Anuario 2003
Argentina
"Kirchner convence a los argentinos e intenta confirmar la recuperación del país"
Xènia Plaza

El peronista Néstor Kirchner, que representa la rama más socialdemócrata del Partido Justicialista, fue elegido a mediados de mayo de este año como nuevo presidente de Argentina por delante de otro candidato peronista, el ex presidente Carlos Menem. La sociedad argentina ha vuelto a dar su confianza a un candidato peronista después de la decepción que supuso el presidente radical De la Rúa en 2002. De momento, Kirchner continúa teniendo la confianza de los argentinos, que volvieron a votar por la opción kirchnerista en las elecciones provinciales de setiembre. El nuevo Ejecutivo tiene la misión de revitalizar y estabilizar la economía. En el campo político, Kirchner deberá conseguir que los argentinos vuelvan a confiar en el Gobierno y en la capacidad de actuación de sus dirigentes.
Néstor Kirchner fue quien se llevó finalmente la victoria en las pasadas elecciones presidenciales. Ha sido el parche a la desconfianza imperante en Argentina hacia toda la clase política después de la crisis económica de 2001 que desestructuró a un país que aún se está recuperando de la mala gestión de sus gobiernos anteriores.

Pero Kirchner no era el candidato presidencial en el que pensaba Eduardo Duhalde, anterior presidente, que tuvo que convocar elecciones después de las reacciones que suscitó la fuerte represión que aplicó en una convocatoria piquetera, la devaluación del peso y el descontrol social.

De hecho, el ex gobernador de la región de La Punta era el último de la lista, al que tuvo que recurrir después de diferentes negativas. El primero en renunciar fue Carlos Reutemann, gobernador de Santa Fe, ganador en las encuestas pero que se negó a participar en las elecciones. El ex presidente Duhalde no esperaba la negativa del gobernador y tuvo que buscar a toda prisa un candidato. Y lo encontró en el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, que al final quedó desestimado al no tener posibilidades según los sondeos. Así que al final, Duhalde tuvo que decidirse por Néstor Kirchner, que a priori era el candidato con el que compartía menos criterios.

Pero Kirchner no sería el único candidato del peronismo. El electorado peronista se tendría que repartir también entre el ex presidente Carlos Menem, desgastado por la implicación de su segundo gobierno en supuestos casos de corrupción, y Adolfo Rodríguez Saá, que fue presidente en los momentos más duros de la crisis del pasado año y que declaró el estado de “default”, el estado de suspensión de pagos. Esto era posible gracias a la ley de lemas, que permite presentar a más de un candidato por partido.

El peronismo no presentaba ningún candidato en el que los argentinos tuvieran confianza: dos ex presidentes cuya gestión recibió numerosas críticas y un gobernador que era el último en la lista de Duhalde. Ante ellos se enfrentaban los dos candidatos ex dirigentes de Unión Cívica Radical (UCR), Ricardo López Murphy y Elisa Carrió. López Murphy había militado durante 30 años en el partido de UCR, había sido ministro con el Gobierno de De la Rúa y también consultor del FMI, del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre otros. Elisa Carrió, más conocida com “Lilita”, se presentaba con su propio partido, Argentina por una República de Iguales, después de haberse desvinculado en 2002 de Unión Cívica Radical.

Estos dos candidatos tenían que enfrentarse al desgaste que había supuesto para el radicalismo el gobierno de De la Rúa, que había dado otro motivo a los argentinos para desconfiar de la capacidad de gobernar de los radicales y señalar a los peronistas como los únicos que podían gobernar el país. Aun así, López Murphy quedó como tercer candidato en la primera vuelta de las elecciones de 2003, por encima de la opción que representaba Rodríguez Saá.

Kirchner lo tuvo más fácil de lo que todo el mundo esperaba para llegar a la presidencia. Con los resultados de la primera vuelta, él y Menem habían sido los elegidos. A partir de este momento, el ex presidente comenzó a lanzar acusaciones sobre fraude electoral. A falta de cuatro días para los comicios se retiró por ese supuesto fraude (y probablemente por la gran diferencia que le separaba de Kirchner) y dejó el camino libre a Kirchner. El candidato oficialista conseguía la presidencia con tan sólo el 22% de los votos. En principio, las cosas no se le presentaban del todo bien al nuevo gobernante, que lo tendría muy difícil con un nivel de apoyo tan reducido.

