Anuario 2003
China
"Nuevos caminos para China"
Esther Romagosa

“Debemos garantizar el derecho del pueblo chino a celebrar elecciones democráticas”. Ésta ha sido una de las frases que el actual presidente de China, Hu Jintao, pronunció en un discurso ante el Comité Central del Partido Comunista el pasado 1 de octubre, fecha en la que se conmemora la fundación de la República Democrática de China (1949) por Mao Zedong, defensor a ultranza de la hegemonía absoluta del único partido del país, el Partido Comunista Chino (PCCh). Este llamamiento a la reforma política hecha por Hu Jintao (cuarta generación de políticos comunistas chinos) tras siete meses al mando del país marca un principio de cambio en la historia política de China. “Los dirigentes debemos satisfacer las necesidades económicas, políticas y sociales de nuestros ciudadanos”, y así poder alcanzar el objetivo de poner en práctica la “democracia socialista”. Unas declaraciones que se producen en un momento difícil para el Gobierno de China, que vive una etapa marcada por los problemas internos.
Muchos intelectuales chinos esperan, precisamente, estas nuevas medidas que lleven a China hacia un sistema político más democrático. Pero el nuevo presidente sólo ha tratado el tema declarando que las reformas “intrapartido” deberán realizarse de una manera “activa y estable”, sin especificar en qué van a consistir. De momento, el único cambio expresado desde Pekín es que el Comité Central presentará un documento anual especificando el trabajo que se ha realizado durante el año correspondiente, un hecho que dará mayor transparencia a las decisiones políticas. Desde sus inicios, el PCCH ha gobernado en el más absoluto secreto, suprimiendo cualquier intento de disidencia, con el mayor control de las informaciones y encarcelando a aquellos que quisieran formar algún partido de la oposición. Pero ahora parece que los gobernantes políticos empiezan a hablar sobre la posibilidad de democratizar el partido y el sistema socialista. Aunque, eso sí, en ningún caso se permitirá la existencia de oposición política. “La mejora de la ética política está basada en el liderazgo del partido”, dijo Hu Jintao. Se trata pues de una democratización interna del único partido de China, permitiendo más libertades civiles y de expresión (incluida la libertad de prensa) y elecciones periódicas y reales.

Por su parte, los sectores más críticos con el gobierno comunista se muestran partidarios de conseguir una mayor democracia política modificando la Constitución. Unos cambios que Hu Jintao y su antecesor, Jiang Zemin (ahora jefe del Comité Militar Central, quien, según expertos, sigue manteniendo un gran poder en la sombra, y es el creador de la llamada “teoría de las Tres Representaciones”, muy alejada de la democratización del sistema político) no están dispuestos a aceptar. Mientras, muchos de los ciudadanos que lideran el diálogo y la discusión para revisar la Constitución han denunciado la cancelación sin explicaciones, por parte del Gobierno, de varios mítines; los ataques a ciertos puntos de vista “políticamente incorrectos” publicados en Internet y la detención y encarcelamiento de las personas que han escrito ciertos artículos contrarios al Gobierno. Muchos chinos de dentro y fuera del Partido Comunista ven en el secretismo, la inflexibilidad y la falta de claridad del actual sistema político serios riesgos que están causando las crisis sociales y que, sobre todo, dificultan el posicionamiento y la imagen de China en el panorama internacional.

Con la epidemia del llamado Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), se ha abierto en China un debate sobre el derecho de los ciudadanos a saber. Durante la crisis de la neumonía atípica, la Organización Mundial de la Salud (OMS) acusó a China de esconder información sobre el virus y de no colaborar con los organismos internacionales. De hecho, Pekín no permitió la entrada de la OMS al país hasta el 2 de abril (dos meses después de aparecer el virus) y hasta quince días más tarde no le permitió visitar los hospitales militares. La crisis del SARS provocó la destitución del alcalde de Pekín (la ciudad más perjudicada por la enfermedad) y del ministro de Sanidad: una señal más de la crisis interna del país.

