Anuario 2003
Rusia
"La detención de Jodorkovski cuestiona la falta de libertades en Rusia"
Leticia Gonzálvez

Vladimir Putin preside un régimen con tendencias autoritarias, sometido a su obsesión por ganar las elecciones de mayo de 2004. Elecciones manipuladas en Chechenia, asesinatos políticos, censura en los medios de comunicación, persecución de los oligarcas que aspiran a ser candidatos en las presidenciales... Son prácticas habituales para un Kremlin monopolizado por los “chequistas”, políticos procedentes de los servicios secretos.
Rusia posee un régimen presidencialista deformado, en el que el jefe de Estado tiene enormes competencias y el resto de las instituciones son muy débiles. La presidencia se eleva por encima de todas ellas y puede bloquear en la práctica todas sus manifestaciones de independencia. El sistema es así desde el conflicto del 4 de octubre de 1993 –del que este año se cumplieron diez años–, cuando las tropas del presidente Borís Yeltsin cañonearon la sede del Parlamento ruso, donde se habían atrincherado los nostálgicos del comunismo. Fue el desenlace de una pugna entre dos instituciones, el presidente y el sistema parlamentario de corte soviético, que aspiraban al poder y que no querían hacer concesiones.

El monopolio del poder en manos del actual presidente ruso, Vladimir Putin, quien espera ser reelegido en las elecciones de 2004, se ha transformado en un progresivo deslizamiento hacia el poder absoluto, a menudo abusando del uso de la fuerza. La estrategia de Putin para asegurar su reelección está basada en poner a sus hombres de confianza en todos los puestos de mando, utilizar la guerra en Chechenia como ejemplo de la lucha antiterrorista y, por último, explotar la ausencia de soluciones de recambio creíbles.

Cuando, el 25 de octubre, la policía rusa arrestó al magnate del petróleo Mijaíl Jodorkovski, propietario de la petrolera Yukos, se habló de “golpe de Estado”. Los medios de comunicación vieron rápidamente que detrás de la campaña contra Jodorkovski, que llevaba varios meses en marcha, estaban los “siloviki” o “chequistas”, políticos de confianza del presidente Putin que, como él, proceden de los servicios secretos (FSB). Jodorkovski –uno de los hombres más ricos de Rusia; su fortuna estaba calculada en 8.000 millones de dólares– era acusado de estafa y evasión de impuestos. Pero lo que más inquietaba al presidente eran sus ambiciones políticas: Jodorkovski financiaba dos partidos políticos opositores, Partido Liberal Yábloko y Unión Liberal de Derechas. No por casualidad el cerco sobre el oligarca comenzó a estrecharse en julio, poco antes de comenzar la campaña electoral. Primero fue la detención del principal accionista de Yukos, Platon Lebédev, el 2 de julio. Poco después, la Fiscalía General manifestó que se retrasaba la aprobación de la fusión de Yukos, la primera petrolera del país, con Sibneft –propiedad de Roman Abramovich y sexta en el ranking de las petroleras rusas.

El magnate, a la cabeza de la primera petrolera del país, tenía grandes proyectos económicos: el más importante era la construcción de un oleoducto que, atravesando Siberia, transportaría crudo hasta el mar Ártico y facilitaría el comercio con América. Putin, temeroso que el desarrollo de Yukos (promovido por la fusión con la petrolera Sibneft) la pusiera fuera de su alcance, se negó a que la empresa siguiera creciendo y desestimó la propuesta del oleoducto. Mijaíl Jodorkovski, durante un encuentro entre el presidente y los oligarcas rusos, plantó cara a Putin, al que acusó de corrupción, al tiempo que anunció que preparaba su entrada en política para las presidenciales del 2008. El jefe de Yukos ya había expresado anteriormente su voluntad de retirarse de la dirección de la petrolera en 2007, pero nunca había precisado los motivos. Haciendo pública su voluntad de concurrir en las elecciones presidenciales, Jodorkovski transgredía un pacto no escrito entre los empresarios y el presidente, establecido en 2000: los primeros no se metían en política y el segundo creaba condiciones para la actividad económica.

En 1999, cuando era candidato a la presidencia, Putin prometió acabar con el crecimiento económico de los oligarcas, odiados por la población rusa. En realidad, no se trataba tan sólo de una propuesta electoral. Los oligarcas son grandes empresarios cercanos al anterior presidente, Boris Yeltsin, con quien se beneficiaron de las privatizaciones salvajes de los primeros años noventa. Pero Putin no proviene del ambiente de Yeltsin, lo que se conoce como “la Familia”, sino de los ”chequistas” petersburgueses, de quienes se rodeó cuando llegó al poder.

De hecho, el arresto de Jodorkovski le valió la Putin el enfrentamiento con los dos únicos miembros del Kremlin procedentes de la “Familia”: su jefe de Administración, Alexandr Voloshin; y el primer ministro, Mijaíl Kasiánov. Tras la detención, Putin ordenó silencio sobre el conflicto con el magnate y su petrolera, pero no fue obedecido. El jefe de Administración Presidencial y “número dos” del Kremlin, Alexandr Voloshin, presentó su dimisión tras manifestar su absoluto desacuerdo con la política autoritaria del presidente. Dos días más tarde, Putin se planteó destituir al primer ministro, Mijaíl Kasiánov, quien había expresado públicamente su preocupación por el encarcelamiento del empresario.

Librado de Voloshin y con Kasiánov en la cuerda floja, los “chequistas” acapararon el poder del Kremlin. Junto con los “economistas” y los “juristas”, los “chequistas” constituyen una nueva élite política en Moscú. Entre ellos está Dimitri Medvéved, conocido como “el cardenal gris”, temido jefe de campaña de Putin en 1999.

Putin ha conseguido rodearse de sus hombres más fieles, y ha demostrado que sabe mantener a raya a sus enemigos. Sin embargo, este autoritarismo no es del agrado de los partidarios del modelo liberal -industriales, empresarios y demócratas-, que se sienten traicionados por su presidente, a quien habían apoyado desde el principio. Ahora podrían estar determinados a votar por otras personas en las elecciones presidenciales de mayo de 2004. Aunque la única oposición política parlamentaria real se reduce al Partido Comunista de Guennadi Ziugánov. Por eso, desde la cárcel Matrosskaya Tishina de Moscú, Jodorkovski se apresuró a renunciar a la presidencia de Yukos para anunciar su entrada definitiva en política.

Desde la cárcel también se puede ser candidato a la presidencia, siempre y cuando no haya habido juicio y la sentencia en contra no haya entrado en vigor. Es probable que antes de marzo de 2004 no haya sentencia en firme en contra de Jodorkovski, sobre todo teniendo en cuenta que un fallo adverso puede ser apelado en las instancias judiciales superiores. Jodorkovski puede mostrar al electorado los resultados reales de los proyectos que ha emprendido y tiene a su disposición enormes recursos, entre ellos su fortuna personal. Por tanto, los partidos políticos financiados por Yukos, Unión de Fuerzas de Derecha y Yábloko, que luchan por pasar la barrera electoral del 5 por ciento de voto en las próximas elecciones, podrían contar con inversiones multimillonarias de Jodorkovski.



Moscú impone a su candidato Kadírov en la presidencia de Chechenia

La “normalización gradual” es el nombre utilizado por el presidente Putin para describir lo que ocurre en Chechenia. Al menos entre cinco y siete soldados mueren cada día en la república caucásica. En total, unas 270 personas han muerto, víctimas del conflicto entre los separatistas chechenos y los militares rusos, entre los meses de marzo y agosto de 2003. Poco dado a hacer públicas las pérdidas, el Kremlin reconoció en febrero que al menos 4.600 mil soldados rusos han muerto desde que se inició la segunda guerra en Chechenia (1999)

El 13 de mayo, la explosión de un camión bomba checheno hizo volar por los aires a 54 personas; dos días después murieron 14 personas en un atentado contra el presidente prorruso de Chechenia, quien salió ileso; el 3 de agosto, un atentado suicida contra un hospital militar ruso dejó 40 muertos. Un mes antes, en julio, dos “viudas negras” (terroristas chechenas) se autoinmolaron durante un concurrido festival de rock en Moscú: murieron 18 jóvenes. Ante la magnitud de las matanzas, la Duma (Cámara Baja) se apresuró a declarar la amnistía para todos los guerrilleros que dejaran las armas.

De una amnistía así se benefició en el pasado Ajmad Kadírov, otrora muftí checheno y líder de la guerrilla antirrusa que en 1999 se pasó al bando de Moscú porque desaprobaba la creciente influencia de los radicales islámicos entre los rebeldes. Kadírov, respaldado por Vladimir Putin, era virtualmente el único candidato que concurrió a las elecciones; muchos de sus rivales fueron descalificados por cuestiones técnicas, dejados de lado por cuestiones personales o porque repentinamente fueron premiados con un trabajo en Moscú.

De modo que, a pesar de su impopularidad –considerado un “traidor” por la mayoría de los chechenos–, a Kadírov no le fue difícil alcanzar la presidencia chechena tras unas elecciones muy opacas en las que, oficialmente, consiguió el 81 por ciento de los votos. De forma extraoficial, los resultados electorales se dieron por falsos: los observadores internacionales e independientes se negaron a supervisarlos, y el Consejo de Europa opinó que no se cumplían condiciones democráticas para votar. Los resultados de los comicios, celebrados el 5 de octubre, resultaron sospechosos: según el Gobierno, la participación total fue del 88 por ciento; y en la capital, Grozni -que ese día se encontraba desierta-, fue del 98 por ciento. La misma que en el cercano distrito de Zabodskoy, feudo electoral de los wahabíes (radicales islámicos). Abdulá Bugayev, uno de los principales opositores, obtuvo el 6 por ciento de los votos, y sólo un 1 por ciento en el distrito de Nadterechny, en el noroeste, uno de sus supuestos feudos. Sin embargo, la prensa internacional denunció que la participación real había sido mucho más escasa, y que los votantes se vieron presionados por las Fuerzas Armadas rusas.

El 23 de marzo, el Kremlin organizó un referéndum en Chechenia, en el que oficialmente una inmensa mayoría votó por una Constitución que consolida la república como parte de Rusia. Este referéndum posiblemente fue manipulado, pues el 80 por ciento de la población chechena votó “no” a la secesión. Reiterado el estatus de Chechenia como parte de la Federación Rusa, Putin dio por finalizado el conflicto en la zona. Paralelamente, las autoridades locales anunciaron el reinicio del diálogo para otorgarle a Chechenia lo que el presidente llamó un “alto grado de autonomía”, aunque aún no se han mantenido conversaciones sobre esta materia.



Rusia reafirma su preeminencia en el territorio de la CEI

La zona de mayor influencia de Rusia es el territorio que antes formaba parte de la URSS, lo que actualmente corresponde a la Comunidad de Estados Independientes (CEI). En cuanto miembro más poderoso de la organización –de la que forman parte todas las repúblicas ex soviéticas, excepto las repúblicas bálticas–, en octubre el Kremlin anunció que se reserva el derecho a intervenir en territorio de la CEI para “proteger sus intereses”, motivado, fundamentalmente, por la presencia de refugiados chechenos en las repúblicas vecinas, sobre todo en Georgia. En un documento del Ministerio de Defensa, por primera vez, Rusia formulaba conceptualmente la idea del ataque preventivo de carácter no nuclear. Esta idea había sido esgrimida antes por el presidente Putin: en 2002 aludió a la posibilidad de que Rusia tomara la iniciativa para acabar con los refugios de los separatistas chechenos en territorio de Georgia.

Los militares rusos contemplan tres tipos de amenazas para la seguridad del país: externas, internas y transfronterizas. En la lista de los factores que pueden propiciar una intervención militar de Moscú se cita la discriminación de las libertades e intereses de los ciudadanos rusos en los países de la CEI.

Rusia podría también “corregir los principios de planificación militar” en caso de que en los países de la CEI se produzca una situación de inestabilidad o un conflicto interétnico o político, o bien un golpe militar “que acabe con los procesos democráticos”.

La reafirmación de los intereses rusos forma parte de la propaganda del llamado “imperialismo liberal”. El político Anatoli Chubáis, director de la compañía estatal de electricidad, promueve vigorosamente estas tesis, según las cuales “Rusia es el líder natural y único en todo el espacio de la CEI por su economía y por el nivel de vida de sus ciudadanos”.

A finales de septiembre, en la localidad bielorrusa de Baranovich, se inauguró la estación de radar Volga. La estación es capaz de captar el vuelo de un misil balístico o de un objeto cósmico a varios miles de kilómetros. En las fronteras orientales de la CEI, Rusia ha establecido una base de aviación en el aeropuerto de Kant, en Kirguizistán. Se trata de la primera base militar rusa abierta fuera de sus fronteras en los últimos 13 años. El acuerdo oficial a este efecto fue firmado por los dos países a fines de septiembre.

Con esta decisión, Moscú pretende recuperar la influencia que considera que debería tener en la región, ya que, tras los atentados del 11 de septiembre, con la presencia –de momento, provisional- de fuerzas estadounidenses en territorio de la CEI, las relaciones entre los estados miembros de esta organización escapan a menudo de las manos rusas para depender en mayor grado de la evolución internacional.

Los países más importantes de la CEI (Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Kazajstán) intentaron dinamizar los acuerdos para crear una zona de libre comercio y con vistas a unificar esfuerzos para reforzar sus candidaturas para entrar en la Organización Mundial del Comercio (OMC). El hecho es que la CEI ha dado muy pocos resultados concretos reales a pesar de la multitud de acuerdos firmados.

En contraste con esta actitud prepotente sobre la CEI, Rusia cuida mucho las relaciones con Occidente. Así lo hizo durante la guerra de Irak. Putin hizo una interpretación propia del “no a la guerra”. En el umbral de la crisis iraquí, el eje franco-alemán se posicionó en contra de Estados Unidos. En Moscú la balanza se inclinó por Alemania. Sin embargo, era necesario enmendar la relación con EE.UU. urgentemente. Sumarse al eje franco-alemán en contra del ataque de Estados Unidos a Irak no quería decir ponerse en contra del presidente estadounidense, George W. Bush. Rusia negó su participación en la guerra por un motivo fundamental: los pactos firmados entre el Irak de Saddam Hussein y tres petroleras rusas para desarrollar el campo petrolífero iraquí West-Qurna 2. Pero también había otro motivo de peso: formar un triángulo “por la paz” con Francia y Alemania, las dos potencias europeas. Sin embargo, a pesar de las buenas relaciones con la Unión Europea, la actuación del Ejército ruso en Chechenia no obtuvo el visto bueno: el Tribunal Europeo para los Derechos Humanos aceptó varias denuncias de chechenos contra los abusos del Ejército, tan alarmantes que incluso el Gobierno prorruso de Chechenia tuvo que reconocerlos en un informe enviado a Putin en abril.

Realmente, Vladimir Putin es uno de los pocos amigos reales de Bush, quien pareció aceptar la alianza rusa con Alemania y Francia. Durante mucho tiempo, Moscú se ha orientado hacia Washington en las cuestiones políticas, aunque los principales socios comerciales de Rusia son los europeos occidentales, en primer lugar Alemania y Francia. El presidente ruso desempeñó un papel clave para lograr que la última resolución de la ONU sobre Irak fuera aprobada por unanimidad. Putin, que se encontraba en Malaisia, discutió telefónicamente sobre la posición que debería tomar el Consejo de Seguridad (formado por Estados Unidos, Francia, Rusia, Gran Bretaña y China) con su homólogo francés, Jacques Chirac, y con el canciller alemán, Gerhard Schröeder, después de lo cual el canciller anunció la decisión de apoyar el texto de EE.UU.

Las relaciones ruso-estadounidenses se vieron poco afectadas por la decisión de Rusia de mantenerse fuera de la guerra. De hecho, el eje central de las relaciones entre Rusia y EE.UU. es la seguridad global. Putin busca en el presidente estadounidense, George W. Bush, el principal apoyo en la lucha contra los separatistas chechenos. De momento, ha dado frutos: varios grupos armados chechenos figuran en la lista de organizaciones terroristas de Bush.

Orgulloso por haber hecho de puente entre Washington, de un lado, y París y Berlín, de otro, Putin se vio a sí mismo como el perfecto mediador entre Occidente y el mundo árabe, muy útil si se tiene en cuenta la posición geográfica de Rusia -entre Asia y Europa- y el deterioro de las relaciones árabo-estadounidenses. En pro de este carácter de mediador, Putin inició en octubre un acercamiento a los países musulmanes del sudeste asiático, durante una larga gira en la que participó como observador en la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), en la que quiere seguir participando de forma permanente. Menos de un cinco por ciento de la población rusa es musulmana, pero dentro de la Federación Rusa conviven varias pequeñas repúblicas caucásicas (entre ellas Chechenia) de tradición islámica.

De ahí la necesidad de Rusia de establecer lazos estrechos con el mundo islámico. El cambio de rumbo tras los atentados del 11 de septiembre no impidió que Moscú mantuviera buenas relaciones con los peores enemigos de Washington: Irán e Irak. EE.UU. sostiene que, con la ayuda de Rusia, Irán intenta crear armas nucleares. En Moscú responden que la aparición de bombas atómicas iraníes no le conviene. Rusia no puede reducir su cooperación con los iraníes, ya que eso supondría un golpe para su propio plan de energía atómica, que sobrevive en gran medida gracias a los pedidos extranjeros.



Libertades precarias

Diez diputados de la Duma estatal han sido asesinados en diez años. Aunque estos casos raras veces se resuelven, muchos están relacionados con corrupción y con discusiones de negocios. Pero Serguéi Yushenkov, fundador del partido de la oposición Rusia Liberal y diputado de la Duma, asesinado el 17 de abril en el portal de su casa, al parecer estaba “limpio”.

Tras la muerte de Yushenkov, políticos de todas las líneas atestiguaron su honestidad y su buena voluntad en los negocios, apuntando a un móvil puramente político. El diputado tenía una larga carrera como disidente: primero como coronel de la Armada soviética que pidió públicamente la reforma militar y después como legislador crítico con las tendencias autoritarias en el Gobierno postsoviético.

También había presionado contra las campañas militares en Chechenia. Después de una serie de bombardeos contra bloques de apartamentos en Chechenia, en 1999, que mataron a 300 personas y que motivaron el inicio de la segunda guerra chechena, Yushenkov y otros diputados comenzaron una investigación. Sostenían la hipótesis de que no había sido obra de los terroristas chechenos, como se había dicho, sino de las misma autoridades rusas, con el objetivo de animar el apoyo popular a la segunda campaña en Chechenia. Yushenkov sostenía firmemente esta creencia, y en 2002 ayudó a Borís Bereszovski a distribuir una película sobre el tema.

No sólo los políticos, sino también los medios sufren una fuerte censura. La repentina desaparición del canal de televisión TVS, una cadena de actualidad, el 22 de junio, supuso el fin de la última cadena nacional independiente. Sus periodistas estrellas eran refugiados de NTV, otra cadena tan crítica con el Kremlin que el Gobierno tomó su posesión y obligó a su propietario, Vladimir Gusinski, a escapar del país. Borís Bereszovski, dueño de otros dos canales, y quien todavía posee la licencia de frecuencia de TVS, pasó por algo parecido. Borís Jordan, director de NTV cuando ésta pasó a manos del Kremlin, la dirigió con éxito hasta que, a principios de año, fue despedido por la cobertura de la toma de rehenes de octubre de 2002, cuando el asedio a un teatro moscovita por rebeldes chechenos dejó más de 120 muertos.

TVS cerró porque, a principios de junio, un grupo de accionistas liderado por Anatoli Chubáis renunció a su paquete de acciones. El resto de accionistas fue incapaz de seguir financiando la cadena, que pasó a manos del Estado y se transformó en el canal estatal “Sport”.

En septiembre, la Duma aprobó una ley que restringía la libertad de los medios de comunicación de hacer comentarios políticos sobre los candidatos o los partidos durante los períodos electorales y durante las operaciones antiterroristas, tras lo cual se produjo una ola de protestas entre los periodistas. Rápidamente, la oposición recurrió ante el Tribunal Constitucional los nuevos artículos de la ley, que, finalmente, fueron declarados ilegales.



La economía crece a pesar de la crisis del “caso Yukos”

Si de algo se felicita al presidente Putin, es de haber conseguido dar a Rusia la estabilidad del crecimiento económico. A pesar del batacazo que supuso la detención de Jodorkovski, que causó la caída de la Bolsa moscovita, la economía rusa ha evolucionado positivamente en 2003 gracias a los altos precios del crudo que, junto al gas natural, constituye el 30 por ciento de los ingresos del presupuesto estatal ruso. El producto interior bruto (PIB) creció un 6,5 por ciento durante los meses de enero y septiembre, lo que permitió al Banco Central acumular reservas de hasta 62.000 millones de dólares.

