Anuario 2003
Libia
"Libia recupera su posición internacional tras asumir la responsabilidad del atentado de Lockerbie"
Marina Teixidó

En diciembre de 1988, un atentado con una bomba perpetrado contra un avión Boeing 747 que cubría el vuelo 103 de la aerolínea estadounidense Pan American World Airways, cuando volaba sobre la localidad escocesa de Lockerbie, causó 270 víctimas, entre ellas varias en tierra. Este 2003, tras 15 años de aislamiento internacional y de hacer frente a múltiples sanciones a raíz de este atentado, tanto de carácter económico como la indignidad de encontrarse en la lista de los países que “promocionan el terrorismo”, la Libia de Muamar El Gaddafi empieza a recuperar su papel en la comunidad internacional, un hecho que no ha sido fortuito, sino que responde al cambio de actitud que Gaddafi ha llevado a cabo desde el pasado año 2002. Algunos países, como Estados Unidos, no se lo han puesto fácil, pero las importantes reservas de hidrocarburos del país norteafricano hacen que sea interesante para las demás potencias negociar nuevamente con Libia.
Desde principios de año, Trípoli, la capital de Libia, Londres y Washington intensificaron sus negociaciones para que el Gobierno libio llevara a cabo las cuatro condiciones que la ONU fijó para levantar por completo las sanciones, hasta 2003 solamente suspendidas. En primer lugar, el país de Gaddafi debía extraditar a Holanda a los agentes secretos relacionados con el atentado de Lockerbie, medida que Libia ya cumplió en su momento. En segundo lugar tenía que abonar una compensación económica a las familias de las 270 personas que perdieron la vida en el atentado y también renunciar al terrorismo. Como parte del trato, la ONU también exigía que Libia reconociera oficialmente su responsabilidad en la tragedia, la condición más difícil de cumplir puesto que Libia lleva quince años negando su implicación en el caso Lockerbie.

El 13 de agosto, en una acción coordinada con los gobiernos de EE.UU. y el Reino Unido, Libia accedió a indemnizar a los familiares de las 270 víctimas del atentado, a los que ofreció 10 millones de dólares por familia; por tanto, un total de 2.700 millones de dólares, (cerca de 2.940 millones de euros), cifra equivalente a la cuarta parte de los ingresos anuales libios por exportación de petróleo. Se trata de una de las mayores indemnizaciones de la historia y es la primera vez que un Estado acusado de terrorismo ofrece una compensación económica.

"Libia y los abogados que representan a las familias de las víctimas han firmado un acuerdo para crear la cuenta que contendrá las indemnizaciones en el Banco de Pagos Internacionales". Eran declaraciones del abogado de las familias, Saad Djebbar, quien ha seguido el caso desde 1992, que confirmaba a mediados de agosto la aceptación por parte de las familias de la propuesta de Libia.

Siguiendo los términos del acuerdo, Libia colocó 2.700 millones de dólares en la cuenta de un banco suizo y ha ido entregando el dinero a los parientes de las víctimas por etapas, según han ido levantando las sanciones que pesan todavía sobre el país. Un 40% del dinero fue entregado después que fueron eliminadas las sanciones de la ONU contra Libia, otro 40% lo será después de que lo sean las sanciones de EE.UU. y el 20% restante después de que Libia sea eliminada de la lista de naciones que “patrocinan el terrorismo”.

Con las compensaciones económicas a las familias de los fallecidos, se abría el camino a la aprobación de una resolución de la ONU que incluiría el levantamiento de las sanciones, y que pondría fin a un contencioso que ha durado 15 años. El siguiente paso tenía que ser la asunción de la responsabilidad del atentado por parte de las autoridades libias.

Libia se apresuró a entregar una carta al presidente del Consejo de Seguridad, Mikhail Wehhbe, en la que reconocía su responsabilidad “por las acciones de sus funcionarios”, y por tanto su responsabilidad en el atentado, como paso previo para obtener el levantamiento de las sanciones de este organismo. En la carta, que fue enviada el 18 de agosto, Libia también detallaba sus esfuerzos para facilitar el juicio de los dos libios acusados del atentado.