Ante esta situación Kirchner ha sabido reaccionar y ha utilizado la proximidad con su pueblo y la rapidez para convencer a sus conciudadanos. Los primeros objetivos eran calmar las demandas y protestas sociales, y conseguir estabilizar la economía. En el campo político, el ex gobernador echó en los primeros meses de su mandato a altos cargos de la policía federal y de la cúpula militar. Pero su “renovación” no se quedaría ahí. Además del poder militar y policial, Kirchner también depuró parte del poder judicial que sentía simpatía por los planteamientos menemistas. En su particular lucha contra las instituciones corruptas, el nuevo presidente también realizó fuertes cambios en el PAMI, un organismo de atención médica a los jubilados. Al mismo tiempo, la actitud y las acciones gubernamentales de Kirchner han conseguido calmar las diferencias que había dentro del peronismo, con sectores divididos entre los tres candidatos.

Una de las iniciativas más importantes que ha tomado el Gobierno ha sido derrogar las leyes de punto final y de obediencia debida, leyes exculpatorias que impedían juzgar a militares responsables de desapariciones y asesinatos durante la década de los 70 y de los 80.

En el campo de relaciones exteriores, el presidente ha intentado reactivar el Mercosur junto con el otro socio más importante del grupo: Brasil. Desde el primer día de su mandato, Kirchner mantiene una excelente relación con Lula. Los dos han decidido reimpulsar la asociación que en los últimos años ha permanecido en un segundo plano para muchos de los dirigentes latinoamericanos.

La forma de gobernar del nuevo presidente ha recibido diferentes elogios, aunque algunos le han reprochado que haya abierto tantas líneas de acción al mismo tiempo. Ante estas críticas, Kirchner ha respondido que está dispuesto a “abrir los frentes necesarios para cambiar Argentina”. El drama que señalan muchos analistas es que el Partido Justicialista se ha consolidado como una especie de PRI, partido que ha dominado durante 70 años el escenario político mexicano.

En el campo económico los esfuerzos se han concentrado en llegar a un acuerdo con el FMI, organismo al que la República debía a principios de año 6.600 millones dólares. La intención del Gobierno argentino es renegociar la cantidad de la deuda y el plazo en el que tendrá que ser saneada. A principios de 2004, los dos llegaron a un preacuerdo, pero aun no se ha firmado. El FMI no estaba satisfecho con Argentina porque el país había incumplido su promesa de iniciar una reforma fiscal. Esta reforma fiscal intentará ajustar las cuentas de las provincias. El problema es que algunas provincias, sobre todo las gobernadas por menemistas, quieren que el Gobierno federal les traspase algunos impuestos, cosa que Kirchner no quiere hacer.

En el mes de mayo, el FMI ya estableció las bases para el acuerdo: reducir el nivel de inflación, un mayor crecimiento económico y un dólar más bajo. Las negociaciones se alargaron hasta el mes de diciembre, aunque en setiembre ya estaba listo un borrador con los principales puntos. La prioridad argentina era renovar los contratos con el FMI para posponer el pago de sus deudas hasta 2006. La posición de Estados Unidos, que ha sido favorable al acuerdo, ha resultado importante para la consecución del trato.

Por otra parte, la coyuntura económica ha dado cierto respiro a Kirchner. A principios de año, la economía creció un 5,4% si la comparamos con el mismo período del año anterior. Estas cifras indican cierta mejoría de la salud económica del país, pero no se debe ir más allá. Requieren una puntualización: se parte de una situación de colapso total, con lo que esta una recuperación es relativamente fácil de conseguir. Además, diferentes analistas ya han previsto que el PIB del tercer trimistre no será tan alentador como el primer trimestre. Igualmente, se tiene que puntualizar que en los últimos cuatro años se ha producido una caída del 20% del PIB.