La falta de información es y ha sido una de las más dramáticas medidas tomadas por el PCCh a lo largo de su gobierno. Desde finales de los años 90, por ejemplo, los índices de contaminación local eran considerados como información interna, y por lo tanto secreta. Durante quince años, el país asiático ha contado con una ley de secretismo que permite la no difusión pública de los temas considerados como “internos”. El secretismo ha sido tal, que incluso los diferentes departamentos del Gobierno no conocen la información que tienen los demás. Las demandas internas para cambiar estas restricciones se han incrementado. Además, con la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC), también el Gobierno se ha visto obligado a hacer público sus cifras “internas” sobre el comercio y la inversión.

Por este motivo, Pekín ha declarado estar preparando cambios en la ley que regula la libertad de información que podrían entrar en vigor el próximo año. Aunque, paradójicamente, los principales puntos de estos cambios son aún secretos, las fuentes oficiales afirman que el Gobierno deberá hacer pública la información que se ha mantenido callada y que los ciudadanos quieren saber. Sin embargo, aún hay que esperar dónde situará Pekín el nuevo limite, que marcará la separación entre la información que el ciudadano tiene derecho a saber y la información que debe permanecer, por seguridad, como secreto de Estado. De todos modos, muchos sectores de China no ven en este ámbito un futuro muy esperanzador, como mínimo a corto plazo, y aseguran que no habrá ningún cambio importante mientras el Gobierno no cambie la actual ley de secretismo.

Por otro lado, el pasado 1 de julio medio millón de personas salieron a las calles de Hong Kong en protesta por dos asuntos: la depresión económica que sufre la región y que se ha visto agravada con la crisis de la neumonía atípica; y la aplicación, por parte del gobierno local, de unas nuevas leyes consideradas por un amplio sector de la población como una forma de dar mayor poder a Pekín.

El 1 de julio de 1997, Hong Kong volvió a unirse a China como “Región Administrativa Especial” dejando atrás 150 años como colonia inglesa. Bajo el principio de un país, dos sistemas, Hong Kong ha mantenido un alto grado de autonomía y ha sido administrada por los propios hongkoneses, contando desde el principio con el apoyo del Gobierno central. La libre economía, el entorno de competencia leal entre todos, la libertad de expresión y prensa y la garantía de los derechos humanos conforman las bases fundamentales de la región. Durante mucho tiempo, Hong Kong fue el principal centro financiero de la zona, era la puerta de entrada al comercio chino. Pero la crisis asiática de 1997-98 provocó también en esta región una importante recesión económica con hundimiento bursátil, quiebras en cascada, la caída del consumo y una situación de burbuja inmobiliaria. Su presupuesto, hasta entonces con excedentes, empezó a tener cada vez más déficit. Con el paso de los años, la apertura de la economía china y el ritmo de crecimiento que está llevando a cabo su rival más directo como centro financiero del continente, Shangai, están provocando la pérdida de su liderazgo en el terreno económico. Por otra parte, Hong Kong parece estar dirigiéndose de cabeza a una crisis política. A comienzos de este año, Tung Chee-Hwa, jefe del poder ejecutivo local desde 1997 y escogido por Pekín, introdujo una nueva legislación de seguridad interna que permite al gobierno local “prohibir cualquier acto de traición, de secesión, de sedición y de subversión respecto el Gobierno central” (de Pekín); así como “prohibir a cualquier organización política o institución extranjera llevar a cabo actividades políticas en Hong Kong”; y “prohibir a cualquier organización política o institución de Hong Kong establecer vínculos con organizaciones políticas o instituciones extranjeras”. Las consecuencias de estos actos son decomisos (del material de estas organizaciones o instituciones), penas de prisión de hasta siete años e incluso, en algunos casos, prisión perpetua por “traición”. Este hecho ha indignado a la población, que se ha expresado en una de las mayores manifestaciones vividas en Hong Kong y que algunos han comparado con la crisis de la plaza de Tiananmen en 1989.

