Anuario 2003
Haití
"Haití, a un minuto de romperse"
Alèxia Peláez

Desde que en el año 2000 Amnistía Internacional (AI) hiciera público su informe sobre la situación en la isla caribeña, el drama de pobreza y continua violación de los derechos humanos no ha cambiado demasiado. Ahora, tres años después, la situación es aún más caótica, más desesperada. Con la sombra de una elecciones revoloteando sobre el actual Gobierno de Jean-Bertrand Aristide, el clima de violencia aumenta cada día y ya nadie cree estar viviendo en un país con garantías democráticas. El futuro pende cada vez más de un hilo. Los EUA y la oposición en el interior del país confían en fortalecer este hilo con la celebración de elecciones legislativas anticipadas antes de que acabe el año mientras que el Gobierno reivindica haber sido elegido democráticamente.
Trampa o resolución del conflicto, el caso es que a poco tiempo de finalizar el año la antigua colonia francesa no ha celebrado aún los comicios y vive sumida en una disputa interna que encamina el país hacia la fractura más absoluta. Los conflictos empezaron cuando en septiembre de 2002 la OEA (Organización de Estados Americanos), con EUA a la cabeza, aprobó una resolución que obligaba a Haití a celebrar elecciones. El organismo alegó que se estaban desmantelando los procesos democráticos en la isla y dio un plazo de un año a Haití para que pusiera punto y final al caos reinante. Esta es la manera a través de la cual la OEA espera ver fuera del poder al actual presidente, poco más de dos años después de haber llegado a él, en unas elecciones que según este organismo no cumplieron las garantías democráticas y favorecieron de manera fraudulenta el actual partido gobernante. Por su parte, el partido del Gobierno, Fanmi Lavalas –que en créole significa inundación, el torrente que después de la tormenta baja de las montañas para lavarlo todo, haciendo un símil con el gran movimiento popular que reunía después de la tormenta política Aristide en 1990- lo tiene claro: la OEA es el caballo de Troia de los EUA, país que está llevando a cabo una política de ingerencia total dentro de los asuntos internos de Haití. Mientras, los opositores de Aristide lo acusan de mala gestión y de utilizar métodos antidemocráticos que se extienden a todos los ámbitos.

En este sentido, las tensiones entre Gobierno y oposición llegaron a su punto máximo cuando en marzo saltaron los rumores de una posible tutela de Haití por parte de la ONU. Según un semanario canadiense, Canadá había acogido una reunión de los países amigos de Haití para debatir la difícil situación que está viviendo la isla. Era una reunión informal, según declararon fuentes oficiales canadienses, pero el encuentro despertó recelos entre los miembros del movimiento Lavalas. Por su parte, la oposición –agrupada bajo el nombre Convergencia- alabó el papel del organismo internacional que, según estimaba, lo único que pretendía era ayudar a Haití y hacer que se cumpliera la resolución aprobada por la OEA. Pero el papel de la comunidad internacional, sobre todo de EUA, va más allá de la resolución aprobada sobre la celebración de elecciones y avanza en paralelo a la trayectoria del líder Jean-Bertrand Aristide. Cuando este llegó al poder en 1990 el país salía de una situación de inestabilidad política con continuos golpes de Estado. Las esperanzas duraron poco. Un año después, en 1991, un golpe de Estado dirigido por Raoul Cédras sacudió de nuevo el país y Aristide se exilió tres años en Caracas y Washington. No se volvió a nombrar su nombre hasta 1994, momento en que las tropas norteamericanas desembarcaron en la isla después de aprobarse una resolución de la ONU para poner fin al régimen militar. Entonces, poco tiempo después, llegaba a la isla Aristide procedente de EUA. Durante su exilio, Aristide había conseguido que la comunidad internacional siguiera reconociendo en él a la verdadera y única autoridad de Haití. En un momento de su exilio el Gobierno de Cédras pareció aceptar el retorno de Aristide pero, momentos antes de producirse, Cédras adoptó de nuevo una actitud desafiante, con lo cual Aristide continuó un tiempo más en EUA. Desde allí pidió ayuda a la comunidad internacional. El 31 de julio el Consejo de Seguridad de la ONU decidió reponer a Aristide por la fuerza en una operación llamada “Restaurar la Democracia”. Aristide volvía a la isla. En junio de 1995 venció en las elecciones legislativas con la OLP (Organización Política Lavalas) pero en diciembre de 1995 perdió la presidencia a favor de René Préval. Sin embargo, en 2001 el dirigente volvía al poder –al frente de su nuevo partido FL (Fanmi Lavalas)- y ahora, dos años después, la oposición y la comunidad internacional, que duda de la legalidad de los últimos comicios, presionan para que unas elecciones lo alejen del cargo; unas elecciones que, afirman, son vitales para el mantenimiento de la democracia.

Esta democracia de quien todo el mundo habla –en la mayoría de casos por su inexistencia- está tan debilitada que está a un minuto de romperse. El hecho de que cada día que pasa sea un tanto más frágil tiene que ver con la pobreza extrema de Haití, agravada por la congelación de las ayudas internacionales en el año 2000 con la llegada de Aristide al Gobierno. En ese momento la comunidad internacional manifestó sus dudas sobre la transparencia de aquellas elecciones y bloqueó las inversiones hasta que las garantías democráticas no se restablecieran. Como un pez que se muerde la cola, estas garantías no se pueden cumplir porque no hay dinero para invertir, cosa que anula aspectos tan básicos para el funcionamiento de una democracia como la educación o la sanidad pública. Las ayudas no se restablecerán hasta que no se hayan celebrado las elecciones, insiste la OEA. Sin embargo, ¿cómo aceptar que se pueda consolidar un sistema democrático ante un estancamiento económico o ante la increíble deuda externa que arrastra Haití? En el año 2003 la deuda externa de Haití alcanzaba los 1.251 millones de dólares. Los intereses de la deuda son el doble de lo que el Estado invierte en salud pública. Además, el último acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) obligaba a reducir los gastos públicos, con un recorte de un 50% en materia de educación, según el economista haitiano Camille Chamers, secretario ejecutivo de la Plataforma para Abogar por el Desarrollo Alternativo (Papda). Según Chamers, el acuerdo iba destinado a pagar los intereses de un préstamo de 1987 que nunca llegó. Para que las ayudas emprendieran de nuevo su camino también haría falta que Haití, considerado el país más pobre de América latina –en 2003 ocupaba la posición 134 de 162 en el índice de desarrollo humano elaborado por el PNUD, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo- saldara la deuda. Sin embargo, la isla no tiene dinero para hacerlo y sí la necesidad vital de salir del pozo en el que se encuentra hundida. Un 52% de la población vive por debajo de los límites de la pobreza, un 50% no tiene trabajo y la esperanza de vida es de 53 años, según las cifras presentadas en 2003 por el PIR, el Programa Integrado de Respuestas para las Necesidades Urgentes de Comunidades y Poblaciones Vulnerables de las Naciones Unidas. El panorama no es nada alentador. De los más de ocho millones de habitantes del país, unos 3,8 –es decir, un 46%- pasan hambre, según el informe de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

Por su parte, el partido Lavalas está cayendo –según manifestaba Amnistía Internacional (AI) en su estudio- en las mismas trampas que sus predecesores en el Gobierno. Una de estas trampas es la corrupción instaurada en el poder judicial, incapaz de hacer cumplir la legalidad que tendría que garantizar los mínimos democráticos. Incapaz, en definitiva, de hacer respetar los derechos humanos. Un ejemplo de la corrupción en el estamento judicial fue la detención en febrero del juez Josiand, acusado de haber ayudado a un presunto traficante de drogas. La corrupción afecta también a la Policía y diversos agentes han sido ya cesados de su cargo y encarcelados. De todas maneras, los encarcelamientos siguen siendo selectivos. El informe de Reporteros sin Fronteras de 2003 manifestaba que “el Gobierno de Aristide, cada vez más criticado, intenta mantenerse mediante el miedo”. Un miedo que se traduce en duras medidas contra la oposición y también contra la prensa. Por su parte, AI en el documento presentado en 2003 con el nombre de Abusos contra los derechos humanos: violencia política mientras se aproxima el aniversario de los 200 años de independencia resaltaba el aumento de la violencia política que conlleva a un incremento de los abusos contra los derechos humanos. “Suscitan preocupación creciente los homicidios, los ataques violentos y las amenazas, hechas por partidarios políticos y grupos armados de motivación política, igual que las violaciones que cometen las fuerzas de seguridad para responder a la violencia política”. A todo esto hace falta añadir las presiones políticas ejercidas, tanto sobre el estamento judicial como sobre el policial, en un país que no respeta la libertad de expresión.

En medio de este naufragio democrático Haití prueba de salvarse a la desesperada. En su último intento –y cuando falta muy poco para la celebración de los 200 años de independencia de Francia- pide a la antigua potencia colonial que restituya el mal causado mediante el pago de lo que, en 1825, el entonces presidente, Jean-Pierre Boyer, tuvo que pagar al país europeo para el reconocimiento de la independencia de la isla; Haití pide a la gran potencia el equivalente de esa cantidad en la actualidad. Desde Francia se afirma que ya se ha restituido el mal causado y que, hoy por hoy, el único culpable de la situación extrema del país tiene nombres y apellido concreto: Jean-Bertrand Aristide. Después, el silencio; las ayudas bloqueadas y la incógnita de unas elecciones en un país desolado desde hace demasiado tiempo.




La convulsión política de la segunda mitad del siglo XX

En 1957, François Duvalier llegó a la presidencia del país ayudado por el Ejército y los EUA. Durante más de treinta años, el régimen de Duvalier –ayudado por la burguesía, la Iglesia, los tonton-macoutes o “voluntarios para la seguridad nacional” y los EUA tuvieron al país en sus manos. Una vez muerto Duvalier –que se había auto nombrado presidente vitalicio-, y su hijo Jean-Claude Duvalier asumió la presidencia. Sin embargo Haití sufría el desgaste de tantos años de violaciones de los derechos humanos y la oposición empezó a hacerse fuerte hasta que la presión le obligó a marcharse del país. Entonces el general Henri Namphy asumió la dirección del país y prometió la celebración de elecciones libres en noviembre de 1987, que se suspendieron el mismo día por sabotaje. Finalmente fueron celebradas en enero de 1988 pero a partir de entonces se sucedieron los golpes de Estado. Namphy echó del poder al vencedor de las elecciones, Leslie Manigat, y después fue –también a través de otro golpe de Estado- Prosper Avril quien sustituyó a Namphy. En marzo de 1990 Avril fue destituido y se creo un Gobierno civil provisional que convocó las elecciones en que Aristide salió ganador.

Aristide y la comunidad internacional

Hijo de una familia de campesinos, Jean-Bertrand Aristide es ordenado sacerdote en 1982. Sus denuncias ante la actitud imperialista de EUA frente a Haití pronto se hicieron habituales, así como su contestación al régimen de Duvalier. Poco a poco se abre paso en la vida política del país y, en 1990, se presenta a las elecciones con un discurso próximo a las clases más desfavorecidas y obtiene una victoria acaparadora. En esa ocasión, Marc Bazin –candidato conservador del Movimiento para la Instauración de la Democracia en Haití y el preferido de EUA- sufre una fuerte derrota. Una vez en el poder, y siendo consciente de que no era el candidato preferido de EUA, Aristide reduce los contenidos más radicales de sus discursos y pide ayuda a la gran potencia. Pero el 30 de septiembre de 1991 el golpe de Estado de Cedras le hace abandonar rápidamente Haití e irse, primero a Caracas, y después a EUA. Allí manifiesta que no está de acuerdo ni acepta el Gobierno de Haití y, ante una insistencia que a veces irrita a EUA, consigue que la comunidad internacional lo reconozca como única potencia haitiana legítima. Desde Nueva York negocia su retorno con los militares que ocupan la isla caribeña. Los acuerdos hacen que la comunidad internacional retire el embargo a que tenía sometido Haití. La ONU manda una misión de 1.500 policías para garantizar el cumplimiento de los acuerdos, que en último momento, y ante el inminente desembarco de Aristide a la isla, no se cumplen. En su lugar, Jonassaint es instaurado presidente. Entonces Aristide pide a la ONU y a EUA una intervención militar que lo sitúe de nuevo al frente del Gobierno de la isla. En una “decisión histórica” –nunca los EUA habían apoyado derrocar un golpe de estado a favor de un dirigente de izquierdas- la comunidad internacional acepta. Por su parte, Cedras no sufre ninguna represalia porque, poco antes, había pactado con el ex presidente Jimmy Carter una amnistía. Hoy por hoy, ante el debilitamiento de la democracia en el país, gobernado por Aristide, la ONU ha cerrado la misión que asesoraba al presidente y la comunidad internacional presiona para que se celebren unas elecciones que aún no han tenido lugar. Para Aristide, esta posición no es más que otra trampa de EUA.


Cronologia año  2003
1 de enero. Celebración de la independencia de Haití, después de vencer a las tropas francesas hace 199 años

10 de febrero. El ministro Justicia y Seguridad Pública, Calixte Delatour, ordena el arresto domiciliario del juez Pierre Josiand, acusado de haber ayudado a un presunto traficante de drogas

5 de marzo. Se cuestiona una posible tutela de Haití por parte de la ONU. Cuando la OEA pidió la celebración de elecciones anticipadas –después de los hechos de diciembre de 2001- la sociedad civil presionó al Gobierno para que solicitara asistencia técnica a la OEA. De ahí que ahora se cuestione una posible tutela del país

12 de marzo. Se especula con la celebración de un encuentro en Canadá de los “amigos de Haití” con la intención de hablar de una posible tutela del país y de llevar a cabo una acción en contra del Gobierno Lavalas, dirigido por Jean Bertrand Aristide.

20 de marzo. Estudiantes y profesores se manifiestan contra la mala gestión del Gobierno un día después que una delegación de la OEA –que comprende diversos miembros de la Comunidad Internacional- llegase a Haití.

27 de marzo. Gran manifestación en Port-au-Prince para protestar contra la política de ingerencia de EEUU por medio de la OEA.

6 de junio. Muere un joven en una manifestación a favor del presidente

7 de junio. Bicentenario de la muerte del precursor de la independencia nacional, Toussaint Louverture, símbolo de la libertad de los negros que fue arrestado por las autoridades francesas y deportado. Una gran riada humana le homenajea por las calles de Haití. El Gobierno pide a Francia, antigua nación colonial, “restitución y reparación por todo el daño causado al pueblo” y le pide que pague el equivalente ahora a lo pagado por el presidente Jean-Pierre Boyer en 1825 por el reconocimiento de la independencia.

10 de junio. Unos 500 millones de dólares en préstamos acordados por las instituciones financieras internacionales a través del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) son bloqueados bajo el pretexto de la crisis política que sacude el país.

21 de septiembre. Aministia Internacional denuncia que la ciudad costera de Gonaives sufre manifestaciones violentas día tras día.


 


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