Anuario 2003
Corea del Norte
"Desafío a Estados Unidos"
Esther Romagosa

Tras los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Washington y Nueva York, el presidente de Estados Unidos, George Bush, trazó una nueva política exterior dirigida a combatir el terrorismo internacional. En enero de 2002, Bush declaró la inclusión de Corea del Norte en el “eje del mal” junto con Irak e Irán (naciones consideradas por Washington serias amenazas para la paz internacional, por tener supuestamente armas de destrucción masiva), en su discurso sobre el estado de la Unión. Sus palabras no sólo reiteraban su determinación de atacar Irak, sino que también amenazaban a Corea del Norte por haber engañado al mundo al estar desarrollando un programa nuclear. “Después de Irak, le tocará a Corea del Norte”, dijo Bush.
En octubre de 2002, Washington declaró que Pyongyang había reconocido estar desarrollando un programa nuclear secreto de producción de uranio enriquecido, a pesar del acuerdo firmado en 1994, en el que se comprometía a suspender su industria nuclear. Una industria que, según los expertos, contaba ya en aquella época con tecnología obsoleta e insegura.

A partir de aquí, las medidas de represalia y contrarrepresalia de Washington y Pyongyang se han ido sucediendo a lo largo del año, a pesar de que muchos analistas afirman que, en realidad, en ese mes de octubre de 2002, Pyongyang no reconoció nada oficialmente.

Estados Unidos decidió, como medida de disuasión, suspender el suministro de combustible, pactado en 1994 como compensación por el cierre de las centrales nucleares norcoreanas. Ante esta presión, Pyongyang declaró la necesidad de su país de tener energía y, como consecuencia, decidió poner en marcha el reactor que había cerrado nueve años atrás. Concretamente, el 1 de febrero, el Gobierno norcoreano anunciaba, en la agencia oficial de noticias del país, estar sufriendo graves problemas en el suministro eléctrico: “Las frecuentes paradas de los trenes que transportan el carbón a las centrales eléctricas están dificultando, seriamente, la generación eléctrica”. Pyongyang añadía que si la construcción de la central eléctrica con reactores de agua ligera, establecida con el programa KEDO, ya hubiera finalizado, como estaba planificado, el problema de la electricidad norcoreana estaría resuelto.

Ciertos sectores sostienen que, en realidad, la crisis no estalla en el mes de octubre de 2002, sino dos años antes. El deshielo de las relaciones diplomáticas entre Seúl y Pyongyang, a partir de junio del 2000, criticado públicamente por George Bush, es visto por parte de Washington como una amenaza de su poder e influencia en la región asiática. La desaparición de una Corea del Norte peligrosa y amenazante supondría la retirada de los 37.000 soldados norteamericanos establecidos en Corea del Sur, así como la munición nuclear que tiene almacenada en la región. Aunque Estados Unidos ha asegurado que no tiene armas nucleares en la zona, la prensa oficial norcoreana afirma que las hay e incluso declara conocer dónde se encuentran almacenadas. Mientras se producía el acercamiento entre el norte y el sur de Corea, la Administración Bush rompía las garantías de no agresión y el restablecimiento de las relaciones con Pyongyang, establecidas también en el acuerdo de 1994. Según los analistas, Washington mantenía y mantiene sus misiles nucleares en los submarinos que patrullan la región y nunca ha descartado su doctrina de “primer uso” de esas armas, en respuesta a lo que considere una agresión por parte de Corea del Norte. Además, la nueva Administración Bush, recién llegada al poder, no hacía caso a las reiteradas demandas de Corea del Norte para establecer un diálogo sobre la situación del acuerdo de 1994.

