Anuario 2003
Sudán
"Sudán vislumbra la paz tras 20 años de guerra"
Marina Teixidó

Tras 20 años de guerra, por fin Sudán, un país que parecía estar condenado eternamente a luchas y enfrentamientos eternamente, puede vislumbrar ya un resquicio de luz al final del túnel. A principios del 2004, el Gobierno sudanés y los rebeldes aproximan sus posiciones ante la firma de un acuerdo de paz que seguramente se podrá formalizar a finales de enero. La esperanza de que las dos partes lleguen a un consenso aumentó durante el pasado 2003 después de la intervención de EE.UU., que, interesado en el petróleo de los estados centrales del país, y apoyando a los rebeldes, presionó a las partes para superar sus diferencias. Finalizará con este acuerdo uno de los más brutales conflictos de la historia africana, que ha provocado dos millones de muertos y más de cuatro millones de refugiados y desplazados.
El Gobierno del general Omar Hassan al-Bachir y el principal movimiento rebelde del país, el Ejército de Liberación del Pueblo del Sudán (SPLA, en inglés), de John Garang, se encuentran desde septiembre de 2003 reunidos en la ciudad keniana de Naivasha, donde tendrían que haber firmado el acuerdo de paz antes del 31 de diciembre, la fecha límite impuesta por EE.UU. y confirmada por el ministro sudanés de Asuntos Exteriores, Mustafa Osman Ismail. Pero no fue posible cumplir el plazo a causa del estancamiento de las negociaciones, provocado por las discrepancias entre las dos partes sobre el reparto de los recursos.

Sin embargo, en enero del 2004 las negociaciones evolucionan muy favorablemente y la conclusión del acuerdo se prevé para finales de este mes. De momento, Gobierno y rebeldes ya han acordado la distribución de la abundante riqueza procedente del petróleo, uno de los puntos más dificultosos de consensuar.

El acuerdo estipula que ambas facciones compartirán, a partes iguales, los beneficios económicos de los aproximadamente 300.000 barriles de crudo que se extraen diariamente en el sur sudanés, feudo tradicional del SPLA.

Además, el vicepresidente sudanés, Ali Osman Taha, y el líder rebelde John Garang ya lograron en septiembre pasado un acuerdo sobre seguridad, el tema más espinoso aparte de la distribución del petróleo.

Ahora queda por determinar el futuro estatuto de los tres estados centrales del país: Abyei, Nuba, y la región del Nilo Azul. Estos tres distritos son precisamente el motivo principal de la guerra que ha ahogado el país durante más de dos décadas, sobre todo a causa de su gran producción de petróleo.

De momento, los acuerdos de paz prevén una autonomía temporal para el sur del país, seguida de un referéndum sobre la independencia total, que podría llegar a ser una realidad en seis años, y de una gran operación de mantenimiento de paz conducida por la ONU, encargada de supervisar el proceso de desarme y de paz.

El petróleo, pues, ha desempeñado un papel importante en esta guerra, una guerra muy compleja y en la que también han intervenido numerosos factores, como diferentes concepciones de Estado, disputas por la tierra y el agua atizadas por la grave crisis alimenticia... aunque generalmente se reduce a una lucha entre un norte árabe y musulmán que gobierna y que pretende imponer su ley, la sharia, a un sur negro y cristiano. Por lo tanto, el acuerdo entre el Gobierno y el SPLA no va a acabar con todos estos enfrentamientos, pero al menos eliminará la principal fuente de conflictos.

Después de 20 años de luchas, el Gobierno de Jartum, la capital del país, y el SPLA ya alcanzaron un primer acuerdo de paz en la ciudad keniana de Machakos en julio de 2002, resultado del gran aumento de la presión internacional. El Protocolo de Machakos fue un acuerdo histórico por ser el primer intento de dialogo y negociación entre las dos partes. Éste establecía una amplia autonomía a los estados del sur, los liberaba de la sharia al menos durante seis años, plazo máximo para celebrar un referéndum de autodeterminación en el que los sureños decidirían si se independizan del norte. En este acuerdo, Gobierno y rebeldes pactaban repartirse los beneficios del petróleo, pero sin hacer cálculos ni establecer porcentajes. Tampoco definían las fronteras entre lo que sería el norte y lo que sería el sur. Eso sí, acordaban formar un Ejército unificado.