Tras recibir la carta, el Gobierno británico, presentó un propuesta de resolución en la ONU en la que reconocían que el país árabe había cumplido con los requerimientos que se le habían impuesto y pedían el inmediato levantamiento de las sanciones contra Libia.

Poco después de que Libia enviara la carta a la ONU, Gaddafi telefoneó al presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, al que expresó el deseo de normalizar las relaciones entre Libia y la Unión Europea. Prodi pidió a cambio a Gadafi que Libia se uniera al Programa Mediterráneo de la Unión Europea, que el país norteafricano ha estado boicoteando debido a la participación en él de Israel.

Finalmente, el Consejo de Seguridad de la ONU levantó definitivamente las sanciones contra Libia en septiembre, unas sanciones que ya suspendió en 1999, después de que Libia entregó a dos de los sospechosos del atentado de la Pan Am para que fueran juzgados.

La ONU aprobó en enero de 1992 una resolución en la que solicitaba a Libia su colaboración con los investigadores para identificar a los autores del atentado. Pero ante la continua negativa de Trípoli a prestar ayuda, la ONU impuso un embargo aéreo y de comercio de armas contra los libios, para presionar al país a que entregara a dos sospechosos del atentado de Lockerbie para someterlos a juicio. Estas medidas se endurecieron en noviembre de 1993 cuando la ONU estableció la congelación de los activos libios en bancos extranjeros y fijó un embargo sobre las exportaciones libias de equipo industrial.

En abril de 1999, Libia entregó a los dos sospechosos y las sanciones fueron suspendidas. Dos ciudadanos libios, Abdul Basit Ali Mohamed al Magrehi y Al Amin Jalifa Fhimah, fueron juzgados por el atentado de Lockerbie en un juicio especial sin jurado en Camp Zeist, una antigua base militar norteamericana en Holanda, considerada a los efectos como territorio escocés. Estos términos fueron negociados por Libia y la ONU, que había impuesto sanciones contra el país africano por presiones de EE.UU.

En el juicio, iniciado en mayo de 2000 se dejaron numerosas cuestiones importantes sin respuesta como por ejemplo la destrucción del avión de la Pan Am. En su sentencia, los jueces escoceses declararon culpable a Megrahi, sentenciándole a 20 años de prisión, y absolvieron a Fhimah. Sin embargo, este fallo fue cuestionado, entre otros, por numerosos juristas británicos que criticaron lo endeble y circunstancial de las pruebas –algunas de ellas francamente rocambolescas como que la maleta viajó sola y sin chequear por media Europa hasta introducirse en el vuelo de la Pan Am– utilizadas para condenar a Megrahi y denunciaron el fallo como “motivado políticamente”.

El Gobierno libio también protestó por la condena de Megrahi y reiteró la creencia en su inocencia. Por su parte, Fhimah tuvo un recibimiento de héroe a su retorno a Trípoli. Libia y el Reino Unido han llegado a un acuerdo que permitirá a la familia de Megrahi vivir en Glasgow, donde él se encuentra encarcelado, y establecer un consulado libio en la ciudad, que estará destinado a servir específicamente a sus intereses.

Megrahi, culpable o inocente, ha sido el instrumento que ha permitido que todo un país se haya librado de las sanciones internacionales y del aislamiento que conllevan.

