Anuario 2003
Marruecos
"La inmovilidad de la monarquía marroquí alimenta el crecimiento del islamismo y genera una situación comprometida en la ONU"
Marina Teixidó

Cuatro años y medio después de que el rey Mohamed VI llegase al trono, el 23 de julio de 1999, su imagen renovadora ha desaparecido. Marruecos está clasificado como el país más corrupto del Magreb y además sigue siendo el país más pobre y represivo de toda la región. Por si fuera poco, su imagen de gran potencia africana de cara al exterior se encuentra en un momento crítico. Su rechazo del Plan Baker II como solución al conflicto de Sáhara ha llevado al reino alauí a una situación muy embarazosa ante la ONU y, además, su supuesta inmunidad al integrismo y al terrorismo islámico, que Marruecos utilizaba como argumento para justificar que el Sáhara le perteneciese, se ha visto gravemente comprometida a causa de los atentados terroristas de Casablanca, que pueden llegar a constituir el detonante de una grave crisis de la política interior y exterior marroquí. Aun así, ni dichos atentados ni las posteriores acusaciones contra diversos partidos islámicos han podido detener el auge islamista, como se pudo comprobar en los resultados de las elecciones municipales.
Los comicios municipales, que se celebraron del 12 de septiembre, los primeros bajo el reinado de Mohamed VI, confirmaron el panorama electoral marroquí surgido tras los últimas elecciones legislativas de 2002. Según los resultados oficiales, de las 26 formaciones que acudieron a las elecciones, el partido conservador y nacionalista 'Istiqlal', que condujo al país a la independencia, fue, sin sorpresas, el más votado, consiguiendo el 16,9% de los cargos. En segundo lugar, y con un 14,7%, quedó la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), seguida de la Agrupación Nacional de los Independientes (RNI), con un 12,3%. La Unión Democrática quedó en tercer lugar con el 5,72% de los votos y el 6,6% de los cargos. Los islamistas moderados del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), partido islamista que alcanzó el tercer puesto en las últimas elecciones legislativas (a pesar de que en dichos comicios no se presentó en 35 de las 91 circunscripciones electorales), consiguieron un 2,5%, debido a que tan sólo se presentaron en el 18% de las circunscripciones.

Éstas fueron las elecciones más transparentes en la historia de Marruecos. Los anteriores comicios en 1997, por ejemplo, estuvieron acompañados por numerosas denuncias de irregularidades por parte de la oposición. En esta ocasión el propio rey instó a las autoridades locales a que reforzaran sus poderes para cambiar y mejorar los sistemas de gerencia y administración, un hecho que, según fuentes oficiales, se debe considerar como un paso más hacia la democracia y hacia la autonomía de las administraciones locales. Además, los ministerios de Interior y Justicia publicaron una nota común en la que subrayaban las medidas que serían aplicadas en el caso de que fueran vulneradas las leyes electorales, particularmente en el caso de que hubiese "tentativas de influenciar la voluntad de los electores y sus libres opciones".

Aun así, todas estas garantías no elevaron el nivel de participación. De los 14,6 millones de marroquíes que estaban llamados a las urnas, sólo votaron un 54,16 por ciento, y por tanto la abstención fue del 45’84%. En los comicios de 2002 ya hubo un alto nivel de abstención, de un 48%, el más elevado de la historia de Marruecos.

Los resultados han vuelto a ser positivos para el PJD, si se tiene en cuenta que tan sólo representaban al 3 por ciento del total de municipios. Después de los atentados de Casablanca del 16 de mayo y la condena al antiguo tesorero del partido en Kenitra, Younes Ossalah, a 30 años de prisión por su supuesta participación en los atentados, los resultados satisfacieron a los responsables del partido. Según estos, el porcentaje de representación obtenida en relación al número de candidatos presentados del partido fue del 22,12%, mucho mejor que la del Istiqlal (14,55%), o la de la USFP (11,95%). El secretario general del partido, Saad Eddine Othmani, afirmó que “los resultados obtenidos por el PJD eran previsibles, en relación a nuestra participación, y a pesar de la campaña efectuada contra nuestro partido desde los atentados del 16 de mayo en Casablanca, pero esto muestra que nuestro partido está bien enraizado en la sociedad marroquí”.

