Anuario 2003
Polonia
"La inestabilidad del Gobierno ralentiza las reformas para entrar en la UE"
Leticia Gonzálvez

El pueblo polaco aceptó con un “sí” optimista la entrada de su país en la Unión Europea (UE) el 1 de mayo de 2004. La clase política, que daba por hecho el éxito del referéndum, no le prestó mucha atención. Los escándalos de corrupción, la rivalidad entre el primer ministro y el presidente del país, y la salida de la coalición de Gobierno del Partido Campesino que le proporcionaba la mayoría, han dejado a los socialdemócratas de Leszek Miller en un estado de debilidad que les ha impedido sacar adelante las reformas exigidas por Bruselas en la Cumbre de Atenas, y que son requisito para entrar en la Unión. La Comisión Europea no lo ha pasado por alto: Polonia es el mayor país de la ampliación y es también el que presenta mayores deficiencias. Tiene seis meses para ponerse al día.
El 1 de mayo de 2004 Polonia entrará a formar parte de la Unión Europea, y la Comisión Europea ya le ha avisado de que si no cumple con los requisitos firmados en el Tratado de Adhesión –suscrito el 16 de abril en la cumbre de Atenas–, Bruselas podría poner en marcha las llamadas “cláusulas de seguridad”, aprobadas en el Tratado, que cerrarían el mercado comunitario a las exportaciones polacas (agrícolas, mayoritariamente).

Según la Comisión, el sector agrícola polaco se está retrasando a la hora de ajustar su legislación a los estándares europeos, especialmente en la producción cárnica y láctea. Si no se realizan los progresos suficientes antes del 1 de mayo, podría haber serias dificultades para pagar las subvenciones directas que el sector primario polaco deberá recibir de la UE una vez dentro. El informe de la Comisión enumeraba otros capítulos negativos, como la corrupción y los estrechos lazos entre la Administración pública y los políticos. Además, Polonia debe modificar su legislación en lo concerniente a la libre circulación de personas, de servicios, de capitales y de bienes; en las políticas de competencia; transportes; impuestos y control de alimentos. En total son nueve capítulos del informe, publicado en noviembre, que dan a entender que, pese a ser el país más importante de Centroeuropa, Polonia es el peor preparado de todos los futuros miembros de la UE.

A pesar de que el presidente de la Comisión, Romano Prodi, se mostró optimista con respecto al tiempo que queda para ponerse al día antes de mayo, el miedo se disparó entre la población, y especialmente entre los millones de granjeros polacos que creen que no podrán competir en el mercado europeo. La introducción de todas las medidas exigidas por la UE implicará un gran gasto que muchas pequeñas granjas no podrán costear. A pesar de que Polonia será el país que más se beneficie de los fondos comunitarios al sector agrícola, los pagos íntegros no se realizarán inmediatamente, sino desde 2004 y hasta 2013 sólo recibirán la cuarta parte del total de los pagos de la Política Agrícola Comunitaria (PAC), según lo establecido en el actual presupuesto comunitario. La incertidumbre del campesinado sobre qué pasará después de mayo es caldo de cultivo para los partidos “euroescépticos”, contrarios a la entrada del país en la UE. El partido nacionalista Samobroona (Autodefensa), liderado por Andrsj Lepper, ha alcanzado ya el tercer puesto en las encuestas de opinión y lucha por aumentar su 11 por ciento de representación en la Sejm (Cámara Baja del Parlamento).

La lentitud de las reformas tiene como origen sucesivos acontecimientos que han dado inestabilidad del Gobierno de coalición, liderado por Alianza de Izquierda Democrática (SLD). El 28 de febrero, el Partido Campesino (PSL), de la coalición gubernamental, votó en contra de la reforma fiscal, que prevé el aumento de los impuestos, propuesta por su socio, el SLD. El primer ministro, Leszek Miller, de SLD, pidió la renuncia de los dos ministros del PSL, que, con su salida, dejaron al Gobierno sin la mayoría.

