Anuario 2003
Serbia
"El primer ministro reformista Djindjic muere asesinado por la mafia"
Leticia Gonzálvez

Yugoslavia ha pasado a la historia. En enero nació un nuevo Estado: la Unión de Serbia y Montenegro, una confederación en la que ambas repúblicas comparten muy pocas competencias y que muchos dan por escindida dentro de pocos años. Las relaciones entre Serbia y Montenegro, tradicionalmente conflictivas, se han calmado; pero el “polvorín balcánico” sigue en brasas. El 12 de marzo era asesinado a tiros el primer ministro serbio, Zoran Djindjic, cuando ponía en marcha la campaña gubernamental contra la mafia. La población no confía en la política y lo demuestra con el absentismo electoral, tanto en Serbia como en Montenegro. Tres comicios no han sido suficientes para elegir presidente serbio: la amenaza de los ultranacionalismos vuelve a planear sobre la política balcánica. Y, entre tanto, el Gobierno de Zivkovic convoca elecciones anticipadas al Parlamento.
El primer ministro de Serbia, Zoran Djindjic, cayó abatido a tiros en la puerta del edificio del Gobierno de Serbia. Era la mañana del 12 de abril; el primer ministro salía de su coche blindado, rodeado de guardaespaldas. A punto de atravesar el umbral de la sede gubernamental, su lugar de trabajo, las balas penetraron en su cuerpo, procedentes de un edificio contiguo abandonado.

Rápidamente, la presidenta en funciones, Natasa Micic, declaró el Estado de Emergencia y Zoran Zivkovic, viceprimer ministro y ministro de Defensa, asumió la presidencia del Gobierno. Esta mudanza se produjo con mucha rapidez para no prolongar la acefalia institucional. El 18 de marzo, el Parlamento serbio aprobaba el nombramiento de Zivkovic como nuevo primer ministro, por un estrecho margen de votos: de un total de 250 escaños, 128 diputados votaron a su favor, mientras que 100 votaron en contra. Los grandes partidos de la oposición nacionalista, el Partido Democrático Serbio (DSS), los socialistas de Milosevic y el Partido Radical Serbio (SRS) votaron en contra de la investidura.

Djindjic, líder de la coalición Oposición Democrática de Serbia (DOS) –que agrupa partidos de centroizquierda–, había sido un primer ministro reformista. Obsesionado por la integración de Serbia en la Unión Europea (UE), quería acabar con el aislacionismo del país y se mostraba dispuesto a reabrir el debate sobre el estatus de Kosovo. La voluntad de integración internacional del primer ministro y su cooperación con la extradición de Milosevic al Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) de La Haya lo convirtieron en favorito de las Administraciones estadounidenses de Bill Clinton y George W. Bush.

Su batalla –no siempre transparente– contra la mafia motivó su asesinato. Desde 2001, Djindjic encabezaba la batalla del Gobierno contra el crimen organizado. Aparentemente, el asesinato se comenzó a planear en enero, cuando Djindjic aprobó la apertura de una investigación sobre la mafia belgradense. Los grupos mafiosos, que habían actuado con impunidad durante la época de Milosevic, respondieron a la campaña con cuatro atentados fallidos contra el primer ministro, atentados que comenzaron a mediados de febrero y que iban acompañados de amenazas públicas a Djindjic y a sus aliados, publicadas en periódicos próximos a la extrema derecha.

Tras el magnicidio, la campaña policial contra la mafia se convirtió en el único asunto de interés político. El Gobierno arrestó a más de dos mil sospechosos. En el juicio, que comenzó el 22 de diciembre, 44 presuntos conspiradores deberán comparecer ante el tribunal, constituido con donaciones europeas y estadounidenses. El primer sospechoso es Milorad Lukovic, alias “Legija”, ex comandante de los “Boinas Rojas” –unidad militar especial de la policía secreta, tristemente conocida por su brutalidad durante la guerra en los Balcanes– y presunto autor del asesinato del ex presidente Ivan Stambolic, enemigo de Milosevic. Zvezdan Jovanovic, quien supuestamente apretó el gatillo, fue arrestado y confesó haber disparado la bala mortal. Durante una redada policial en abril, el líder mafioso Dusan Spasojevic, íntimamente relacionado con Lukovic, murió de un tiro en la cabeza. Las Boinas Rojas huyeron en desbandada. Lukovic ha eludido la captura; algunos oficiales serbios creen que está escondido en el sur de Bosnia.