En cambio, las sanciones estadounidenses, que prohíben la importación de crudo libio, así como el comercio directo o contratos con el país, que datan de 1982 y se endurecieron en 1986, todavía están vigentes. Funcionarios estadounidenses alegaron, ya antes de que Libia asumiera su responsabilidad del atentado, que “Washington no levantará sus sanciones económicas contra Libia aunque Trípoli acepte su responsabilidad y escape así de las sanciones de la ONU”. Los funcionarios sostuvieron que “Libia debe emprender una serie de acciones -sobre todo convencer al Gobierno de Estados Unidos de que ya no apoya el terrorismo y no está intentando obtener armas de exterminio- para que Washington levante las sanciones”, unas sanciones que le impusieron al país de Gaddafi tras prestar apoyo financiero, político y logístico a ciertos movimientos de liberación, como el OLP y el Frente Polisario; a movimientos independentistas de Irlanda, Córcega, Filipinas; a movimientos subversivos minoritarios de Níger, Malí, Mauritania e incluso a grupos de terroristas y extremistas, como la organización palestina de Abu Nidal

Scott McClellan, portavoz de la Casa Blanca, manifestó después de que Libia asumiera la responsabilidad del atentado que "la conducta del régimen libio, incluyendo sus antecedentes de derechos humanos y la falta de instituciones democráticas, su papel destructivo en la perpetuación de los conflictos regionales y su persistente e inquietante búsqueda de armas de destrucción masiva siguen siendo factor de grave inquietud".

El portavoz de la Casa Blanca aclaró que Estados Unidos mantendrá sus propias sanciones y no proyecta eliminar a Libia de una lista de países a los que acusa de patrocinar el terrorismo. Los países incluidos en la “lista negra” tienen prohibido recibir ayudas económicas de Estados Unidos y son objeto de un riguroso control, sobre todo desde el 11 de septiembre del 2001. Tampoco ayudan a Libia declaraciones como las que hizo el director de la agencia de mísiles de defensa del Pentágono en octubre de 2002, que alertó de que Libia continuaba con su propósito de comprar mísiles de largo alcance. “Los libios han estado activos procurando obtener capacidades misilísticas y no solamente de corto alcance”, dijo el general de la Fuerza Aérea, Ronald Kadish. Esas sanciones también incluyen restricciones de los viajes de ciudadanos estadounidenses así como la concertación de acuerdos comerciales con empresas libias.

El acuerdo sobre Lockerbie y el levantamiento de las sanciones de Naciones Unidas han sido posibles gracias a la actitud de Libia, que de mostrarse hostil ha pasado a intentar mantener unas buenas relaciones con la comunidad internacional. Gaddafi está llevando a cabo este cambio radical desde septiembre de 2002, cuando anunció que su país dejaría de ser un Estado rebelde y aceptaría la legalidad internacional. Durante años “hemos tenido un comportamiento revolucionario y hemos actuado como un Estado rebelde”, reconocía, pero no olvidó subrayar que “tenemos que aceptar la legalidad internacional pese a que esté falseada e impuesta por Estados Unidos; de lo contrario, nos va a aplastar”.

Estados Unidos y Reino Unido han apoyado a Libia en su cambio radical, ya que estos dos países también han cambiado su actitud hacia Gaddafi, que en un año ha pasado a ser mucho más positiva. Esta actitud deriva, sin duda, de las presiones de las compañías petrolíferas de ambos países. Libia dispone de importantes yacimientos petrolíferos y de gas; de hecho tiene las sextas mayores reservas de petróleo del mundo y es el octavo productor mundial de crudo (actualmente el país de Gaddafi produce 1,4 millones de barriles al día). Además, Libia ha explorado únicamente el 25% de los campos que podrían albergar reservas de petróleo debido, sobre todo, a la falta de inversiones necesarias. Y por si fuera poco, el petróleo libio es barato de obtener y fácil de transportar hacia Europa.

Además, actualmente, Libia quiere lanzar una nueva ronda de exploraciones petrolíferas y de cesión de licencias en el primer trimestre del próximo año, según anunció Tarek Hassan-Beck, director de planificación en la Corporación Nacional de Petróleo libia, que añadió que el país necesita atraer inversiones extrajeras para desarrollar su potencial petrolífero, gran parte del cual ha sido explotado muy por debajo de sus posibilidades debido a las sanciones estadounidenses y las ya levantadas restricciones de Naciones Unidas. "Después de los malos tiempos de la última década debido a las sanciones, tenemos muchos deberes pendientes", dijo antes del comienzo de una conferencia sobre el petróleo en Qatar, "Esperamos empezar en el primer trimestre del próximo año una gran carrerra para contratos de extracción, en una oferta abierta, con documentos legales que serán mucho más flexibles que los previos".