Mientras, continúa la investigación sobre el “Rywingate”, supuesto soborno multimillonario en el que Miller está implicado, publicado por el prestigioso diario Gazeta Wyborcza en diciembre de 2002. En diciembre, el director de este periódico, Adam Michnik, destapó el escándalo, con tremendas repercusiones políticas. Según lo publicado, un conocido productor cinematográfico, Lew Rywin, en nombre del SLD, supuestamente había mantenido una conversación con Michnik en la que le solicitaba 17 millones y medio de dólares a cambio de introducir enmiendas a la propuesta de ley de medios de comunicación, que permitirían a Agora, editora de Wyborcza, comprar su primer canal de televisión, Polsat. Rywin dijo que su oferta se basaba en los planes de “un grupo en el poder”: aparte del primer ministro, nombró a Robert Kwiatkowski, director de la Televisión Pública polaca (TVP); y a un miembro del Consejo de Radiotelevisión Nacional (KRRiTv), Wodzmierz Czarzasty. El dinero debía ser transferido a la cuenta de Rywin para ser usado por el SLD. En el artículo, Wyborcza mencionaba la existencia de una cinta en la que Michnik había grabado la conversación.

Según el diario, esta conversación se había mantenido en julio de 2002, de modo que esperó seis meses para revelar el escándalo. En ese tiempo, alega Michnik, sus periodistas estuvieron llevando una investigación para descubrir si había alguien detrás de Rywin y cuál era su objetivo real. Un año después, el asunto sigue sin aclararse. En enero se formó una Comisión de Investigación parlamentaria sobre el caso, que ha debilitado mucho la popularidad del primer ministro, llamado a declarar en varias ocasiones. También el presidente del país, Alexandr Kwasniewski, mucho más popular que Miller, fue llamado a declarar tras haber reconocido que había oído rumores sobre el soborno antes de la publicación del artículo. Ambos negaron cualquier implicación. También Rywin se declaró inocente, “víctima de un ataque masivo lanzado por Agora”, según declaró ante la Comisión. Todos los implicados en el escándalo se han declarado inocentes, mientras que Michnik sigue sosteniendo lo publicado en el artículo. Como prueba, Michnik posee una cinta en la que supuestamente quedó registrada la conversación.

A pesar de que aún no han rodado cabezas, el resultado del escándalo ha sido el creciente disgusto de la opinión pública polaca con los políticos del Gobierno, herederos de los comunistas. A final de año, las encuestas revelan que el 70 por ciento de los polacos cree que la corrupción es un gran problema de Estado, mientras que en 2000 pensaba así un 46 por ciento de la población.

Entre la disolución de la coalición gubernamental, el “Rywingate” y la falta de consenso para las reformas económicas, la popularidad del primer ministro cayó en picado: sólo un cuarto de la población reconoce apoyarlo. Este hecho no ha hecho más que radicalizar la rivalidad entre el primer ministro Miller y el presidente Kwasniewski. En una entrevista a Rzeczpospolita, el 22 de marzo, Kwasniewski dijo que Miller debía resolver la cuestión de si era capaz de “seguir gobernando el país en este momento crucial para Polonia”. El presidente apuntó en la entrevista que, incluso sin el PSL, el Gobierno tenía la oportunidad de acabar la legislatura pero que también eran posibles elecciones parlamentarias anticipadas.

Estas declaraciones pusieron de relieve que Kwasniewski, compañero de partido de Miller, preferiría un nuevo primer ministro con mayoría parlamentaria, a la cabeza de un Gobierno fuerte para llevar a cabo duras reformas presupuestarias antes de la entrada en la UE. El presidente sólo aseguró que temía que la debilidad del Gobierno pudiera influir negativamente sobre los resultados del referéndum de entrada en la UE, los días 7 y 8 de junio.

Pero no fue así: los polacos dijeron “sí” a la entrada de su país en la UE, con el 77 por ciento a favor. Aprovechando el sentimiento de euforia general, Miller pidió al Sejm su voto de confianza, que legitimaría su Gabinete. A pesar de que las críticas en su contra habían llegado no sólo desde la oposición, sino también desde miembros de su mismo partido, el primer ministro ganó con un inesperado apoyo: 236 diputados a favor y 213 en contra. El propio Miller afirmó que no había esperado tal apoyo, que constituye la mayoría en el Parlamento. El voto a favor estaba justificado por el miedo a un colapso gubernamental que trajera consigo nuevas elecciones. De modo que la superación de la moción de confianza legitimó a Miller en el congreso del SLD, los días 29 y 30 de junio, durante el cual fue reelegido como líder del partido.



El apoyo a EE.UU. en la guerra de Irak enfrenta al país con Francia

Polonia, históricamente castigada por sus vecinos alemanes y rusos, se atrevió a desafiarlos al alinearse con Estados Unidos (EE.UU.) en la guerra de Irak. Puesto que Francia, Alemania y Rusia unieron sus fuerzas ante el ataque a Saddam Hussein, Polonia decidió convertirse en el principal aliado de EE.UU. en la Europa continental. Durante su primera visita al país centroeuropeo, el 31 de junio, el presidente estadounidense, George W. Bush, declaró: “Polonia es un buen ciudadano de Europa y un buen amigo de América”. Así lo demostró cuando Leszek Miller firmó la Carta de los Ocho, un artículo –publicado el 31 de enero– en el que ocho países europeos (Reino Unido, España, Italia, Portugal, Dinamarca, Hungría, República Checa y Polonia) manifestaban la necesidad de que Europa y América se mantuvieran unidas frente a la “amenaza” iraquí.

Buena parte del apoyo a la guerra lo aportaron otros siete países centroeuropeos que, sumándose a Polonia, República Checa y Hungría, firmaron el 4 de febrero una declaración conjunta de ayuda a EE.UU. En total, los firmantes fueron diez países, ocho de los cuales entrarán en la Unión Europea en mayo de 2004 (Polonia, Eslovaquia, Hungría, República Checa, Letonia, Estonia, Lituania y Eslovenia); los otros dos (Rumania y Bulgaria) son candidatos para la ampliación de 2007. Estos Estados, junto a los firmantes de la Carta de los Ocho, forman lo que el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, llamó la “nueva Europa”.

La alineación con EE.UU. le costó a Polonia –como a los demás países que entrarán en la UE en mayo de 2004– varias reprimendas por parte de Francia, que consideró que la actitud de los futuros miembros contribuía a la división de Europa. Sin embargo, una razón estratégica para justificar el movimiento de Polonia podría ser la intención de ésta de recuperar el interés de EE.UU. en Europa continental, creando un eje euroatlántico.

En virtud del apoyo prestado, Polonia tiene desplegado en Irak un contingente de 2.400 soldados que encabezan la fuerza multinacional de 9.500 combatientes en el sector centro-meridional del país. Inicialmente, EE.UU. cedió el control de la zona únicamente a Polonia, pero ésta se negó a hacerse cargo en solitario, de modo que se formó una fuerza de varios países, entre los que está España. La OTAN también aceptó prestar ayuda a las tropas polacas. Aunque los planes de la OTAN apenas incluyen asistencia técnica, ha contribuido con suministro de información, comunicaciones y logística; pero no con aportación de soldados. Las pocas pérdidas humanas en el contingente polaco han evitado el desprestigio de la actuación militar entre la población polaca, que en un principio se manifestó mayoritariamente en contra. Durante las negociaciones para la creación de una “Europa de la Defensa”, Polonia ha expresado claramente que se opone a cualquier proyecto de defensa comunitaria que reste poder a la OTAN, precisamente porque ésta comprende también a Estados Unidos.

Pero, a pocos meses de su adhesión a la UE (el 1 de mayo de 2004), Polonia ha sufrido un fuerte encontronazo con Francia. Uno de los motivos ha sido el apoyo prestado a Estados Unidos durante el ataque a Irak. El presidente francés, Jacques Chirac, increpó a los países de Europa Central que respaldaron la acción bélica: “Deberían mantener la boca cerrada”, les espetó. La respuesta del ministro de Exteriores polaco, Wlodzimierz Cimoszewicz, fue clara: “Nadie puede limitar nuestro derecho a defender nuestra postura”. Desde Francia, se acusó a Polonia de contribuir a la división europea, y de darle la espalda a la UE justo antes de su ampliación.

Pero, incluso acabada la guerra de Irak, ha sido difícil echar tierra de por medio. El inconformismo polaco ante el reparto de poder dentro de la UE propuesto por la Constitución Europea –secundada por Francia y Alemania- ha generado malestar en la sociedad francesa.

Respecto al reparto de poder en la UE, Polonia –apoyada por España y por otros futuros miembros– pretende mantener el sistema de voto ponderado aprobado en el Tratado de Niza (diciembre de 2000), y no el sistema propuesto en la Constitución, por el cual los países más pequeños pierden influencia frente a Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia.

Según el Tratado de Niza, Polonia tiene 27 votos en el Consejo Europeo, sólo dos menos que Francia y Alemania, por lo que resulta poco complicado lograr el apoyo de países pequeños y medianos para bloquear los acuerdos de los grandes países. Se trata del tradicional sistema de voto ponderado, según el cual el peso de cada país no guarda relación directa con la población. Sin embargo, con el sistema de la Constitución se disparan las diferencias con los grandes países y disminuyen las posibilidades de bloqueo, ya que prevé que las decisiones tomadas en el Consejo sean válidas cuando sean apoyadas por una mayoría de Estados que representen al menos al 60 por ciento de la población comunitaria. Éste es el sistema llamado de “doble mayoría”, en el que el poder de cada país está en relación directa con su población. Siguiendo el sistema de la Constitución –que no ha sido aprobada aún–, Alemania acapararía el 17 por ciento de los votos; Francia, el 13 por ciento; y Polonia y España, sólo el 8 por ciento.



Las exportaciones hacen crecer la economía

El crecimiento de la economía durante 2003 ha alcanzado casi el 4 por ciento del producto interior bruto (PIB). Es un buen dato, sobre todo si se compara con el crecimiento del año anterior, que fue sólo del 1,3 por ciento. El crecimiento del PIB, el mayor desde que se acabó el “boom” de finales de los noventa, se debe principalmente al aumento de la inversión y de las exportaciones.

El crecimiento de 2003 es fruto de una coincidencia favorable: la fuerte depreciación del zloty frente al euro provocó el estancamiento de la economía, y por tanto el estancamiento de la demanda interna. Esta situación llevó a las empresas a buscar salidas en el extranjero, aprovechando el estímulo de la debilidad monetaria.

Pero Polonia se enfrenta a amenazas económicas, sobre todo en el sector público. El problema es la desastrosa gestión de las finanzas públicas, a la espera de las reformas prometidas por el Gobierno. La deuda externa se ha doblado en tres años; la deuda pública ha alcanzado casi el 50 por ciento del PIB y podría alcanzar el 60 por ciento en un futuro próximo. El Banco Mundial calculó que el sistema de la Seguridad Social polaco consume el 20 por ciento del PIB y el 45 por ciento del gasto público, uno de los mayores índices en el mundo industrializado.

Las esperanzas de reforma fiscal y de recortes del déficit estaban depositadas en Grzegorz Kolodko, ministro de Finanzas, cuya propuesta se dirigía a mantener el gasto público en niveles bajos y no cambiar los impuestos. Kolodko dimitió de su cargo el 11 de junio tras un enfrentamiento con el ministro de Economía y Trabajo, Jerzy Hausner, quien abogaba por una política fiscal más relajada para estimular la demanda, basada en cortes a los impuestos y grandes déficit presupuestarios, así como retrasar la entrada del euro. El primer ministro respaldó las propuestas de Hausner –uno de los hombres fuertes del Gabinete–, tras lo cual Kolodko abandonó el Gobierno a sólo dos días de la moción de confianza.



Cronologia año  2003
7 de enero. Comienza la investigación por el “Rywingate”

28 de febrero. El Partido Campesino (PSL) de la coalición gobernante vota en contra de una iniciativa de impuestos. Miller pide la renuncia de los dos ministros del PSL tras una pelea entre los dos socios

1 de marzo. El gobierno de coalición se disuelve con la salida del PSL.

29 de marzo. El presidente Alexandr Kwasniewski pide la dimisión del primer ministro para que el escándalo de corrupción no perjudique la oportunidad de entrar en la UE.

16 de abril. Firma del Tratado de Atenas de adhesión a la UE

7 de mayo. Polonia rechaza asumir en solitario el mando militar de su región en Irak.

6 de junio. El canciller Schröeder visita Polonia buscando la reconciliación tras la tensión de la guerra de Irak. Kwasniewski reitera por televisión la dimisión de Miller.

10 de junio. Referéndum de entrada en la UE, con un 77% a favor

13 de junio. El gobierno supera el voto de confianza, gracias en parte al refuerzo del voto de entrada en la UE.

24 de junio. Polonia impone una multa de 2.600 euros a un barco fletado por feministas para abortar en alta mar.

31 de junio. Bush visita Polonia para estrechar lazos con su nuevo aliado, en reconocimiento por el apoyo a la guerra de Irak

3 de septiembre. EEUU cede la autoridad de una zona del centro de Irak a la fuerza multinacional dirigida por Polonia.

1 de octubre. Por exigencia de la UE, se exige visado a cada visitante de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, mientras que antes bastaba un pasaporte para entrar en el país. España y Polonia hacen frente común para defender su poder en la UE.


 


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