Ante la respuesta de la población, el representante del Gobierno de Pekín en la región, Gao Siren, declaró que Hong Kong es una “ciudad de negocios, no de políticos” y la secretaria de seguridad interna del gobierno local, Regina Ip, afirmó que no entiende dónde está el problema. Regina declaró que el Gobierno de Hong Kong había aprobado estas modificaciones para alcanzar, precisamente, una mayor seguridad nacional. Afirmó también que la expresión de puntos de vista no constituye un acto delictivo en sí, sino que hay que examinar las intenciones. Por su parte, juristas, intelectuales y muchos ciudadanos de la región ven en esta nueva legislación un claro ataque contra la libertad de expresión, de información y de asociación de la población de Hong Kong. Para estos sectores, las protestas significan la emergencia de una nueva fuerza política que, si el Gobierno ignora, continuará protestando. Tung Chee-Hwa se encuentra en una crisis política, incluso tres miembros de su Gabinete se han unido a las protestas y piden mayor democracia.

Por su parte, la isla de Taiwán, oficialmente independiente de China, también levanta la voz al Gobierno central. A finales del mes de noviembre, el presidente de la isla, Chen Shui-Bian, anunciaba que se celebraría un referéndum sobre la soberanía de Taiwán el 20 de marzo de 2004. La convocatoria no ha sentado nada bien a Pekín, que enseguida comunicó su invariable oposición a cualquier intento de promover la separación de Taiwan. En los últimos dos años, Pekín ha iniciado una serie de conversaciones con la isla para lograr una definitiva reunificación pacífica basándose en la idea de un país, dos sistemas. China propone a la isla convertirse, como en el caso de Hong Kong, en una Región Administrativa Especial, una situación que le permitirá tener “un alto grado de autonomía, gozar del poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial, así como de cierto poder de asuntos exteriores y poder conservar su ejército”; además, el Gobierno central no enviará Ejército ni recaudará impuestos a Taiwan.

Otro de los problemas internos del país asiático, tristemente conocido por todos, es la violación de los derechos humanos. El pasado mes de octubre, Amnistía Internacional publicaba un nuevo informe denunciando la situación: “China: continuando con los abusos bajo un nuevo mandato”. El documento asegura que el gigante asiático sigue practicando sistemáticamente la tortura y los malos tratos, así como la pena de muerta. Según el informe, China es el país responsable del 80% de las ejecuciones documentadas en todo el mundo. Además, AI denuncia la reiterada represión de la libertad de expresión e información, y el incremento de las detenciones de los usuarios de Internet o los llamados “ciberdisidentes”, por parte del Gobierno. Finalmente, el informe destaca también la represión de los derechos a la libertad de expresión y asociación que China está llevando a cabo en la región del Tíbet; la persecución religiosa; y las graves violaciones de los derechos humanos en el contexto de la propagación del SIDA. En este ámbito, AI incluye informes sobre la represión con malos tratos y tortura que reciben personas afectadas por el VHI, así como la detención arbitraria y la intimidación de activistas que trabajan en este terreno.

Aunque las crisis internas, las continuas inundaciones y las batallas contra la epidemia del SARS perjudican a China, su economía continúa creciendo. El Gobierno continuará con los mismos planes de actuación: ampliar la demanda interna, promover activamente la apertura total hacia el exterior, la cooperación económica y tecnológica, y aplicar una política monetaria prudente. El Banco Popular de China (BPCh) ha señalado la importancia de mantener un equilibrio entre el apoyo al crecimiento económico del país y la prevención de los riesgos relacionados con la fluctuación del valor de la moneda, para evitar el crecimiento excesivamente rápido de las inversiones y de los créditos o el aumento excesivo de la provisión de moneda circulante. Por este motivo, el BPCh ha decidido continuar con una política prudente, es decir, observar estrictamente las concesiones de préstamos y mantener estables los tipos de interés y tipos de cambio.

Según la Administración Estatal de Estadística de China el gigante asiático cerrará el año con un crecimiento superior del 8,5% (el crecimiento en el año 2002 fue del 8%), superando el pronóstico oficial chino del 8%.