Un conjunto de compañías estadounidenses, sobre todo las que forman el grupo Oasis, Marathon, Amerada Hess y ConocoPhillips, han estado presionando a su Gobierno durante largo tiempo para que se les permita operar plenamente en el sector de la industria petrolífera de Libia, y están intentando renovar los permisos que tienen en concesiones petrolíferas libias que caducan en 2005.

El sector petrolífero estuvo controlado hasta finales de los años sesenta por las empresas norteamericanas, pero se encuentra en la actualidad dominado casi exclusivamente por sus rivales europeas. La francesa TotalFinaElf, la noruega Norsk Hydro y la italiana Eni han firmado recientemente contratos con Libia para poner en marcha diversos proyectos de exploración y explotación de petróleo. También la española Repsol y la austriaca OMV están entre las compañías europeas con inversiones significativas en Libia.

Parece pues que Estados Unidos retirará pronto las sanciones contra Libia, puesto que si no lo hace durante este 2004, las compañías norteamericanas no van a perdonar a las autoridades del país que les dejen fuera del reparto del pastel de hidrocarburos de Libia. En el momento en que Estados Unidos retome las buenas relaciones con Libia, el país de Gaddafi podrá recuperar totalmente su posición internacional y olvidarse de quince años de aislamiento internacional.

De hecho, Libia ya ha recuperado las buenas relaciones con el resto de países. Prueba de ello es la celebración de la primera cumbre Diálogo 5+5, que se celebró a principios de diciembre en Túnez, donde participaron los jefes de Estado y Gobierno de Francia, Italia, España, Portugal y Malta, por el lado europeo, y Marruecos, Túnez, Libia, Mauritania y Argelia, por el lado magrebí. Este foro fue creado por Francia en 1990, pero se vio congelado desde 1991 en gran parte debido a las sanciones internacionales impuestas a Libia por el atentado de Lockerbie.

Además, ya a mediados de agosto, tras acordar las indemnizaciones con las familias de las víctimas del atentado, Libia fue elegida por una amplia mayoría para presidir la comisión de derechos humanos de las Naciones Unidas. Así, la primavera de 2004 Libia presidirá la vigésima quinta sesión de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que se encuentra cada año para inspeccionar la situación de los derechos humanos en el mundo. Evidentemente, si a algún país no le hizo ninguna gracia la elección, ése fue Estados Unidos. "Esto no es una derrota para los Estados Unidos, es una derrota para la Comisión de Derechos Humanos”, dijo el embajador estadounidense Kevin E. Moley. Por otro lado, el Ministerio de Asuntos Exteriores libio declaró que el voto era "una victoria internacional" para Libia y una recompensa por el esfuerzo de Gaddafi en favor de los derechos humanos. Añadió que Libia haría todo lo posible por promover el respeto de derechos humanos en el mundo entero.

Si hay un país que tenga unas excelentes relaciones con Libia, éste es España. Prueba de ello es la visita que efectuó José María Aznar a Libia los días 17 y 18 de septiembre. Fue la primera visita de un dirigente occidental a Muammar El Gaddafi desde que la ONU levantó a principios de septiembre las sanciones contra el país norteafricano.

El presidente español subrayó que Libia “está dando pasos para una presencia normalizada en la comunidad internacional”, entre los que destacó "la actitud y el compromiso en la lucha antiterrorista", su presencia en instituciones internacionales, las aspiraciones de formar parte de foros como la Organización Mundial del Comercio, el proceso de reformas internas y de apertura de su economía y la posibilidad de contar con este país como "factor de estabilidad y seguridad". El presidente español destacó también el apoyo que Gaddafi ha tenido de España en todo momento. “España y Libia han trabajado de forma conjunta para conseguir objetivos tendentes a la plena incorporación del país a la comunidad internacional”.