Para restablecer la salud económica del país, el ministro de Hacienda, que en principio no iba a ocupar ningún cargo en el Gobierno de Kirchner y que también fue ministro en el anterior Ejecutivo, Roberto Lavagna, ha vertebrado la nueva estrategia económica en tres puntos: La estabilización de los precios, la expansión de la producción y la regularización de las relaciones con los otros gobiernos de la región y del resto del mundo.

El primer punto implica nuevas medidas en la política fiscal y monetaria. Respecto a estas políticas, se ha de ver la influencia que tendrán la desaparición del sistema de convertibilidad y de paridad entre dólar y peso, y la política para reducir la evasión de impuestos.

En lo referente al segundo punto, Argentina tendrá que debatir qué modelo de producción quiere implantar. Kirchner ya anunció en toda su campaña electoral que Argentina tenía que dejar de ser un país consumidor y convertirse en un país productor. El presidente considera que el modelo importador ha sumido a Argentina en una gran crisis y considera que se debe potenciar la empresa y las “microiniciativas empresariales”.

El Gobierno debe plantearse reformas de carácter estructural. Un ejemplo será la anulación de las monedas provinciales. Estos bonos fueron emitidos desde las provincias para poder afrontar los pagos que tenían durante la crisis financiera y económica de 2001 y 2002. En total, llegaron a circular 13 monedas además del peso.

Por otra parte, el Gobierno tiene tareas pendientes, como actualizar las tarifas de los servicios públicos, congeladas desde hace año y medio. Pero el problema más importante es la deuda de 88.000 millones que se mantiene con acreedores del país y extranjeros. La última oferta que ha hecho el Gobierno argentino ha sido rechazada por los acreedores, ya que la consideran “inaceptable”. La propuesta incluye cambiar viejos bonos de deuda por nuevos. El Gobierno intenta reducir la deuda y en esta oferta no incluye los intereses que se han producido desde enero de 2002, momento en el que congeló la deuda. Estos intereses ascienden a 18.700 millones.

Por otra parte, las inversiones, el PIB y el paro ha mejorado. Este último ítem, que en mayo de 2002 afectaba, según estadísticas oficiales, al 21,5%, ahora afecta al 15,2%, según las encuestas del mes de octubre. Para aumentar los puestos de trabajo Kirchner anunció una política (imposible) de construcción de obras públicas, que crearían cinco millones de puestos de trabajo directo e indirecto.

Argentina salió de una de las crisis financieras y económicas más graves que se han vivido en los últimos años en toda América. En los últimos diez años, la economía argentina ha estado llena de altibajos, ayudados por las crisis regionales o de los países vecinos, como la crisis que vivió Brasil en 1999.

El inicio de la crisis se produjo en diciembre de 2001. En ese momento la economía argentina se paralizó. Entre otras cosas, el “corralito” (la retención de los ahorros de millones de argentinos) provocó que los ahorristas sólo pudieran disponer de 300 pesos a la semana. Además, en ese momento un dólar equivalía a 3 pesos, con lo que el poder de adquisición de los argentinos se redujo. Finalmente se llegó a la suspensión de pagos. En este proceso se dejaron en el aire más de 81.500 millones de pesos o dólares pesificados que los argentinos tenían en los bancos. Esto llevó a la crisis política y social que se vivió en 2002.

No se puede decir que el colapso de la economía argentina fuera predecible pero sí que había elementos que indicaban la mala situación que se vivía. El Producto Interior Bruto (PIB), que en 1998 se situó en 280 mil millones de pesos, bajó a 270 miles de millones hasta el 2001. Para hacerse una idea de la crisis que se inició en 2001, el PIB disminuyó en un año hasta 232 mil millones, una cifra similar a la producción de 1993, según publicó el Ministerio de Economía del país.

Además, la gran dependencia de las importaciones complicaba más la situación. Eran necesarias tanto para el consumo directo como para acabar los procesos productivos, con lo que se dificultaba el crecimiento de la industria nacional. Por otra parte, se aumentaba la deuda con bancos y empresas externas.