Los desacuerdos existentes entre los componentes de la Kutla, el bloque gobernante que reúne a los principales partidos de la antigua oposición, liderados por el Istiqlal y la UFSP junto al PPS (Partido de Progreso Socialista, ex comunistas), GSU (Izquierda Socialista Unida) y la UNFP (Unión de Nacional Fuerzas Populares), han dañado la credibilidad de los partidos laicos permitiendo a otros partidos subir posiciones. La Kutla podría estar llegando a su fin. En ese caso, se podría formar un nuevo gobierno integrado por el Istiqlal y el PJD, que sustituiría a los socialistas. Esta entrada de los islamistas en la coalición probablemente contentaría a una parte de la población y daría una mayor legitimidad popular al Gobierno.

Los mismos islamistas del PJD autolimitaron, según fuentes del partido, su participación al 18% de las circunscripciones electorales para frenar “una marea islamista que habría provocado la anulación de todo el proceso electoral como sucedió en Argelia”, para “reforzar la confianza del poder cara al partido, y para hacer fracasar las intenciones de la corriente erradicadora” (en alusión a los socialistas).

Estos resultados electorales demuestran que los partidos islamistas siguen siendo la mejor alternativa para muchos marroquíes, pese a las críticas y los ataques que han recibido por parte del Gobierno alauí, sobre todo a partir de los atentados que se produjeron el 16 de mayo de 2003 en Casablanca. Concretamente, fueron 5 atentados perpetrados contra objetivos ubicados en el centro financiero de la ciudad, uno de ellos, el que resultó ser más mortífero, en la Casa de España. 41 personas murieron y más de cien resultaron heridas. Pocas horas después de los atentados, el ministro del Interior alauí, Mustafá Sahel, aseguró que "estos atentados llevan la firma del terrorismo internacional", y unos días después las autoridades marroquíes empezaron a responsabilizar del atentado a los sectores islamistas, unas acusaciones que desembocaron en una escalada de detenciones.

Las autoridades estadounidenses ayudaron a Marruecos a poder culpabilizar a los islamistas ya que señalaron que los atentados de Casablanca habían sido perpetrados de manera coordinada como los registrados en Riad, la capital de Arabia Saudí, y que esta semejanza revelaba una vinculación con Al Qaida.

Desde mayo hasta enero de 2004 se han detenido y acusado de haber participado en el atentado a 81 personas, la mayoría islamistas del grupo radical Salafia Jihadia. Durante estos meses, el Tribunal de Apelación de Casablanca ha impuesto la condena a muerte a catorce supuestos miembros del grupo. El resto han sido condenados a prisión, con penas que oscilan entre los doce meses y la cadena perpetua.

Sin embargo, ni los atentados ni las acusaciones a islamistas han sido suficientes para hacer olvidar a la población su descontento con el Gobierno actual.

La misma población que en el año 2000 –un año después de que Mohamed VI sucediese a su padre Hassan II– celebraba con optimismo un nuevo futuro en Marruecos, está ahora decepcionada y frustrada, cosa que representa un peligro para el régimen de la dinastía alauí y la estabilidad regional, ya que cada vez más marroquíes está mirando hacia los islamistas para encontrar soluciones al futuro del país. Mientras, el joven y moderno Rey, que expresó su deseo de caminar hacia la democracia, la libertad de prensa, el desarrollo económico, una muy necesitada mejora del papel de la mujer marroquí y un avance en el conflicto saharaui, ve cómo su popularidad, junto con todas sus promesas de modernidad y renovación, caen en picado dentro de su país, que ha advertido su incapacidad para resolver los graves problemas sociales.

La retórica nacionalista que Mohamed V emplea en Marruecos para ganarse la confianza de los ciudadanos, y de la que hemos visto pruebas contundentes como la invasión del islote Perejil en julio de 2002 o su permanente negativa a los planes de resolución de la ONU para el conflicto del Sáhara, está endureciendo cada vez más el discurso de la diplomacia marroquí en el extranjero. El caso Perejil provocó una intensa tensión entre el país alauí y España, y su negativa a la última propuesta del anterior enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, James Baker, el Plan Baker II, dejó a Marruecos en una situación comprometida ante la comunidad internacional, que le pedía que aceptara el plan.

