Anuario 2003
Estados Unidos
"Washington ataca Irak sin el consenso de la comunidad internacional"
Martí Bou

La política internacional que ha llevado a cabo la Administración norteamericana el año 2003 ha sido la continuación de la lucha contra el llamado “terrorismo global”. Esta lucha empezó el 2002 con la guerra en Afganistán, cuando los Estados Unidos (con el apoyo de las Naciones Unidas) estuvieron buscando a Osama Bin Laden, jefe del grupo terrorista Al-Qaeda (responsable de los ataques del 11-S del 2001). Después de la caída del régimen talibán, y delante del fracaso en la búsqueda del líder de Al-Qaeda, en agosto del año 2002, los Estados Unidos aseguraron que Irak, uno de los tres pilares del llamado “Eje del Mal”, suponía una amenaza para el mundo, porque tenían armas de destrucción masiva, bacteriológicas, i una vinculación directa con el grupo terrorista de Bin Laden.
Después de que los inspectores de las Naciones Unidas, encabezados por Hans Blix y Mohamed Al-Baradei, estuvieran buscando estas armas de destrucción masiva, y no las encontraran, la Administración Bush decidió atacar Irak de forma unilateral, dejando de lado a la ONU y actuando por su cuenta, junto con sus aliados (Reino Unido, España, Polonia i Italia, en Europa), enfrentándose con países como Francia y Alemania, y sin el apoyo de Rusia y China.

El concepto unilateralista en política internacional significa que un país se mueva en su política exterior al margen de otros países del mundo y de las instituciones internacionales (como la ONU). Los Estados Unidos siempre han tenido un cierto carácter, más que unilateralista, aislacionista, que les acerca mucho a las tesis unilateralistas en materia de política internacional. Este aislacionismo lleva a Estados Unidos a pensar que son “únicos” y que representan la libertad y la democracia en un mundo que, aún más desde los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono, les puede ser hostil.

Según el ideario norteamericano, formado y pensado ya desde la constitución de los Estados Unidos como país, y definido por John L. O’Sullivan en el articulo “Destino Manifiesto, publicado por la revista “Democratic Review” de Nova York el 1845, los Estados Unidos viven “solos” en el mundo y son el pueblo, como el judío, escogido por Dios. Así pues, la mezcla de este carácter con un poder militar que supera el de todos los otros países del mundo ha hecho que los Estados Unidos se sintieran capaces, no de atacar a Irak, sino de hacerlo sin tener que seguir las reglas del juego internacionales. Y puede que, más que capaces, sintieran que podían hacerlo, simplemente porqué eran los Estados Unidos, para mantener y llevar al mundo lo que Benjamin R. Barber, catedrático de la Universidad de Maryland y autor del libro Jihad Vs. Macworld, llama la “Pax Americana”. Según Barber, “la política exterior del presidente Bush desde el 11-S no es más que una persistente tendencia a una política exterior idealista que sale al extranjero en nombre de las virtudes del país, que rehace el mundo a su propia imagen no porqué quiera dominarlo, sino porqué –según cree– sólo puede haber seguridad en un mundo como los Estados Unidos”.

Esta guerra contra Irak ha sido, a diferencia de la guerra contra Afganistán (en la que los Estados Unidos tenían el apoyo de Naciones Unidas y se amparaban en el derecho de autodefensa) una violación de las normas referentes a las actuaciones militares de los países que forman las Naciones Unidas, y en el caso de los Estados Unidos, la cuestión es más grave, dado que es el país con mas fuerza en las Naciones Unidas y es uno de los que tiene derecho a veto en las decisiones que toma este organismo internacional.

Todd Gitlin, profesor de Periodismo y Sociología de la Universidad de Columbia, afirma que, después de la Segunda Guerra del Golfo y la de Afganistán, la Tercera Guerra del Golfo ha sido “difícil de ´vender` como defensiva” i que “su lógica fue la de ser anticipatoria, no de represalia ni preventiva. Aún ardían los incendios en las ruinas del World Trade Center cuando la Casa Blanca decidió ir a la guerra en Irak”. A parte, Gitlin afirma que “con la esperanza de obtener un toque de legitimidad multilateral, se lanzó al melodrama de las inspecciones de armas de las Naciones Unidas sin ocultar su desprecio por las misiones de Blix i Al-Baradei [inspectores destinados a Irak para buscar armas de destrucción masiva]. Detrás de la fachada de Bush havia la inflexible decisión tomada por el Gobierno”.

Esta decisión de la Administración Bush, ultrapasaba las conclusiones de los informes del desarmamiento del Ejército de Saddam Huseín que pudieran hacer Blix y Al-Baradei. En cualquier caso los Estados Unidos habrían tenido razones para atacar Irak: si los inspectores de la ONU encontraban armas de destrucción masiva, Bush habría podido decir a su Ejército que atacara; si no las encontraban, esto demostraba que las escondían, y Bush habría podido decir a su Ejército que atacara. Y lo hizo. Hans Blix declaraba el 9 de abril del 2003 que “Washington y Londres no les habían dejado acabar su trabajo” y que “Los Estados Unidos se impacientaron cuando Irak empezó a colaborar con la ONU”.

Esta invasión de Irak representa la que se ha llamado “Tercera Guerra del Golfo”. La primera fue la que enfrentó Irak i Irán entre 1980 i 1988. Durante esta guerra, Saddam Huseín contó con la ayuda de los Estados Unidos. La segunda la llevó a cabo el padre de Bush en 1990, después que Saddam Huseín invadiera Kuwait. En 43 días, una coalición militar de Naciones Unidas formada por 35 países y liderada por Estados Unidos, expulsó las tropas irakíes de Kuwait en la operación “Tormenta del desierto”.

Bush decide presentar a los ciudadanos norteamericanos a Saddam Huseín, un exaliado de los Estados Unidos cuando llevó a su país a una cruenta guerra contra Irán entre 1980 i 1988, como a un blanco lícito militarmente: es un dictador, es el jefe de un Estado riquísimo en petróleo, es abiertamente antiamericano (cosa que permite a Bush convertirlo en una amenaza para los Estados Unidos), y según el informe de la Estrategia para la Seguridad Nacional y las pruebas que presentó Colin Powell en la ONU, es un posible peligro para la nación norteamericana y merecedor de lo que se ha llamado “ataque preventivo” porqué, a parte de tener armas químicas y bacteriológicas, tiene armas nucleares compradas a Corea del Norte.

Era un blanco lícito, pero no perfecto porque el tiempo ha demostrado que las pruebas contra el Irak de Huseín que mostró Colin Powell delante del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas eran falsas. Meses antes de las comparecencia en la ONU DE Colin Powell con las pruebas para justificar el ataque contra Irak, la CIA le pidió a Bush, por escrito, que no utilizara aquellas pruebas para atacar Huseín. Bush dijo posteriormente que “estaba demostrado que Huseín era un peligro para el mundo” y que él se hacía “responsable del ataque”.

El hecho es que el 7 de diciembre de 2002, el Gobierno de Saddam Huseín presentaba un informe de 12.000 páginas sobre su arsenal, y a pesar de todo había que esperar que Blix y Al-Baradei acabaran su trabajo. Pero Bush decidió que no había que esperar más, y a principios de año, Bush i Saddam empezaron una serie de declaraciones cruzadas amenazándose mutuamente, el primero diciendo que se le estaba acabando el tiempo y la paciencia, y el segundo contestando que derrotaría el Ejército norteamericano a las puertas de Bagdad. Mientras, Colin Powell hacia su trabajo, buscando aliados y preparando las pruebas que presentaría el 6 de febrero delante del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para llevar a cabo una guerra, que según Gitlin, la Administración de George W. Bush ya tenía decidida.

Después de presentar las pruebas a la ONU, los diez países del este de Europa que integran el llamado Grupo de Vilnius o Grupo de los 10 (Estonia, Letonia, Lituania, Bulgaria, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Macedonia y Albania) presentaron una declaración en la que decían estar “preparados para participar en una coalición internacional” para desarmar a Saddam, y que los Estados Unidos habían presentado “pruebas convincentes” de programas de Irak de armas de destrucción masiva y “de sus vínculos con el terrorismo internacional”. Además, en esta declaración, pedían al Consejo de Seguridad “adoptar la necesaria y adecuada iniciativa en respuesta a la continuada amenaza de Irak”. Una semana antes, el “Club de los Ocho” (Reino Unido, España, Italia, Dinamarca, Portugal, Hungría, República Checa i Polonia) se alinearon con los Estados Unidos, delante de la sorpresa de Francia, Alemania y Bélgica.

Paralelamente, a principios de febrero, los Estados Unidos empezaron a desplegar sus tropas en Kuwait y Jordania, y a presionar el Gobierno turco para poder utilizar su espacio aéreo y poder llevar a la zona unos 62.000 soldados. El Parlamento turco se negó a las exigencias norteamericanas, pero a pesar de eso, los Estados Unidos acabaron desplegando sus tropas el 7 de marzo. En relación a la ONU, el 8 de marzo, los Estados Unidos propusieron (junto con el Reino Unido y España) a dar un ultimátum de 10 días a Irak, y empezaron a incrementar la presión sobre los países indecisos del Consejo de Seguridad.

A mediados de marzo se celebró la cumbre de las Azores, entre los Estados Unidos, el Reino Unido y España; en esta cumbre es apeló a otros países a sumarse al nuevo “eje atlántico” contra el terrorismo. Estos tres países, junto con Italia i Polonia (como Estados más importantes), se autodenominaron “aliados”, i continuaron contando con el apoyo recibido des de los países del este de Europa. A partir de entonces, Bush empezó a conminar a Saddam a exiliarse i al Ejército irakí a rendirse si querían evitar la guerra. Finalmente, ante la negativa de Huseín y de su Ejército a rendir-se, el día 20 de marzo empezó la “Tercera Guerra del Golfo” con 250.000 soldados norteamericanos para invadir Irak.

En la ofensiva contra Irak, llamada “Impacto y Pavor”; los Estados Unidos lanzaron un intenso bombardeo sobre Bagdad mientras ponían en marcha el ataque terrestre en dirección a la capital de Irak y otras ciudades como Tikrit y Kirkuk. Tres días después del inicio de la invasión de Irak, el 23 de marzo, los “aliados” ya controlaban Basora. Uno de los problemas con los que se encontró el Ejército norteamericano, ya al principio de la guerra, fueron los focos de resistencia que en forma de emboscadas provocaron decenas de bajas. De todas formas, durante la invasión, el llamado “fuego amigo” (ataques del propio Ejército norteamericano que herían los soldados de este ejército) provocaron el mismo numero de bajas en bando “aliado” que en el irakí. A causa de estos focos de resistencia, el Ejército de los Estados Unidos especializado en lucha antiguerrilla empezó a tomar posiciones en el Kurdistán irakí (norte de Irak) para erradicar este tipo de ataques. Esta resistencia irakí obligó a los Estados Unidos a movilizar 100.000 soldados más, mientras Donald Rumsfeld, secretario de Defensa (y jefe del Pentágono), acusaba a Siria e Irán de ayudar al Ejército irakí y la resistencia civil que atentaba contra las tropas norteamericanas (estos dos países lo desmintieron inmediatamente).

La ofensiva terrestre norteamericana se producía mientras en Bagdad continuaban los bombardeos, y en Washington se hacían evidentes las discrepancias entre Colin Powell (secretario de Estado) y Donald Rumsfeld sobre la reconstrucción y las personas que tendrían que dirigir el Gobierno del Irak de la post-guerra: el Pentágono vetó el 2 de abril las propuestas del Departamento de Estado que dirige Powell, aludiendo que los hombres propuestos por éste para dirigir la reconstrucción y el Gobierno de Irak eran demasiado “planos y burócratas”. Sobre esta cuestión, el 14 de abril, después de la caída de Bagdad, el general Jay Garner (exempresario de la industria armamentística norteamericana), cercano a las tesis de los “halcones” de George W. Bush, fue nombrado embajador y enviado presidencial en Irak, título conocido también como “virrey” (máxima autoridad del país y responsable del control y reconstrucción de Irak), pero sería sustituido 25 días después (el 7 de mayo) por Paul Bremen, un hombre más cercano a Colin Powell. A pesar de eso, la influencia de los “halcones” en Irak continuó con la visita de Paul Wolfowitz en el país. El subsecretario de Defensa, que salió ileso del atentado que también afectó a la sede de la Cruz Roja en Bagdad, es uno de los “inventores” (de los hombres que acuñó el término) de los llamados “ataques preventivos” y uno de los representantes del ala más conservadora y de derechas del grupo de personas que controlan el Pentágono y influyen en las decisiones del presidente Bush.

La ofensiva en Irak iba avanzando, y fueron cayendo las ciudades de Kerbala y Mosul, hasta que el 8 de abril se llegó a los palacios de Saddam Huseín de Bagdad. Después de la llegada a la capital de Irak, el foco del conflicto más importante para el Ejército norteamericano se centró en el avance de los soldados kurdos hacia la ciudad de Kirkuk. Este hecho unió a Siria, Irán y Turquía, que pidieron a los Estados Unidos que controlaran estas milicias kurdas para evitar la creación de un Kurdistán independiente (el Kurdistán es una zona formada por territorios de los Estados de Siria, Irán, Irak y Turquía, y que históricamente ha sido reclamado por la etnia kurda como Estado; esta etnia fue una de las más castigadas durante el mandato de Saddam Huseín con más de 600.000 kurdos muertos). A pesar de estas reclamaciones, las milicias kurdas tomaron Kirkuk, la capital petrolera del norte de Irak el 11 de marzo.

A estas alturas de la invasión del país del Golfo, la Administración Bush empezó a mantener conversaciones con la ONU sobre el futuro de Irak. Los Estados Unidos y sus aliados asumirían la responsabilidad de mantener el orden en Bagdad y en todo el país cuando éste estuviera controlado por el Ejército norteamericano. Harlan K. Ullman, el hombre que ideó la ofensiva “Impacto y Pavor”, afirmaba que “las fuerzas desplazadas en Irak eran suficientes para ganar la guerra, no la paz” ; así pues, según estas declaraciones, los Estados Unidos tendrían que llevar aún más soldados, norteamericanos o de otra nacionalidad, hacia Irak para la etapa de post-guerra.

A pesar de estas intenciones de colaborar con las Naciones Unidas para construir una política más próxima al multilateralismo de otras administraciones norteamericanas como la Clinton, que en cierto modo dieron una cierta esperanza de que la Administración Bush volviera a dar poder a la ONU, los Estados Unidos continuaron con su política de amenazas contra los otros países. En este caso, las acusaciones fueron para Siria, acusándole de ser un “Estado terrorista” que fabricaba armas de destrucción masiva. En estos momentos se planteó la incógnita de si Siria sería el siguiente país en ser invadido por los Estados Unidos. Dentro de este marco de tensiones con estos países vecinos de Irak (Siria e Irán), el Pentágono anunció que establecería cuatro bases militares permanentes en territorio irakí.

Este movimiento geoestratégico y militar permitiría a los Estados Unidos reducir la presencia de tropas en Arabia Saudita y rodear Irán, el otro país acusado por la Administración Bush y el Pentágono de tener armas de destrucción masiva, y tener controlada Siria. La base principal estaría instalada al lado del aeropuerto internacional de Bagdad. La segunda sería la de Tallin, a suroeste, cerca de Nasiriya, y a muy poca distancia de la frontera de Irán con Irak. La tercera, la H1, en el desierto (en el oeste) y al lado del oleoducto que abastece Jordania y muy cercana a Siria , y la cuarta al norte, en Bashur, en la zona controlada por los kurdos. Mientras, en otra acción geoestratégica, los Estados Unidos establecieron bases militares en Hungría, Rumania y Bulgaria, y más al este, en Uzbekistán y Kirguizistán, que junto con las de Afganistán y Pakistán permiten al Ejército norteamericano tener soldados cercanos a la frontera china y norcoreana.

Así pues, los Estados Unidos controlan la frontera de Irán, tienen acceso a Euroásia y China, no necesitan tener bases militares en Arabia Saudita (Tierra Santa para los musulmanes; este fue uno de los detonantes de la creación de Al-Qaeda, por parte de Osama Bin Laden: que un país no musulmán ocupara la tierra donde hay la Meca y Medina), y pueden controlar de cerca la situación de Israel y Palestina. Según Gitlin, “la guerra en Irak es un retorno a los días de las muestras de poder militar en las conquistas coloniales, que se ven sustituidas por las bases militares, y el internacionalismo por la presión”.

Después del anuncio de la retirada de tropas de territorio saudita (después de permanecer ahí des de la invasión de Kuwait por parte de Irak), Washington dio por acabados los combates, y el 2 de mayo, George W. Bush anunció el fin de la guerra des del portaaviones “Abraham Lincoln”, en el océano Pacífico.

Cuando Bush proclama el final de la guerra empieza un período de posguerra que está superando los planes de la Administración Bush para esta etapa del conflicto. De hecho la CIA ya avisó a Bush que la guerra de guerrillas en Irak sería un gran problema para el Ejército norteamericano y sus aliados, pero el presidente no hizo demasiado caso, alentado por sus “halcones”, como Donald Rumsfeld (secretario de Defensa) o Condoleeza Rice (consejera de Seguridad Nacional).

Los ataques terroristas contra la coalición liderada por los Estados Unidos presente en Irak durante esta posguerra, plantean la duda de si el Ejército de Bush está aún en guerra. La invasión se llevó a cabo con éxito, y el derrocamiento de Saddam Huseín (capturado en un estado patético y ridiculizado públicamente el 15 de diciembre) también. Todo según los planes de los mandatarios militares norteamericanos. Pero a finales del año 2003, han muerto 573 soldados de esta coalición, 480 de los cuales son norteamericanos. En este sentido, según los analistas de la situación en la que se encuentra el Ejército norteamericano, la resistencia irakí (que el Pentágono ha relacionado directamente con la organización terrorista Al-Qaeda) está dando más problemas de los previstos a los Estados Unidos.

Algunos de los ataques que han llevado a cabo estos grupos terroristas han sido contra instituciones internacionales como las Naciones Unidas o la Cruz Roja a finales de octubre. En el caso de la Cruz Roja, la acción terrorista iba más allá de la institución internacional. La intención era acabar con el subsecretario de Defensa, y enviado en Irak de Donald Rumsfeld: Paul Wolfowitz.

Es con las muertes de los soldados norteamericanos que Bush busca la ayuda de las instituciones internacionales. Es aquí cuando empiezan las demandas a la ONU y la OTAN de efectivos para pacificar la zona, cuando se pide a los países que eran contrarios a la intervención en Irak que contribuyan a crear un clima de estabilidad en el país del Golfo Pérsico. Así pues, el 17 de octubre, las Naciones Unidas aprobaron la resolución 1.511 en la que legitimaban la ocupación por parte de Estados Unidos y reconocían que “el apoyo internacional para el restablecimiento de las condiciones de estabilidad y seguridad es esencial para el bienestar del pueblo de Irak”. De esta forma, el Consejo de Seguridad autorizó por unanimidad el despliegue de una fuerza multinacional en la zona. Bush celebró esta decisión como un triunfo personal.

Joseph S. Nye, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard, en su articulo Los limites del poder y el mito imperial, publicado en el “Dossier” de “La Vanguardia” de julio/septiembre, enuncia una serie de posibilidades a la hora de “montar” un Gobierno en Irak después de la invasión: la primera posibilidad es “un escenario del tipo Alemania-Japón de 1945, en el que Estados Unidos se queda durante siete años y deja a sus espaldas cuando se va una democracia amiga”. Según Nye ésta es (y parece evidente) la mejor posibilidad, aunque la más difícil, y como bien afirma Nye, tanto Alemania como Japón eran “sociedades étnicamente homogéneas y con tradición democrática”.

Según Nye, la segunda posibilidad es el caso que se dio durante el Gobierno de Reagan en el Líbano, o en el de Clinton con Somalia, en el que los Estados Unidos fueron a estos países en tareas de pacificación, y cuando vieron que sus soldados morían (cuando lo que iban a hacer era “ayudar”), decidieron irse. Según Nye esto dejaría “un Irak en una situación de conflicto, dictadura o teocracia”, y que “cualquiera de estas eventualidades invalidaría las razones más importantes aducidas para librar una guerra”, porqué no hay que olvidar que una de las tres razones para entrar en Irak era para derrocar a Saddam Huseín y “dotar” a Irak de una democracia.

La tercera posibilidad es la que se instauró en Bosnia después del conflicto de los Balcanes en la que Estados Unidos propusieron “a sus aliados de la OTAN y a otros países que ayudaran a garantizar la seguridad”. Vistas las tres posibilidades que propones Nye en la resolución del conflicto y la posguerra, el Gobierno de Bush sólo puede escoger entre la segunda y la tercera opción.

¿Cuál es el problema? El plan de Bush estaba dirigido exclusivamente a la primera posibilidad, en la cual un “Plan Marshall” reconstruyera un Irak destruido a cambio de petróleo, convirtiéndolo en otro país amigo con reservas de crudo, como podría ser Kuwait o los Emiratos Árabes Unidos. De hecho este plan de reconstrucción ya estaba planeado mucho antes de el asalto a Irak, cuando el 12 de febrero la Administración Bush “subastó” el país por unos 15.000 millones de dólares entre las grandes empresas norteamericanas, entre ellas una vinculada directamente con el vicepresidente Dick Cheney (Halliburton, que estuvo dirigida por el vicepresidente de los Estados Unidos hasta 1995). Otras empresas norteamericanas que habrían sido “invitadas” a la reconstrucción de Irak son Bechtel y Parsons (que participó en la reconstrucción de Bosnia y Kosovo).

Pero Bush se ha topado con una resistencia inesperada. A pesar de que la llegada a la ciudad de Bagdad fue muy rápida y los bombardeos de los aviones norteamericanos sobre la capital iraniana duraron pocos días y fueron muy efectivos (la potencia militar norteamericana es sin duda la naval i la aérea), los soldados de tierra del Ejército norteamericano se han encontrado con una población irakí que, poco tiempo después de que les recibieran con los brazos abiertos, les atacan con coches bomba y granadas.

De momento en los medios de comunicación sólo se ha visto población civil irakí muerta, muchos heridos, y en algunos casos se han mediatizado extremadamente algunos casos de población civil herida, como el caso de Alí (el niño irakí que perdió ambos brazos en un bombardeo norteamericano en Bagdad).

La cuestión que ahora mismo preocupa más el presidente de los Estados Unidos es que ni la CNN, ni la ABC, ni la CBS, ni la NBC, ni otra de las grandes cadenas de televisión norteamericanas muestren cajas con marines y soldados muertos que harían construir otro monumento en Washington para los muertos de guerra y podrían arruinar la carrera política de Bush de cara a las elecciones del 2004. es por esto que Bush hizo una maniobra mediática tan espectacular como la del día de Acción de Gracias: en un gran dispositivo de seguridad, el presidente de los Estados Unidos, cogió el Air Force One (el avión del presidente) y pisó por primera vez Irak, para comer el tradicional pavo con las tropas. Las fotos y la noticia no se difundieron, por razones de seguridad, hasta que George Bush ya estaba otra vez en Washington.

Sobre la difusión de imágenes en televisión de soldados muertos en Irak, hay un “pacto de caballeros” para no mostrarlas. De momento, una de las primeras medidas ya la tomó la NBC (televisión vinculada a la empresa General Motors y a empresas del sector armamentístico) que ha echado a Peter Arnett, ganador de dos Pulitzers por sus crónicas en la Segunda Guerra del Golfo y en la de Vietnam, cuando dijo que los planes del Pentágono habían fracasado.


El presidente y su entorno

George W. Bush es hijo del expresidente de los Estados Unidos George Bush. ¿Como accedió al poder? Dice Michael Moore (director del oscarizado reportaje Bowling for Columbine) en Estúpidos hombres blancos, que llegó a la presidencia porqué “su hermano le hizo un regalo: el estado de Florida”. En las elecciones del año 2000, este estado fue el que dió la victoria a Bush frente a Al Gore, el hasta aquél momento vicepresidente con Bill Clinton. Según William R. Polk, director de la Fundación W.P. Carey, y miembro de la Administración de John F. Kennedy, en Florida (donde ejerce de gobernador Jeb Bush, hermano del actual presidente de los Estados Unidos), estaba como secretaria de Estado responsable de la organización del proceso electoral Katherine Harris, que además era directora de campaña de George Bush.. Harris contrató la empresa informática Database Technologies para que hiciera una lista de votantes registrados en Florida, y eliminara de esta lista todos aquellos que hubieran cometido un delito grave (y que según las leyes del Estado no pudieran votar). Hasta aquí fue todo legal, pero Harris también dió instrucciones a Database Technologies para que excluyera también a “aquellos que ya hubieran visto restaurados sus privilegios electorales” y también “las personas con nombres, fechas de nacimiento y números de la Seguridad Social similares” y “además, a utilizar listas [del censo electoral] adicionales subministradas por [el estado de] Texas”, estado que gobernó Bush, para hacer mayor el número de personas que no votarían. Con eso, según Polk, los republicanos se aseguraban que una gran parte de la comunidad afroamericana del Estado de Florida no pudiera ejercer su derecho a voto, que muy probablemente habría ido a manos de los demócratas. En total, 173.000 votantes registrados en Florida fueron eliminados de las listas. Según Polk, también “hubo otros problemas con las elecciones, incluidas unas instrucciones de voto confusas y deficientes, unas máquinas electorales complejas o defectuosas, escrutinios controvertidos, retrasos e incluso intimidación policial”. Cuando Gore pidió que el escrutinio se volviera a hacer, George Bush apeló al Tribunal Supremo del Estado de Florida, pero el tribunal falló a favor de Gore. Entonces, Bush llevó la demanda al Tribunal Supremo de los Estados Unidos, formado por jueces cercanos a las tesis republicanas (como Sandra Day O’Connor, Justice William Rehnquist, Clarence Thomas y Eugene Scalia), algunos de ellos nombrados, por ejemplo, por el presidente Nixon. Este tribunal falló a favor de Bush i de esta forma, George W. Bush se convirtió en el 43º presidente de los Estados Unidos el 20 de enero del 2001. Polk llama a este hecho “golpe de Estado judicial”. Al cabo de ocho meses, según la cadena Fox News, un 60% del público norteamericano declaraba que no aceptaba la forma como Bush había llegado a la Casa Blanca, y que aún estaban (literalmente) “enfadados”. Michael Moore no es precisamente un analista del The Economist o del International Herald Tribune, pero forma parte de un sector de la población norteamericana que, a pesar de ser pequeña, empieza a levantar su voz: como los ciudadanos de Nueva York o San Francisco que éste año se han pronunciado contra la invasión de Irak (en el caso de San Francisco hubo 1.400 manifestantes detenidos por la policía). Antes de ser gobernador de Texas (el segundo estado más poblado y el cuarto más rico de los Estados Unidos) durante 6 años (1994-2000), Bush trabajó en distintos negocios relacionados con la industria petrolera y del gas, con resultados no demasiado brillantes. Entre el 1989 i el 1994, fue propietario de la franquicia de béisbol de los Texas Rangers, de la cual fue presidente. A partir del 2001 empezó su mandato como presidente de los Estados Unidos. El hecho es que después de una etapa oscura como alcohólico reconocido y una reconversión al cristianismo, Bush se consolidó como figura, consiguiendo alejarse de la sombra de su padre, con su etapa como gobernador en el estado de Texas. Una cosa está clara, las muertes de los bomberos, trabajadores y la gente que pasaba por la calle cerca del World Trade Center el día 11 de septiembre del 2001, han sido un trampolín mediático para un individuo que antes de este fatídico día para el imaginario norteamericano no había tenido tiempo para mostrarse como un presidente que fuera a pasar a la historia. El 11-S fue “la excusa perfecta” para Bush, para convertirse en el líder de una nación herida. Así pues, Bush empezó una cruzada contra lo que se empezó a denominar “Eje del Mal” y que incluía Irak (que actualmente vive una situación de guerra, declarada oficialmente como posguerra), Corea del Norte, con quien ha vivido una relación de tira y afloja en posibles acuerdos de desmantelamiento de sus cabezas nucleares, y finalmente, Irán. La gente que está alrededor de Bush son prácticamente “familiares” suyos. Los protagonistas de este año 2003, marcado por una campaña militar, y la gente más cercana a Bush son los mismos que estuvieron con George Bush padre durante su mandato, y algunos de ellos en los gobiernos de Reagan, Nixon y Ford. Así pues, Bush está rodeado de gente “de edad” en quien confía plenamente, ya que fueron hombres de confianza de su padre. De todas formas, aunque Cheney y Rumsfeld sean de una generación anterior, también hay otro entorno político alrededor de George W. Bush, que forma parte de lo que se ha llamado “neoconservadurismo”. Según Polk, los neoconservadores tienen tres fuentes de inspiración: la primera es el espíritu y la idea trotskista de la “revolución permanente”, que han readaptado como “guerra permanente” (o preventiva). La segunda gran influencia de estos neoconservadores es la obra de Leo Strauss, un catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago que “justificaba el ´derecho natural del más fuerte`, que estos neoconservadores tradujeron más tarde en la idea de que los Estados Unidos tenían el derecho y la obligación de sufocar a cualquier Estado que supusiera un desafío para ellos”. Finalmente, este grupo de neoconservadores está influenciado por un sionismo que convierte Israel en la segunda patria siguiendo las tesis de Vladimir Jabotinsky, que según Polk, “durante la década del 1930 avocó por un ´sionismo musculoso`”. Uno de los miembros más importantes de este grupo de neoconservadores es Abram Shulsky, director de la Oficina de Planes Especiales, que proclamó que “Saddam Huseín tenia estrechos vínculos con Al-Qaeda, y que Irak poseía un enorme arsenal de armas químicas, biológicas y posiblemente nucleares que constituían una amenaza para la región y, potencialmente para Estados Unidos. A todo esto hay que sumarle todos los “think tanks” (laboratorios de ideas) que ejercen una gran influencia en la Administración Bush, sobretodo la American Enterprise Institute for Public Policy Research (AEI) fundado el 1943, y el The Project for the New American Century (PNAC), fundado el 1997 por Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Jeb Bush, Steve Forbes (presidente de la revista Forbes) y Richard Perle, entre otros. Los personajes más importantes de la Administración Bush que salen en escena son Dick Cheney (vicepresidente), Donald Rumsfeld (secretario de Defensa), Colin Powell (secretario de Estado) y Condoleeza Rice (consejera de Seguridad Nacional). A parte de estos grandes protagonistas, encontramos a otros individuos que siguen la misma política conservadora de Bush (en contra del aborto, librecambista, a favor de la libertad en políticas sobre las empresas petroleras o tabaqueras, en contra de medidas que protejan el medio ambiente, etc.) como John Ashcroft (fiscal general), Don Evans (secretario de Comercio), Spencer Abraham (secretario de Energía), y según Lowell Bergman i Jeff Gerth en el artículo publicado el 25 de mayo del 2001 titulado “Power trader to Bush finds Washington all eras”, Kenneth L. Lay, que actúa como consejero en la sombra de Bush, a parte de Kart Rove (consejero jefe del Presidente). Además, cada uno de los miembros de la Administración Bush tiene grandes intereses en cada uno de los ámbitos que trata. Por ejemplo, Tommy Thompson (secretario de Salud y Servicios Humanos), representó la empresa tabaquera Philip Morris y ganó entre quince mil i cincuenta mil dólares cuando vendió su paquete de acciones de ésta compañía. Según Polk, Rove es el estratega político de Bush, que lo llevó a la Casa Blanca, y que como estrategia de cara a las elecciones del 2004 tendrá como idea principal que “George Bush es un presidente en guerra, en medio de una lucha desesperada contra las malvadas fuerzas del terrorismo. No apoyarle sería antipatriótico”. Según Polk, muy probablemente Rove le dará la victoria en la reelección a Bush con dos únicos peligros: el primer factor seria un aumento importante del numero de bajas en Afganistán i en Irak que pudieran despertar el interés de la opinión pública norteamericana, y el otro factor, según Polk, un empeoramiento de la economía mayor. A pesar de los intereses que puedan tener cada uno de los políticos que asesoran a Bush y llevan su Administración, este año se ha visto una lucha interna entre los actores principales del Gobierno (sin contar la figura de Bush): Colin Powell, Donald Rumsfeld, Dick Cheney y Condoleeza Rice. El primero ha sido quien ha dado la cara por Bush en el mundo, como representante de los Estados Unidos en la ONU, donde ha presentado pruebas que después se ha demostrado que eran falsas. Después del final de la guerra, Powell anunció que dejaría Bush, aunque éste ganara otra legislatura. Hay un matiz importante en esta cuestión, que es que según algunos analistas Powell podria dejar a Bush para intentar empezar su carrera política en solitario hacia la Casa Blanca. Donald Rumsfeld (al ser el jefe del Pentágono) ha gozado de una absoluta confianza del presidente ya que ha sido un hombre que ha formado parte de las Administraciones Ford, Nixon, Reagan y Bush padre. Durante su periplo en la Administración Reagan, apoyó a Saddam Huseín, cuando éste se enfrentaba a Irán (Primera Guerra del Golfo). Durante los dos gobiernos de Clinton estuvo “apartado” en la empresa farmacéutica G.D. Searle (ahora propiedad de Pharmacia) y en General Instrument (ahora propiedad de Motorota). En cuanto a Cheney, durante su “estancia” en la Administración de Bush padre, como secretario de Defensa llevó a los Estados Unidos a dos campañas militares: la invasión de Panamá y la Segunda Guerra del Golfo. Cheney es uno de los constructores de la política de George W. Bush y junto con Donald Rumsfeld son los “halcones” que han llevado a los Estados Unidos a Irak. Actualmente en Irak, el representante de los Estados Unidos es Paul Bremen, pero parece ser que quien mueve los hilos y actúa “en nombre” de Cheney y Rumsfeld es Paul Wolfowitz. El otro “halcón” de Bush es Condoleeza Rice, a quien se le ha confiado la misión del control y la reconstrucción política y de infraestructuras de Irak; así pues, todas las decisiones en Irak las tomará una persona que, por su carácter político, no da muchos motivos para pensar que la retirada de las tropas norteamericanas en la zona del Golfo sea demasiado cercana en el tiempo.

La política interior: economía y elecciones

Los números de los Estados Unidos no empezaron nada bien el 2003, pero han acabado con un tercer trimestre espectacular para la economía norteamericana, con un crecimiento del 8,2% (y una previsión de crecimiento del 4% para el 2004) y un descenso del paro de un 0,3%, y según Andy Robinson, especialista en economía, “esta vez los ciclos económicos y los políticos parecen estar perfectamente sincronizados gracias en gran medida a una batería de estímulos fiscales [la Reserva Federal, o Fed ha mantenido “estoicamente” el precio del dinero en un 1%, la tasa más baja en 43 años], y aumentos en defensa y seguridad”. El hecho de que los ciclos económicos estén sincronizados con los políticos es de gran importancia porqué si Bush consigue que las elecciones para la presidencia del 2004 coincidan con una época de bonanza económica tiene prácticamente asegurado el segundo mandato en la Casa Blanca. La cuestión es que la inversión ha empezado, por fin, a sustituir el consumo (que no garantizaba un crecimiento autosostenido i continuado). Este 8,2% de crecimiento es fruto de estas inversiones y las exportaciones, sobretodo en los sectores más fuertes de la economía como la tecnología y la informática (la inversión en ordenadores i software ha aumentado un 12% el último trimestre), y las telecomunicaciones (las previsiones de crecimiento en este sector son de un 6%). Pero, todo esto tiene un problema, que es que una vez conseguido este crecimiento, ¿quién comprará si no hay aumentos en los sueldos de los norteamericanos? Es muy probable que aquí entren en juego las exportaciones dada la situación en la que se encuentra el dólar. El hecho que el billete verde esté en unos niveles tan bajos, hace que sea muy atractivo el mercado norteamericano que otros mercados como el europeo (a finales del año 2003, la relación euro/dólar era de un 1,30). Este año, el Producto Interior Bruto ha experimentado un crecimiento del 3,5% respeto el 2002, situándose en los 10,45 billones de dólares. Antes del inicio de la invasión de Irak, la Administración Bush manifestó su voluntad de reactivación de la economía con rebajas fiscales valoradas en 600.00 millones de dólares a diez años; una vez empezados los preparativos y la guerra en sí, el gasto militar cobró más importancia que las medidas sociales. En marzo ya se suavizó la rebaja fiscal para hacer frente a este gasto militar. En septiembre, la Casa Blanca pidió al Congreso 60.000 millones de dólares. Actualmente Estados Unidos destina más de un 2,5% del PIB (en total, unos 276.000 millones de dólares) en gasto militar, y este año con la invasión de Irak, hasta se han batido los números de la guerra fría. De todas formas, los Estados Unidos viven actualmente una situación de déficit que habría sido impensable a finales del segundo mandato de Clinton, ya que durante este tiempo, la economía norteamericana ha pasado del superávit al actual 5% de déficit presupuestario. A pesar de todo, la tasa de paro aún se sitúa en el 5,7% (en el último trimestre bajó un 0,3%), más de 43 millones de ciudadanos norteamericanos no tienen seguro médico y los Estados Unidos tienen 1,7 millones de pobres más que hace un año. Otro de los indicadores de la complicada situación que vive la población norteamericana, han sido los espectaculares cortes de luz que colapsaron Nueva York y otras ciudades del noreste del país durante un par de días (en total, 50 millones de personas), que provocaron unas pérdidas estimadas en unos 1.000 millones de dólares, y que hicieron admitir a Bush que la red eléctrica es demasiado antigua. Modernizarla costará más de 50.000 millones de dólares. Schwarzenegger en California Uno de los acontecimientos más importantes de este año en los Estados Unidos han sido las elecciones en California. Este estado, que produce el mismo PIB que Europa, ha pasado de ser demócrata a republicano, con el aliciente mediático que el nuevo gobernador es Arnold Schwarzenegger. El musculado actor descartó a finales de julio encabezar las listas republicanas. De todas formas, después de valorar sus posibilidades, y viendo factible conseguir ser escogido gobernador de California, en agosto se presentó como candidato republicano en el “late-show” de Jay Leno, y en septiembre empezó a ganar popularidad después de la retirada del candidato republicano Bill Simon para unas elecciones que se celebrarían el 7 de octubre. Debido a que las urnas que había en los colegios electorales del estado eran muy antiguas, un tribunal aplazó las elecciones temporalmente. Ya el 30 de septiembre, según varios sondeos, el actor que encarnó el famoso “Terminador” (puede que su gran enemigo en estas elecciones, por las comparaciones continuas que se han hecho entre el actor y el carácter de este personaje) ya era el favorito para ganar las elecciones en California. Estos comicios se han celebrado después de que el partido republicano presentara más de un millón de firmas a la Secretaría de Estado pidiendo que se celebrara una especie de referéndum para destituir a Gray Davis de su cargo de gobernador. A parte de las firmas presentadas por los republicanos, dentro del seno del partido demócrata, también había la voluntad de que se produjera un cambio en el gobierno de California, visto el desastre al que Davis había llevado el estado. Así pues, estos comicios en California han sido “dobles”. En primer lugar, hubo que botar la destitución o ratificación del hasta el momento gobernador demócrata, Gray Davis (un hombre “gris”, nunca mejor dicho, que había llevado California a un desastre económico). En segundo lugar, en el caso de que el pueblo del estado de California decidiera que Davis no tenia que continuar ejerciendo su cargo, había que celebrar unas elecciones para escoger un nuevo gobernador. Los candidatos fueron Davis para la reelección, Schwarzenegger, Richard Riordan (demócrata y antiguo alcalde de Los Angeles) y Cruz Bustamante (que podía tener opciones por el hecho de ser un “hispano” en un estado en el que la minoría étnica más grande es esta). Finalmente, después de disputas electorales, de que se desenterraran acusaciones de abusos sexuales de Schwarzenegger, de su supuesto pasado (como simpatizante de las causas nazis), y de que el actor pidiera perdón por los abusos sexuales cometidos años atrás, consiguió ser el nuevo gobernador del estado de California. Arnold “Arnie” Schwarzenegger ganó las elecciones de uno de los estados más importantes de los Estados Unidos con un 48% de los votos, i con uno de cada tres votos de los “hispanos” (una minoría que ya supera la afroamericana en los Estados Unidos, con el 13%). Sin duda, la victoria de Arnold Schwarzenegger cambia la visión y el panorama político de los Estados Unidos de cara a las elecciones del 2004. Respecto al republicanismo del actor, el de Schwarzenegger es distinto al de George W. Bush, ya que “Conan The Republican” (uno de los apodos del actor) es menos conservador que el actual presidente de los Estados Unidos en temas de moral. El actor se ha manifestado, a diferencia de Bush, partidario, por ejemplo, del aborto. A la búsqueda del candidato presidencial demócrata Otro de los hechos importantes de este 2003 en la política interna de los Estados Unidos (aunque normal) ha sido la búsqueda de un candidato demócrata para enfrentarse a Bush en las próximas elecciones. Se supones que en un país en el que hay dos partidos mayoritarios, cuando uno de ellos esta en el Gobierno, el otro hace oposición, aunque el sistema político no ate tanto a los representantes que han votado los ciudadanos a una doctrina de partido (no hay una política de partido que haga que todos los congresistas demócratas voten lo mismo y dicte la línea a seguir a los representantes de cada Estado; cada congresista vota lo que cree que tiene que votar, ya que representa los intereses de su estado, no los de su partido). Este año, los demócratas a duras penas han podido acabar de levantarse del porrazo electoral que supuso la derrota de Al Gore. De hecho, el partido demócrata no se ha empezado a dar cuenta que la campaña de Bush contra el terrorismo global podía ser “bueno” para ellos de cara a las elecciones que se celebrarán el 2004, y no fue hasta julio que la ofensiva del partido de la oposición de los Estados Unidos empezó tímidamente, diciendo que Bush había fracasado en su ofensiva en Irak y que los Estados Unidos “necesitaban amigos en el mundo”. O sea, una política alejada del unilateralismo recalcitrante de Bush, a pesar de que éste ya estaba pidiendo ayuda internacional y la acción de la ONU en el Golfo. Antes pero, los demócratas han vivido un proceso interior para encontrar un candidato para hacer frente a Bush en las elecciones del año que viene. Des del día 3 de enero, en el que John Edwards, un joven senador demócrata, se sumó a la pugna para la presidencia de los Estados Unidos, se han ido añadiendo a la lista Lieberman (un hombre que confía en que el hecho de que su apellido sea judío no pese demasiado en su carrera en la carrera contra Bush), y un largo etcétera hasta conformar una lista que se puede limitar a los candidatos que aparecieron en un debate televisivo el 5 de mayo: Dennis Kucinich, Richard Gephardt, Al Sharpton, Joseph Lieberman, Moseley Braun (la única mujer, i además, afroamericana), Howard Dean, John Edwards, Bob Graham y John Kerry. Es significativo decir que en una encuesta aparecida el 2 de septiembre el electorado norteamericano admitía no conocer los candidatos demócratas. Además de los candidatos, se le ha sumado al final, como una especie aparte, un general retirado i antiguo jefe de la OTAN: Westley Clark. Posteriormente, Howard Dean, exgobernador de Vermont, se ha perfilado más claramente como “el” candidato demócrata, y más cuando Al Gore le mostró su apoyo “oficialmente” en un acto celebrado en el barrio de Harlem de Nueva York, el día 10 de diciembre. En este acto, Gore dijo que Dean era “el único candidato que había podido deslumbrar la base en todo el país” y que, además, era el único que supo valorar correctamente la situación en Irak (Dean se posicionó des del principio de la guerra en contra del conflicto). La declaración de Gore, que significó el apoyo de una figura de peso del partido demócrata, cogió por sorpresa a los demócratas y sus candidatos, sobretodo a Joseph Lieberman, compañero de Gore en las elecciones de hace tres años para el cargo de vicepresidente.

El debate sobre el imperio norteamericano

El debate sobre si Estados Unidos es o no un imperio, y en el caso de que lo sea, si está en su punto álgido o está cayendo ha sido durante el 2003 muy presente en las estrategias de política internacional de los Estados de todo el mundo y en toda la intelectualidad mundial. El porqué de este debate surge en el momento en el que desaparece el conflicto entre los Estados Unidos y Rusia durante la Guerra Fría. Des de la caída de la Unión Soviética, los Estados Unidos no tienen un rival, y han tenido que buscarlo (y encontrarlo) en el concepto del terrorismo global, representado por la organización Al-Qaeda y su líder Osama Bin Laden. A partir de aquí, la política que han llevado a cabo ha sido de carácter unilateralista, no han buscado la unión con otros países a la hora de decidir hacia donde tiene que ir la lucha contra este nuevo rival. Es este unilateralismo el que des de Europa se ha equiparado al actual imperialismo norteamericano. Hay que definir pero, qué es imperialismo, y cuáles son las definiciones y opiniones de este termino des de los dos lados del Atlántico. Según Emmanuel Todd, en el libro “Después del Imperio”, los Estados Unidos se están convirtiendo en un “problema para el mundo”, porque ya no son necesarios como guardias de la libertad política i el orden económico mundial. Su tesis se basa en que los países que forman el llamado “Eje del Mal” no son más que potencias secundarias que son agresivas, pero poco peligrosas. Según Todd, han “desaparecido” los enemigos de las mismas características y con capacidad de enfrentarse a los Estados Unidos, y esto convierte Estados Unidos en un país más, que no tiene porqué jugar el papel de país hegemónico. Actualmente los Estados Unidos se encuentran con que los enemigos de la Guerra Fría (China y Rusia), empiezan un proceso de apertura económica que les puede llevar a convertirse en un competidor, que no en rival. Hay otras visiones de la cuestión, como la de Benjamín R. Barber, catedrático en la Universidad de Maryland, que basa sus tesis sobre el imperialismo americano en el concepto de la “nova pax americana”, que representa Bush. Según Barber, el ataque a Irak por parte de Estados Unidos responde a una visión de la política exterior idealista que hace el mundo a imagen y semejanza a los Estados Unidos para hacerlo democrático y libre, pero sin una voluntad de dominación, sino de pacificación, unión y estabilización. Otra tesis es la de Joseph S. Nye, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard, que duda de que los Estados Unidos sean un imperio “en el sentido en que concebimos los imperios de ultramar, que consiguieron el cenit a finales del siglo XIX y a principios del XX”. Para decir esto se basa en que “la característica fundamental del imperialismo es el control político” y en la definición de David Abernethy: el imperialismo se entiende como “una relación de dominio y subordinación entre una instancia política o gobierno (la metrópolis) y uno o más territorios (colonias) que se encuentren fuera de las fronteras de la metrópolis, y a pesar de todo, son declaradas como su posesión legal”. Nye admite pero, que existen relaciones entre los Estados Unidos y otros países susceptibles a conducir a una “relación de explotación y ausencia de control político formal”, pero que el término “imperial” puede conducir al error. Según Nye, “el expansionismo provendrá, en todo caso, de tener que actuar crecientemente como policía del mundo en países periféricos en mayor mesura de lo admisible”. Esta tesis choca radicalmente con la de Todd, que, siguiendo la metáfora de Nye, diría que como no hay delincuentes suficientemente importantes, no es necesario que los Estados Unidos sean una policía del mundo. Este año 2003, Estados Unidos ha demostrado con la invasión en Irak, que la política exterior norteamericana es de carácter unilateralista, ya que las decisiones que ha tomado la Administración Bush han ido al margen de la actuación que pudiera hacer Kofi Annan en la ONU, o las quejas de Francia o Alemania que pudieran hacer en el Consejo de Seguridad. Joseph S. Nye, que no se podría considerar un neoconservador, defiende que los Estados Unidos tomen la iniciativa en según que casos, y que “ningún país importante puede permitirse ser exclusivamente multilateralista”, pero sí admite que en muchas cuestiones como el tráfico de drogas, la estabilidad económica internacional o el cambio climático, Estados Unidos debería “movilizar coaliciones de alcance mundial a fin de afrontar estos riesgos y desafíos comunes” y que “debería inclinarse por el multilateralismo siempre que fuera posible, como forma de legitimar su poder y de conseguir una amplia aceptación de su nueva estrategia. El ataque preventivo legitimado por una sanción de naturaleza multilateral [como el realizado en Afganistán] es mucho menos costoso y constituye un precedente mucho menos peligroso que cuando declaramos enérgicamente que actuaremos por nuestra cuenta en calidad de juez, jurado y verdugo”. La aplicación de la National Security Strategy en el 2003 En cuanto a políticas concretas, la National Security Strategy of the United States (la declaración de estrategias nacionales para la Seguridad Nacional) describe claramente cuales serán las políticas a seguir por parte de los Estados Unidos en materia de terrorismo, en los distintos conflictos en los que participa, o en las relaciones que tendrá con cada país. En lo que concierne al terrorismo, Estados Unidos declara que se luchará contra estas organizaciones mediante la acción continua, la acción preventiva (y hace una mención especial en que no habrá reservas en el caso de que los Estados Unidos tengan que actuar solos), el boicot político y económico a los países que simpaticen con este terrorismo, y que usarán su influencia conjuntamente con sus aliados y “países amigos”, darán apoyo a los Gobiernos modernos y que utilizarán la diplomacia, aunque inmediatamente afirman que [sic] “reconocemos que nuestra mejor defensa es un buen ataque”. En materia de terrorismo también se afirma que éste se combatirá no sólo en Estados Unidos, sino que también se trabajará con las Naciones Unidas en Afganistán, y finalmente, que la guerra contra el terrorismo global tiene como fundamento una lucha por los ideales y los valores democráticos de los Estados Unidos. •En cuanto a la política que han mantenido los Estados Unidos con Europa, esta ha sido la de dejar hacer. El carácter unilateralista de las acciones de la Administración Bush ha llevado a Europa a una ruptura, ya que la mayoría de los países que forman la Unión Europea, y los que quieren formar parte de ella, han recibido bien las tesis de Bush y su decisión de atacar Irak, a excepción de Francia, Alemania y Bélgica, y en menor medida Holanda. Los dos primeros han sido los países que se han atrevido a plantar cara a los Estados Unidos delante del mundo, y (hecho importante) delante de la ONU y la OTAN, ya que en el caso de Francia, ésta era capaz de vetar los proyectos de resolución que presentaran los Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Durante los primeros meses de este 2003, en Europa (también en los países que daban su apoyo a los Estados Unidos) se ha vivido un clamor popular en contra de la invasión de Irak. Mientras en Europa se producían estas multitudinarias manifestaciones en contra de la guerra, Donald Rumsfeld decía en Italia que “daba por fracasada la diplomacia”. Así pues, según las declaraciones de un alto responsable de un ataque militar contra Irak, no se daba demasiado crédito a una política multilateralista, en la que los Estados Unidos actuaran con una Europa que les diera apoyo. Bueno, de hecho el apoyo se ha dado: Bush recibió el apoyo por parte del “Grupo de Vilnius” (formado por Estonia, Letonia, Lituania, Bulgaria, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Macedonia y Albania) y del “Club de los Ocho” (Reino Unido, España, Dinamarca, Italia, Portugal, Hungría, República Checa y Polonia), pero principalmente por parte de un país: el Reino Unido. No deja de ser curioso que un personaje como Váklav Hável, con lo que ha significado para Europa, haya apoyado las tesis norteamericanas. En cuanto a los encuentros diplomáticos entre los Estados Unidos y Berlín y París, éstos se han dado exclusivamente en la ONU, donde Washington ha amenazado más de una vez a los dos países, como el 10 de marzo, cuando los Estados Unidos anunciaron “graves consecuencias para Francia si usaba el veto en la ONU”. No fue hasta el mes de mayo de 2003 que los Estados Unidos y Francia y Alemania empezaron a volver a la normalidad en sus relaciones diplomáticas, a pesar de que la Administración Bush continuaba en tensión con la Unión Europea con las exigencias que hico a Bélgica para que retirase su ley de justicia universal que juzga crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad (que podrían haber cometido los Estados Unidos con los presos que están en la base militar de Guantánamo). En cuanto a los países europeos, que juntamente con Estados Unidos forman el “trío de las Azores” (el Reino Unido y España), que tuvieron su máximo apoyo en Polonia (que actualmente está presente en una parte importante de Irak) i de Italia, han tenido ciertos problemas en su política interna, debido a su apoyo a los Estados Unidos. En España, el partido del presidente español, José María Aznar (Partido Popular), ha tenido la mayor parte de la población en contra de la guerra, y en el Reino Unido, el primer ministro, Tony Blair, ha tenido muchos problemas, no sólo con sus ciudadanos, sino también dentro de su partido (dimisiones de algunos de sus ministros), y su gobierno se ha visto manchado por el escándalo del supuesto suicidio del Doctor Nelly. Durante un tiempo, la BBC tuvo como fuente de información a Nelly, que había elaborado unos informes para el gobierno de Blair diciendo que no había razones suficientes para atacar Irak. El caso esta en proceso de investigación y a finales de año, Tony Blair declaró en una entrevista en la BBC que dimitiría si se demostraba que había mentido sobre el “caso Nelly”. •En referencia al conflicto entre Israel y Palestina, darán apoyo a la creación de un Estado Palestino si los palestinos aceptan la democracia, luchan contra la corrupción y el terror. Además, piden a los líderes israelíes que ayuden a hacer viable la creación de este Estado Palestino. Este 2003, Abu Mazen ha sido primer ministro mientras Yásser Arafat ha estado viviendo protegido de los posibles ataques israelíes (el 23 de junio, el gobierno israelí declaró que se había planteado asesinarlo, pero que al final lo descartó). Los Estados Unidos han dado su apoyo a Mazen y además han lamentado a menudo las acciones de Israel contra la población civil palestina, y sobretodo contra la construcción del “muro de la vergüenza” que separa los asentamientos judíos de los territorios palestinos después de que el plan de paz propuesto por los Estados Unidos (la “Hoja de Ruta”) fracasara. •Sobre el conflicto en el Indostán, entre la India y el Pakistán, los Estados Unidos dan su apoyo al Pakistán al declararse como país aliado en contra el terrorismo, i al “moverse hacia la edificación de una sociedad más abierta y tolerante”. La India también tiene el apoyo de los Estados Unidos, que la ve como uno de los poderes democráticos más importantes en el futuro del siglo XXI. A partir de aquí se les pide que construyan relaciones bilaterales para llegar a acuerdos que puedan evitar confrontaciones militares. •En cuanto a América Latina, el documento habla especialmente de Colombia y el Perú, y declara que se han construido estrategias para luchar contra los cárteles que puedan introducir droga en Estados Unidos. Sobre la política exterior en Suramérica, uno de los viajes de Bush por el mundo ha sido Brasil, donde mantuvo una entrevista con Lula da Silva (según el presidente de Brasil “Bush y yo no nos gustamos, pero tenemos que entender” y “tenemos que demostrar que este país no es sólo fútbol y carnaval”). •El documento de Estado hace mención especial a África, diciendo que Estados Unidos colaborará junto con otros países para conseguir “un continente africano que viva en libertad, paz y creciente prosperidad”. Los esfuerzos de los Estados Unidos con sus aliados europeos se concentraran en los Estados africanos más frágiles (uno de los conflictos en el que ha participado Estados Unidos ha sido el de Liberia, el Ejército norteamericano envió dos portaaviones a las costas del país africano sólo cuando la situación en el país fue dramática para la población civil). Además, uno de los propósitos de los Estados Unidos es el de crear una ley fuerte en los Estados africanos para que éstos no se conviertan en “paraísos para terroristas”. Finalmente, en relación a África, los Estados Unidos se comprometen a fijar la atención en grandes Estados del continente, como Sudáfrica, Nigeria, Kenia y Etiopía. Las relaciones con Rusia, según el documento de estrategia de Seguridad Nacional, tendrán como piedra de toque una nueva construcción de relaciones estratégicas basadas en el hecho de que Estados Unidos y Rusia ya no son adversarios estratégicos. La política exterior norteamericana buscará intereses comunes y contará con el hecho de que Rusia cooperará en la guerra contra el terrorismo global, con la creación también de un acuerdo entre este país y la OTAN. Como compensación, los Estados Unidos facilitaran la entrada de Rusia en la Organización Mundial del Comercio. •En cuanto a China, la Administración Bush declara que la “relación con China es una parte importante de nuestra estrategia para promover la región Asiático-Pacífica estable, tranquila y próspera”, y que la situación y el posicionamiento en contra del terrorismo de la China es muy importante dada la proximidad geográfica con Corea del Norte. A todo eso, hay que añadirle la declaración de que se considera muy positiva la obertura en materia de libertad de información, desarrollo de una sociedad civil y una nueva forma de hacer política más abierta. Además, se considera muy positiva la entrada de la China en la OMC, que dará más posibilidades a los norteamericanos en materia de exportaciones. En cualquier caso, ni Rusia, ni China han dado su apoyo a la invasión de Irak que los Estados Unidos han llevado a cabo. •Sobre las relaciones de los Estados Unidos con los países árabes, éste ha tenido una pequeña crisis con Marruecos por un acuerdo de comercio, pero es con los países productores de petróleo y cercanos a Irak que Estados Unidos ha mantenido una relación más tensa, como Siria e Irán. Esta crisis es la que ha llevado a Bush en sus viajes, a visitar futuros productores de petróleo en África, en la zona del Golfo de Guinea, una zona que según los expertos es muy rica en esta materia prima. Con Turquía, un Estado de tradición islámica pero constitucionalmente laico, los Estados Unidos llegaron a mantener ciertos momentos de amor-odio porqué el Parlamento turco no permitía a los aviones que tenían que ir a bombardear Irak atravesar su espacio aéreo. No fue hasta que se llegó a un pacto no escrito por el cual los Estados Unidos podían pasar por el espacio aéreo turco, y Turquía podía controlar al pueblo kurdo (que con la invasión de Irak quería formar su propio estado) que la Administración Bush no consiguió una cierta estabilidad en las relaciones con este país. Finalmente, en Afganistán, los Estados Unidos han intentado mantener a raya los intentos de los talibanes de volver al poder, pero como los otros ejércitos que se encargan de mantener la estabilidad en el país euroasiático, han sufrido muchas bajas, aunque cuando lo han hecho, los ojos de los ciudadanos norteamericanos miraban hacia Irak.


Cronologia año  2003
5 de enero. Bush quiere reactivar la economía de los Estados Unidos con rebajas fiscales valoradas en 600.000 millones en 10 años. La tasa de paro se sitúa al 6% y desde la Casa Blanca se dice que habrá un intento de mejora de la cobertura social.

17 de enero. Washington ofrece aviones espía a los equipos de la ONU. A Bush “se le acaba la paciencia” y quiere limitar el tiempo de los inspectores.

21 de enero. Powell no consigue convencer a sus aliados en el primer debate del Consejo de Seguridad (oposición de Francia, Alemania, China y Rusia).

4 de febrero. Bush dispara el gasto del Pentágono y bate récords de déficit presupuestario en Estados Unidos. Se restringen las partidas que no estén relacionadas con la seguridad nacional.

6 de febrero. Powell presenta las pruebas en la ONU de que Saddam esconde armas.

25 de febrero. Washington y París presentan resoluciones diferentes ante la guerra de Irak

11 de marzo. Francia y Rusia vetarán a la ONU la propuesta de guerra. Washington incrementa la presión sobre los países indecisos del Consejo de Seguridad.

15 de marzo. Bush, Blair y Aznar se reúnen en las Azores para llevar adelante un ultimátum a Irak.

20 de marzo. Estados Unidos ataca Irak. Comienza oficialmente la guerra.

23 de marzo. La coalición tiene Basora bajo control. Fuerzas norteamericanas y británicas evitan el combate dentro de la ciudad y se dirigen hacia Bagdad.

26 de marzo. Las tensas relaciones entre el secretario de Defensa y muchos de los altos mandos militares afloran con el inicio de la resistencia iraquí

2 de abril. Rumsfeld y Powell se enfrentan por el futuro de Irak. El Pentágono veta las propuestas del Departamento de Estado para a la posguerra. Según Rumsfeld, los hombres propuestos por Powell son demasiado planos y burócratas.

6 de abril. El Pentágono asegura que la estratégica ciudad de Kerbala está bajo control después de varios días de combate.

8 de abril. Tropas de Estados Unidos ocupan parte de Bagdad y tres palacios de Sadam. Bush y Blair se reúnen en Belfast para debatir el papel de la ONU en la posguerra. Rice negocia en Moscú las relaciones de Estados Unidos y Rusia después de la guerra.

14 de abril. Bush dice que “habla seriamente” cuando acusa a Siria de ocultar armas químicas de Irak. Jay Garner, procedente del sector industrial armamentístico, pasa a ser “virrey” de Irak. El administrador de Estados Unidos está vinculado a los “halcones” de Bush.

21 de abril. El Pentágono establecerá cuatro bases militares permanentes en territorio iraquí. La medida permitirá a Estados Unidos reducir la presencia de tropas en Arabia Saudita y presionar a Irán.

24 de abril. Washington acusa a Irán de enviar agentes a Irak para promover órganos de gobierno chiíes. Washington anuncia represalias contra Francia por su oposición a la guerra de Irak.

30 de abril. Rumsfeld formaliza en Arabia Saudita la retirada de les tropas de las bases militares.

2 de mayo. Bush anuncia desde el portaaviones “Abraham Lincoln”, en el Pacífico, el fin de los combates.

5 de mayo. Irak divide al Partido Demócrata de cara a les elecciones. El poder militar de Estados Unidos centra el primer debate televisado de los candidatos presidenciales (Kucinich, Gephardt, Sharpton, Lieberman, Moseley, Dean, Edwards, Graham i Kerry).

7 de mayo. Bush nombra a Paul Bremer como nuevo administrador en Bagdad.

10 de mayo. La resolución de Estados Unidos sobre Irak recibe una buena acogida en la ONU. Schröder y Chirac intentan mantener contactos con Estados Unidos para cerrar el conflicto de Irak. El canciller concede la misma importancia al eje franco-alemán que a la relación transatlántica.

17 de mayo. Bush hace oficial su candidatura para la reelección como a presidente.

21-22 de mayo. Estados Unidos suaviza la resolución sobre Irak para conseguir el apoyo del Consejo de Seguridad. Rusia, Francia y Alemania dan su apoyo a la resolución.

1 de junio. Chirac abre el diálogo con Estados Unidos en la reunión del G-8. Los líderes mundiales tratan de cerrar el “agujero atlántico” en su primera reunión después de la crisis de Irak.

7 de junio. Un informe del Pentágono dudaba en 2002 de la fiabilidad de les pruebas contra Saddam. Los servicios de espionaje de Defensa no consiguieron datos sobre armas de destrucción masiva.

13 de junio. Estados Unidos lanza su mayor ofensiva en Irak desde el final de la guerra. Operación militar de castigo contra los focos de resistencia baasista (partido de Saddam) al noreste de Bagdad.

26 de junio. Bajada de los tipos de interés al 1%, el precio más bajo en 45 años.

9 de julio. La Casa Blanca admite que utilizó una acusación falsa contra Saddam Husein.

20 de julio. Los demócratas despiertan como oposición y acosan a Bush por los datos falsos sobre Irak. Las encuestas reflejan las primeras dudas sobre la reelección del presidente.

5 de agosto. Powell dejará su cargo el 2005, aunque Bush vuelva a ser presidente.

8 de agosto. Schwarzenegger anuncia la su candidatura a las elecciones para gobernador de California

15-17 de agosto. Un corte de luz colapsa Nova York y otras ciudades de Estados Unidos y Canadá. Las autoridades descartan un atentado. El corte de luz destapa los enormes problemas de la red eléctrica norteamericana.

26 de agosto. Corea del Norte acepta negociar con Estados Unidos, Rusia, Japón y el Gobierno de Seúl para la paralización de su programa nuclear.

9 de septiembre. Schwarzenegger gana las elecciones de California con la ayuda del voto hispano y con el 48% de los votos.

17 de octubre. La ONU legitima la ocupación de Irak. El Consejo de Seguridad autoriza por unanimidad el despliegue de una fuerza multinacional.

27 de octubre. El número dos del Pentágono, Paul Wolfowitz, sale ileso de un atentado con granadas en Bagdad. Powell reconoce que no esperaba que la resistencia fuera “Tan intensa y tan larga”.

15 de diciembre. Captura de Sadam Husein.


 


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