Las aguas siguen revueltas; en particular porque Lukovic había tenido estrechos lazos con miembros del Gobierno de Djindjic, motivo que explicaría la resistencia del Gobierno a actuar contra los grupos de policía criminal, entre ellos los Boinas Rojas, de las que Lukovic había sido comandante en 1999.



Sin presidente, sin Parlamento y sin Gobierno

Serbia está viviendo una situación inédita: es un país sin presidente, sin Parlamento y, por tanto, sin Gobierno. Es cierto que el presidente de la República de Serbia hace más de un año que está a la espera, pues ya son tres las elecciones presidenciales desde 2002 en las que el absentismo electoral ha impedido validar los resultados. La crisis económica, La lentitud de las reformas, la corrupción y la falta de salidas para la crisis económica han desembocado en un creciente desinterés político de la población. El 30 por ciento de la población serbia está en paro, y un millón de jubilados viven con una pensión de menos de 100 euros al mes.

Este descontento explicaría por qué menos del 50 por ciento de los electores se presentaron ante las urnas en las últimas presidenciales, celebradas el 16 de noviembre, en las que no por casualidad se produjo un inesperado ascenso de la ultraderecha. Tomislav Nikolic, candidato del ultranacionalista SRS, obtuvo el 46 por ciento de los votos. La victoria de Nikolic significó un duro revés para los sectores democráticos de Serbia y cayó como un jarro de agua fría en las embajadas occidentales y en las sedes de los organismos internacionales en Belgrado. El ascenso del SRS, una formación que fue aliada del régimen de Slobodan Milosevic durante las guerras de los noventa, descolocó al Partido Democrático (DS), fuerza principal de la coalición DOS. Todas las encuestas habían dado la victoria al candidato del DS, Dragoljub Micunovic, presidente del Parlamento federal de Serbia y Montenegro, y profesor universitario de prestigio. La presidencia interina la ocupa la responsable del Parlamento, Natasa Micic, desde que el anterior presidente, Milan Milutinovic, se viera obligado a comparecer ante el TPIY hace más de un año, acusado de crímenes de guerra.

Días antes de las elecciones presidenciales, Micic había disuelto el Parlamento y convocado nuevas elecciones legislativas anticipadas, previstas para el 28 de diciembre. El Gobierno de Zivkovic no fue capaz de resistir la dura campaña de la oposición a favor de la celebración de nuevos comicios.

El DS se ha debilitado terriblemente a lo largo del año, pero especialmente después de la muerte de su líder Djindjic. Pese a que inmediatamente después del magnicidio, la opinión pública entregó su confianza al nuevo Gobierno de Zivkovic, el apoyo popular sólo se mantuvo un par de meses. Zoran Zivkovic no es una figura carismática, y el partido se ha visto desacreditado por varios escándalos de corrupción y por frecuentes querellas internas.

A mediados de verano, la oposición comenzó la campaña a favor de elecciones anticipadas. Había comenzado la batalla entre la coalición de Gobierno y la “coalición” de la oposición, un agrupamiento informal de las fuerzas políticas en la sombra para derrocar a la DOS. Dos ministros y políticos de peso, Zoran Janjusevic y Nemanja Kolesar, se vieron obligados a dimitir tras ser acusados de blanqueo de dinero. No fueron los únicos que abandonaron el Gobierno en pocos meses. Otros dos miembros dejaron el Gabinete: el ministro de Salud, Tomislav Milosajevic, y el viceprimer ministro Rodoljub Sabic, que lo hizo “motu propio”, en protesta por los escándalos destapados.

Intuyendo que los pequeños partidos de la DOS comenzaban a inquietarse y que podrían salir de la coalición de un momento a otro, el Partido Democrático (DS), fuerza mayoritaria de la DOS, propuso al DSS y al G17 Plus, principales partidos demócratas, un “nuevo acuerdo político para defender los intereses vitales del Estado”; es decir, una coalición de unidad nacional. La propuesta fue rechazada rotundamente.

Desde ese momento, la popularidad del DS comenzó a caer en picado, mientras cuajaba la campaña a favor de nuevas elecciones legislativas anticipadas que estaba llevando a cabo la oposición. La tensión entre Gobierno y oposición desembocó, en octubre, en una moción de censura doble en el Parlamento serbio. La primera moción, presentada por el SRS exigió la dimisión de la presidenta Natasa Micic. La segunda fue presentada por el DSS y se dirigía al Gobierno de Zivkovic. Finalmente, el 13 de noviembre, el presidente del Parlamento federal de Serbia y Montenegro, Milan Micunovic, pidió la disolución del Parlamento serbio a Micic, quien a continuación convocó nuevas elecciones para el 28 de diciembre.



Yugoslavia da paso a la Unión de Serbia y Montenegro

La República federal de Yugoslavia ha dejado de existir, al menos en los mapas. La desaparición de Yugoslavia ha dado a luz a un nuevo Estado, la Unión de Serbia y Montenegro (USM), que reúne a ambas repúblicas y que mantiene el estatus de provincia autónoma para Kosovo y Voivodina, en la frontera húngara. La nueva entidad tiene la voluntad de consolidar las relaciones con Europa, ya que la formación de esta Unión era una condición sine qua non para adherirse al Consejo de Europa –en el que entró el 3 de abril– y a la Asociación por la Paz de la OTAN. Sin embargo, a pesar de las fuertes presiones europeas para formar este nuevo Estado, muchos economistas y observadores locales le predicen una corta existencia.

La USM es la segunda unión consecutiva entre Serbia y Montenegro. En los tiempos de Milosevic, ambas repúblicas habían formado la República federal de Yugoslavia (en abril de 1992, tras la desintegración de la antigua federación socialista de seis repúblicas, establecida por los comunistas de Tito tras las Segunda Guerra Mundial).

El 14 de marzo de 2002, Vojislav Kostunica, presidente de la República de Serbia; Zoran Djindjic, primer ministro serbio; y Milo Djukanovic, presidente de la república de Montenegro, habían firmado en Belgrado un “acuerdo de principios”, en el cual se definían las condiciones de la creación del nuevo Estado. Éste posee unas instituciones comunes, entre ellas, un presidente común; y cuenta con competencias en política exterior, defensa, relaciones económicas exteriores, comercio interior y protección de los Derechos Humanos y de las minorías étnicas.

Svetozar Marovic es, desde el 3 de abril, presidente de la USM, en sustitución del último presidente yugoslavo, Vojislav Kostunica. Marovic es una personalidad grata a los representantes serbios; fue escogido por su moderación y su neutralidad frente a los nacionalismos. El restringido elenco de áreas bajo su competencia lo convierten en un presidente “ceremonial”. Sin embargo, si bien las decisiones políticas son tomadas por el Gobierno de cada república, Marovic queda al frente del Consejo Superior de Defensa, que toma decisiones que afectan a las Fuerzas Armadas, y monopoliza las relaciones internacionales de rango estatal. Con la elección de Marovic como nuevo jefe de Estado, el Consejo de Europa aceptó la entrada de la USM.

Es posible que la Unión tenga una duración limitada, en la medida en que el acuerdo de Belgrado permite a cada una de las dos repúblicas organizar un referéndum sobre la independencia en 2006. El 11 de mayo, el primer ministro del Gobierno montenegrino, Filip Vujanovic, anunció públicamente su intención de convocar este referéndum, en el momento en que su coalición de partidos –formada por Partido Democrático de Socialdemócratas (DPS) y el Partido Socialdemócrata (SDP)– ganó las elecciones al Parlamento de Montenegro. También del lado serbio los economistas y analistas predicen el fin rápido de la Unión, aunque, al contrario que en Montenegro, no ha habido declaraciones oficiales al respecto.

