Anuario 2003
Uzbekistán
"Uzbekistán se quiere acercar más a EE.UU. para consolidarse como lider de Asia Central"
Montse Bofill

Uzbekistán está dejando a un lado el antiguo apoyo ruso para acoger el norteamericano. Este año no ha dudado en aprobar la guerra contra el Iraq y dar su soporte a la nueva Constitución de Afganistán, al mismo tiempo que ha dejado clara su postura anti rusa. Y es que el gran sueño de Islam Karimov, presidente de Uzbekistán, es conseguir el lideraje de su país sobre la estepa asiática.
En los años posteriores a la era soviética, Uzbekistán dio su apoyo incondicional a Rusia y a la organización gestionada por ésta, la CEI (Comunidad de Estados Independientes). Con la aparición de la GUUAM (Georgia, Ucrania, Uzbekistán, Azerbayan y Moldavia), creada por los EE.UU. en 1996, Karimov se dio cuenta que la participación en esta nueva organización le iría mejor para consolidar su liderazgo. Sobre todo teniendo en cuenta que Kazajstan es el país que compite con Uzbekistán por el dominio de Asia Central.

Tras los atentados del once de septiembre, el interés de los EE.UU. por establecer sus bases militares en Uzbekistán aumentaron considerablemente, hasta el punto que Karimov empezó a encontrar más beneficios en una relación directa con los EE.UU en lugar de usar la GUUAM como intermediaria. El problema es que a los norteamericanos no les interesa que Uzbekistán, el país más importante de la zona, se desvincule de su proyecto para consolidar la GUUAM como una organización potente en la región. Pese a los intentos de EE.UU. para disuadir a Karimov, este tiene cada vez menos problemas para mostrar su rechazo abierto a la GUAAM; sin ir más lejos, el pasado mes de julio ya no asisitió a la reunión de Yalta, que era importante para el devenir de esta organización.

Este apoyo económico y militar de los EE.UU. a Uzbekistán ha exigido a Karimov el respeto de unas bases democráticas y un cierto cumplimiento de los derechos humanos. El problema es que Uzbekistán tiene uno de los régimenes más autoritarios de la zona asiática. Sobretodo en el campo de la represión de las organizaciones que quieren instaurar el fundamentalismo religioso en el país. Y es que con la excusa de perseguir a los islamistas radicales, Karimov ha dictado leyes draconianes que han irritado, incluso, a los musulmanes moderados. Su política anti-religiosa lo ha llevado a afirmar que a los wahabiís (visión radical del islam proveniente de Arabia Saudí) "haría falta pegarles un disparo en la cabeza y, si fuera necesario, les dispararía yo mismo".

Ante estas declaraciones no es de extrañar que en los últimos años se hayan registrado miles de desapariciones de musulmanes de todas las tendencias, y que haya influido en la aparición del grupo terrorista IMU (Movimiento Islámico de Uzbekistán), que tradicionalmente ha mantenido fuertes vínculos con Al-Qaeda y con un tercero grupo muy activo en Asia Central, Hizb ut-Tahrir. Las tres organizaciones persiguen un mismo objetivo: establecer el fundamentalismo islámico en la zona, aun cuando parten de métodos de acción muy diferentes.

Hizb ut-Tahrir es un partido político que intenta abarcar a toda la comunidad musulmana de los países islámicos, y que no apuesta por la violencia como medio para conseguir sus objetivos. Actualmente la mayoría de sus miembros residentes a Uzbekistán están en la prisión y han tenido que ser las mujeres las encargadas de cubrir este hueco de militantes activos. Por otro lado, el IMU es un grupo terrorista que dispone de unos 5.000 combatientes y su líder militar, Juma Namangani, es un de los hombres más unidos a Osama Bin Laden. Está formado por extremistas islámicos, en su mayoría provenientes de Uzbekistán, y su núcleo de acción también se extiende a Kirguistan y a Tayikistán. Se tiene que entender que antiguamente estos dos países, junto con Uzbekistán, formaban la República Socialista Soviética Autónoma de Turquestan.

La postura intransigente de Karimov está fomentando que la población uzbeka apoye cada vez más a estos grupos fundamentalistas y que muchas personas se ofrezcan a esconder los militantes en su casa, dificultando enormemente la captura de estos por parte de la policía uzbeka.

Con la excusa de abolir el terrorismo, Karimov ha instaurado un régimen represivo que usa métodos tan poco lícitos como la tortura o la vulneración de la libertad de expresión. Este año, por ejemplo, ha censurado una página web que criticaba la política de su Gobierno y ha condenado a un periodista a siete años de prisión por haber publicado un artículo que defendía el fundamentalismo religioso. Por otro lado, la pena de muerte, que continúa vigente en Uzbekistán, está especialmente reservada para los acusados de formar parte de alguna banda terrorista. Los miembros de los partidos de la oposición no reciben un trato mejor por parte del presidente uzbeko. Este año, Karimov ha encarcelado y torturado al lider del partido de la oposición ERK (Libertad), desatendiendo las protestas de sus familiares que cuestionaban la legalidad de este arresto.



 


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