Ante este hecho, Corea del Norte, a la que, según expertos, le es más caro mantener su enorme Ejército convencional que poner en marcha la disuasión nuclear, termina por amenazar, a principios del mes de febrero, a Estados Unidos con un ataque preventivo si se siente amenazada. A finales del mismo mes, lanza un misil de prueba en el mar de Japón y pide a la población que “estén preparados para la guerra”. Por su parte, Washington moviliza todas las armas necesarias en la región e incluso realiza, según el diario nacional Korean Times, 30 incursiones de aviones espía en el territorio norcoreano.

Según los analistas, Corea del Norte no realiza estas presiones o insinuaciones nucleares por su “maldad intrínseca”, sino por entenderlo como la única vía para evitar un ataque de Estados Unidos, como el que ha ocurrido en Irak, a la vez que es una manera de atraer la atención de Estados Unidos en relación con la situación del tratado de 1994.

Finalmente, a mediados del mes de marzo, Estados Unidos acepta las presiones de la ONU y de los demás países de la región, Rusia, Japón, China y Corea del Sur, para buscar una solución pacífica. Por su lado, Corea del Sur anuncia estar dispuesta a mantener conversaciones.

Tras varios meses de consultas y arreglos diplomáticos, se consigue poner fecha (27, 28 y 29 de agosto) a unas negociaciones multilaterales para conseguir poner fin, de forma pacífica, a la crisis. La ciudad elegida fue Pekín y los participantes fueron China, Japón, Rusia, Corea del Sur y Estados Unidos, a pesar de la demanda explícita de Pyongyang de establecer relaciones bilaterales sólo con Estados Unidos. Según ciertos analistas, Washington rechazó esta posibilidad por tratarse de un conflicto que afecta a toda la región. La participación de los seis países representa la búsqueda de un equilibrio: los países más comprometidos en la crisis, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos (con tradición capitalista) y, por el otro lado, China y Rusia, los dos antiguos aliados de Corea del Norte en la región, convertidos hoy al capitalismo. Sin embargo, ciertos sectores señalan que el éxito de las negociaciones multilaterales no ha sido precisamente de Washington, sino de Pekín. La presión de China a Pyongyang, amenazando con cortarles el suministro del petróleo, fue el detonante para que Kim Yong Il aceptara finalmente las negociaciones a seis. China y Corea del Sur presionarían a Corea del Norte para poder establecer una ruta de paso de oleoductos y gasoductos que transportarán petróleo y gas de Asia Central hacia Corea del Sur y Japón.

Al finalizar las conversaciones multilaterales sobre la crisis nuclear, los responsables de algunos de los países participantes señalaron el hecho positivo de haber decidido celebrar otra reunión al cabo de dos meses y el acuerdo mutuo de evitar una escalada de tensión en Corea. Sin embargo, no hubo un comunicado final tras la reunión. Corea del Norte ofreció a Estados Unidos que firmara un tratado de no agresión, a cambio de desmantelar su programa nuclear. Por su parte, Washington, declaró no estar dispuesta a someterse a ningún chantaje; por lo tanto, no garantizaba a Corea del Norte no ser atacada. “Contrariamente a lo que esperábamos, las conversaciones acabaron convirtiéndose en discusiones de salón y un “show” destinado a obligarnos a proceder a un desarme unilateral”, señaló un portavoz del Ministerio de Exteriores de Corea del Norte.

Durante la ronda de negociaciones, Pyongyang mantuvo su posición de construcción o de amenaza de construcción de armas nucleares. Esta firme postura, mantenida por Corea del Norte en Pekín, parece que ha provocado divisiones en Washington con respecto a la política que debe seguir. Ciertos sectores republicanos estarían dispuestos a adoptar una postura más suave, ofreciendo ayudas económicas y concesiones políticas. De hecho, el pasado 19 de octubre, Bush declaró estar dispuesto a dar una garantía de seguridad, a cambio del desmantelamiento del programa nuclear por parte de Corea del Norte. La cruda situación de las tropas norteamericanas en los conflictos de Irak y Afganistán, la dificultad de mantener otro frente bélico y las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos justifican esta postura.