Marruecos se ha metido, pues, en un callejón sin salida. El contencioso del Sáhara Occidental, uno de los conflictos más antiguos en el mundo, que enfrentó a Marruecos y España desde 1950, y a partir de 1975 pasó a enfrentar Rabat y el POLISARIO, ahora parece que se encuentra en la recta final. La ONU está decidida a resolver el conflicto con el Plan Baker II y presiona a Rabat para que lo acepte. Pero el país alauí considera que “pone en peligro la integridad territorial de Marruecos”, y no quiere arriesgarse a dar su visto bueno a una consulta electoral en la que exista la remota posibilidad de salir derrotado. Además, teme que la amplia autonomía de que podrán disfrutar los saharauis empuje a otras regiones marroquíes a pedir lo mismo. Y esto puede suponer un grave peligro para un país tan centralista como Marruecos.

Elaborado por el enviado personal de Kofi Annan para este conflicto y ex secretario de Estado de EE.UU., James Baker, este proyecto establece un periodo de amplia autonomía para los saharauis de cuatro o cinco años tras los cuales se realizaría un referendo en el que participarían todos los habitantes del territorio, incluidos los colonos marroquíes, que elegirían entre independencia, anexión a Marruecos o autonomía.

El monarca Mohamed VI ha advertido en muchas ocasiones que “Marruecos está dispuesto a una solución del conflicto del Sahara Occidental, pero siempre dentro de un marco que respete la soberanía marroquí sobre la zona”. El peligro para Marruecos está en que el Consejo de Seguridad de la ONU decidió el 30 de julio aprobar por unanimidad la resolución 1495, que calificaba el Plan Baker II como la solución "óptima" para el conflicto, al tiempo que recomendaba su aplicación. El 28 de octubre, el Consejo aprobó otra resolución, la 1513, en la que da a Rabat tres meses más de plazo para "reflexionar" sobre la propuesta, y por tanto ampliaba el mandato de la Misión para el Referéndum en Sáhara Occidental (MINURSO), que expiraba este 31 de octubre. Además, el Consejo hace suya la opinión del secretario general de la ONU, Kofi Annan, que recomendó a Rabat aceptar el plan, como ya ha hecho el POLISARIO.

Tras la petición de Kofi Annan, la monarquía marroquí, sintiéndose atacada y en posición comprometida, llegó a acusar a Annan de "desviarse de la neutralidad". Y dentro del país se prepararon para lo peor y la monarquía dio la orden a los partidos políticos y a la prensa de cerrar filas en torno al rey para defender la marroquinidad del Sáhara. Aún llegó más lejos el secretario general del islamista PJD, Abdelkrim Jatib, que apostó por realizar "una nueva marcha verde". Paralelamente, y como las relaciones con la ONU van de mal en peor, Rabat intenta alcanzar una solución del conflicto al margen del órgano internacional. "La solución está fuera de la ONU", dijo un alto cargo de Exteriores. Las autoridades marroquíes están dispuestas a todo con tal de que el Plan Baker II no se aplique y ya anuncian su intención de entablar negociaciones directas con Argelia, el principal valedor del Frente Polisario, para llegar a un acuerdo. Rabat cree que si garantiza a Argelia una salida al Atlántico, el régimen argelino retirará su apoyo al POLISARIO, con lo que el movimiento independentista saharaui estaría acabado. Pero las autoridades marroquíes están muy equivocadas porque Argelia anunció recientemente que se niega a negociar. "La pelota está en el tejado de Marruecos. No tenemos ninguna intención de dialogar con Marruecos sobre el Sáhara", dijo el embajador argelino ante la ONU. Otra mala noticia para Marruecos es que Argelia entra en enero como miembro en el Consejo de Seguridad –con la intención de acelerar el Plan Baker II– y podrá proponer sanciones internacionales contra Rabat

La única alegría que ha tenido Marruecos es la postura que adoptó Estados Unidos, y de la que el 23 de septiembre el presidente norteamericano, George Bush, informó al monarca marroquí Mohamed VI, en una reunión en la sede de la ONU. Bush aseguró que Washington "no impondrá ningún arreglo al conflicto del Sahara Occidental”, sino todo el contrario: “Intentará acercar posturas entre Rabat y el POLISARIO”. Tras las declaraciones de Bush, la clase política y gubernamental en Marruecos expresó su satisfacción por la nueva postura de su país respecto al conflicto de Sahara. Hassan Abdel Jalaq, diputado del partido Istiqlal, declaró a ACN Press que "la nueva postura de EE.UU. nos tranquiliza muchísimo y abre esperanzas a negociaciones entre las partes implicadas". Pero el subsecretario de Estado, William Burns, dejó claro en esta ocasión que su país respalda "los esfuerzos de Annan y Baker" e invitó a Rabat a "colaborar con la ONU".