Durante los primeros meses se frenó la fuga de capitales: en el segundo trimestre, el capital entrante superó al saliente en 3.700 millones de dólares. La persecución contra Yukos invirtió el proceso, al provocar una fuga de capitales que alcanzó los 8.000 millones de dólares. Por un momento, Rusia perdió la estabilidad que había conseguido a lo largo del año.

La apertura de la bolsa moscovita el día siguiente al arresto de Jodorkovski comenzó con una tremenda caída del valor de las acciones: llegaron a perderse 15.000 millones de dólares en un solo día. Poco después, el Estado confiscó un paquete de acciones de Yukos (el 44 por ciento, según la compañía), lo que supuso una caída del 21 por ciento de las acciones de la compañía (correspondientes a 6.000 millones de dólares). El rublo se depreció en un 0,56 por ciento frente al dólar, su peor caída de una sola vez en los últimos dos años.

La crisis se superó gracias a que en el último trimestre Rusia se convirtió en el primer país productor de petróleo del mundo, con 8,7 millones de barriles de crudo al día, superando a Arabia Saudí. La producción de petróleo aumentó un 11 por ciento entre enero y septiembre. Además, Rusia paga puntualmente su deuda exterior, de la que vencen este año más de 17.000 millones de dólares; el primer ministro, Mijaíl Kasiánov, proclamó que ya no necesita nuevos créditos internacionales.

Sin embargo, la estabilidad económica rusa se consigue en detrimento de las mejoras sociales: el sueldo medio en Rusia es de 150 dólares, y 33,2 millones de personas viven con ingresos inferiores al mínimo vital (cifrado en 70 euros). Los gastos sociales no aumentan desde 2000: siguen suponiendo sólo el 2,7 por ciento del PIB. Los gastos en salud pública, por ejemplo, no superan el 0,2 por ciento del PIB.



Cronologia año  2003
25 de enero. El Consejo de Europa opina que no hay condiciones para votar en Chechenia.

17 de febrero. Putin anuncia que 4.700 personas han muerto desde el inicio de la segunda guerra chechena en 1999.

23 de marzo. El 80% de los chechenos votan la constitución propuesta por Moscú para zanjar el conflicto en la zona y votan no a la independencia de Rusia.

12 de abril. Encuentro de Alemania, Francia y Rusia en San Petersburgo para reclamar el papel central de la ONU en la posguerra de Irak.

19 de abril. El líder de la oposición más crítica con el Kremlin, el liberal Sergei Yushenkov, es acribillado en la calle y muere.

23 de abril. Putin propone crear un sistema de seguridad internacional contra el terrorismo.

13 de mayo. Un ataque con camión bomba deja 54 muertos en Chechenia.

15 de mayo. 14 muertos tras un atentado suicida contra el líder prorruso en Chechenia

5 de junio. 17 muertos en un atentado suicida contra autobús ruso en Osetia.

7 de junio. 22 civiles, entre ellos 8 niños, mueren en dos explosiones en Chechenia. La Duma aprueba la ley de amnistía para los guerrilleros chechenos que depongan las armas.

8 de junio. Un atentado suicida deja 18 muertos entre las tropas rusas en Chechenia

2 de julio. Arrestado Platon Lebedev, jefe de Finanzas y uno de los principales accionistas de la petrolera Yukos.

6 de julio. 2 suicidas chechenas matan a 18 personas durante un festival de rock en Moscú.

3 de agosto. 40 muertos en atentado suicida contra hospital militar ruso en Chechenia; la guerrilla chechena niega su implicación.

17 de septiembre. La Duma aprueba unas enmiendas a la Ley de Prensa que limita la libertad de expresión durante las operaciones antiterroristas y durante los periodos electorales.

24 de septiembre. La oposición recurre ante el Tribunal Constitucional la nueva Ley de Prensa.

27 de septiembre. Envenenado el primer ministro checheno, Anatoli Popov.

29 de septiembre. Rusia no ratifica el protocolo de Kioto.

4 de octubre. El Kremlin anuncia que se reserva el derecho a intervenir en territorio de la URSS para proteger sus intereses.

7 de octubre. Ajmad Kadírov, el hombre del Kremlin, logra la victoria en las elecciones presidenciales chechenas.

25 de octubre. Arrestado Mijaíl Jodorkovski, dueño de Yukos y el hombre más rico de Rusia.


 


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