación para su país.

El TLC establece la eliminación progresiva de los aranceles de todos los productos exportados. También prevé acuerdos sobre la administración de las aduanas, sobre medidas sanitarias y fitosanitarias, sobre inversiones, servicios, inmigración y trabajo. Los Estados Unidos recibieron exportaciones chilenas por 3.351,7 millones de dólares el 2001; y son el primer socio comercial y el principal inversor de Chile.



Aún así, no se puede decir que la crisis argentina no haya afectado al país; de hecho, no ha dejado indiferentes a los chilenos. Durante los primeros cinco meses del 2002, el turismo argentino a Chile disminuyó un 45%. Los argentinos son la mitad de turistas que visitan el país latinoamericano y las pérdidas del sector serán “millonarias”.

Chile ha sido el país que más ha sufrido en referencia a las inversiones en Argentina. Según la Comisión Económica por América Latina y el Caribe (CEPAL), éstas ascendían a 3.200 millones de dólares; y las rentas por estas inversiones eran de 208 millones el 2000 y se prevén nulas este año.



Crisis de la coalición de gobiernoLa peor crisis de la coalición de gobierno en Chile ha sucedido a finales del 2002. Es el mayor escándalo desde hace 12 años.

Las relaciones entre las fuerzas que integran la coalición están muy deterioradas, y hay casos de corrupción que involucran a todos los partidos.

Aunque el presidente Lagos apunta que los valores que dieron origen a la coalición siguen vivos, la Concentración por la Democracia (nombre de la coalición) es vista como prácticamente acabada por Adolfo Zaldívar, presidente de la Democracia Cristiana en una entrevista concedida al diario El Mercurio.



Compuesta originalmente por 17 partidos políticos, la coalición derrotó en dos ocasiones al general Augusto Pinochet, en el plebiscito de 1988 y en las elecciones abiertas de 1989.

Actualmente, la coalición está integrada por la Democracia Cristiana (DC), el Partido Socialista (PS), el Partido para la Democracia (PPD) i el Partido Radical Socialdemócrata (PRSD).



Los problemas empezaron con el Caso Coimas, que involucraba a diputados oficialistas en supuestos sobornos por parte de empresarios privados. La investigación judicial se inició con la denuncia por irregularidades en la adjudicación de una planta de revisión técnica de vehículos a un empresario de Rancagua: un caso de corrupción denunciado por un empresario de izquierdas que hizo público el tráfico de influencias y la financiación oculta de las campañas políticas en el Chile actual.

El juez Carlos Aránguiz amplió la investigación y detectó el desvío de fondos públicos para campañas electorales. También indagó sobre el pago de sobresueldos a funcionarios fiscales.

El presidente del Partido Radical Socialdemócrata, Patricio Tombolini, i cinco parlamentarios desaforados son de momento las víctimas de los escándalos. Con el desafuero de los seis diputados, la coalición gobernante pierde la mayoría en la Cámara Baja, empatando en número de votos con la derecha. Los partidos involucrados apuntan la posibilidad de pedir la inhabilitación de estos parlamentarios.

Aún así, continúan siendo investigados militantes de todos los partidos.

A estos casos de corrupción, se les debe sumar una guerra de declaraciones entre la Democracia Cristiana (DC) y el Partido para la democracia (PPD). El presidente del PPD, Guido Girardi, manifestó que “cuando se cometen errores, en vez de taparlos es mejor reconocerlos y empezar de nuevo. Así es la única manera posible de refundar la Concentración”.

Por su parte, el secretario nacional de la Democracia Cristiana, Jaime Mulet, expresó en la televisión nacional que “hoy en día hay gente que no tiene empleo, y ve un baile de millones, donde hay involucradas personas importantes de la Concentración que se los llevaron (los millones) de forma ilícita, y la ciudadanía no entiende nada”.

Camilo Escalona, presidente del Partido Socialista, intentó mediar, poner paz, y apuntó que se debía terminar con las recriminaciones mútuas.

La actual crisis ha sorprendido a Ricardo Lagos en la mitad de su mandato, cuando lleva tres años en el Gobierno. La derecha, con un pasado de escándalos flagrantes, de momento, se muestra satisfecha por la situación que puede allanarle el camino hacia el Palacio de la Moneda el 2006.