A esto hay que añadir el proceso de hiperinflación que se produjo a finales de los 90, durante el Gobierno de Carlos Menem, y el déficit del sector público. A partir de este momento, los dirigentes argentinos optaron por un liberalismo radical, como muchos otros países latinoamericanos. Empezó el proceso de privatización que ayudó, a corto plazo, a mejorar la salud financiera del Estado.

Aun así, el déficit de la balanza comercial fue aumentando hasta provocar que el déficit pasara a ser estructural. Por último hay que añadir que Argentina lleva recaudando menos impuestos desde el año 2000 y que la evasión de capital también es elevada. Se necesitaba un replanteamiento.

Uno de los procesos fundamentales en el desarrollo de la economía argentina es el sistema de convertibilidad y de paridad con el dólar, uno de los muchos problemas que padece el país. En los últimos años se había comprobado que el sistema de paridad con el dólar (1 dólar =1 peso) era imposible de mantener. El peso iba cayendo sin ninguna solución.

Al final, el Gobierno de Duhalde decidió eliminar el sistema de paridad y el peso empezó su andadura sin estar sujeto al valor del dólar, al menos, no oficialmente. Ese esfuerzo por mantener la convertibilidad provocaba que los tipos de interés subieran como la espuma (llegaron a un 30%) con lo que el consumo privado y las inversiones empresariales se reducían, hecho que reducía las posibilidades de recuperación de la economía argentina.


El fenómeno “piquetero”

Es increíble pensar que hace tan solo un año, la sociedad argentina ha dejado la protesta a un lado y se ha dispuesto a esperar los primeros resultados de la legislatura que ha empezado Kirchner. En algunos sectores se ha llegado a hablar del “factor K”, para intentar dar una explicación del giro que ha dado el país, que ha pasado del “Que se vayan todos, que no quede ni uno” a la elección de otro presidente peronista. De hecho, el presidente también ha cambiado la postura del Ejecutivo, muy diferente a la que tenía Eduardo Duhalde. Cuando llegó al poder, lo primero que afirmó fue que no quería ningún tipo de represión contra las protestas sociales, incluidas las de los piqueteros. Los grupos piqueteros son organizaciones que empezaron a emerger a mediados de los noventa, dirigidas por miembros de partidos de extrema izquierda y que están formadas, en su mayoría, por los beneficiarios de los subsidios gubernamentales. Estos grupos son los que han continuado las protestas desde que el país empezó a estabilizarse. Pero estas organizaciones no forman un bloque compacto, dentro de ellas encontramos a los “blandos” y los “duros”. Los primeros han llegado a acuerdos con el Gobierno, mientras que los duros siguen en su dinámica de protesta. Los piqueteros tienen mucha fuerza en los suburbios de Buenos Aires, así como en las provincias más pobres del resto del país. La actuación contra los piqueteros ha sido la razón constante del enfrentamiento entre Kirchner y Duhalde, partidario de una dura represión contra este movimiento. En los últimos meses, y pese a las nuevas acciones de los piqueteros, Kirchner se ha mantenido en sus trece. Duhalde ha utilizado en estos últimos meses al piqueterismo para cuestionar las iniciativas de “su” candidato. Pero el legislativo ha dado su apoyo a Kirchner. Por otra parte, las protestas se han ido repitiendo hasta el mes de noviembre. El dia 10 de este mes, 200 personas, formadas por militantes de grupos anarquistas, trostkistas y leninistas-guevaristas, ocuparon el Ministerio de Trabajo. Los líderes piqueteros locales se encargan de distribuir a los beneficiarios del Plan de Jefes y Jefas del Hogar Desocupados más de 200.000 subsidios, un 10% del total de estas ayudas. Este plan, que consiste en un subsidio mensual de 150 dólares, ayudó a calmar las protestas sociales durante la crisis del 2002. Pero los desempleados piden que se les aumente el subsidio. Ahora ya no piden un cambio de estructura política, sino un aumento de las ayudas que da el Gobierno. Hay que añadir que muchos de los beneficiarios no realizan las 20 horas de servicio social que el Ejecutivo marcó como contraprestación. Además, la tercera parte de los aproximadamente dos millones y medio de argentinos que reciben este subsidio no reúnen las condiciones que se requieren para recibirlo, según ha declarado el Banco Mundial. Pero los piqueteros no han sido los únicos que han protestado en estos dos últimos años. En 2002, Argentina se hizo famosa por su “cacerolazos”, que se extendieron por todo el país. La pregunta que mucha gente se hace es si la situación ha mejorado tanto como para que una parte significativa de los 37 millones de argentinos hayan abandonado las protestas. Parece que a los argentinos no les importa quién les gobierne y no saben cómo salir de este sistema en el que el peronismo lleva la batuta, una batuta manchada por la corrupción y la inestabilidad económica. Los argentinos se han desvinculado de sus gobernantes, les resulta indiferentes, han dejado de creer en el peronismo y en el radicalismo. A mediados de 2002, una encuesta del Latinobarómetro reflejaba que el 85% de la población estaba insatisfecha con la forma de funcionar de su democracia, y un 92% pensaba que la situación económica era muy mala. Los niveles e desconfianza hacia el Gobierno llegaban a más del 80%. Dos meses después de la elección de Kirchner, los datos de una encuesta de la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires, tampoco son nada buenos: sólo un 22% tenía una imagen positiva del Gobierno, mientras que el 81% no pensaba que se gobernase para el bien del pueblo, sino por los intereses particulares. De hecho, y sobre todo desde el segundo mandato de Menem, la gente asoció la corrupción y el clientelismo a las clases dirigentes y a las élites que las apoyaban.