Sin embargo, ciertos sectores de Washington parecen oponerse a una suavización de la postura frente Pyongyang, señalando que ciertas negociaciones con el país podrían ser vistas por Irán, y otros países incluidos en el “eje del mal”, como una posibilidad de desafiar a la comunidad internacional y salirse con la suya. Por este motivo, es necesario la imposición de sanciones económicas por parte de la ONU, una medida a la que se han opuesto Rusia y China. Por su parte, Corea del Norte ha declarado que lo consideraría como un acto de guerra. Estos mismos sectores más duros de Washington incluso han manifestado, sin ofrecer ninguna prueba, que Corea del Norte podría estar dispuesta a vender armas nucleares a Al-Qaeda en un futuro. Una idea que justificaría el ataque militar de Estados Unidos contra Corea del Norte, como ha pasado en Irak (donde aún no se han mostrado pruebas sobre la existencia de armas de destrucción masiva, ni sobre la supuesta relación entre Sadam Hussein y Al-Qaeda).

Aunque Corea del Norte, ciertamente, exporta misiles y otras armas (ventas que aportan los principales ingresos de divisas al país), el volumen es solo una minúscula parte del comercio internacional armamentístico, liderado, precisamente, por Estados Unidos.

Otras versiones consideran que las intenciones de Estados Unidos no están en Corea del Norte, sino en China, país al que los republicanos consideran la principal amenaza para el dominio económico y militar norteamericano en la zona de Asia y el Pacífico. El éxito de la reciente política de acercamiento entre el norte y el sur de la península coreana supondrían un mayor acercamiento de Corea del Norte con China, Rusia y Japón, de manera que se establecerían unas profundas relaciones económicas entre los países de la región asiática, además de despertar un mayor interés de Europa en esta región. El continente tiene muy presentes las ventajas de la mano de obra barata y disciplinada de los norcoreanos, a la vez que considera a la población asiática un potencial mercado para sus productos. Todo ello perjudicaría notablemente no sólo la economía de Estados Unidos, sino también, su influencia en la zona. Según esta línea interpretativa, el propósito de la Administración Bush es precipitar una desintegración social y política norcoreana, provocando el derrumbe del sistema autoritario del país y facilitando una unificación final de una Corea capitalista y aliada de Estados Unidos. Este hecho comportaría la desaparición de un aliado de Pekín en la región e incrementaría las presiones norteamericanas sobre China, ya que la nueva Corea capitalista compartiría frontera con el gigante asiático.

Ante esta “política hostil” de Washington, según Pyongyang, Corea del Norte continúa produciendo energía nuclear y mantiene sus amenazas. Una actuación muy criticada por diversos organismos internacionales por la gravísima situación de pobreza en la que se encuentra inmersa el país.

El pasado mes de octubre, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) publicaron un articulo declarando que, aunque han mejorado las cosechas de Corea del Norte, en el 2004 el país tendrá un nuevo déficit alimentario y será necesaria la ayuda internacional.

El poder adquisitivo de los norcoreanos ha disminuido nuevamente este año, sobre todo en las zonas industriales, donde las fábricas no han podido pagar los salarios íntegramente. La insuficiente producción interna de alimentos ha provocado la subida de los precios, de manera que los ciudadanos deben gastarse el 60 por ciento de sus salarios para poder comer. Las raciones que proporciona el Sistema Público de Distribución (SPD) –principal suministro de alimentos para el 70 por ciento de los 23 millones de población urbana de Corea del Norte- disminuirán de los 319 gramos diarios recibidos a lo largo de este año a un máximo de 300 en el 2004. Una ración que únicamente aporta la mitad del consumo necesario de calorías por persona al día. El informe denuncia también la alarmante situación de desnutrición padecida, sobre todo, por los niños, las mujeres gestantes y lactantes y muchos ancianos. Según los dos organismos dependientes de la ONU, está previsto enviar un total de 994 toneladas de cereales entre finales de este año y principios de 2004.