Por tanto, Machakos planteaba tan sólo una solución general al conflicto, con muchos detalles importantes sin resolver, y no fue tomado en serio por las dos partes. Prueba de ello es que el año pasado se produjeron distintas violaciones del alto el fuego e importantes retrocesos en el proceso.

De esta manera, tras los avances, las conversaciones se estancaron, hasta que en septiembre se restablecieron, con un acuerdo sobre el tema de la seguridad, las negociaciones de alto nivel entre el líder rebelde del sur de Sudán, John Garang, y el vice- presidente de Sudán, Ali Osman Taha en Kenia, con el presidente keniano, Mwai Kibaki, como anfitrión.

En estas negociaciones, aparte de Kenia, la Unión Europea y Estados Unidos, la diplomacia noruega, de fama internacional tras liderar el acuerdo entre palestinos e israelíes en Oslo, destaca entre los principales promotores de las conversaciones de paz en Sudán. Su representante es la ministra noruega de Cooperación, Hilde Frafjord Johnson, que es, a su vez, líder del comité de países de apoyo a la paz en Sudán, donde también se encuentra EE.UU., y que coordina su trabajo con IGAD, organismo regional de cooperación de los países de la zona del Cuerno de África. Además, Noruega ya ha anunciado este diciembre su deseo de enviar tropas de pacificación al país.

En el caso de Estados Unidos, no intervinieron personalmente en las negociaciones hasta que a mediados de octubre vieron que éstas se desarrollaban favorablemente y que el acuerdo se podría cerrar en breve. De este modo, el pasado 21 de octubre, el secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, viajó a la ciudad keniana de Naivasha para estar presente en la conclusión del acuerdo, que, además, el mismo presidente norteamericano, George Bush, propuso firmar en Washington.

El Gobierno de EE.UU. –considerado tradicionalmente como un aliado del SPLA– ha presionado con fuerza a ambas partes en los últimos meses, una presión que se ha podido observar en distintas ocasiones. Por ejemplo, al terminar una de las reuniones, a finales de octubre, Powell y los dos líderes sudaneses mantuvieron una rueda de prensa común, en la que Powell manifestó su creencia en "que el acuerdo definitivo está dentro del deseo de las partes". Garang y Taha, sin embargo, recordaron que aún quedaba mucho por negociar y resolver antes de poder cerrar el acuerdo: “Hemos superado un paso y hay una serie de pasos por superar hasta diciembre”, comentó Garang durante la rueda de prensa.

El deseo por parte de EE.UU. de que la paz llegue por fin a Sudán es tan intenso que las autoridades norteamericanas, por vía de Powell, hasta han anunciado que están dispuestas a revisar las sanciones económicas a Sudán si se llega a un acuerdo de paz definitivo, unas sanciones que le impusieron al país africano por apoyar al terrorismo internacional. Sudán forma parte de la lista negra de EE.UU. desde que apoyó a Sadam Hussein en la primera Guerra del Golfo.

Ante esta oferta de eliminar las sanciones, el presidente sudanés también ha querido dar muestras de su buena voluntad y de su rechazo al terrorismo, y a finales de octubre se adhirió a la convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción (Convención de Otawa); también aprobó la creación de la Comisión Nacional de Derecho Internacional Humanitario y, al mismo tiempo, ratificó la convención relativa a las armas biológicas. Sin embargo, Sudán aún no se ha adherido a los tratados de derecho internacional humanitario, especialmente los protocolos adicionales a los Convenios de Ginebra, de 1977.

Este gran interés por parte de Estados Unidos en que llegue la paz a Sudán viene motivado una vez más por la gran producción de petróleo del país. Las autoridades estadounidenses saben que tienen asegurado el negocio si las partes logran llegar a un acuerdo, ya que, por un lado, el presidente sudanés, Omar al-Bachir, está ansioso por acabar con su aislamiento internacional, y por el otro, a Garang también le interesa mejorar sus relaciones internacionales. Además, el SPLA está financiado por sectores fundamentalistas cristianos de EE.UU., y por tanto con toda probabilidad los rebeldes beneficiaran a Estados Unidos en el reparto del crudo.

El petróleo, pues, ha sido una vez más lo que ha llamado a Europa pero sobre todo a EE.UU. a implicarse y apostar por la resolución de los conflictos que han ahogado durante décadas diversos estados africanos. Pero el petróleo también ha sido, una vez más, una de las causas más importantes del conflicto, y el motivo que lo ha perpetuado durante dos décadas. El descubrimiento de importantes bolsas de petróleo en el centro del país a mediados de los años 90 provocó combates aún más sangrientos de los ya habituales entre Gbierno y rebeldes por la exigencia de autonomía por parte del sur del país y entre los 19 grupos étnicos que habitan el país, que ya se enfrentaban por el control de las tierras fértiles y el agua.

Desde agosto de 1999, Jartum exporta crudo a través de Puerto Sudán, la salida del país hacia el Mar Rojo, donde se ha hecho llegar un oleoducto de 1.610 quilómetros. El año siguiente, la devastada economía sudanesa creció un 7 por ciento. Chinos, malayos, canadienses y suecos consorciados extraen unos 180 mil barriles diarios, aunque las reservas estimadas son de unos dos millones de barriles al día. Treinta empresas petrolíferas de todo el mundo negocian actualmente, en enero del 2004, con el régimen sudanés.

La guerra comenzó en 1983, cuando el Gobierno de Sudán impuso la ley islámica en todo el país, incluido el sur, donde la población es animista o cristiana. De hecho, las tensiones entre comunidades se remontan al siglo XIX, cuando árabes y musulmanes del norte realizaba expediciones hacia el sur para capturar esclavos entre la población de origen africano. Los fuerzas rebeldes del sur se levantaron en armas y desde entonces han luchado por la autodeterminación. Pero antes ya se había vivido otra guerra en Sudán, entre 1956 y 1972. Por lo tanto, Sudán sólo ha conocido 11 años de paz desde que consiguió su independencia en 1956.

Omar Hassan al-Bachir llegó al poder el año 1989 con un golpe de Estado, apoyado por los islamistas. Es curioso que el golpe precisamente pretendía impedir un acuerdo del presidente Sadiq al-Mahdi con los rebeldes, que libraba el sur de la legislación musulmana, un acuerdo que, finalmente, al cabo de quince años, ha tenido que aceptar.

Al-Bachir instauró un régimen islámico, del cual fue ideólogo Hassan al-Turabi, cuñado de Al-Mahdi y uno de los principales actores de la historia reciente del país. El dictador Al-Bachir gastó 1’5 millones de dólares diarios en la guerra para destruir a l’SPLA, pero no consiguió vencer a Garang.

Por si fuera poco, el partido de Al-Mahdi y otros grupos opositores del norte se sumaron a l’SPLA en la Alianza Nacional Democrática (AND), y abrieron nuevos frentes bélicos en 1997. La guerra llegó a las puertas de Jartum. El 1999, Al-Bachir, presionado por una guerra cada vez más cruenta y más cercana, por una oposición cada vez mayor y por una fracasada política exterior, rompió relaciones con sus antiguos aliados islamistas y inició contactos con la oposición y los rebeldes.

En todos estos años, pues, ninguna de las partes ha logrado vencer militarmente al enemigo, y la población civil ha pagado el precio más alto, siendo víctima de unas consecuencias devastadoras: violencia, desnutrición, enfermedades, y la alteración de los servicios y la economía local.

Más de dos millones de personas han perdido la vida durante los 20 años de conflicto, la mayoría civiles, a causa de los combates y de sus más graves consecuencias: el hambre y las enfermedades, sobre todo en las áreas de conflicto: Alto Nilo Occidental, Nilo Azul y Kurdufan (sobre todo las Montañas Nuba, que ocupan el sur y parte de la región occidental de Kurdufan, controlado por el SPLA, y que han sido zona de conflictos desde 1985), donde el acceso humanitario es muy difícil o imposible.

Además, según estimaciones aproximadas de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que este diciembre se preparaba para la mayor operación de repatriación de refugiados, las dos décadas de enfrentamientos armados en Sudán han provocado los desplazamientos internos de cuatro millones de sudaneses a lo largo de todo el país, lo que representa casi la séptima parte de la población nacional. Estos desplazamientos internos se han debido sobre todo a la sequía en Darfur Septentrional y Kurdufán Septentrional. Al mismo tiempo, también se calcula que aproximadamente más de medio millón de sudaneses se han visto obligados a desplazarse a los países vecinos. Uganda es, en estos momentos, el país que alberga a más sudaneses –más de 200.000–, seguido de Chad, Etiopía y Kenia.


