Anuario 2003
Azerbaiyán
"Heidar Aliev cede la presidencia a su hijo Ilham"
Montse Bofill

Heidar Aliev, el viejo presidente de Azerbayan, ha muerto dejando una situación bastante inestable en su país. La manipulación de las elecciones presidenciales del 15 de octubre le ha permitido ceder el cargo a su hijo Ilham, cosa que ha enojado al partido de la oposición, liderado por Isa Gambar, que ha decidido hacer de tripas corazón y salir a la calle para manifestar su indignación. Esta sucesión rocambulesca, digna de un ex mandatario de la Unión Soviética, ya traía más de un año planificándose. La intención inicial de Aliev era esperar hasta el último momento a presentar su succesión dinástica, puesto que él aun tenía esperanzas de superar la grave enfermedad que ha acabado con su vida.
Todo el ajetreo ya empezó el agosto del año pasado, cuando el presidente Aliev quiso modificar la Constitución con el fin de poder dar continuidad a su gobierno a través del nombramiento de su hijo como nuevo presidente. El problema es que para cambiar las leyes constitucionales, Aliev tenía que recurrir a un referéndum y, temiendo un final poco favorable a su causa, decidió falsificar los resultados. De manera que con un 88,5% de participación, la propuesta del presidente fue aceptada por el 76,8% de la población. Isa Gambar, el líder de la oposición y principal líder del partido Musavat, criticó duramente los métodos poco democráticos de Aliev y pidió su dimisión.

Aliev no pudo ocultar demasiado tiempo su evidente problema de salud. Este último año se desplomó un par a veces delante de las cameres de televisión, aparte de sus bien conocidas visitas a los hospitales turcos y norteamericanos. En realidad, no fue hasta el 2 de octubre que el presidente no dimitió de su cargo de secretario general del partido YAP, con el fin de darle paso a su hijo. Por eso Ilham no tuvo demasiado protagonismo en el panorama político de Azerbayan hasta la recta final de la campaña electoral para las elecciones presidenciales.

Convertido en el hombre fuerte del país, Ilham prometió unas elecciones limpias y justas. Pero a la hora de la verdad prefirió garantizar su victoria. Por un lado, descalificó a varios partidos de la oposición a través de la Comisión Central de Elecciones (CEC), el organismo encargado de controlar el buen desarrollo de los comicios electorales del país, y por la otra, se aseguró que la televisión pública del país no emitiera ningún tipo de propaganda electoral de los dos únicos partidos que se presentaban a las elecciones.

El 16 de octubre, el día después de la celebración de los comicios, la CEC publicó el resultado registrado en las urnas. Aliev había ganado con el 76,8% de los votos, Isa Gambar tan sólo contaba con el 14% y el partido independiente de Lala Sovket Haciyeva el 3,6%. El mismo día el Bloque Nuestra Azerbayan pidió a la ONU, al Parlamento Europeo, a la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación a Europa), a la APCE (Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa) y a los presidentes de EE.UU., Rusia y Turquía que condenaran la dictadura represiva que había impuesto Aliev. Contrariamente a lo que esperaba Isa Gambar, tanto el presidente francés como el norteamericano no tardaron demasiado en reconocer a Ilham Aliev como nuevo mandatario de Azerbayan, y no dudaron en felicitarlo por su victoria. Por eso no es de extrañar que la Corte Constitucional también ratificara los resultados y aceptara al ganador como nuevo presidente de la república caucàsica.

Precisamente ha sido esta postura de los norteamericanos y de la OSCE lo que ha decepcionado más a Gambar, que ve que la situación del país no cambiará hasta que a las grandes potencias extranjeras, y en especial, los EE.UU., no quieran que cambie. Azerbayan es un país con unos grandes yacimientos de petróleo, se encuentra en las puertas del Cáucaso y ha aceptado acoger los nuevos oleoductos norteamericanos del BTC (Bakú-Tbilisi-Ceyhan); no es de extrañar pues, que las únicas críticas que haya recibido por parte de la comunidad internacional hayan sido por parte de la ONU.

Gran parte de la población azerbayana, que traía muchos años esperando que el viejo Aliev se retirara del poder, no aceptó que Ilham continuara con los mismos métodos corruptos que su padre, y cuando el 15 de octubre los azerbayanos acudieron finalmente a las urnas, estalló la revuelta. La tensión provocada por las irregularidades de los comicios hizo salir a la calle a más de un ciudadano indignado. Los seguidores del bloque ‘Nuestro Azerbayan’, la coalición de 30 organizaciones políticas que apoya la candidatura de Isa Gambar, reclamó la victoria del partido de la oposición con el 60% de los votos.

Aun cuando la revuelta popular tuvo unas dimensiones considerables, no hizo balanza con la dura represión policial que acabó con la muerte de algunos ciudadanos y con varios centenares de heridos en el hospital. Sin olvidar los más de 700 detenidos, ya sea por formar parte de algún partido de la coalición Nuestra Azerbayan, por haber participado de la revuelta callejera o por haberse limitado a denunciar la corrupción del nueve presidente.

La oposición, todo y tener el apoyo de una parte importante de la población, dificilment conseguirá ganar unas elecciones. La única solución sería optar por la vía georgiana con su reciente revolución de 'terciopelo', en la que el pueblo se unió en una revuelta común en contra del presidente Shevernadze. Pero Azerbayan no es Georgia; Aliev tiene un control sobre su territorio mucho más eficaz que el viejo Sheverdnadze, y al parecer, no está dispuesto a perder su poder bajo ninguna circunstancia.



 


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