La Carta Constitucional de la USM divide los bienes del Estado federal entre las dos repúblicas. La Unión no tiene presupuesto común, sino que será financiada por los presupuestos de ambas partes; el grueso de la suma corre a cargo de Serbia. Las leyes económicas y los sistemas aduaneros no han sido armonizados, y ambas repúblicas tienen monedas y aduanas distintas, y dos mercados internos separados. En realidad, es un Estado más parecido a un “club” que a una verdadera unión.

Durante los dos primeros años, ambas repúblicas nombrarán a sus representantes en el Parlamento común. Posteriormente, lo harán en los Parlamentos respectivos. Zoran Djindjic, y Milo Djukanovic, ex primeros ministros de Serbia y de Montenegro, respectivamente, declararon tener la intención de resolver por separado los problemas de cada una de las dos repúblicas, y compartir los asuntos políticos concernientes a la Unión.



Las conversaciones de Viena no ponen fin al limbo político de Kosovo

Por primera vez desde los bombardeos de la OTAN sobre Serbia, serbios y kosovares se han dignado a negociar. Las conversaciones mantenidas en Viena el 14 de octubre fueron un rotundo fracaso, pero constituyeron un precedente para futuras negociaciones. La relación entre Serbia y la provincia autónoma de Kosovo –bajo administración de la ONU–, más que tensa, es escasa. De momento, ambas parecen irreconciliables.

El ex primer ministro serbio Zoran Djindjic parecía dispuesto a poner remedio al problema y pidió abrir el debate sobre el estatus de Kosovo, aunque la Carta Constitucional de la Unión de Serbia y Montenegro –firmada en febrero por los Parlamentos de ambas repúblicas, previamente a la declaración del nacimiento del nuevo Estado– reconoce la provincia como parte de la Unión.

El Gobierno de Djindjic llamó a principios de año a retomar las conversaciones entre Belgrado y Prístina, pero tras su asesinato el diálogo tuvo que posponerse. Las negociaciones, que debían haber comenzado en marzo, se pusieron en marcha en octubre. El estatus político de Kosovo se dejó completamente de lado. Las autoridades serbias indicaron que lo principal era avanzar en asuntos técnicos y prácticos para la población, y que una vez solucionados estos problemas, se podría proceder a poner fin al limbo político de la provincia balcánica, muy incómodo para los dirigentes independentistas kosovares.

“La conversación será lo menos política posible”, había anunciado Jolyton Naegele, un oficial de la UNMIK (Misión de las Naciones Unidas para Kosovo). Fue, pues, un encuentro simbólico, con la intención de sentar las bases de la formación de un grupo de trabajo que planteara problemas sobre infraestructuras (energía, transportes y comunicación) y sobre el regreso de los refugiados.

El Gobierno kosovar estuvo a punto de impedir que se llevara a cabo el diálogo, en el que participaron el secretario general de la OTAN, Lord Robertson; el encargado de política exterior de la UE, Javier Solana; el comisario europeo Chris Patten; y el presidente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Europeos (OSCE), Jaap de Hoop; además de representantes del llamado “Grupo de Contacto”, formado por Rusia, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia. Dos días antes de la reunión, el primer ministro de Kosovo, Bajram Rexhepi, anunció por la televisión local que ni él ni ningún otro miembro de su Gabinete asistirían al encuentro, explicando que era “demasiado pronto para discutir”. El rechazo al diálogo había sido pronunciado previamente por el Parlamento de Kosovo, en el que la mayoría albanesa bloqueó el envío de una delegación a Viena.

Bajo presión internacional, se consiguió la participación de una delegación kosovar, encabezada por el presidente independentista Ibrahim Rugova, y que también contaba con el presidente del Parlamento, Nexhat Daci.

La reunión acabó con escasos acuerdos. Uno de los éxitos fue que se establecieron cuatro grupos de trabajo para resolver “asuntos prácticos para mejorar la vida cotidiana de la gente”, según anunció Harri Holkerri, administrador de la UNMIK. Rugova salió desencantado del encuentro: “No veo ningún cambio en la orientación del actual Gobierno de Belgrado en comparación con el anterior régimen”, refiriéndose al régimen de Slobodan Milosevic.