Darfur, un genocidio encubierto con la guerra

Durante muchos años, la región de Darfur, en el oeste de Sudán, ha sido escenario de sangrientos enfrentamientos protagonizados por las milicias árabes nómadas, alineadas con el Gobierno sudanés, que asesinan cada año a cientos de civiles pertenecientes a grupos sedentarios que viven de la agricultura en Darfur, tales como los grupos fur, zaghawa y masalit, incendiando sus hogares y despojándolos de su ganado. La masacre que se lleva a cabo en la región ha impulsado en varias ocasiones al principal grupo armado de la oposición, el Ejército Popular de Liberación de Sudán, a tomar las armas en protesta por lo que considera una falta de protección estatal frente a los ataques contra grupos sedentarios y la marginación y el subdesarrollo en Darfur. Este hecho ha permitido al Gobierno sudanés endurecer su represión contra los habitantes de la región utilizando como excusa la lucha contra el grupo rebelde. Esta “limpieza étnica” que queda camuflada bajo la guerra que azota el país, se está convirtiendo en un genocidio, según denunció a principios del 2003 Ahmed M. Abdalla, representante de la Asociación Sudanesa de Activistas de Derechos Humanos de Darfur en Toronto (Canadá). “En la región de Darfur está cerca de producirse una "limpieza étnica" del mismo tipo que la ocurrió en Ruanda, tras la que se escondió un genocidio y una justificada pasividad internacional hasta que llegó a ser demasiado tarde”. Además, la asociación afirma que gobierno de Jartum apoya a las milicias árabes en la masacre de la población fur y otros pueblos indígenas. Durante este 2003, Darfur ha seguido siendo una gran masacre olvidada en los medios de comunicación. Sólo las ONG recuerdan de vez en cuando a la comunidad internacional lo que está sucediendo en esta región sudanesa. La última noticia de la zona devastada vino de parte de Amnistía Internacional, que a finales de noviembre denunció que “el Gobierno sudanés es responsable en gran medida de la crisis humanitaria y de derechos humanos que azota la región de Darfur”, en el oeste de Sudán, donde, además, sólo desde abril se han desplazado unos 500.000 refugiados que huyen de las milicias árabes nómadas, alineadas con el Gobierno, y conocidas por los sudaneses como “árabes” o jinjawid (jinetes armados). Las autoridades de Jartum, sin embargo, gozan de una gran impunidad internacional, y ante estas acusaciones, siempre han reafirmado su neutralidad y han asegurado estar luchando contra los "bandidos" que operan en la región sudanesa. Unas declaraciones que son aceptadas por el resto de países, que colaboran a esconder el tema bajo la guerra que ahoga el país africano porque no les interesa meterse en este conflicto y estropear unas buenas relaciones con Jartum y un fácil acceso al petróleo sudanés.


Cronologia año  2003
23 de enero. Sudán es de nuevo acusado de estar permitiendo un genocidio en Darfur.

La Asociación Sudanesa de Activistas de Derechos Humanos de Darfur en Toronto (Canadá) acusa al gobierno de apoyar la masacre de la población fur y otros pueblos indígenas y advierte que el conflicto se está convirtiendo en un genocidio. El gobierno de Jartum, sin embargo, reafirma su neutralidad y asegura estar luchando contra los bandidos.

3 de julio. Confiscado el diario sudanés independiente Al-Sahafa. La medida responde a la publicación de un artículo de opinión unos días antes con ocasión del aniversario del golpe de Estado del 30 de junio de 1989, mediante el que el gobierno actual se hizo con el poder.

8 de julio. Necesidad urgente de ayuda agraria en Sudán. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha suministrado un contingente de semillas y herramientas en las zonas controladas por los rebeldes - hasta ahora inaccesibles - en las montañas Nuba al sur del Sudán.

5 de agosto. Quedan cortados los accesos para la llegada de ayuda alimentaria en el norte de Sudán. Una nueva crisis de alimentos en el norte del país ha hecho que el Programa Mundial de Alimentos (PMA) se pueda ver obligado a racionar su ayuda en Sudán por falta de fondos, sobre todo ahora que 300.000 personas del norte del país han sido afectadas por una serie de inundaciones y los accesos han quedado cortados.

1 de septiembre. Las negociaciones de paz entre el Gobierno de Jartum y los rebeldes del sur empezarán este mes en Kenia.

4 de septiembre. La compañía petrolera OMV, controlada por el gobierno austriaco, ha vendido sus bloques de exploración en el sur de Sudán después de las acciones de una intensa campaña llevada a cabo por grupos de derechos humanos. OMV sigue así la tendencia de otras compañías petroleras occidentales en huir de la polémica industria en Sudán mientras que las compañías asiáticas están tomando el control

16 de septiembre. El Tribunal de Apelación retira la licencia de publicación de 'Kkartoum Monitor'. 'Khartoum Monitor' fue suspendido el 12 de julio, debido a que el Tribunal Criminal de Jartum estimó que había publicado algunos artículos que violaban el código penal.

2 de octubre. El Secretario de Estado de EE UU, Colin Powell, llega a Kenia y se incorpora a las negociaciones de alto nivel sobre la paz en Sudán. Su llegada hace crecer el optimismo sobre la posible llegada, ya en diciembre, de un acuerdo final de paz para Sudán. El anfitrión de las negociaciones, el Presidente de Kenia Mwai Kibaki elogia el progreso realizado por los representantes del gobierno sudanés y los rebeldes del sur en las conversaciones de paz, que empezaron hace un mes.

3 de octubre. El fiscal encargado de crímenes contra el Estado suspende un periódico independiente. 'Intercambio Internacional para la Libertad de Expresión' (IFEX) y 'Reporteros Sin Fronteras' (RSF) han condenado la suspensión del periódico "Al-Azminah" y recuerdan que el diario independiente "Alwan" continúa siendo víctima del acoso del fiscal encargado de crímenes contra el Estado desde el pasado día 30 de septiembre.

27 de octubre. Noruega participa en las conversaciones de paz para Sudán. La ministra noruega de Cooperación, Hilde Frafjord Johnson, se úne a las conversaciones de paz para Sudán en Nairobi, Kenia.

29 de octubre. Sudán se adhiere a la ratificación de la Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción (Convención de Ottawa).

27 de noviembre. Empeora la crisis humanitaria en el oeste de Sudán. Mientras continua la oleada de refugiados que cruzan la frontera con Chad, la situación humanitaria tambi´rn sigue empeorando en los campamentos de la región oeste del país. El acceso internacional para acceder a la población allí afectada es cada vez más difícil.

11 de diciembre. Sudán probablemente firmará el acuerdo de paz este mes, tras 20 años de guerra. El esperado acuerdo de paz entre gobierno y rebeldes de Sudán se firmará antes de finales de diciembre, tal y como se ha esperado en los últimos meses. Así lo ha confirmado el Ministro sudanés de Asuntos Exteriores, Mustafa Osman Ismail. El Presidente de EEUU, George W. Bush, ya se ha apresurado para invitar a las partes a firmar el acuerdo en la Casa Blanca.

15 de dieciembre. El gobierno noruego, uno de los principales negociadores en el proceso de paz de Sudán, manifiesta su deseo de enviar tropas para el mantenimiento de la paz en Sudán si así se requiere. Así lo ha anunciado hoy el Ministro de Asuntos Exteriores, Jan Petersen, ante el parlamento noruego

18 de diciembre. Las fuerzas de seguridad en Sudán, a pesar de no tenir orden de registro, embargan el material de transmisión y cámaras de televisión a la cadena de TV Al-Jazira. Días antes, las fuerzas de seguridad habían amenazado a Al-Jazira por su cobertura sobre la guerra en este país.

6 de enero de 2004. El Gobierno y los rebeldes se aproximan a la firma de un acuerdo de paz, tras haber sido pospuesto en los últimos días y ante las discrepancias entre las partes en conflicto sobre el futuro estatuto de los estados del sur de Sudán.

8 de enero. Rebeldes y Gobierno llegan a un acuerdo sobre el reparto de los recursos. Ahora queda solamente un tema polémico a resolver para que un acuerdo final de paz pueda ser firmado; el estatus de tres territorios disputados.

13 de enero. La avalancha de llegadas obliga a trasladar los refugiados en Chad. Mientras el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha lanzado un llamamiento urgente para alimentar a éstos refugiados. 65.000 personas necesitan alimentos.


 


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