Desde su entrada en la OMC en noviembre de 2001, China ha tomado una serie de medidas para dejar atrás un sistema rígido y aislado, y abrirse al mundo exterior. Los logros en el comercio exterior, el aumento estable de la demanda y el gran flujo de capital extranjero en el país son las principales causas de su crecimiento económico. China ha invertido en unos 160 países y regiones en distintas áreas como comercio, transporte, minería y servicios de comida, entre otras. Durante los primeros siete meses de este año las importaciones del país asiático casi se igualan a las exportaciones. El producto estrella han sido los automóviles. Entre enero y julio china importó 105.000 coches, una cifra que supera a Corea del Sur, hasta ahora principal país asiático importador de autos. Durante estos meses, China ha aumentado un 39% su volumen de comercio exterior con relación al año anterior.

Por otro lado, el grandísimo mercado potencial de China (1.248 millones de habitantes) y su mano de obra barata atrae a inversores de otros países. China es, de entre los países en vías de desarrollo, el que más capital extranjero recibe, y se encuentra por delante de Estados Unidos y Francia. Durante los primeros seis meses de este año, fueron invertidos en el país 30.300 millones de dólares, un 34% más en comparación al año anterior. La inversión directa extranjera en China ha aumentado este año un 40%, mientras que en Estados Unidos el aumento ha sido de un 2%. Además, su excedente comercial va aumentando. Durante el mes de octubre, China exportó más de 41.000 millones de dólares e importó unos 35.300 millones de dólares del exterior generando un excedente comercial de 5.700 millones de dólares.

Los expertos señalan que aunque la crisis del SARS afectó negativamente la economía asiática, sobre todo al turismo y al pequeño comercio, el impacto ha resultado ser de muy corta vida. Durante el segundo semestre del año, el crecimiento económico del país cayó hasta el 6,7% (crecimiento que no se daba desde 1994), las ventas cayeron un 10% en Pekín y la llegada de turistas extranjeros se redujo un 94%. Sin embargo, nueve meses después de aparecer el virus, la economía continúa creciendo de manera “sólida”. La puesta en marcha de la llamada “Presa de las tres gargantas” (el mayor proyecto hidroeléctrico del mundo, que generará 5.500 millones kilovatios-hora de electricidad); el primer viaje espacial de un astronauta chino (acontecimiento que ha mostrado al mundo la gran capacidad de la tecnología china) y la fusión del mayor fabricante chino de televisores TLC con la francesa Thomson (creando el grupo productor de TV y DVD más importante del mundo) son algunos de los hechos que muestran al mundo el imparable crecimiento del gigante asiático. Un crecimiento que está ayudando al aumento de la demanda y al desarrollo de la economía mundial, en un momento en que Estados Unidos, Japón y la Unión Europea están experimentando una desaceleración en sus economías. Según analistas del Bank Credit Analyst, desde 1995 hasta el 2000 Estados Unidos ha aportado el 20% del total de la economía mundial, mientras que China lo ha hecho con el 25% y el resto de Asia con el 18%. (“The Economist”, 13 de noviembre de 2003).

Por su parte, Estados Unidos no ve con buenos ojos el crecimiento imparable del continente asiático. Washington critica a Pekín por hacer “comercio injusto” y le acusa de ser el responsable de la crisis que viven los norteamericanos. El Gobierno estadounidense argumenta que la depreciación del yuan (caída del valor de la moneda) hace que los productos chinos sean muy baratos en el mercado internacional, de forma que para el resto de los países le es muy difícil competir. Esta política monetaria, afirma el secretario de Comercio, Donald Evans, amenaza los puestos de trabajo del país (según expertos, 2,7 millones de norteamericanos han entrado en el paro en los últimos tres años). Por este motivo, Washington está presionando al país asiático para que lleve a cabo una apreciación de la moneda y establezca un cambio variable, es decir, que el yuan fluctúe libremente en los mercados de cambio. Además, el Gobierno de Bush ha lanzado la amenaza de poner en marcha medidas proteccionistas contra las exportaciones chinas (aranceles del 27% para los productos asiáticos) si Pekín no abre urgentemente su mercado a los artículos y servicios estadounidenses. Días más tarde, China aseguró que permitiría una mayor entrada de las importaciones de EE.UU. a su territorio, a cambio de que Washington redujera las restricciones sobre las exportaciones chinas. Pekín asegura que ambos países deben llegar a una relación comercial equilibrada y bilateral para obtener el beneficio de los dos pueblos.