Además, Marruecos sigue contando con el apoyo de Francia, con quien mantiene unas muy buenas relaciones diplomáticas. El último encuentro entre los dirigentes de los dos países fue a principios de octubre, cuando el presidente francés, Jacques Chirac, efectuó una visita oficial a Marruecos. Chirac reafirmó nuevamente el apoyo de París a Rabat en el contencioso del Sahara Occidental. Aun así, el jefe de Estado francés también declaró que "es importante que las discusiones continúen en la perspectiva fijada por la resolución 1495 del Consejo de seguridad". Pero puntualizó que "es evidente que el Consejo de la ONU no puede imponer una solución en este conflicto: incumbe a las partes encontrar la vía de un arreglo y a la comunidad internacional a animarlas en este sentido".

Pero las relaciones con Francia podrían enfriarse en breve ya que, a finales de 2003, Marruecos está a punto de finalizar las negociaciones con Estados Unidos sobre un acuerdo de libre comercio.

El acuerdo, por parte de Marruecos, es un primer paso para poner en marcha el programa y la iniciativa de reforma económica en Marruecos para eliminar las barreras ante la llegada de la inversión extranjera. Y en el caso de Estados Unidos, el acuerdo forma parte, según expresó el mismo Powell en el foro económico norteamericano-árabe en Detroit (EE.UU.), de un conjunto de iniciativas para “incrementar su comercio con los países árabes que gozan de la simpatía de Washington”, y “el último paso es negociar el acceso a los mercados americanos con acuerdos de libre comercio”.

Ya desde el comienzo, las negociaciones han sido polémicas. Marruecos cuenta con importantes acuerdos comerciales con la Unión Europea (UE), con la que se ve estrechamente relacionada geográficamente. Los planes para establecer una posible zona Euro-Mediterránea de comercio libre –entre la UE, África del norte y zonas de Oriente Medio– se podrían ver comprometidos por un acuerdo de libre comercio entre EE.UU. y Marruecos.

Francia, principal aliada de Marruecos, ha lanzado ya claras declaraciones en las que avisa a Rabat de que tiene que elegir entre el libre comercio con Estados Unidos o con la UE. Mientras la UE intenta constantemente incluir a sus regiones vecinas en un mercado libre cada vez mayor, EE.UU. está animando actualmente a regiones como África del norte para que establezcan acuerdos con Washington.

Marruecos, sin embargo, todavía está intentando colaborar con ambas partes. Mientras las negociaciones de comercio libre entre EE.UU. y Marruecos se llevaban a cabo en Detroit, el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Mohamed Benaissa, se encontraba en Nueva York con ocasión de la 58 Asamblea General de la ONU, donde mantuvo encuentros con representantes africanos y europeos para discutir, entre otros asuntos, una intensificación de la cooperación Euro-Mediterránea.



La inestabilidad y la desigualdad económicas agudizan la crisis social

El crecimiento económico del Marruecos se ha movido entre niveles desastrosos (-0,1 por ciento) y buenos (+6,5 por ciento) desde que Mohamed VI tomó el poder en 1999. Este crecimiento –que se ve algo reducido por el aumento de población– ha contribuido hasta ahora a bajar el paro urbano desde un nivel de 22 a un 18 por ciento. Estos logros, sin embargo, no parecen asegurados, dada la dependencia de la economía marroquí del sector turístico, que tras un auge en el 2001, durante 2002 y 2003 ha caído en picado.