La sombra de Pinochet

La detención del general Augusto Pinochet en Londres en 1998, a petición del juez Baltasar Garzón, hizo revivir la polémica sobre como juzgar a los dictadores. Esto provocó en cierta forma una distorsión de la verdadera relevancia del dictador en la política interna chilena. Cuando Pinochet fue arrestado, muchos de los jefes militares que le acompañaron en el golpe de 1973 habían sido sustituidos por una nueva hornada de oficiales más jóvenes; el segundo gobierno democrático, con el democristiano Eduardo Frei al frente, estaba consolidado y las elecciones del 2000, que supondrían el triunfo de Ricardo Lagos, estaban a punto de celebrarse. La mayoría de chilenos tenían claras sus prioridades, una de ellas enterrar el pasado. Pero que Pinochet se convirtiera en el centro de atención internacional durante meses, permitió ver que todavía su sombra continua siendo muy alargada en Chile. La “Carta a los Chilenos” que Pinochet envió des de Londres fue esencial para que once historiadores chilenos publicasen “El manifiesto de los historiadores”. En este escrito se apunta que hace treinta años que algunos sectores de la sociedad chilena manipulan la historia del último medio siglo del país para controlar la opinión pública. Esta tendencia a falsificar la historia chilena es potenciada por la mayoría de medios de comunicación ya que este sector de poderosos tiene acceso casi monopólico a radios, cadenas de televisión, agencias de noticias y periódicos; así controlan todo lo que se dice y el cómo sobre la dictadura de Pinochet. Distintos puntos del ideario pinochetista siguen vivos. El primero de ellos tienen que ver con la idea que la intervención dictatorial militar (1973-1990) fue una “epopeya nacional”. Los pinochetistas sostienen que el Gobierno de Unidad Popular del presidente Allende habría impuesto un sistema un sistema opresor de las libertades y de los derechos a favor de un “sangriento socialismo marxista”. Para que esto no sucediera, los “hombres de armas” actuaron; para reimplantar la pérdida de unidad del país. Esta interpretación oficial de la historia chilena es la que se suele transmitir en los principales medios de comunicación del país. Según los historiadores las verdaderas causas de la crisis vivida por Chile a principios de los 70 deben buscarse en las decenas y decenas de años de gobierno de la oligarquía, de los conocidos popularmente por momios. Pinochet y sus colaboradores nunca lucharon por Chile, porque según el Manifiesto, no se lucha por la dignidad de los chilenos cuando se violan los derechos humanos de miles de desaparecidos, centenares de miles de torturados, prisioneros y exiliados. Y es que los historiadores basan su escrito en el testimonio de los sectores populares, de los miembros de partidos de izquierdas, de los movimientos sindicales, de los marginados y los perseguidos. La voluntad del escrito es conciliar Chile con su historia real. No es fácil. No es fácil en una sociedad dividida prácticamente en dos partes iguales, irreconciliables y excluyentes; un Chile que sorprendió la opinión pública internacional cuando la justicia británica decidió liberar el general, y no se manifestó en contra como era de esperar; especialmente a ojos de los europeos. Europa había recibido una importante ola de exiliados chilenos que habían contado las atrocidades del régimen militar, y era difícil de entender que el sentimiento de ira y repulsa al dictador no fuera unánime. El régimen militar y el éxito económico que años después le acompañó, anularon el debate político nacional y Pinochet se ganó la lealtad ciega de la clase media. El 1988, en el referéndum para la democracia en Chile, un 43% de los votos fueron para el general. Con ello, en este plebiscito la opción al “no” a la continuidad del general en el poder se impuso. El 1990 en las primeras elecciones democráticas, la Concentración democrática, la coalición de gobierno que aún dirige Chile, se impuso a la derecha tradicional chilena. Muchos de los dirigentes de la Concentración ahora lamentan haber sido tan dóciles con los pinochetistas porque permitieron que las fuerzas que apoyaban al general entraran dentro del sistema democrático y se presentasen ante la sociedad chilena como una clara opción de poder. Y la derecha chilena, hoy en día, continua siendo cavernaria y fascista. No se “pasaron cuentas”. Chile se ha construido sobre la base de este consenso y esta opción, la del consenso, es una realidad irreversible en la democracia del país: Si la democracia no ha avanzado más rápidamente, ha sido precisamente por la fuerza y poder de la derecha chilena escondida en este consenso. Aunque el proceso hacia la democracia tampoco se ha paralizado. Muchos analistas apuntan que el Chile del siglo XXI no es una democracia vigilada ni su gobierno está estrictamente sometido al permanente control de los militares. El protagonismo del Ejército es cada vez menor, y aunque se deben hacer reformas políticas importantes (en especial la “democratización” del Senado), el progreso democrático, sobre todo los avances en los derechos humanos, es muy notable. La sociedad se siente profundamente identificada con el sistema. La derecha política se ha incorporado a la democracia, y aunque el fantasma de Pinochet existe, hay quien se encarga de taparlo. La estrecha victoria en los comicios de diciembre del 2001 de la coalición de la Concentración dificulta la gobernabilidad del Ejecutivo de Lagos porque ya no tiene mayoría absoluta en las dos cámaras. La oposición, liderada por Joaquín Lavín, presidente de la Alianza por Chile, asume que en las próximas elecciones, la derecha puede volver al poder. Lavín se ha encargado de negar la realidad, con declaraciones como que “su campaña, su equipo” no tienen ni un origen pinochetista. Según el dirigente de la derecha, ni la Unión Democráta Independiente (UDI) ni Renovación Nacional (RN), los dos partidos que forman la Alianza, no han gobernado nunca. Ni estas formaciones hay partidarios y no partidarios de Pinochet. El papel de Lagos en el caso Pinochet El Gobierno de Ricardo Lagos ha intentado poner el punto y final al Caso Pinochet con el apoyo del resto de partidos, excluyendo los extraparlamentarios comunistas. Durante la gestión de Lagos se ha cerrado la herida reabierta por la solicitud de extradición de Garzón des del punto de vista jurídico. El actual presidente chileno había sido detenido durante la dictadura porque era miembro de la izquierda socialista; pero ahora, ha querido actuar con prudencia para intentar abrir una nueva etapa para Chile. Lagos encargó al jefe de las Fuerzas Armadas, Juan Emilio Cheyre, que negociara la retirada y dimisión de Pinochet con el dictador; hizo que el arzobispo de Santiago, Javier Errázuriz, fuese testimonio de la renuncia del general y que entregara al Senado la carta de dimisión de Pinochet, y que el presidente de esta Cámara, Andrés Zaldívar, consiguiera el visto bueno a la renuncia por parte de todos los partidos con representación democrática. Eso no significa que la herida se haya cerrado. El sistema electoral sigue siendo poco democrático: la Constitución se debe reformar; la composición del Congreso chileno no representa las diferentes sensibilidades existentes en el país y se debe eliminar el Consejo de Seguridad Nacional integrado a partes iguales por militares y representantes políticos. Esta última cuestión provoca que algunas decisiones presidenciales resulten afectadas por ello, y que el Ejército no esté totalmente subordinado al poder civil. Los familiares de las víctimas asesinadas o de los desaparecidos durante la dictadura, así como los torturados que todavía están vivos, la izquierda comunista y las organizaciones de Derechos Humanos, creen que el Caso Pinochet debe seguir vivo. Apuntan que es una bofetada la impunidad del dictador, pero en especial que se haya producido bajo el mandato de un Gobierno de orientación progresista como el de Ricardo Lagos. Optar por esta solución pragmática des del punto de vista político, aunque cuestionable moralmente, hizo que Lagos consiguiera una solución eficaz, mientras empezaba a funcionar la Corte Penal Internacional, un organismo para juzgar a los criminales de guerra. Para los simpatizantes pinochetistas y para el propio dictador, la impunidad ha sido la mejor salida puesto que el general disfruta de una pensión y del fuero, viviendo en una finca en el campo chileno. Hoy en día, en la Fundación Pinochet se agrupan los “incondicionales” del general, miembros del Ejército y poderosos empresarios de ideología de extrema derecha. Y es que la derecha chilena ha intentado desmarcarse de la figura de Pinochet. Los dos partidos políticos de la llamada derecha pinochetista (Unión Demócrata Independiente- UDI- y Renovación Nacional- RN-) padecen una fase de amnesia y ninguno de sus dirigentes hablan sobre la dictadura y el régimen militar, que hasta la detención de Pinochet había elogiado. Según la psicóloga especialista en el caso chileno, Elisabeth Lira, un sector de la sociedad chilena sigue “enfermo de terror y pánico”. Después de la detención de en Londres del general, en Chile aumentó el número de torturados durante la dictadura que reclamaron ayuda psiquiátrica. “La tortura es una de las experiencias traumáticas más dramáticas que puede padecer un ser humano”, apunta la psicóloga; y las víctimas vivas del régimen (los torturados) estarán durante toda su vida marcados por la dictadura. Aunque las cifras no son claras, el número de torturados es “terrorífico”: la vicaria de la Solidaridad tiene registrados 104.000 casos, mientras que la Comisión chilena de Derechos Humanos estima que fueron unas 500.000 personas las torturadas por el régimen.


 


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