Además del problema de la alimentación, Corea del Norte tiene el sector de la energía colapsado y la agricultura, principal actividad económica del país (muy afectada por las malas condiciones climáticas), aporta sólo el 30 por ciento del Producto Interior Bruto, unos niveles que no alcanzaba desde 1990. Además, según los expertos, el Gobierno estaría destinando más del 25 por ciento de su PIB a la defensa nacional.

El sistema económico de la República Popular Democrática de Corea tiene tres pilares básicos: la propiedad estatal, el colectivismo y la planificación central: “Nuestra economía socialista se basa en la planificación de los sistemas de producción colectivos”. Sin embargo, en los últimos años, el país asiático está realizando una apertura hacia el exterior para favorecer la inversión extranjera. Varios ejemplos los encontramos en las recién creadas empresas mixtas, como las zonas económicas especiales (por ejemplo, la creación de una zona de turismo donde cualquiera tiene derecho a la inversión privada); o las llamadas “joint-ventures” (asociaciones con empresas extranjeras cuyas actividades aportan beneficios al Estado), donde encontramos el caso de la empresa Fiat, que ha instalado una nueva planta de automóviles cerca de la capital norcoreana, o las relaciones de la Agencia Oficial Turística del Estado con agencias de viajes de todo el mundo, que organizan rutas turísticas por el país. Finalmente, otra de las fórmulas que tiene Corea del Norte para ingresar divisas es el negocio de armas.

Sin embargo, a pesar de todas estas medidas, parece que Corea del Norte se encuentra en una situación económica absolutamente crítica que el Gobierno comunista no puede solucionar y que, inevitablemente está llevando el país a su desmoronamiento. Dos ciudadanos norcoreanos que huyeron del país en 1997 escribieron un informe detallando la situación del país. Según estos tránsfugas, muchas de las centrales eléctricas funcionan sólo al 20% de su capacidad; el Ejército, de un millón de hombres, resulta cada vez más incompetente a causa de la mala alimentación, el armamento obsoleto y la falta de piezas de repuesto. Un Ejército, dicen estos dos norcoreanos, ya no incapaz de enfrentarse a Estados Unidos, sino también incapaz de hacer frente al Ejército surcoreano de 650.000 hombres.