Socialmente, Marruecos está muy lejos de ser la gran potencia que pretende. Según el informe anual de desarrollo humano de la ONU, el país alauí, con sus treinta millones de habitantes, se encuentra en el número 126 de un total de 175 países y sigue siendo inferior a todas las naciones norteafricanas, tan solo a 50 puestos del último país (Sierra Leona). Las desigualdades económicas existentes afectan a una gran parte de la población, que no tiene garantizada una mínima asistencia social y económica por parte del Estado (en muchas ocasiones, la única ayuda proviene de las asociaciones caritativas islamistas, que por esto ganan puntos entre la población ante la inoperancia del Estado). Además, Marruecos ocupa también la peor posición de los países del norte de África en lo que se refiere al acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones, según la clasificación de 178 países ofrecida a finales de noviembre por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Marruecos ocupa el puesto número 118, tras Libia (93), Túnez (95), Egipto (98) y Argelia (110). Y por otro lado, el país alauí fue clasificado recientemente como el país más corrupto del Magreb, según un estudio del Foro Mundial de Economía, realizado en Suiza, y en el que se situaba al mismo nivel que países como Zimbawe o Mozambique. Todo esto agrava la situación de una población ya descontenta, como se ha dicho anteriormente, por el incumplimiento de las promesas de Mohamed V.

Por si fuera poco, persisten los atentados contra la libertad de expresión, que sigue siendo prácticamente inexistente en Marruecos.

El caso reciente más conocido es el del periodista Ali Lmrabet, director y redactor del semanario Demain Magazine. A principios de enero del 2004, Lmrabet ha sido indultado por decreto real tras pasar siete meses en prisión por publicar un análisis islamista. El tribunal de Rabat le condenó el 21 de mayo del pasado 2003 a cuatro años de cárcel incondicional, por "desacato a la persona del rey", "atentado a la integridad territorial" y "atentado al régimen monárquico". Sin embargo, el indulto de Lmrabet es una excepción, y se debe interpretar como una respuesta de la monarquía ante las presiones internacionales, ya que el caso periodista se ha publicado en los periódicos de todo el mundo y se ha convertido en un símbolo de la incapacidad de Mohamed VI para reformar y democratizar el país.

La figura del rey, que mantiene en sus manos el poder ejecutivo y penal, continúa, por tanto, siendo intocable, y las críticas a su figura pueden acarrear cinco años de cárcel. Esta situación, junto a los problemas de credibilidad e incapacidad de la clase política y la desigualdad social y económica del país, impiden que en Marruecos haya una verdadera democracia representativa y que crezca el apoyo a los islamistas del PJD, que en estos momentos una parte de la población considera la mejor alternativa.


España y Marruecos solucionan su crisis diplomática

El contencioso del Sáhara Occidental, las negociaciones pesqueras, y la inmigración ilegal fueron algunas de las causas de la grave crisis diplomática que estalló entre España y Marruecos en 2001, y aunque todos estos asuntos sigue exactamente igual, los dos países restablecieron sus relaciones en enero, unas relaciones, que por cierto, no habían llegado a romper oficialmente. Quince meses después de la retirada del embajador marroquí en España, Abdeslam Al Baraka, el 26 de octubre del 2001, y tras el conflicto del islote de Perejil y la anulación sistemática durante un año por parte del ministro de Exteriores alauí de las citas con su homólogo español, Marruecos hizo posible un encuentro entre los ministros de Exteriores en el que se acordó el retorno de los embajadores. En diciembre del 2002 el país alauí ya había dado un primer paso hacia la reconciliación ofreciendo unas condiciones generosas para abrir su caladero a la flota gallega afectada por la catástrofe del hundimiento del petrolero “Prestige”, sin reclamar a cambio compensaciones económicas. Como el mismo Mohamed VI expresó en esta ocasión, “Marruecos desea restaurar lo más rápidamente las heridas de los últimos tiempos”. Se puso fin así a una insólita controversia entre dos Estados, que mantienen unas relaciones privilegiadas plasmadas en el "Tratado de amistad, buena vecindad y cooperación entre el Reino de Marruecos y el Reino de España", firmado el 4 de julio de 1991. Tal crisis diplomática era la conclusión de un período de creciente deterioro, que sólo el Gobierno español parecía no ver, marcado por el fracaso de las negociaciones pesqueras, aderezado por los problemas y el cruce de acusaciones derivados de la llegada continua de inmigrantes clandestinos a las costas españolas, y estimulado por las pretensiones marroquíes de modificar la posición de España ante el conflicto del Sáhara Occidental.