Cronologia año  2003
7 de enero. La justicia alemana encuentra al gobierno libio culpable de terrorismo.

13 de enero. El presidente libio, Muamar El Gaddafi, pasa de maestro del terror a devenir un importante colaborador de Estados Unidos en su lucha contra Al Qaeda, según la revista Newsweek.

2 de marzo. Líbia expresa su rechazo a la guerra de Irak en la cumbre con los jefes de Estado de los 22 países de la Liga Árabe, donde vivieron un duelo diplomático intenso sobre el tema. Finalmente consensuaron una declaración contraria a una posible Guerra de Irak.

3 de marzo. El presidente libio, Muamar El Gaddafi, confirma su intención de abandonar la Liga Árabe.

25 de mayo. Gaddafi congela la decisión de Libia de retirarse de la Liga Árabe.

16 de agosto. Líbia se responsabiliza del atentado contra el avión de la Pan Am sobre la localidad escocesa de Lockerbille en 1988 y renuncia al terrorismo. Aun así, EEUU anuncia que mantendrá las sanciones contra Libia.

19 de agosto. Gran Bretaña pide formalmente al Consejo de Seguridad levantar las sanciones a Libia.

31 de agosto. Libia abre sus puertas al inversor extranjero. En los últimos dos meses y medio Libia ha vuelto a aparecer en los planes de estrategia de las grandes compañías internacionales.

1 de septiembre. Gaddafi cede a las presiones de Francia para acabar con el bloqueo internacional y aumenta las indemnizaciones concedidas en 1999 a las familias de los 170 pasajeros muertos en el atentado de Lockerbille de 1988.

11. de septiembre. Libia firma acuerdo de indemnización con los familiares de las víctimas del atentado de Lockerbie .

11 de septiembre. Gaddafi impulsa a su pueblo a votar sí en un referéndum para saber si los ciudadanos están de acuerdo en salir de la Liga Árabe. Gaddafi asegura que la Liga Árabe la han humillado la guerra en Irak y el conflicto entre palestinos e israelíes.

12 de septiembre. La ONU aprueba el levantamiento de las sanciones a Libia, con la abstención de EEUU y Francia. EE UU mantiene el embargo de comercio bilateral. Libia deja de estar en la lista de los llamados “países del mal” y tras 11 años de sanciones, podrá exportar su petróleo, reanudar los vuelos internacionales, comprar armas y equipamientos, y recuperar el diálogo con Occidente.

13 de septiembre. Francia advierte a Libia que cumpla con el acuerdo, que incremente las indemnizaciones para los familiares de las víctimas de Lockerbie y que fije un plazo para el reparto del dinero, si no quiere romper las relaciones con Francia. El coronel Muamar El Gaddafi, expresa su satisfacción tras lograr el ansiado levantamiento de las sanciones impuestas por las Naciones Unidas en el 1992.

14 de septiembre. El líder libio Muamar Gadaffi advierte a Italia que puede perder los negocios comerciales en Libia a menos que Roma considere los millares de libios que desaparecieron durante la era colonial y compense a sus familias. Gaddafi hace estas declaraciones en la televisión libia el 35º aniversario de la expulsión de las colonias italianas.

17 de septiembre. Aznar es el primer jefe de Gobierno de un país occidental que ha visitado Libia oficialmente después de que la ONU levantase las sanciones contra aquel país.

18 de septiembre. Gaddafi busca el apoyo de Aznar para acercarse a Europa y a EEUU. Mientras el presidente español impulsa las relaciones económicas con Trípoli.

25 de septiembre. Libia hace un llamamiento para que todos sus activos congelados por los bancos de EEUU vuelvan a la normalidad tras la resolución del 12 de septiembre en la ONU, en la que se aprobó el levantamiento de las sanciones.

7 de octubre. El presidente libio Muamar El Gaddafi, que anteriormente fue líder y devoto de la Unión Árabe, decide finalmente retirar-se de la Liga Árabe ante las múltiples críticas de los 21 países de la unión.


 


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