Anuario 2003
Siria
"El legado de la bestia"
Héctor García

Cuando el presidente Bashar el Assad tomó el poder en julio de 2000, el Times de Londres publicó un análisis sobre las expectativas del nuevo gobernante con el título Las miradas se vuelven hacia el estudiante aventajado. Bashar el Assad, licenciado en Oftalmología por una prestigiosa universidad británica, declaró en el discurso de su investidura que pretendía llevar a cabo una reforma profunda que acabaría con la corrupción en el Gobierno y que pondría al país “en el camino de la democracia”. Desde que fue designado sucesor de su padre en la presidencia, debido al accidente mortal de su hermano Basil, Bashar había empezado a aparecer en público, con muestras de una voluntad aperturista respecto a la línea oficial del partido Baas: amparó en ocasiones la labor de periodistas críticos con el régimen y ayudó a relajar el control policial sobre las organizaciones humanitarias y las que luchan por los derechos civiles. Sus estudios de medicina en el extranjero le valían para presentarse ante el pueblo como un joven “moderno”, un “doctor”, en apariencia alejado de la conducta policial que los sirios temen de su Gobierno.
Tres años después, el talante reformista del presidente sólo se ha manifestado en la superficie. El Gobierno de Assad ensaya una reforma económica de riesgo, y mantiene atada la reforma política. En el fondo Siria vive sumida en la dictadura socialista que ha consumido el país desde que el partido Baas asumió el poder en 1963. El anterior presidente, Hafiz el Assad, ató los cabos sueltos del dominio del partido durante su mandato, absorbiendo al resto del espectro político (formado por tres partidos entonces, convenientemente purgados) en un Frente Nacional de Progreso, una suerte de consejo más que una coalición democrática, que controla el partido dominante. Creó un enorme aparato policial del Estado con 13 cuerpos paramilitares, para colocar al frente de ellos a familiares y amigos, y se aseguró de que los nuevos jefes estuvieran bien situados en la cúpula del Baas, favoreciéndolos en el poder en función de la adhesión a su persona. Assad padre ancló la doctrina del partido en todos los sectores de la sociedad siria, desde la educación infantil a la vida doméstica, pasando por el Ejército. Y acabó de perfilar el corte presidencialista del régimen, celebrando el culto a su persona durante los últimos años de su mandato y de su vida.

Desde entonces, el aparato político y militar del Estado ha servido para proteger al presidente y salvaguardar a la élite familiar que controla el país. Con el Doctor Bashar el Assad no ha cambiado el estilo. De hecho, él mismo tuvo que preparar con cuidado su entrada en el poder, tras la muerte de su hermano, sustituyendo a los jerarcas reticentes con su ascensión por otros de la vieja guardia muy próximos a su familia y a su padre. Los retoques de Bashar al férreo régimen se han limitado a tolerar la publicación de tres periódicos, los tres controlados por los partidos que forman el Frente de Progreso, y a transigir con los llamados foros de diálogo, unas reuniones de intelectuales y de unos pocos políticos independientes, que se celebran en la semiclandestinidad y están estrechamente supervisadas por la policía, y que suelen acabar con arrestos o con peleas provocadas por agitadores del Baas, que hacen uso de su derecho de asistir a las reuniones exclusivamente para boicotearlas. La ley de Emergencia, que permite a la policía mantener un arresto sin presentar cargos y privar de asistencia legal a los presos políticos, no ha sido derogada, y es vigente desde 1963. Según el informe de Amnistía Internacional de octubre-noviembre de 2003, el Gobierno ha cerrado una de las mayores cárceles de presos políticos pero la policía mantiene una quincena de prisiones donde se practican torturas, la visita de familiares no está permitida y los presos no disponen de asistencia médica, ni de las condiciones sanitarias en prisión aptas para la vida humana. La policía no investiga las denuncias presentadas en ese sentido por organizaciones humanitarias, según el mismo informe. El Gobierno de Assad ha abolido los tribunales de “Seguridad del Estado”, unos tribunales de excepción que juzgan también los delitos políticos no violentos, pero el sistema penitenciario sirio está basado en el castigo antes que en la reinserción del preso y el sistema judicial dista mucho de ofrecer las garantías de igualdad ante la ley para los ciudadanos, que no pueden apelar las sentencias una vez dictadas, ni solicitar la revisión de su caso por una instancia superior. Tribunales militares siguen funcionando para juzgar a civiles.

Los analistas prevén que la reforma económica de la que se ufana el nuevo Gobierno tenga escaso éxito. La apertura controlada del mercado arrastra una industria que sale de treinta años de planes quinquenales mal desarrollados, una industria carente de las infraestructuras para volverse competitiva a corto plazo. Es difícil que se produzca la inversión extranjera que necesita Siria para llevar a cabo su programa de privatización, si la orientación errática del Gobierno en la planificación económica sigue contrarrestando con medidas de control los pocos pasos que se dan hacia la apertura, como seguir fijando precios para los productos de consumo; medidas que anulan el sentido de cualquier inversión en el país. Actualmente, la inversión exterior es del 1%. La guerra en Irak ha obligado a Siria a destinar sus reservas de crudo para consumo propio, eliminando por un periodo largo uno de los ingresos capitales del país. Un ejemplo de la situación general es el problema del agua y su gestión. Dejando de lado la hostilidad de la vecina Turquía, que ha construido numerosas presas en el curso alto del Éufrates que estrangulan el caudal que llega al territorio sirio, en el curso bajo (a pesar de existir un acuerdo entre Siria, Turquía e Irak para distribuir equitativamente el caudal), la dependencia de los programas de ayuda económica internacionales y la tardanza en aplicarlos, para implantar sistemas de riego modernos y sistemas de ahorro del agua eficientes, han hecho emigrar en masa a la población desde el campo a las zonas urbanas. La industria nacionalizada, en la que no se invierte y funciona a duras penas, no ha podido absorber a la demanda de trabajo y como resultado el 20% de la población activa se ve obligada a vivir de la mendicidad. Las expectativas de futuro para la muy joven población siria, en un país de escasez, son nulas. La educación está completamente impregnada de la ideología del partido Baas. A pesar de que el Gobierno cobra dinero de programas internacionales de desarrollo humano para construir escuelas, llevar a cabo programas de alfabetización de las zonas rurales y facilitar el acceso universal a la educación, no cumple los plazos. El Ejército, en el que el Gobierno invertirá casi la mitad de todo el presupuesto del año 2004, constituye la mejor salida laboral para los más pobres. También la policía, para los que estén dispuestos a lidiar con las consecuencias de formar parte de la terrible “seguridad” del Estado.

La guerra en Irak ha contribuido a mantener tenso el enfrentamiento entre Israel y Siria, y ha favorecido un cambio de actitud del Gobierno de Assad con los países de la región, bajo la vigilancia cercana de Estados Unidos. En noviembre, el raid de las Fuerzas Aéreas Israelíes sobre unas bases de entrenamiento de Hezbollah a escasos kilómetros de Damasco fue la advertencia de Israel para con sus vecinos hostiles, entre los que Siria destaca. Los avisos de Estados Unidos para que Siria deje de alojar a organizaciones como Hezbollah han crecido de tono, hasta el punto en que el Gobierno norteamericano, aunque no ha escuchado las voces que en su momento pedían la invasión de Siria, sí ha considerado la posibilidad de imponer sanciones económicas a este país. En el escenario que deja la guerra en Irak, Siria se encuentra en una posición delicada, con el aliado de su enemigo ancestral al otro lado de la frontera. Por este motivo, el presidente Assad se ha apresurado a emprender una ronda de conversaciones con los Gobiernos de los Estados vecinos para restablecer unas relaciones amistosas cuanto antes. Pero se deduce, sobretodo por la continuidad de la política hostil contra Israel, con el que se niega a negociar, y por la postura de desafío ante las exigencias de Estados Unidos, a las que responde con amenazas y evasivas, que el Gobierno sirio antepone los objetivos históricos del partido Baas al bienestar y el equilibrio del país. Sin embargo los ideales de la revolución árabe socialista, por obra del partido en el poder y del anterior gobernante, han generado una maquinaria que no puede tener otro propósito que la guerra y la represión. Sobre ella, está instalada una familia corrupta que abusa del pueblo, que no impide que la policía exija el pago de un rescate por devolver a un detenido, mientras inunda de dinero y de prestaciones el pueblo de origen del clan, en la provincia de Lataquia. El poder se mantiene atado a Bashar el Assad por una complicada trama de relaciones familiares y tratos de favor que no se ha atrevido a desmadejar; tal vez por su propia seguridad. Firmes intervenciones del Doctor Bashar, en las que dejó claro que es delito cuestionar (en los nuevos foros de diálogo, único vehículo de expresión ciudadana) “la misión indiscutible del Baas de liderar a la sociedad siria”, como también lo constituye debatir “los aciertos y los errores” del actual Gobierno y del anterior, demuestran que no tiene en mente acabar con ese sistema corrupto. Su padre, Hafiz el Assad, además de darle las riendas del país, le dio un apellido nuevo, Assad (“león”), de resonancias más nobles que Al Wahash (“la bestia”), que hasta que el patriarca decidió cambiarlo, era el apellido de la familia. Lo que Bashar el Assad heredó en 2000, un Estado policial, no ha dejado de serlo.