Ali Lmrabet, una víctima más de la inexistente libertad de expresión marroquí

Una de las promesas del rey alauí, la que hace referencia a una mayor libertad de prensa, no sólo no se ha cumplido, sino que la situación de los periodistas parece haber empeorado. La falta de libertad de expresión, que ha ahogado siempre a la prensa de Marruecos, culminó este año con el encarcelamiento del periodista marroquí Alí Lmrabet, director Y redactor del semanario “Demain Magazine”. Lmrabet fue detenido en mayo de 2001 por publicar artículos en los que discutía varios de los principales problemas de la empobrecida nación. Concretamente, publicó una entrevista con un marroquí republicano que estaba a favor de la autodeterminación de los saharauis, "socavando la integridad territorial de Marruecos", según las autoridades marroquíes, y un artículo que cuestionaba las disposiciones económicas de la Casa Real y del Makhzen (así se denominan los grupos de presión que condicionan al Gobierno marroquí), donde informaba sobre la posible venta del Palacio Real de Skhirat, situado en los alrededores de Rabat. El caso del editor Ali Lmrabet –que tuvo amplia cobertura en la prensa internacional– también hizo que gobiernos de Occidente reconsiderasen su impresión de progreso en Marruecos. El tribunal de Rabat le condenó el 21 de mayo a cuatro años de cárcel incondicional, por "desacato a la persona del rey", "atentado a la integridad territorial" y "atentado al régimen monárquico". El 17 de junio, la condena se redujo, en la apelación, a tres años de prisión incondicional. El periodista también fue condenado a pagar 20.000 dirhams (aproximadamente 1.700 euros) y sus publicaciones fueron prohibidas. Lmrabet, ya debilitado por 50 días de huelga de hambre, del 6 de mayo al 24 de junio de 2003, inició a principios de diciembre una nueva huelga en protesta por los malos tratos que recibía en prisión que, según la organización para la defensa de la libertad de prensa Reporteros Sin Fronteras, podía acabar destrozando su estado. Sin embargo, el caso de Lmrabet ha acabado bien. El 7 de enero de 2004 el periodista ha sido indultado por decreto real después de haber pasado siete meses en prisión. Aunque es inevitable pensar que este indulto es un paso más hacia la libertad de expresión en Marruecos, no se debe ser tan optimista. Aún hay decenas de periodistas encarcelados en Marruecos y medios de comunicación que cierran de un día para otro. Además, está por ver si Lmrabet podrá volver a publicar sus semanarios, y aunque así fuera, no se debe olvidar que el caso del director de “Demain Magazine” ha ocupado grandes titulares en los medios de comunicación internacionales, hasta convertirse en un símbolo de la incapacidad de Mohamed VI para reformar y democratizar el país, causando un serio problema de imagen para la monarquía marroquí.


Cronologia año  2003
4 de enero. El ministro de Exteriores, Mohamed Benaisa, expresa la renovada disposición del Gobierno marroquí para poner fin a la crisis diplomática con España.

15 de enero. Francia subraya el interés de sus empresas por establecerse en Marruecos. Baker llega a Marruecos en un posible último esfuerzo por solucionar el conflicto de Sáhara.

18 de enero. Baker visita a las otras partes del contencioso y decide pedir una prórroga de dos meses para solucionar el conflicto.

21 de enero. Malestar de la UE con Marruecos por su posible acuerdo comercial con EE.UU.

31 de enero. La ministra de Exteriores española Ana Palacio visita Mohamed VI en Marruecos. Los dos países acuerdan el retorno de los embajadores.

7 de febrero. Rabat y Argel intentan acercar posiciones respecto al Sáhara.

14 de febrero. Cien mil marroquíes se manifiestan en Rabat en contra de la guerra de Irak.

17 de febrero. España y Marruecos acuerdan "iniciar la inmediata colaboración" entre ambos países para identificar y facilitar el retorno de los inmigrantes ilegales que intentan llegar a la Península ibérica.

10 de marzo. El nuevo plan para una solución política del contencioso del Sahara Occidental prevé la celebración de elecciones autonómicas en el plazo de un año y un referéndum de autodeterminación en 2008.

21 de marzo. El rey Mohamed VI se dirige a su pueblo para unirse a la “gran inquietud” por el comienzo de la guerra de Irak.

25 de marzo. El Consejo de Seguridad de la ONU aprueba una resolución que prolonga dos meses la Misión en el Sahara Occidental (MINURSO) para que las partes en conflicto tengan tiempo de estudiar la nueva propuesta de paz de Naciones Unidas.

9 de mayo. Asegurada la descendencia monárquica con el nacimiento del heredero al trono.