Antecedentes de la crisis nuclear

La República Popular Democrática de Corea (RPDC) fue creada en 1945. Después de la Segunda Guerra Mundial, la península quedó dividida en dos: el norte, territorio comunista protegido por China y Rusia; y el sur, zona capitalista bajo la tutela de Estados Unidos. En 1948, Kim Il Sung, el “gran líder”, fue elegido presidente. Hasta los años 70, Corea del Norte vivió una época de crecimiento económico, sobre todo en la industria pesada, el sector energético, la minería, la industria armamentística y la construcción, situándose por delante de Corea del Sur. En 1972, Kim Il Sung redactó la nueva Constitución, que estableció la creación de la única “dinastía comunista” del mundo. Una reinvención del sistema norcoreano llamada “jucheísta”, que personaliza la RPDC en la figura de Kim Il Sung, de manera que la sucesión del poder pasa del padre al hijo, Kim Yong Il, actual presidente de Corea del Norte. Según los expertos, durante la existencia de otros estados comunistas -como la URSS, China y la República Democrática Alemana- Corea del Norte mantuvo un lugar de relevancia en la política internacional. Pero, en los años ochenta y noventa, el desmantelamiento de estos sistemas provocó para la RPDC la necesidad de demostrar al mundo su capacidad tecnológica y militar, para hacerse presente en un panorama internacional en el que se estaba quedando aislada: solo en Corea del Norte y Cuba se mantenía el comunismo. Empezó entonces una situación de gran tensión, similar a la que estamos viviendo ahora. Estados Unidos (con Bush “padre” en la presidencia) aumentó, a principios de los años noventa sus efectivos en Corea del Sur como medida disuasoria. Y por su parte, Corea del Norte realizó movimientos de sus tropas en la zona desmilitarizada (la frontera que separa el norte, del sur del país) e incluso realizó pruebas con misiles en el mar de Japón. Se estaba preparando, en toda regla, un enfrentamiento bélico entre Washington y Corea del Norte. Finalmente la tensión se apaciguó en junio de 1994 (cuando Bill Clinton llegó a la presidencia norteamericana). El premio Nobel de la Paz Jimmy Carter protagonizó un encuentro histórico con Kim Il Sung que estableció las bases de una negociación de paz y la mejora de las relaciones norte-sur. La muerte del “gran líder” norcoreano el mismo año no impidió que su hijo, Kim Yong Il, continuara el entendimiento con Estados Unidos. Éste fructificó con un pacto de desarme tras las llamadas “conversaciones de Ginebra”, ciudad donde se encontraron las dos delegaciones. El acuerdo establecía que Pyongyang congelaría su programa de energía nuclear, cerrando las instalaciones susceptibles de ser utilizadas para fabricar bombas atómicas. A cambio, Washington se comprometía a un suministro anual de 500.000 toneladas de petróleo y una ayuda alimentaria de un millón de dólares. Además, se pactó crear un consorcio internacional, liderado por Estados Unidos, para construir una moderna planta generadora de energía eléctrica, con un reactor de agua ligera que no podría emplearse con fines armamentísticos. De aquí nació el Consorcio KEDO “Korean Peninsula Energetic Organitzation” (con sede en Nueva York) y del cual forman parte Japón, Corea del Sur, la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Argentina, Indonesia, Chile, Polonia, República Checa y Uzbequistán. El progresivo empobrecimiento de Corea del Norte, a partir de los años 80, a causa de la falta de divisas y de materias primas, y las sucesivas sequías e inundaciones, obligaron al Estado comunista a dejar a un lado su aislamiento y aceptar la entrada de las ayudas internacionales. El acuerdo fijaba que, el año 2003, el reactor empezaría a funcionar; sin embargo, la central aún se encuentra en una primera fase de construcción. Por otro lado, el suministro de crudo y ayuda alimentaria por parte de Estados Unidos nunca fue aplicado íntegramente. Los representantes republicanos, estrechamente vinculados a las industrias del sector armamentístico, bloquearon en el Congreso norteamericano estas concesiones. Cuando, a principios de 2001, Bush asumió la presidencia declaró que “no quería saber nada del acuerdo de 1994”, suspendió totalmente los envíos de petróleo y aseguró, en vísperas de una visita oficial a Corea del Sur, Japón y China, la inclusión de Corea del Norte en el “eje del mal”. Estos hechos fueron criticados duramente por los tres países asiáticos, sobre todo por parte de Seúl, que desde finales de los años 90 ha ido estrechando las relaciones con Pyongyang. El acercamiento del norte y el sur de Corea concluyó con la firma del “Acuerdo de Reconciliación de Corea” en el año 2000; un tratado que sentaba las bases para un progresivo acercamiento de las dos partes, con vistas a una posible unificación. El acuerdo tuvo aplicaciones prácticas en seguida: se pusieron en marcha diversas actividades lúdicas y culturales intercoreanas, campeonatos deportivos y exposiciones, entre otros actos. Incluso se consiguió lo más esperado: el reencuentro de cientos de personas con sus familiares del otro lado de la frontera, después de cincuenta años de separación. La declaración de Bush, incluyendo a Pyongyang en el “eje del mal”, perjudicaba los éxitos alcanzados. Por eso, inmediatamente después, Corea del Sur anunció su intención de continuar manteniendo las relaciones con el norte. Ante este panorama, Pyongyang volvió a poner en marcha su planta nuclear de Yongbyon, que había cerrado nueve años atras, para mantenerse en alerta ante un posible ataque de Estados Unidos. Los retrasos del programa KEDO y el endurecimiento de la política norteamericana fueron sus justificaciones. A finales del año 2002, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) pidió permiso para inspeccionar las centrales nucleares de Corea del Norte, pero Pyongyang le denegó la entrada acusándola de actuar bajo órdenes de Washington. Así empieza una escalada nuclear y una tensión general en la zona y en el resto del mundo.