Cronologia año  2003
Enero. El editor de diario “Al Hayat”, I. Humayda, es arrestado bajo la Ley de la Prensa de Siria y condenado a tres años de cárcel, acusado de publicar noticias incorrectas. El artículo desencadena el arresto y la condena de Humayda está relacionado con las decisiones gubernamentales para prevenir una posible ola de refugiados del vecino Irak, y la posible entrada en el país de miembros del régimen derrocado. El presidente sirio, Bashar el Assad, expresa su rechazo a la ministra de Exteriores española, Ana de Palacio, porque se fuerce el exilio de Saddam Hussein.

Siria firma una declaración conjunta con Egipto, Turquía, Irán y Arabia Saudí en la que instan a Irak a cooperar con la ONU, pero no mencionan a Estados Unidos en el documento. Donald Rumsfeld advierte a Siria que Estados Unidos considerará una acción “hostil” cualquier suministro a Irak mientras dure la guerra.

Marzo. Se realizan elecciones para escoger los representantes de la Octava Asamblea del Pueblo. El Partido Baas gana 167 escaños, los 83 restantes los ocuparán independientes. Amnistía Internacional denuncia la muerte por torturas de un periodista canadiense en una cárcel siria.

Abril. Estados Unidos acusa a Siria de ser fabricante de armas químicas y de estar alojando a antiguos miembros del régimen de Saddam, así como a grupos armados con fines terroristas. Siria niega las acusaciones, pero ofrece colaboración para que se abran inspecciones. Gran Bretaña desmiente los rumores que plantean una posible invasión de Siria. El portavoz del Gobierno estadounidense Ari Fleischer advierte que su Gobierno podría usar sanciones económicas para frenar el desarrollo del plan armamentístico sirio. Días más tarde Siria rechaza que la ONU envíe una misión de inspección para certificar que no fabrica armas de destrucción masiva. Ana de Palacio afirma que Siria es un país serio en sus relaciones internacionales.

Mayo. Siria niega las acusaciones de la Agencia de la ONU para el desarrollo de estar militarizando la educación, y retira la obligatoriedad del uniforme caqui entre los alumnos de educación primaria y secundaria. El secretario de Estado norteamericano visita Siria y advierte que Estados Unidos “vigila los pasos de Siria”. El presidente Assad califica el encuentro de cálido y constructivo. Hezbollah rechaza desde el Líbano los argumentos de Powell para aceptar la paz.

Junio. Soldados sirios atacan un convoy militar iraquí que transportaba lingotes de oro, que estaba siendo tiroteado a la vez por una patrulla norteamericana. Los soldados sirios fueron arrestados por el Ejército norteamericano y liberados diez días más tarde.

Agosto. Estados Unidos permite reestablecer el comercio entre Siria e Irak. La ONU alerta de que el comercio se produce de manera ilegal, en su mayoría.

William Burns, enviado especial de Estados Unidos a Oriente Próximo, visita Siria y se reúne con el presidente Assad para debatir sobre el proceso de paz entre Israel y Palestina, con el claro mensaje del Gobierno norteamericano de que el país se “arriesga a percibir sanciones económicas” si sigue “hospedando a organizaciones armadas con fines terroristas”.

Octubre. Un raid de las Fuerzas Aéreas Israelíes destruye un conglomerado de edificios a cincuenta kilómetros de Damasco, identificado por el Gobierno de Israel como un campo de entrenamiento de Hezbollah. Dos días más tarde, otro ataque aéreo israelí sobre el norte del Líbano arrasa una presunta fábrica de armamento de Hezbollah. Siria amenaza con actuar militarmente contra Israel si se produce una nueva agresión de este país en territorio sirio.


 


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