12 de mayo. El ministro delegado de Asuntos Exteriores marroquí, Tayeb Fassi Fihri, afirma que España tiene “un papel fundamental” para lograr “una solución política de compromiso” del contencioso del Sahara Occidental.

16 de mayo. Al menos cuatro atentados con bombas en la Casa de España en Casablanca causan 45 muertos y un centenar de heridos.

21 de mayo. XXX aniversario del Polisario mientras la ONU busca una solución al conflicto.

22 de mayo. El tribunal de primera instancia de Rabat condena a Ali Lmrabet, director del semanario en francés “Demain Magazine” y de su versión en árabe “Dumane”, a cuatro años de cárcel y a pagar una multa de 20.000 dirhams (unos 2.000 euros). Nuevos datos confirman que los kamikazes marroquíes que perpetraron el atentado en Casablanca podrían tener contactos con Al Qaeda.

23 de mayo. El Polisario amenaza a Rabat con volver a las armas.

28 de mayo. Advertencia a la industria petrolífera sobre la ilegalidad de los contratos en Sáhara. El territorio no tiene propietario legal.

30 de mayo. La ONU define a Marruecos como 'poder administrativo' de Sáhara. En su primera declaración pública tras los atentados de Casablanca del día 16, el rey Mohamed VI expresa su condena y anuncia a los marroquíes que se actuará con contundencia contra quienes utilicen la democracia para desafiar la autoridad del Estado.

2 de junio. MINURSO amplía dos meses más su labor en Sáhara.

12 de junio. El presidente español, José María Aznar, expresa al rey Mohamed VI el compromiso de España en la búsqueda de una solución consensuada para el conflicto del Sahara Occidental.

14 de junio. El periodista franco-marroquí Alí Lmrabet, hospitalizado durante su encarcelamiento por “ultraje a la persona del rey”, está en “peligro de muerte”, después de 39 días en huelga de hambre.

19 de junio. Indicios de una red internacional tras los ataques en Casablanca.

24 de junio. El periodista marroquí Ali Lmrabet, finaliza debilitado en extremo una huelga de hambre de 50 días. Seguirá en prisión durante tres años si no recibe el perdón real.

14 de julio. El Polisario acepta el nuevo plan de paz. Condenados a muerte 10 islamistas relacionados con los atentados de Casablanca.

17 de julio. El Consejo de Seguridad de la ONU empezó ayer la discusión sobre el nuevo plan Baker que impondrá una solución al conflicto del Sahara Occidental. Rabat ha rechazado la propuesta y no quiere una decisión impuesta.

25 de julio. Francia recuerda a Marruecos sus obligaciones con la UE.

1 de agosto. La ONU aprueba el nuevo Plan Baker para el Sáhara Occidental y prolonga el mandato de MINURSO.

8 de agosto. Nombrado nuevo enviado de la ONU para Sáhara Occidental.

20 de agosto. El Tribunal de Apelación de Casablanca condena a pena de muerte a cuatro islamistas con relación a los atentados suicidas registrados en esta ciudad.

28 de agosto. Se inicia la campaña para las elecciones locales de septiembre.

13 de septiembre. Primera jornada electoral sin incidentes.

15 de septiembre. Satisfacción de los islamistas por sus resultados en las elecciones municipales.

24 de septiembre. Satisfacción en Marruecos por la nueva postura de EE UU respecto a Sáhara.

30 de septiembre. Marruecos aumentará sus exportaciones de tomate a la Unión Europea un 20,45% en los próximos cuatro años, según se desprende del acuerdo agrícola alcanzado ayer, tras un año y medio de negociaciones con la Comisión Europea.

9 de octubre. Chirac visita Marruecos tras la invitación del rey Mohamed VI.

10 de octubre. El Rey de Marruecos, Mohamed VI, anunció hoy ante el Parlamento marroquí una serie de reformas en el Código del Estatuto Personal que contemplan la igualación de derechos de la mujer y el hombre.

11 de octubre. Chirac muestra su apoyo a las reivindicaciones marroquíes en Sáhara.

14 de octubre. El Frente Polisario mantiene su apoyo al plan diseñado por Baker. Ibrahim Ghali, representante del Frente Polisario en España, hace un llamamiento a la comunidad internacional para que obliguen a Marruecos a aceptar el plan.

16 de octubre. El Gobierno español pide más rigor a Rabat tras la llegada a España de 550 inmigrantes en patera.


 


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