Cronologia año  2003
10 de enero. Corea del Norte declara retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear

4 de febrero. EE.UU. despliega tropas al pacífico occidental para prevenir una agresión norcoreana, en el caso de una guerra con Irak

6 de febrero. Corea del norte amenaza con un ataque preventivo contra EE.UU. si éste decide enviar más tropas a la península coreana.

18 de febrero. EE.UU. prepara les sanciones que aplicarán a Corea del Norte por violar los tratados sobre armes nucleares.

25 de febrero. Corea del norte lanza un misil de prueba en el mar de Japón y provoca alarma militar a su vecina Corea del Sur.

27 de febrero. Según EE.UU., Corea del Norte ha puesto en marcha su reactor nuclear de Yongbon, donde hay combustible suficiente para construir seis bombas nucleares.

4 de marzo. Cuatro aviones cazas de Corea del Norte interceptan un avión espía de EE.UU. sobre el Mar de Japón

11 de marzo. Corea del Norte lanza un nuevo misil hacia el mar de Japón

29 de marzo. Corea del Norte avisa que no permitirá inspecciones de armas nucleares en su territorio para evitar la situación actual en Irak

10 de abril. EE.UU. pide a la ONU una solución pacífica y un régimen de inspecciones para la crisis con Corea del Norte

14 de abril. Corea del Norte anuncia estar dispuesta a mantener conversaciones multilaterales para resolver la crisis nuclear

24 de abril. Estados Unidos, China y Corea del Norte se reúnen en Pekín para tratar de resolver la crisis nuclear

25 de abril. Fracasan las conversaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte sobre la crisis nuclear. Corea del Norte pide a Washington que abandone su “actitud hostil” y EE.UU denuncia amenazas.

26 de abril. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), anuncia que carece de información sobre las supuestas armas nucleares de Corea del Norte

30 de abril. Washington presenta su informe anual sobre terrorismo internacional y mantiene a Siria, Irán, Irak, Libia, Cuba y Corea del Norte como los integrantes del “eje del mal”.

23 de mayo. Bush amenaza a Corea del Norte con 'medidas más duras' si persiste en su programa nuclear.

15 de julio. Corea del Norte comunica a EE.UU. que tiene plutonio suficiente para fabricar seis bombas nucleares

16 de julio. EE.UU. inicia los contactos diplomáticos con Corea del Norte para solucionar la crisis nuclear.

17 de julio. Corea del norte está dispuesta a reanudar las conversaciones con EE.UU. y China para tratar de poner fin a la crisis. 17 de julio. Las dos Coreas intercambian disparos en la zona desmilitarizada aunque no se producen heridos

13 de agosto. Corea del Norte reitera sus exigencias de un pacto de no agresión por parte de EE.UU.

27, 28 y 29 de agosto. Se realizan en Pekín las conversaciones entre EE.UU., China, Corea del Norte, Corea del Sur, Japón y Rusia para resolver la crisis

1 de septiembre. Fracaso de las conversaciones. Corea del Norte acusa a EE.UU. de inventar la crisis nuclear

19 de octubre. Bush descarta un pacto bilateral de no agresión con Corea del Norte, aunque afirma no tener intención de invadir el país

21 de octubre. EE.UU. y Corea del sur discuten las últimas ideas americanas para acabar con la crisis

29 de noviembre. Corea del Norte acusa a Estados Unidos de violar deliberadamente el acuerdo nuclear que tenían y exige compensación

31 de diciembre. Corea del Norte permitirá que una delegación de asesores de política exterior y científicos de EE.UU. visiten su principal complejo nuclear.

 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies