Anuario 2003
Venezuela
"Chávez afronta el reto el “firmazo” promovido por la oposición"
Xènia Plaza

La “revolución” de Hugo Chávez lleva casi dos años convulsionando a Venezuela, un país que ha aumentado sus niveles de pobreza, sus niveles de desempleo y que ha perdido la confianza en el modelo de Estado que quería implantar el ex coronel. El “revolucionario” se enfrenta ahora al juicio de la sociedad venezolana y a la de los medios y de los dirigentes internacionales. Desde diferentes frentes, internos y externos, se ha acusado a Chávez de autoritario y de ignorar las demandas de las clases medias y de los empresarios, que desde el inicio del chavismo temieron el planteamiento económico y social del ahora presidente. Pero en los cinco años que lleva al frente del país, Chávez no ha satisfecho a parte de la sociedad venezolana y ha desestructurado la convivencia entre el Gobierno y los ciudadanos. Parte de los venezolanos buscan el mismo cambio que creían que aportaría Chávez, después de las mil acusaciones de corrupción que habían recibido los anteriores gobiernos. El presidente representaba un estilo opuesto al que se asociaba al resto de los políticos, muchos de ellos vinculados mundo empresarial.
Este año se han vivido dos momentos cruciales: la recogida de firmas en el mes de noviembre para obligar a Chávez a organizar un referéndum sobre su continuidad como presidente y el paro nacional que empezó en diciembre de 2002 y que acabó después de 63 días. El primero se ve como una esperanza de que se recupere el diálogo y la democracia, según los miembros de oposición, y el segundo como la muestra más clara del rechazo a las políticas y el estilo del presidente. Chávez se había negado reiteradamente a aceptar la convocatoria de un referéndum para analizar su gestión. Por fin, accedió a dar el paso previo, es decir, la recogida de firmas. Pero esas esperanzas han sido rápidamente contestadas por el propio presidente, que ha calificado el firmazo de “megafraude”. Los observadores de la OEA han calificado esta recogida de firmas como “correcta”. En referencia al Consejo Nacional Electoral, órgano que controla y valida las firmas de la convocatoria, Chávez afirmó: “Estoy seguro de que se impondrá la sabiduría del árbitro, del CNE. Si el árbitro reconociera estas firmas, no se puede jugar. Este Gobierno no reconocería esto, diría que así no hay juego. A mí me tienen que convencer firma por firma y huella por huella para que haya juego".

El hecho de que la oposición se haya unido bajo un mismo colectivo, la Coordinadora Democrática, es un claro síntoma de la situación. Un grupo que ha juntado a dos de los partidos históricos en la democracia venezolana, una de las más “firmes” de América Latina: el socialcristiano COPEI y el socialdemócrata Acción Democrática (AD), dos partidos que se turnaron el poder desde los años 50 y que consagraron el modelo bipartidista en la política venezolana. Pero esta organización no cuenta únicamente con el apoyo de estos dos grupos, sino que en ella también se agrupan 23 partidos más, la Confederación Nacional de Trabajadores (el sindicato más importante del país), 20 ONG y la Federación de Cámaras y asociaciones de Comercio y Producción (Fedecámaras), uno de los lobbys poderosos en el escenario venezolano. El presidente ha conseguido que tanto trabajadores como empresarios quieran charle del poder. Pero este prototipo de “rey sol bolivariano” es insistente y no le ha puesto (ni le está poniendo) las cosas fáciles a sus adversarios o a los que, al menos, dudan de su gestión al frente del país. El presidente no se ha rendido, y no ha dejado paso a las demandas de referéndum que revocaría de su mandato.

Aun así, parece que el ex militar sigue sin querer aceptar el descontento de sus conciudadanos. Según, las primeras estimaciones, la oposición ha conseguido reunir 3,6 millones de firmas, y por lo tanto, sobrepasa de largo el 20% de firmas necesarias para convocar la consulta, que tendría que ser vinculante.

Estas movilizaciones no ha sido las únicas desde 1995. Civiles y militares ya obligaron a Chávez el 12 de abril del 2002 a renunciar, al menos durante 48 horas. En esta ocasión el revolucionario tuvo suerte, la que le faltó cuando comandó el golpe de Estado de 1992, y recuperó el poder del país gracias a la ocupación por parte de sus seguidores del Palacio de Miraflores, su residencia oficial. Lo que más favoreció a Chávez fue la desunión de la oposición: tres gobiernos provisionales en esas 48 horas hicieron que ni siquiera los mismos opositores vieran claro el golpe de Estado.