Según especialistas europeos, esta campaña norteamericana no se lleva a cabo por motivos comerciales, sino políticos: “El problema de fondo es el crecimiento chino; cuanto más vigorosa se muestra la economía china, más tensiones políticas se crean”. Uno de los ejemplos que explica este contexto lo encontramos en la crisis de Corea del Norte, donde China está siendo el principal protagonista del proceso diplomático abierto e, incluso, está consiguiendo moderar la política agresiva de Washington. Según otros especialistas, la clave para entender las presiones de Estados Unidos está en el hecho de que Bush se enfrenta a las elecciones el próximo año. La situación internacional, especialmente la guerra en Irak, y los problemas económicos del país pueden complicarle la reelección. El hecho de acusar a China de ser el principal culpable de las dificultades económicas norteamericanas no es más que un modo de propaganda electoral, para mostrar a la población y a las grandes empresas de Estados Unidos cómo el Gobierno está trabajando para mejorar la situación económica del país.

Para la Unión Europea (UE), la apreciación de la moneda china no ha supuesto tanto problema como para Estados Unidos. El comisario de Comercio de la UE, Pascal Lamy, comentó en su día que entiende que China tome sus propias decisiones y vele por su estabilidad, y que la UE considera el problema un asunto “cien por cien doméstico” de Estados Unidos. Lo que sí que pide la UE a China es que la cotización del yuan, hasta ahora sólo sujeta al dólar, se realice también con el euro. De esta manera, entrando en la reserva del Tesoro Nacional chino (que tiene las segundas reservas de divisas del mundo), la UE logrará un mayor fortalecimiento del euro. Según las estimaciones, China cuenta ya con un 30% de sus reservas en euros, entre un 50% y un 60%, en dólares y el resto en yenes.

La proyección internacional china va aumentado día a día. El pasado mes de junio, el gigante asiático, sexta potencia económica mundial, estuvo presente por primera vez en la cumbre de los G-8 en Evián, Francia. Por invitación del presidente francés Chirac, China asistió en representación del amplio colectivo de economías emergentes como India, Marruecos o Brasil. Según analistas, el acontecimiento significa, sobre todo, la culminación del cambio que se está produciendo en su sistema político, su emergente poder en la región de Asia y en el mundo y, sobre todo, su posición, en un futuro, como el principal competidor de la hegemonía de Estados Unidos.

Con este acontecimiento, Hu Jintao, descrito como un político discreto y cauto como ningún otro dirigente chino en sus salidas al exterior, se presenta oficialmente en el panorama internacional como el nuevo presidente de China.

Tras su toma de posesión como secretario general del Partido Comunista de China y presidente de la República Popular, sus primeras visitas diplomáticas al extranjero se realizan en Europa y Asia, en el mes de mayo de 2003. A finales de marzo, Hu Jintao visitó a su homólogo ruso, Vladimir Putin, con el objetivo de fortalecer las relaciones que se formalizaron con un Tratado de Amistad el año 2001. Ambos países comparten la importancia de mantener la seguridad y estabilidad en la región, así como establecer un equilibrio internacional militar y económico frente Estados Unidos. Este primer viaje oficial del nuevo mandatario chino resalta la importancia que ambos países asignan a su estrecha relación. Una relación fortalecida en la llamada Organización de Cooperación de Shangai (OCS), un organismo internacional creado en junio de 2001 por Rusia, China y cuatro ex repúblicas soviéticas: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Se trata de un bloque regional de seguridad y lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, así como de cooperación económica para, sobre todo, limitar la influencia en la zona de la Unión Europea y Estados Unidos. Hu Jintao ha visitado también Kazajistán y Mongolia, que probablemente se incorporará al organismo en el futuro. Aunque la OCS se halla aún en una etapa inicial de su existencia y las reglas de su funcionamiento todavía se han de aprobar, varios especialistas aseguran que será una organización que estará muy presente en la economía, la seguridad y los asuntos internacionales en el futuro.

Estas primeras visitas del presidente de China reflejan, según analistas internacionales, el segundo plano que Pekín otorga a Estados Unidos (la visita oficial se realizó el 8 de diciembre). Éstos y los futuros viajes que haga Hu Jintao marcarán la nueva dirección de China en el “tablero mundial”. Una dirección que los especialistas señalan que será de gran trascendencia.


Pánico mundial

El llamado Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) es un misterioso virus que ha paralizado la vida social, económica y política de China a principios de este año. De causas aún hoy desconocidas, se reconoció por primera vez a finales del pasado mes de febrero en Hanoi, Vietnam. Según las investigaciones, el virus empezó a propagarse a partir de un extraño y aislado caso: un médico que se hospedó en febrero en un hotel de Hong Kong y que contagió a 16 personas que habían estado en el mismo piso del edificio. En poco tiempo la enfermedad se difundió por toda China y a otros 32 países, afectando a un total de 8.445 personas y produciendo la muerte a casi 800 personas, según datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuatro meses más tarde, el 31 de mayo, el Gobierno de China asegura tener la epidemia bajo control y finalmente el 29 de julio reciben el alta los últimos pacientes del SARS. Los resultados en China, el país más perjudicado por el virus, ascienden a 5.327 infecciones y 349 muertes. Casi un año después de aparecer el primer caso de neumonía atípica, la OMS aún no puede determinar que el virus se haya erradicado por completo. La transmisión de persona a persona ha quedado, de momento, interrumpida, pero parece que existe una especie animal portadora del virus, que está siendo estudiada. Los científicos creen que originariamente la enfermedad habría pasado de algún animal exótico a un ser humano. Los murciélagos, los simios, los perros salvajes o los hurones podrían estar al principio de la cadena de transmisión. Todos estos animales, que forman parte de los autóctonos menús alimentarios, fueron retirados de los mercados al aparecer la enfermedad. Sin embargo, el Gobierno chino levantó estas restricciones el pasado mes de mayo. Durante las primeras semanas de la aparición del SARS, Pekín mantuvo absoluto secretismo y no fue hasta principios de abril cuando permitió la entrada de la OMS al país. A finales de este mes, el mismo día en que fueron destituidos el alcalde de la capital y el ministro de Sanidad chino, Pekín admitió haber ocultado datos sobre el virus y no haber actuado a tiempo. La rápida propagación del virus y las duras medidas de aislamiento de la enfermedad llevadas a cabo por el Gobierno (por ejemplo, poner en cuarentena un hospital con 2.000 personas y el aislamiento de un campus lleno de universitarios) provocaron una absoluta situación de pánico entre la población del país asiático y también al resto de la población mundial. Entre los meses de abril y mayo, un total de 124 países tenían limitada la entrada de ciudadanos chinos a su territorio y la OMS aconsejaba no viajar a Canadá y Pekín. La situación de pánico y miedo a contraer la enfermedad se propagó por todo el mundo a una gran velocidad, reflejando la actual interconexión mundial. Pero gracias también a esta interconexión, una vez reconocido el SARS como amenaza para la salud internacional, las alertas dadas por la OMS y amplificadas por los medios dieron como resultado un alto nivel de conciencia global y vigilancia que fue muy importante a la hora de cortar la cadena de transmisión del virus. Gracias al poder de las comunicaciones se estableció una red virtual de trabajo entre investigadores, epidemiólogos y médicos de todo el mundo que lograron resultados en tiempo récord: tan sólo un mes después de que la OMS diera la alerta internacional, se publicó la secuencia del genoma del virus de la neumonía atípica, mientras que se han necesitado tres años para identificar las causas del virus del SIDA y dos años más para determinar la secuencia del genoma. Algunos sectores de la sociedad mundial critican que no se haya dado la misma reacción internacional ante las tres grandes enfermedades que afectan los países más pobres del planeta: el SIDA, la tuberculosis y la malaria. Según ellos, la explicación a esta inmediata respuesta frente al SARS se encuentra en la economía global. El virus causó unas pérdidas de 50 millones de dólares a escala mundial. En Asia, las perdidas alcanzaban la cifra de 10.600 millones de dólares. Unas cifras que volvieron a sus niveles normales cuando los organismos sociales y políticos se pusieron en marcha. Por ejemplo, en el primer semestre del año 2003, la economía china creció un 9,9%; a causa del SARS el crecimiento se situó en el segundo semestre del mismo año en el 6,7% y en el tercer semestre, cuando la crisis estaba ya controlada, el crecimiento chino volvió a situarse en el 9,1%. De momento, la OMS señala la importancia de continuar investigando. El pasado mes de noviembre, medio centenar de investigadores de quince países, especializados en este virus, se reunieron coordinados por la OMS y concluyeron que se podrá llegar a una vacuna “segura y efectiva” contra la enfermedad en un plazo de cuatro años. Aunque la OMS asegura que podría estar lista en dos años si reaparece un brote importante del virus este invierno. De hecho, se teme la reaparición de nuevos casos de neumonía atípica. Las frías temperaturas del país asiático podrían despertar el virus en su reserva natural. De ser así, la OMS señala que se deberá combatir la enfermedad con el método tradicional de contención para evitar el contagio: la identificación rápida y el aislamiento de los pacientes, el seguimiento de los contactos, las medidas estrictas contra la infección hospitalaria y las alertas internacionales.


Cronologia año  2003
6 de marzo. China se suma a Francia, Rusia y Alemania en su rechazo a una resolución que autorice la fuerza en Irak.

25 de marzo. Detectado el primer caso de neumonía atípica en un miembro del hospital francés de Hanoi.

27 de marzo: China y Rusia acuerdan reforzar la asociación de cooperación entre ambos países.

2 de abril. EEUU aconseja a sus diplomáticos que abandonen el sur de China y Hong Kong por la neumonía atípica. Pekín abandona su secretismo en torno a la neumonía atípica y permite la entrada de la OMS.

3 de abril. Pekín admite que la neumonía se ha extendido por toda China.

5 de abril. China admite graves fallos de coordinación para combatir la neumonía atípica.

16 de abril. La OMS acusa a China de ocultar casos de neumonía atípica.

20 de abril. China destituye a su ministro de Sanidad y al alcalde de Pekín. El Gobierno chino admite que ocultó datos sobre la neumonía atípica y que no actuó a tiempo.

23 de abril. La OMS aconseja no viajar a Pekín ni a Toronto en tres semanas. (El Mundo)

25 de abril. La OMS fija en 4.836 los casos posibles de neumonía atípica registrados en 28 países.

26 de abril. Los países asiáticos más afectados por la SARS refuerzan los controles en las aduanas.

28 de abril. China, único país afectado que no logra atajar la neumonía atípica.

29 de abril. La OMS Acusa a China de seguir ocultando casos de afectados.

5 de mayo. Corea del Norte suspende los vuelos con China debido a la neumonía atípica.

6 de mayo. El primer ministro chino advierte de que la situación por la neumonía atípica sigue siendo muy grave.

8 de mayo. Rusia cierra parte de su frontera con China.

15 de mayo. China amenaza ejecutar a las personas que propaguen la neumonía de forma intencionada.

19 de mayo. Un total de 124 países limitan la entrada de chinos a su territorio.

31 de mayo. China asegura tener la epidemia de neumonía bajo control.

1 de junio. China asiste a la cumbre del G-8

12 de junio. La OMS anuncia que la neumonía está bajo control en China.

29 de julio. Dan de alta a los últimos pacientes de neumonía atípica en China.

12 de septiembre. China confirma la reunión a seis sobre la crisis norcoreana del 27 al 29 en Pekín.

7 de octubre. China, Japón y Corea del Sur firman una declaración conjunta de cooperación.

15 de octubre. Primer astronauta chino en el espacio.

30 de octubre. Finaliza la cumbre UE-China con importantes acuerdos de cooperación comercial.


 


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