La inestabilidad del Gobierno serbio ha contribuido a que Kosovo flote en un limbo político. Según la resolución 1.244 de la ONU, Kosovo es parte de Yugoslavia, lo que ahora es Serbia y Montenegro. Sin embargo, goza de instituciones democráticas propias y la etnia albanesa reclama la soberanía del pueblo albanokosovar sobre la región. La administración de la UNMIK, que en verano pasó a manos del ex presidente finlandés Harri Holkerri, contribuye en buena parte a la pacificación, aunque la violencia de la guerrilla independentista no ha llegado a desaparecer.



Cronologia año  2003
8 de enero. Un informe de la ONU anuncia que la situación en Kosovo se ha deteriorado mucho en los últimos años.

10 de enero. El primer ministro serbio Zoran Djindjic dice que si Kosovo sigue insistiendo en la independencia, Belgrado pedirá una nueva conferencia de Dayton para discutir nuevas fronteras.

16 de enero. Anuladas por segunda vez las elecciones presidenciales serbias por baja participación.

21 de enero. Milan Milutinovic, acusado de crímenes de guerra, se entrega al Tribunal de La Haya a pesar de insistir en su inocencia.

28 de enero. Se elige el Parlamento de la Federación de Serbia y Montenegro, que sustituye a la antigua asamblea federal yugoslava.

5 de febrero. Se proclama el nuevo estado de Serbia y Montenegro

9 de febrero. Desaparece el nombre de Yugoslavia de los mapas. A partir de ahora, será Serbia y Montenegro.

20 de febrero. Detenidos tres líderes albanokosovares de la ALK acusados de crímenes de guerra, la primera operación de este tipo operada por la OTAN en Kosovo.

24 de febrero. El ultraconservador Vojislav Seselj, líder del Partido Radical Serbio, acusado de crímenes de guerra, se entrega a La Haya.

7 de marzo. El montenegrino Svetozar Marovic, de la coalición gobernante socialdemócrata, es elegido presidente de la Unión de Serbia y Montenegro durante la tercera convocatoria de presidenciales.

12 de marzo. Zoran Djindjic, uno de los causantes de la caída de Milosevic, es asesinado a tiros en la puerta del Parlamento serbio. Se declara el Estado de Emergencia. Le sustituye en el cargo el vicepresidente, Zoran Zivkovic

11 de mayo. Filip Vujanovic, de la coalición socialdemórata, gana las elecciones al Parlamento de Montenegro, y anuncia un referéndum para la independencia de su país dentro de tres años.

21 de junio. Los Quince declaran “irreversible” la adhesión de los Balcanes durante la cumbre de Salónica (Grecia), en la que participan cinco países balcánicos.

16 de julio. Entra en prisión un comandante albanokosovar de la KLA por crímenes de guerra en 1998-1999.

22 de julio. Harri Holkeri, ex presidente de la Asamblea General de la ONU, es el nuevo administrador de la ONU en Kosovo, en sustitución de Michael Steiner.

5 de agosto. Asesinan a un policía en Kosovo, el primero desde que la región está bajo la protección de la ONU

6 de agosto. Los fiscales de La Haya acusan a los jefes de seguridad de Milosevic del asesinato del ex presidente serbio Ivan Stambolic.

19 de agosto. Acusan a un serbio del asesinato del policía kosovar.

28 de agosto. Mueren asesinados dos chicos serbios en un pequeño enclave serbio de la región albanesa de Kosovo.

9 de octubre. La mayoría albanesa del Parlamento de Kosovo bloquea el envío de una delegación a las conversaciones con Serbia-Montenegro del 14 de octubre.

14 de octubre. Fracasan las primeras conversaciones entre serbios y kosovares desde 1999, celebradas en Viena.

20 de octubre. El TPI lanza cuatro nuevas acusaciones contra generales serbios, dos de los cuales siguen en activo, por supuestas atrocidades cometidas durante la guerra en Kosovo.


 


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