Un día después del golpe, el presidente prometía diálogo y reconocía errores a medias: "Tenemos que rectificar en la aplicación de políticas, a veces se toman decisiones y se aplican otras cosas. Hay un desgaste operacional". Chávez mostraba su cara más humilde y su preocupación por el bienestar del país. Todo esto contrastaba con el aire triunfal con el que regresó de su exilio momentáneo en la isla caribeña de Orchila y con el que se declaraba representante del pueblo venezolano. Volvía a su carácter populista, con el que se había ganado a la gran mayoría.

En 2003 el malestar ciudadano también acabó en movilizaciones. La muestra más clara fueron los 63 días de huelga general que paralizaron al país desde el 2 de enero de 2003 y que culminó la crisis que se desató desde el golpe de Estado del año pasado. Durante esas semanas hubo enfrentamientos violentos cada día. El país quedó desgobernado y polarizado. O con Chávez o contra él. No se podía estar de otra manera. Se produjeron unas pérdidas de 6.000 millones de dólares, miles de personas perdieron su puesto de trabajo, mientras otras esperaban se quedaban en la cuerda floja.

Además, la crisis dividió a la oposición, una oposición que quedó exhausta después de los dos meses de lucha que, aun habiendo llevado la situación a algo insostenible, no pudo arrebatarle el poder al chavismo y conseguir así la destitución del presidente. A partir de ahí, el cansancio se transformó en desilusión e indefensión ante la nueva victoria del equipo actual de Gobierno. Esa “victoria” fortaleció más al presidente que quería hacer creer otra vez que toda Venezuela estaba con él y su revolución. Para él, su vuelta al poder era una muestra de la madurez de la sociedad que no se había dejado llevar por por sus enemigos.

Pero no se puede decir que Chávez no tenga respaldo en la sociedad venezolana. Los pobres de Venezuela siguen apoyándole, aunque en menor medida que antes porque le siguen viendo como la única alternativa ante los partidos clásicos que ostentan el liderazgo de la oposición. En porcentajes, podríamos decir que el presidente cuenta con un 30%-40% del apoyo de la población, según las encuestas. El presidente, que siempre ha defendido su posición de “izquierda”, tiene matices. Para 2004, el equipo de Gobierno dedicará un 6% de su presupuesto a la educación. De hecho, desde el inicio del programa Robinson I, unas 300.000 personas habrán dejado de ser analfabetas. En los programas que el Gobierno ha iniciado en materia de educación es curioso señalar alguno de los nombres, como, “Simencito”, un proyecto dirigido a los niños y niñas que van a acceder a preescolar, en un claro homenaje al libertador boliviano Simón Bolívar. Todos estos programas no se hubieran podido hacer sin la colaboración de Cuba.



¿Han desaparecido la corrupción y la violencia?

Como en muchos otros países sudamericanos, la corrupción es uno de los temas que más preocupan a los ciudadanos y también es el estandarte de las promesas de renovación de los aspirantes a gobernar. Chávez no ha sido una excepción. Lo tenía fácil, después del mal sabor de boca que dejó el presidente socialista Carlos Andrés Pérez, a quien se le acusó de “llevarse”, con su adiós al cargo, unos 250 millones de bolívares (215.000 dólares).

Acabar con la corrupción fue una de las promesas electorales del presidente. Puso toda la vehemencia de la que dispone al servicio de la idea de intentar convencer a los venezolanos de que el sería el mago que haría desaparecer la cleptocracia y afirmó que sería implacable con aquellos que descubriera que eran o habían sido unos corruptos. Era una “guerra a muerte”: “Yo tengo mi espada desenvainada, y si tengo que cortar mi propia cabeza me la cortaré”. Según el presidente, no le importaba que los sospechosos fueran civiles, militares o integrantes de su Gobierno.

Cinco años después de estas promesas electorales, nadie ha sido acusado ni detenido por corrupción y la mismísima Comisión de Controlaría de la Asamblea Nacional (órgano formado después de la Constitución de 1999) no ha visto progresos en los últimos años.

De momento, lo que sí está claro es que la Fiscalía General tiene un total de 15.000 denuncias presentadas por supuestas irregularidades, en un momento en que la corrupción ha pasado a un segundo término en los discursos y promesas de Chávez. ¿Dónde están los implicados en las “cúpulas podridas” de las que hablaba el presidente y a las que quería destrozar?

Desgraciadamente, durante el último mandato también ha habido un incremento de los índices de violencia y de inseguridad en el país. Las disputas entre chavistas y opositores han ayudado a engrosar las listas de víctimas. Y el Gobierno no ha sido inmune a esta situación, sino que se le ha implicado en alguna violación a los derechos humanos.

En este año ha habido 55 muertes por violencia política y unas 500 personas han sido asesinadas sin que se hayan esclarecido las circunstancias. El Universal, uno de los dos periódicos más influyentes en Venezuela, va más allá. Según sus cálculos, unas 40.000 personas han fallecido de manera violenta desde 1999 y señala que hasta diciembre se han producido 8.350 homicidios. Otro dato importante y preocupante es la estimación de que más de 5 millones de personas que poseen algún tipo de arma. Los propios ministros han reconocido que hay un problema de inseguridad. Según ellos, gran culpa de esta situación se debe a la aprobación de la Reforma del Código Penal de 1999, que provocó que 12.000 delincuentes salieran de las prisiones.

En cuanto a la implicación del Gobierno, el caso más desafortunado ocurrió en el Estado de Táchira, donde se detuvo irregularmente a ocho personas vinculadas con la oposición. Los afectados denunciaron el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA. Los afectados fueron internados en una prisión para delincuentes comunes, cuando estaban considerados por el Gobierno como “prisioneros políticos”.



El rígido control de la economía

La teoría de algunos economistas, como el profesor de la Universidad Central de Venezuela, Carlos Blanco, es que Chávez ha querido que su revolución alcance todos los ámbitos del país, tanto el social como el económico y, evidentemente, el político.

La punta de lanza del control económico ha sido PDVSA, la empresa nacionalizada que gestiona todo el petróleo venezolano. Desde que subió al poder, la gestión de PDVSA ha ido de mal en peor. Al principio, se colocó al frente de la compañía a personal que tenía experiencia en la industria. Después de esto, la siguiente fase fue dar los altos cargos a empresarios que no tenían experiencia en la industria petrolera pero que respaldaban el proyecto ideológico del presidente. La última fase de este proceso fue dar la dirección de PDVSA a diferentes militares que llevaron a la quiebra a la empresa más importante del país. Se ha de recordar que Venezuela es el quinto productor mundial de petróleo, y que gran parte de los fondos del país se adquieren del comercio con el crudo.

Pero la mala gestión de esta empresa no ha sido el único punto negro en la política económica aplicada por el Ejecutivo. En los últimos años, muchas empresas venezolanas de iniciativa privada han dejado su actividad, hasta reducirse aproximadamente en un 60%, hasta quedar 4.611 empresas. Por otra parte, los análisis prevén que en 2004 el PIB del país se reduzca en un 10 o 12%.

Estos datos tienen una consecuencia inevitable: el paro y una nula generación de empleos. En los últimos años el número de parados ha aumentado en 500.000 personas, con lo que hay un total de 2 millones de venezolanos sin trabajo. Paralelamente hay que puntualizar que, aparte de estos dos millones de personas que están desempleados, cinco más viven gracias a la economía informal, que se extiende por todo el país y que afecta a la mayoría de los países sudamericanos.

El presidente también decidió que la mejor manera de estimular a los venezolanos no eran las empresas, sino los microcréditos, estrategia que ha tenido buenos resultados en zonas de la India, por ejemplo.

En el caso de Venezuela parece que esta financiación por parte del Gobierno no ha generado un incremento de las iniciativas privadas, sino que ha hecho que los microcréditos sean vistos (y usados) como un subsidio del paro, con lo que lo único que se consigue es un mayor estancamiento de la economía del país. Y, por otra parte, la gente, como ya hemos observado, sigue dependiendo del sector informal, que a estas alturas representa un 50% de la economía.

Además, a todas estas cifras hay que añadir la del índice de pobreza. En cifras absolutas, Venezuela alberga 3 millones más de pobres que hace cuatro años.

Las previsiones para los siguientes años no indican que la situación vaya a mejorar. En un estudio realizado por técnicos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) y el Instituto de Investigación Económica Aplicada de Brasil, Venezuela se sitúa dentro del grupo de países que no podrán reducir sus niveles de pobreza ni los de pobreza externa. El mismo informe señala, como posibles causas, el incremento de la desigualdad social en el país, la disminución del presupuesto del país o los dos factores a la vez. El caso de Venezuela es el de un país con una pobreza casi estructural que se ha visto reforzada en los últimos cinco años, pese a los programas para intentar reducirla.

En este contexto, hay que destacar que, en el último año, el bolívar ha experimentado una devaluación sobre el dólar. A finales de un año la equivalencia llegó a ser de 1 dólar = 3.000 bolívares, cuando en 2002 el cambio se situaba en 1.160 dólares.

Un ejemplo destacable de los fracasos de los planteamientos económicos de estos últimos años ha sido la política de redistribución de tierras. Cuando Chávez subió al poder, en un intento de hacer justicia y crear un sistema más equitativo ( usando el lema “la tierra para quien la trabaja”), quiso cambiar la propiedad de las tierras para redistribuirla. Esto ha provocado, a lo largo de estos años, enfrentamientos entre propietarios y campesinos, que ha acabado en muertes y desapariciones de unos y otros.

Un ejemplo de la inestabilidad que se vive en Venezuela respecto a este tema se dio a mediados de julio, cuando la Comisión de Desarrollo Económico y el Instituto Nacional de Tierras (INTI) logró terminar con unas invasiones de tierra en la región de Barinas.

Pero uno de los puntos más importantes de este panorama ha sido la inflación, que en este contexto de incremento de pobreza ha resultado ser mortal para la sociedad venezolana. El Banco Central del país ha confesado (y nos es de extrañar que utilice estos términos) un incremento del 151% en el IPC en cuanto a bienes y servicios en los últimos cinco años, y lo más grave es que los productos que más han aumentado su valor son productos de primera necesidad, como los medicamentos, que han llegado a un incremento del 500%, lo que supone un coste imposible de sufragar para, al menos, la mitad de los ciudadanos venezolanos. A esta inflación se añade la falta de medicamentos, que es notable en tratamientos para enfermedades como el sida o el cáncer. Los alimentos también se han visto afectados por la subida de precios que, haciendo una media aproximada, se sitúa en el 60%.

Una de las consecuencias nefastas que ha causado esa subida de precios es el aumento de los casos de desnutrición, que, según el Instituto Nacional de Estadística, ronda el 21%.

De hecho, la inflación ha sido un monstruo con el que todos los gobiernos de Venezuela se han tenido que enfrentar. En los tres primeros años de legislatura de Chávez la subida de precios se situó en un 12,9%.



¿Cuánto aguantará Chávez?

Hasta el momento, Chávez y su programa han conseguido sobrevivir a un golpe de Estado, varias protestas multitudinarias y a la presión internacional. El presidente únicamente recibe el apoyo incondicional de su amigo personal Fidel Castro, en una relación en la que el beneficio es recíproco. El dictador cubano es el maestro que Chávez siempre quiso tener. Y está aprovechando muy bien las enseñanzas de Castro. Desde el inicio de su relación, el Gobierno está intentando aplicar ciertos modelos de organización cubanos. Como dato significativo: el presidente ha designado al frente de PDVSA a Alí Fernández, hombre cercano a los servicios de inteligencia cubanos. Por otra parte, Venezuela también presta ayuda económica a Cuba, que intenta exportar su sistema, conseguir más aliados, y además, mejorar la imagen del régimen.

Aun así, Chávez tiene enemigos poderosos, y por encima de todos ellos se alza Estados Unidos y su presidente, George Bush. Junto a la cuestión cubana, el otro tema que desune profundamente a los dos Gobiernos es el tratado del ALCA (Área de Libre Comercio Americana). Pero Venezuela mantiene relaciones ambivalentes con la superpotencia, ya que el 55% de las exportaciones venezolanas se destinan a EE.UU., mientras que el 40% de las importaciones provienen de ese país.

Además, este año el líder también se ha enfrentado con el presidente colombiano, Álvaro Uribe. El Gobierno colombiano ha acusado a Venezuela de “dar refugio” a miembros de la guerrila armada de las FARC y de no combatir adecuadamente el narcotráfico y la criminalidad. Durante el año se han producido diferentes incidentes, como el bombardeo venezolano en una zona fronteriza con Colombia, que tensó más aún las relaciones a finales de abril. En los últimos meses, estos enfrentamientos han disminuido, pero se han producido algunos choques entre ministros colombianos y miembros del Gobierno venezolano. Esto ha afectado al intercambio comercial entre los dos países: si en 2001 el intercambio anual de mercancías alcanzaba un valor de 2.500 millones de dólares ahora esta cifra ha descendido prácticamente a cero.

Pero a Chávez se le complican las cosas. La oposición se ha mantenido unida en la petición de firmazo y representa un serio obstáculo para las acciones del presidente. Su mala gestión le ha desgastado ante los ojos de la sociedad venezolana, incluso de los sectores pobres que él aspira a representar.

Por su fuera poco, y aunque se intente hacer creer que el chavismos es un bloque ideológico compacto, desde 1999 un total de 54 personas han pasado por los altos cargos de la maquinaria chavista. Los ministerios de Interior y Justicia y el de la Secretaria de la Presidencia han llegado a tener hasta 6 ocupantes distintos. El único hombre que se ha ganado la confianza del presidente es el vicepresidente José Vicente Rangel, que ha ido escalando posiciones hasta convertirse en la mano derecha del presidente y en la cara dialogante y pragmática del Gobierno venezolano.

Por otra parte los venezolanos tienen cada vez más clara la poca independencia que hay entre los tres poderes, especialmente en el judicial. En todo este embrollo, las Fuerzas Armadas se mantienen a la espera y no se pronuncian ni se movilizan contra las duras condiciones que esta soportando el Estado de Derecho.





Cronologia año  2003
3 de enero. Surgen las primeras voces de replanteamiento de la huelga después de las primeras fisuras entre la oposición. Venezuela lleva desde el 2 de diciembre de 2002 en huelga general.

4 de enero. 30 heridos después de un duro enfrentamiento entre la oposición y los partidarios del presidente Chávez en Caracas.

8 de enero. Los bancos anuncian un cierre de 48 horas para mostrar su apoyo a la huelga contra Chávez.

10 de enero. La oposición llama al Ejército a la desobediencia contra el presidente.

14 de enero. Venezuela pierde 4.000 millones de dólares por el paro de la industria petrolera.

15 de enero. La Organización de Estados Americanos (OEA) creará el Grupo de Países Amigos de Venezuela para mediar en la crisis que está viviendo el país.

16 de enero. Chávez pide a la oposición que atrase la consulta sobre su continuidad al frente de Venezuela.

23 de enero. Chávez suspende el mercado de divisas para frenar la fuga de capitales de Venezuela.

24 de enero. Los partidarios de Chávez muestran su fuerza con una marcha multitudinaria sobre la capital. Por otra parte, se producen 2.000 despidos en PDVSA, la compañía que controla el petróleo venezolano.

31 de enero. La oposición propone recortar el mandato de Chávez.

4 de febrero. Chavez celebra el fin de la huelga y anuncia duras medidas de castigo contra la oposición.

19 de febrero. El presidente y la oposición sellan un pacto contra la violencia después de 100 días de lucha.

31 de marzo. Chávez revela que ordenó bombardear una zona fronteriza con Colombia. Las tensiones con el presidente colombiano, Álvaro Uribe, aumentan. Cruce de acusaciones entre los dos Gabinetes.

24 de abril. Chávez y Uribe intentan limar sus diferencias y restablecer el comercio en la zona fronteriza común.

2 de mayo. Un muerto en una manifestación contra Chávez en Caracas.

24 de mayo. Chávez acepta celebrar el referéndum sobre la continuidad del presidente en su cargo.

29 de mayo. EL presidente firma un acuerdo con los dirigentes de Coordinadora Democrática, órgano que agrupa a la oposición venezolana, para que se haga el referéndum

14 de junio. Un muerto en nuevas protestas en Caracas contra Chávez.

1 de julio. Chávez viaja a Cuba en otra muestra de su acercamiento al régimen cubano.

20 de agosto. La oposición recoge tres millones de firmas para pedir el referéndum sobre la continuidad de Chávez.

21 de agosto. Miles de venezolanos marchan en Caracas contra el presidente del país.

24 de agosto. Decenas de miles de partidarios de Chávez celebran en Caracas sus tres años de poder.

13 de septiembre. El Consejo Nacional Electoral (CNE), órgano que controla los procesos electorales del país, afirma que las firmas recogidas por la oposición para celebrar el referéndum no son válidas.

27 de septiembre. El referéndum contra Chávez se celebrará en febrero de 2004.

26 de noviembre. El presidente afirma que se han recogido 2,6 millones de firmas para solicitar referéndums revocatorios contra 37 diputados de la oposición.

29 de noviembre. Comienza la recogida de firmas (firmazo) para lograr la celebración del referéndum contra Chávez.

3 de diciembre. La oposición afirma que ha reunido 3,8 millones de firmas. Chávez califica de “megafraude” el firmazo y se enfrenta al secretario general de la OEA, César Gaviria.


 


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