Anuario 2003
Israel
"La sombra de Sharon"
Héctor García

Las elecciones generales de Israel, en enero de 2003, dieron como vencedor a Ariel Sharon. El actual primer ministro israelí presentaba su candidatura en medio del escándalo causado al hacerse público un informe judicial en el que se mostraban indicios de que Sharon había financiado ilegalmente su campaña para acceder a la presidencia del Likud en 1999, con dinero extranjero filtrado a través de una serie de empresas ficticias, controladas por sus dos hijos, Omar y Gilad Sharon. El actual primer ministro se limitó a desmentir reiteradamente las acusaciones, y sorteó la investigación policial con habilidad, de forma que nada pudo ser probado contra él y sus hijos. Y la investigación policial no pudo conseguir pruebas posteriores que demostrasen la implicación del nuevo primer ministro en el asunto, así que todo se dejó en punto muerto. El Likud resultó el vencedor de las elecciones, pero no con mayoría, y Ariel Sharon se apresuró a formar gobierno con el ultraortodoxo Partido Nacional Religioso y el liberal Shinui, ante la negativa del líder laborista, Amram Mitzna, para participar en una coalición de los dos principales partidos estatales. Poco tiempo después, Sharon admitió que “algunas contribuciones” con las que había contado su campaña para la presidencia del Likud no eran “del todo” legales, y devolvió al Estado un millón y medio de dólares de esas contribuciones.
Tan sólo un año después de aquella victoria del Likud, la fotografía actual de la inestabilidad política y económica de Israel, inevitablemente ligada al resurgir del conflicto con Palestina, revela cuán trágica fue la derrota para el Partido laborista, y lo difícil que será hacer borrón y cuenta nueva del mandato de Ariel Sharon, que está resultando nefasto para el país.

Las causas del fracaso del Partido Laborista son muchas. Mientras la opinión política del país se decantaba hacia la derecha, antes de las elecciones, debido al coste en vidas humanas que el renacimiento de la Segunda Intifada había dejado en el lado de Israel desde 2000, el líder del Partido Laborista, Amram Mitzna, que fue el candidato para enfrentarse a Sharon, gastó las buenas perspectivas que favorecían a su candidatura (podía presumir de la limpieza de su campaña respecto a la del oponente) defendiendo a Arafat como interlocutor válido para negociar con los palestinos, y también defendió ciertas concesiones a los palestinos con las que jamás podría haber atraído a posibles votantes desencantados del Likud. Sin ser del todo bien visto por la dirección de su propio partido por estas posiciones, Amram Mitzna asumió el papel de salvador del laborismo en un momento en que la izquierda, erosionada por la indecisión del anterior Gobierno de Barak respecto al conflicto palestino (por su postura tibia con los colonos, entre otros motivos) y por la larga cuenta de los atentados de la Intifada, no contaba con la simpatía de sus votantes tradicionales. El programa de Mitzna para salvar a su partido fue inspirado por corrientes más próximas al Partido Meretz, bastante más a la izquierda que el Partido Laborista. De esta manera, Mitzna también perdió a los votantes más conservadores del laborismo, con su apuesta por un programa mucho más radical que el habitual del partido, sobre todo respecto al conflicto con Palestina.

Cuando Sharon se alzó con la victoria, Mitzna dejó el cargo en manos de Simón Peres y de una dirección mucho más conservadora en sus tesis sobre el conflicto palestino, aunque carente de un programa distinto del propuesto por el Likud. Desde la salida de Mitzna, el laborismo israelí ha dudado, ha retrocedido, y finalmente se ha cruzado de brazos, sin haber conseguido definirse como una oposición con voz propia frente al Likud. Y no se trata de algo que la aparición de un nuevo líder, refrendado por la dirección, pueda solucionar por sí sola; sino que el viraje hacia el conservadurismo, que empezó a producirse durante el Gobierno de Barak, ha acabado por hacer extraña la convivencia de la dirección con la identidad original del partido. No es extraño entonces que haya sido el partido Meretz quien se haya beneficiado de la falta de propuestas del laborismo para sacar adelante iniciativas políticas y sociales que, en otra época, tal vez hubieran sido apadrinadas por el Partido Laborista, como los Acuerdos de Ginebra. Pero Meretz es un partido minoritario, que no puede hacer una oposición al Gobierno de Sharon, mientras que el Partido Laborista parece asumir la política del Likud sin demasiados problemas desde que perdió las elecciones. La negativa a respaldar a su tradicional socio de izquierdas, el Meretz, en la campaña a favor de la oficialidad de los acuerdos de Ginebra, ya que hacerlo sería arriesgarse a perder votos futuros, es sólo una muestra de que ese cambio ha sido más brusco de lo que se sospechaba.