Cronologia año  2003
16 de enero. El Gobierno argentino y el FMI llegan a un pre acuerdo para aparcar la deuda que el país mantiene con el organismo y establecer unos nuevos plazos del pago que vence en agosto de 2003.

24 de enero. El Partido Justicialista aprueba el sistema de “neolemas” que permite presentar a diferentes candidatos en un mismo partido. Néstor Kirchner, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá serán los candidatos peronistas a las elecciones presidenciales.

5 de marzo. la Corte Suprema decide redolarizar o a pagar con la cantidad equivalente en pesos los depósitos bancarios que quedaron congelados en los bancos durante la crisis financiera de 2002 a los residentes en la provincia de San Luís.

27 de abril. los candidatos peronistas Carlos Menem y Néstor Kirchner son los candidatos que pasaran a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 18 de mayo.

14 de mayo. Kirchner se proclama presidente después del abandono de Menem. El ex presidente lanza acusaciones de fraude electoral y deja el camino libre a Kirchner.

31 de mayo. El Ejecutivo anuncia la renovación total de la cúpula de la Policía Federal. El presidente quiere relevar a los militares que tengan antecedentes penales o los que produzcan desconfianza en las organizaciones defensoras de los derechos humanos.

25 de julio. un juez federal acepta la petición de extradición de 45 militares presuntos culpables de crímenes de lesa humanidad a ciudadanos españoles durante la última dictadura militar. La petición, firmada por el juez español Baltasar Garzón contradice el decreto que el ex presidente Fernando de la Rúa que obligaba a la Corte Suprema a aceptar órdenes de extradición de militares.

5 de agosto. la Corte Suprema dividida ante la aprobación o la derrogación de las leyes de punto final y obediencia debida que afectaría a militares argentinos.

11 de septiembre. FMI Y el Gobierno llegan a un acuerdo a medio plazo. El Ejecutivo consigue postergar por tres años el pago de 21.610 millones de dólares y se compromete a saldar los 2.900 millones adeudados con el FMI. Entre otras cosas, Argentina deberá tener un crecimiento de 5º 6% en 2004, restablecer las tarifas de los servicios públicos o tener un superávit fiscal del 3% para 2003.

15 de septiembre. los candidatos de Kirchner en las elecciones provinciales ganan.

17 de septiembre. El juez federal, Sergio Torres, ordena la detención de 15 militares por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar.

2 de octubre. El Gobierno logra el apoyo del Congreso para ajustar las tarifas de los servicios públicos, congeladas desde la crisis financiera de 2002.


 


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