Anuario 2003
Irak
"China: Los motivos del 'no': todo al servicio del expansionismo económico"
Marta Caseny

La crisis de Irak ha significado un punto de inflexión en la diplomacia china. Históricamente el país no ha tendido a tener ningún protagonismo en crisis internacionales y el hecho de que ahora se haya manifestado abiertamente contra el ataque militar a Irak e incluso dejara abierta la puerta del uso del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas si daba luz verde al ataque es un cambio que debe ser medido con atención. De hecho, debemos tener en cuenta que actualmente el verdadero foco de atención del Gobierno chino es la expansión económica del país y no la política exterior, con lo cual, el nuevo rumbo que parece haber tomado en lo concerniente a política exterior estará probablemente ligado al expansionismo de su economía.
Si comparamos la respuesta del Gobierno chino durante la operación Tormenta del Desierto en 1991 y su reacción ahora frente a la decisión de los EE.UU. de atacar Irak, vemos claramente que, efectivamente, la política exterior china ha sufrido un giro de 180 grados. En 1991 China se abstuvo de ejercer su derecho de veto y, en esta ocasión, aunque finalmente no podría haberlo ejercido porque el ataque se produjo sin esperar el consenso en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Gobierno chino tampoco había amenazado con bloquear la resolución final si daba luz verde al ataque militar. Se había limitado a sumarse a la declaración común suscrita por Francia, Rusia y Alemania que apostaba por impedir una resolución de la ONU que autorizara el ataque a Irak y a puntualizar, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, Tang Jiaxuan, que China tomaría la decisión sobre su derecho de veto en el momento en que le fuera requerido y "de acuerdo con la política exterior independiente y pacifista" del país. En el caso de 1991 la abstención de China tenía un objetivo muy claro: silenciar la condena internacional por la matanza de estudiantes que tuvo lugar en la plaza de Tiannanmen en 1989.

El objetivo del Gobierno chino al enfrentarse a la política belicista de los EE.UU. tiene ahora otra lectura distinta. En este caso, el Gobierno chino aprovecha la coyuntura internacional para alzarse como líder y portavoz del Sudeste asiático. Por otra parte, desde que en 1974 China introdujo el concepto de las Tres Chinas (Hong Kong, Taiwan y la China continental) no ha dejado de planear en el contexto internacional que a pesar del progreso económico, la China continental interior es, de facto, un subtercer mundo. Al alzarse junto a Francia, Alemania y Rusia contra la hegemonía belicista de los EE.UU., China esperaba ganar las simpatías de los países alineados bajo el "No a la guerra" y alejar así las miradas críticas hacia el paupérrimo interior del país. A la vez, confiaba en obtener además el amparo necesario para que la defensa de su hegemonía territorial frente a los países con los que hace frontera no fuera vista como un comportamiento belicista para con sus vecinos.

Hay también otro factor muy importante en la oposición china a la guerra: la necesidad de impedir el avance del poder norteamericano en Asia. Y, por extensión, el deseo de evitar que los países que forman parte de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) estrechen sus relaciones bilaterales con los EE.UU. El expansionismo de la economía china se debe medir también sobre la base de la influencia ejercida por los EE.UU. en Asia. En la medida en que el Gobierno chino consiga frenarla podrá paralelamente favorecer su expansión.

La posición de China con respecto al conflicto en Irak ha sido siempre clara. Su deseo era poner punto final al conflicto siguiendo los parámetros que se establecieran desde el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sin importar cuáles fueran. Durante la primera conferencia de prensa concedida el 18 de marzo por el primer ministro chino, Wen Jiabao, para aclarar la posición del país respecto al conflicto, insistió que la solución pasaba por la vía política y diplomática, por la ONU. Y aquella misma tarde el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores, Kong Quan, explicó también que China estaba trabajando con las Naciones Unidas para llegar a resolver el conflicto conforme a la legalidad internacional.

De hecho, el día 6 de marzo el presidente chino, Jiang Zemin, ya había mantenido con el primer ministro francés, Jacques Chirac, una conversación telefónica durante la cual el presidente chino se posicionó claramente a favor de continuar con las inspecciones de la ONU y optó por una resolución pacífica del conflicto.

La oposición de China a la decisión tomada por Washington de atacar Irak puede resumirse, según un análisis publicado a principios de marzo en el Diario del Pueblo (órgano oficial del comité central del Partido Comunista Chino) sobre la base de tres ejes: "un principio", "dos proposiciones" y "tres peticiones". El principio al que hace referencia es resolver el conflicto en Irak pacíficamente, mediante el diálogo y sin recurrir al uso de la fuerza. Las dos proposiciones son, en primer lugar, abogar para que la solución política del conflicto se enmarque en las resoluciones tomadas en el seno de las Naciones Unidas para mantener la unidad del Consejo de Seguridad y, en segundo lugar, trabajar para que se conceda a la Comisión de la ONU para la Observación, la Verificación y la Inspección de las armas en Irak (UNMOVIC) y a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) el tiempo, el personal y el equipo necesarios para llevar a cabo su trabajo. Por último, las tres peticiones incluyen el llamamiento al resto de Estados soberanos a que defiendan y respeten la soberanía e integridad territorial de Irak; que éste acate las directrices y resoluciones de la ONU y, finalmente, que la UNMOVIC y la AIEA refuercen sus investigaciones y sean objetivas en la realización de los informes que presenten posteriormente.

Pero sin embargo, la implicación china en la crisis de Irak tiene otra lectura distinta. Por un lado China quiere asegurarse la hegemonía en Asia y evitar el avance norteamericano, pero, por otro lado, su expansionismo económico está íntimamente ligado a la economía norteamericana. Actualmente la balanza comercial entre ambos países arroja un superávit para China de más de 100.000 millones de dólares, decisivos para el expansionismo de su economía.

China tampoco puede obviar el hecho que no tiene reservas estratégicas de petróleo y, para evitar depender en exceso del crudo proveniente de Irak y, como consecuencia, evitar depender de las exportaciones dirigidas desde Washington, está buscando soluciones a largo plazo, como contratar compañías de petróleo y gas rusas, indonesias, de Asia central o australianas. El año pasado China importó 71 millones de toneladas de petróleo, la mitad de las cuales provenían de Oriente Próximo, según datos recogidos por Antoaneta Bezlova en el Asia Times.

Pero los problemas energéticos de China no acaban con las importaciones de petróleo y su escasez de reservas: también se enfrenta a la falta de carbón. Según The Economist, el carbón, que supone un 70% del consumo de energía del país, se está también agotando. Una situación que Lang Qintian, representante de la industria del carbón en China, describía en marzo en The Economist como "uno de los grandes problemas escondidos del futuro del país" durante la sesión anual del Parlamento chino. Pero tras el inicio de la guerra en Irak, Pequín ha replanteado su estrategia. Por ello, según admitió al Asia Times He Maochun, profesor de relaciones comerciales con el extranjero en la Universidad del Pueblo de Beijing, "deberíamos concentrarnos ahora en ganar contratos en Irak. Nuestro modelo es Corea del Sur en los años 80; construyeron una carretera desde Bagdad a Amman y después de la Guerra del Golfo en 1991 prosiguieron con la reconstrucción". Por otra parte, Wang Jian, un economista del Instituto de Macroeconomía, especuló también en el Asia Times que "dado que la situación en Irak podría tener un impacto mayor en un periodo relativamente más largo de lo que la gente espera, los inversores internacionales podrían transferir su dinero a destinos con inversiones seguras como la China".

Más allá del beneficio que supondría para China conseguir contratos de reconstrucción de Irak y que inversores extranjeros giraran la vista hacia el país e invirtieran sus capitales allí, Antoaneta Bezlova apunta que el Gobierno chino está ahora también preocupado por asegurarse que el precio del petróleo iraquí no suba cuando las exportaciones estén en manos de Washington para que no se produzcan grandes fluctuaciones en el mercado mundial del petróleo que perjudicarían seriamente la economía china. Para mantener el nivel de crecimiento industrial necesario y lograr mantener el nivel de ocupación, China necesita que sus contratos petrolíferos se mantengan y no desequilibren la balanza.

El régimen de Pequín ve como, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas, va creciendo la presencia norteamericana en el Próximo Oriente y espera que esta guerra global contra el terrorismo no afecte a sus intereses.



 


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