Sin embargo, una oposición fuerte serviría para controlar la desmesura del Gobierno de Ariel Sharon. Las acusaciones de corrupción que llenaron de polémica su reelección en enero, recientemente se han probado fundadas. El 12 de enero de 2004, el Canal 2 de la televisión israelí emitía un programa especial en el que se desvelaba que, en efecto, el primer ministro estaba al tanto de la financiación ilegal de su campaña de 1999. El descubrimiento se hizo posible gracias a una grabación magnetofónica, realizada por un antiguo colaborador de la campaña, David Spector, en la que se podía escuchar a Sharon solicitando de él detalles sobre unos depósitos millonarios procedentes del extranjero que debían haberse hecho efectivos en diferentes cuentas personales del primer ministro, a la vez que Sharon pedía la discreción de su interlocutor. La revelación podría ser la prueba definitiva para inculpar a Sharon por fraude en la campaña de las primarias del Likud, pero sobretodo podría servir para que la justicia de Israel decidiera seguir adelante con la investigación de los otros negocios oscuros del primer ministro y de sus dos hijos. Las pesquisas de la policía económica se detuvieron cuando no pudieron probar si el primer ministro podría estar implicado en otros delitos más graves con relación al caso Cyril Kern. Omir y Gilad Sharon, junto con su padre y un magnate surafricano llamado Cyril Kern, habrían creado, según fuentes de la investigación policial, una trama de empresas ficticias para recibir cuantiosos sobornos por la concesión exclusiva e ilegal de licencias de construcción y por el pago de otros trueques y favores ilícitos. La cinta magnetofónica, que fue presentada en televisión por Spector, iba acompañada por otro documento que podría contener datos interesantes para la investigación del caso Cyril Kern. La justicia tiene ahora motivos para exigir a Omir y Gilad Sharon los documentos que se negaron a facilitar a la policía cuando se destapó el escándalo de las irregularidades en la financiación de la campaña, y lo que haya en dichos documentos determinará probablemente la implicación del primer ministro y de su familia en uno de los más flagrantes casos de corrupción que se haya conocido en el país.

Mientras pende esta espada de Damocles sobre el primer ministro, la politica de represión contra Palestina que ha llevado a cabo Sharon desde que llegó al poder pone al país en apuros económicos. Es cierto que Israel sale de dos años de recesión, y que actualmente acusa el descenso de la demanda internacional de productos de alta tecnología, de los que es uno de los primeros exportadores mundiales. Pero el avivamiento del conflicto con Palestina ha provocado que se anulen las ventas de cemento y alimentos con este país, de forma que numerosos negocios dedicados a esos sectores se han visto obligados a cerrar. El plan de austeridad del flamante ministro de Finanzas, Benyamin Netanyahu, para reducir el déficit del presupuesto, no pone las cosas más fáciles: el plan prevé un recorte del gasto público de 24 millones de dólares en pensiones, salarios y el despido de unos 2.000 trabajadores del Estado. Las dos huelgas masivas convocadas por el sindicato mayoritario Histadrut, que paralizaron el país en abril y en mayo, no han arrancado concesiones del Gobierno. En la cuestión de las pensiones, el Gobierno permite con el plan que los empresarios que no pagaban la Seguridad Social de sus trabajadores sigan sin hacerlo. El paro ha crecido hasta el 10,8%. Los analistas prevén que Israel tardará en recuperar la dinámica de crecimiento que había demostrado hasta ahora, e indican que para 2004, el país sólo crecerá un 1% del PIB. La inversión extranjera en 2003 descendió a 3,8 mil millones de dólares, una inversión escasa respecto a la de 1999, que se aproximaba a los ochenta mil millones de dólares. Sin embargo, aunque un recorte del presupuesto militar estaba previsto inicialmente en el plan de austeridad, el Gobierno ha preferido desviar ese recorte hacia la educación. El Ministerio de Educación contará con 520 millones de shekels menos (unos 118 millones de dólares) y Netanyahu ha puesto sobre la mesa el despido de unos 2.000 maestros en todo el país. Una medida poco lógica, si se tiene en cuenta la poca previsión del Estado en la gestión de la educación, cuyo sistema necesita una reforma estructural profunda, para solventar la discriminación de las escuelas musulmanas, y la (…) privilegios de las escuelas rabínicas, que son mayoritariamente instituciones privadas pero cuentan con una financiación casi completa del Estado, lo que va en detrimento de las escuelas e institutos no religiosos públicos, que no gozan de tantas ayudas. También se da el hecho que en los institutos musulmanes se enseña el inglés como tercera lengua, después del árabe y el hebreo, que es obligatorio. En los institutos judíos el inglés se enseña como segunda lengua, con un horario lectivo mucho más amplio y cómodo para el alumno. Este sistema provoca que los alumnos musulmanes que consiguen llegar a la universidad, se encuentran con que el nivel de inglés que se exige para acceder a ella está muy por encima de lo que han podido aprender en el bachillerato, y se ven obligados a completar los estudios de inglés por su cuenta. Una reforma de la educación bien planteada serviría también para acabar con ciertas prácticas que impiden al sistema educativo israelí ofrecer una enseñanza de calidad, como por ejemplo, que los profesores más antiguos no puedan ser despedidos, sea cual sea su aptitud profesional. De todas formas, el gasto militar seguirá absorbiendo el 10% del presupuesto nacional.

Lo que alimenta ese gasto militar, la politica hostil de Sharon contra Palestina, la relación hostil con algunos de los Estados vecinos y la obsesión por la seguridad, no sólo ahogan el motor económico del país, sino que ponen a Israel en una paradójica situación de riesgo. Hace tiempo que Israel cuenta con el apoyo de Estados Unidos para aplicar la estrategia de seguridad nacional que le conviene. Anteriores Gobiernos de Israel cargan a sus espaldas una larga cuenta de asesinatos de dirigentes de grupos armados palestinos y de masacres de civiles. Pero la política de seguridad nacional puesta en práctica por la Administración Bush, cuya prioridad es la “lucha contra el terror”, que fue asumida por el actual primer ministro israelí, Ariel Sharon, promete cosechar peores tempestades. La lógica con que han justificado George W. Bush y Ariel Sharon la “guerra contra el terror” no difiere de la que usaron ciertos regímenes para arrastrar al mundo a la Segunda Guerra Mundial, armada como está de un escudo dialéctico que le impide distinguir entre “terroristas” y los que se resisten a ser oprimidos. La clara muestra de esa idea desquiciada que el primer ministro israelí tiene de la seguridad nacional es la construcción del Muro de la Vergüenza, o la Barrera de Seguridad de Cisjordania. El muro constituye una de las agresiones más evidentes para con Palestina, y para los derechos humanos. Con su construcción, el Gobierno de Sharon pretende anexionarse de facto una tercera parte del territorio de Cisjordania. El Gobierno de Sharon está expropiando tierras, la principal fuente de trabajo y recursos con que cuentan los palestinos, y reservas de agua que son propiedad de Palestina, sin pagar ni un shekel de compensación. Todo ello con el apoyo del Gobierno norteamericano.

Cabrá observar en el futuro si la presencia militar norteamericana en la región ayuda a diluir las tensiones entre los Estados que la vertebran, teniendo en cuenta la catadura de la doctrina con la que el presidente norteamericano George W. Bush pretende convencer al mundo. Pero el rencor que despierta Israel entre sus vecinos, que no puede sino crecer con la política que Sharon aplica, no se detendrá ante ninguna “barrera de seguridad”. No puede ser acallado por el ruido de los tanques.

Y mientras el país va a la deriva, porque el primer ministro se niega a escuchar razones para negociar con Palestina y mantiene la misma determinación para hacer la guerra, y porque el primer ministro se ve salpìcado por la cochambre de ser acusado de presuntos delitos de corrupción, de momento sólo el partido Meretz ha asumido la responsabilidad de ofrecer una propuesta con que la otra parte de la sociedad israelí, hastiada de dolor y sangre, puede identificarse, ya que no con la cruzada por las tierras del Israel bíblico, que predican otros sectores de la ortodoxia religiosa y de la derecha política israelí, sin reparar en los costes. La convocatoria del pacifismo en Israel ha dado como fruto los Acuerdos de Ginebra, una de las alternativas más valientes y concretas para poner punto y final al conflicto entre Israel y Palestina, pero también para que los israelíes puedan sentirse por fin orgullosos de no tener un Gobierno criminal.



Cronologia año  2003
Enero. La tensión electoral se dispara cuando Sharon, en un discurso televisado, se defiende de las acusaciones versadas contra él por presunta corrupción. El discurso es suspendido a mitad de emisión por mandato judicial. El candidato laborista, Amram Mitzna, es acusado de blanquear dinero de la droga a través de una trama de empresas ficticias, con la colaboración de dos hermanos suyos que ya habían sido juzgados en Estados Unidos por narcotráfico. El Likud gana las elecciones. Son las primeras con una participación tan baja (el 68,5%).

Febrero. El Likud forma coalición con el Partido Nacional Religioso y con el Shinui, obteniendo los 19 escaños que necesitaba para la mayoría. El Partido Laborista se niega a participar en la coalición de Sharon. La Corte Suprema de Bélgica enmienda su ley de Responsabilidad Penal Universal, abriendo la posibilidad de juzgar a Sharon por crímenes de guerra, relacionados con la matanza en los campos de refugiados de Sabra y Chatila (Líbano) en 1982. El Gobierno reacciona airadamente y denuncia una “persecución internacional contra los judíos”. El Gobierno aprueba un recorte del gasto público de 12 a 14 millones de shekels, que comportará el despido del 10% del funcionariado, incremento de las tasas para los medicamentos, recortes en la educación y un buen mordisco en las pensiones.

Marzo. Los partidos ortodoxos Shas y Yaadouth Atora promueven una moción de censura contra Sharon por haber “violado el statu quo religioso” y explotar la “situación económica y social” precarias.. El recorte del presupuesto de educación será de 520 millones de shekels. El líder del Histadrut Eylan Cabel amenaza con una huelga de los trabajadores de la enseñanza y pide una reunión de urgencia del Parlamento.

Abril. Una huelga masiva de 70.000 trabajadores del sector público, en protesta por el plan de austeridad, paraliza el país. El ministro de Exteriores reafirma la postura de Israel ante Estados Unidos de no mantener contactos con la Autoridad Palestina mientras sigan los ataques terroristas, pero acepta una “Hoja de Ruta reformada”. El Gobierno de Israel y Alemania firman un acuerdo de intercambio cultural después de 60 años del final de la II Guerra Mundial. Acaba el mandato de los dos grandes rabinos de Israel. Méir Lau, de la comunidad askenazí, y Eliahou Baksi Doron, de la comunidad sefardí, son sustituidos por Yona Metsger, antiguo capitán de tanquistas, y por Shlomo Amar, autor de un decreto religioso polémico que excluye a los judíos etíopes.

Mayo. El comandante en jefe de Operaciones del Ejército de Israel, Eli Yaffe, reconoce estar al tanto de que “casos excepcionales” de violaciones de los derechos humanos se producen en Gaza y Cisjordania. Colin Powell visita Israel y se reúne por separado con Abu Mazen, primer ministro palestino y Sharon, a los que insta a “ponerse a trabajar” en la aplicación de la Hoja de Ruta. Amram Mitzna, antiguo alcalde de Haifa, dimite como líder del Partido Laborista. El ministro de Finanzas, Benyamin Netanyahu, acuerda con Histadrut reducir los despidos “de manera provisional”. Los servicios vuelven a la normalidad después de un mes de huelgas. El líder del Partido Shinui, Tomy Lapid, declara que votará en contra del plan económico de Netanyahu por la rebaja de ayudas fiscales a las familias. Los rabinos de Yesha (Cisjordania y Gaza) se pronuncian en contra de la aplicación de la Hoja de Ruta.

Junio. El diputado del Partido de la Torah (ultraortodoxo) Uri Lupoliansky es elegido alcalde de Jerusalén. Bush declara en la cumbre de Sharm el Seikh que “la Tierra Santa debe ser compartida”. En la sede del Likud se recibe a Sharon con abucheos, por su compromiso para aplicar la Hoja de Ruta, bajo la presión estadounidense. Bélgica anuncia que no actuará judicialmente contra el director general del Ministerio de Defensa israelí, Amos Yaron, en relación con las masacres de Sabra y Chatila, y tramita el dossier a Israel.

Julio. Un hijo de Sharon, Gilad, sufre una investigación judicial acusado de fraude y por falsificar una garantía bancaria para un amigo de la familia, y por financiar la campaña de la presidencia de su padre en el Likud a través de una trama de empresas inexistentes que habrían servido para filtrar dinero procedente de EE.UU. y Europa.

Agosto. Al menos diez pilotos de élite de las Fuerzas Aéreas de Israel comunican al Gobierno que se niegan a participar en incursiones en Gaza y Cisjordania, según el periódico “Haaretz”. Netanyahu anuncia un plan para la integración en el mundo laboral de las madres solteras. Negociaciones de Mofaz, titular de Defensa, con Netanyahu, consiguen evitar un recorte del presupuesto militar. Netanyahu estudia también desgravar el 13% de los impuestos a los habitantes judíos de Gaza, por ser susceptibles de sufrir ataques terroristas.

Septiembre. Los graves desacuerdos entre Sharon y el titular de Defensa, Shaul Mofaz, provocan que la construcción del nuevo tramo de la Barrera de Seguridad con Cisjordania se retrase. Mofaz insiste en que la Valla debe comprender los municipios de Ariel, Kedumim y Enmanuel. Un nuevo escándalo salpica a Sharon, cuando se descubre que podría haber favorecido el trato de unos amigos con el Ministerio de Transportes.


 


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