Anuario 2004
Marruecos
"La eterna transición a la democracia"
Neus Contreras

Su entronización, el 23 de julio de 1999, despertó grandes esperanzas de cambio, tanto fuera como dentro de Marruecos. Cinco años después, aún queda por ver si Mohamed VI estará a la altura de las expectativas que creó, pero son muchos los que se inclinan por resumir este primer lustro de reinado del hijo de Hassan II como un reiterado paso atrás por cada paso al frente. Y es que, tras un arranque prometedor, la sensación de inmovilismo vuelve a hacer mella en la sociedad marroquí.
Mucho menos pesimista fue, obviamente, el balance del monarca en su tradicional discurso del 30 de julio, con motivo de la Fiesta del Trono. El proceso democrático es “irreversible” en Marruecos, aseguró entonces Mohamed VI. Curiosa afirmación en boca de alguien que no parece dispuesto a abandonar la misma cima de la pirámide del poder que ocuparon sus antecesores.
Así, nada habría que objetar al talante democrático del rey -al que, por cierto, no ha dejado de apelar desde su ascensión al trono- si no fuera porque tampoco a lo largo de este año su voluntad de llevar la democracia al país magrebí se ha traducido en una menor concentración de poderes en su persona. La Constitución vigente aún confiere al soberano una autoridad absoluta en los tres poderes clásicos: legislativo, ejecutivo y judicial. A fecha de hoy, pues, el monarca sigue nombrando al Gobierno, preside el Consejo de Ministros, tiene la potestad de disolver el Parlamento, designa a los miembros de la cúpula del poder judicial y es el mando supremo de las Fuerzas Armas Reales. La Constitución le consagra además como líder espiritual -“comendador de los creyentes” (amir al mu'minin)- y garante de la integridad de Marruecos. Sin olvidar, claro está, su calidad de “máximo representante de la nación”.

¿Puede pedir más un rey que se autoproclama “monarca ejecutivo”? Pues sí. Porque a lo largo de este año se ha hecho patente que el Palacio ya no sólo manda en política. También lo hace, y cada vez más, en economía, a juzgar por el creciente control del mundo financiero y empresarial marroquí por parte de la familia real, que tiene en sus manos más del 60% de los títulos que cotizan en la Bolsa de Casablanca. El buque insignia del imperio empresarial de Mohamed VI es el holding industrial y financiero Omnium Nord Africain (ONA), propietario, por ejemplo, de numerosas explotaciones agrícolas y negocios pesqueros.



Nuevo estatuto de la mujer

Ya a principios de 2004, en cualquier caso, la autoridad indiscutible del monarca alauí volvió a hacerse evidente, aunque esta vez para bien. Fue con motivo de la reforma del Código de Familia, aprobada por unanimidad en el Parlamento el 19 de enero y que reconoció a la mujer unos derechos de los que sólo goza en otro país magrebí, Túnez. Concretamente, esta revisión de la ley colocó a la familia bajo la responsabilidad “conjunta de los esposos” -y no sólo del marido, como estaba establecido hasta entonces-, elevó de los quince a los dieciocho años la edad para contraer matrimonio e instauró el divorcio por consentimiento, entre otras medidas. Además, la reforma restringió drásticamente la poligamia, que a partir de ese momento sólo podría ser ejercida con la autorización de la primera esposa y el permiso de un juez.

Esta restricción fue precisamente la que desencadenó las protestas más airadas de los diputados del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que propusieron todo tipo de enmiendas para edulcorar el proyecto de ley. “Hay hombres que, por razones físicas, no se pueden satisfacer con una sola mujer”, objetó uno de ellos. “Los hombres pueden caer fácilmente en la tentación cuando su primera mujer llega a cierta edad”, remachó un segundo. Finalmente, sin embargo, también el PJD acabó por aceptar la reforma. A regañadientes, quizá, pero, ¿quién se atrevía a cuestionar una iniciativa que partió del mismísimo Mohamed VI?

Al fin y al cabo, ya el 10 de octubre de 2003, el rey había pedido a los diputados que adoptasen una ley que “acabe con la iniquidad que pesa sobre la mujer”, e incluso entró en detalles sobre su contenido. Lo hizo, concretamente, durante un discurso pronunciado ante el Parlamento y dedicado casi exclusivamente a la reforma del Código de Familia. El monarca mostró posteriormente su satisfacción y llegó a situar esta reforma como uno de los principales logros de sus cinco años de reinado. “Entre los grandes avances de los que estoy bastante orgulloso figura la nueva mudawanna [Código de Familia]”, declaraba en mayo a la revista francesa Paris Match, en una de las pocas entrevistas que ha concedido desde que fue entronizado. “Ahora las mujeres marroquíes miran el porvenir con mucho más entusiasmo”, añadía Mohamed VI.



Tragedia en la región del Rif

La calma y bonhomía de las primeras semanas de 2004 se vio truncada, no obstante, la madrugada del 24 de febrero, cuando un terremoto de seis grados en la escala de Richter sacudió el Rif, una vasta región montañosa de mayoría bereber. Según las cifras oficiales, el seísmo, que afectó sobre todo a la provincia de Alhucemas, dejó un reguero de 521 fallecidos. La Coordinadora para el Seguimiento del Terremoto de Alhucemas, en cambio, continúa asegurando a día de hoy que se registraron al menos 667 muertes.

Independientemente de quién tenga razón, llovió sobre mojado en el Rif. No en vano, es en esta zona de Marruecos, la más cercana a España, donde se concentran las mayores cotas de miseria del reino alauí. Durante el largo reinado de Hassan II (1971-1999), la región, antiguo protectorado español, fue marginada, tanto social como económicamente. ¿La razón?: el padre del actual soberano -que, en sus treinta años de mandato, se negó a desplazarse a la zona- nunca perdonó a los rifeños su hostilidad a cualquier tipo de poder central y, por extensión, a la dinastía alauí.

La situación ha cambiado parcialmente desde la llegada al poder de Mohamed VI. El monarca ha viajado en diversas ocasiones al Rif y ha impulsado medidas para su desarrollo socioeconómico y cultural, entre las que destaca la creación del Instituto Real de la Cultura Amazigh (IRCAM). Pero el terremoto del pasado febrero despertó viejos rencores, probablemente nunca olvidados, y demostró que el famoso espíritu rebelde de los rifeños -encarnado a la perfección en la figura del líder guerrillero Mohamed Abdelkrim, instigador de la rebelión del Rif contra España- goza todavía de muy buena salud.

Así, apenas tres días después del seísmo, los habitantes de Alhucemas se echaron a la calle para protestar contra la lentitud y falta de coordinación de las autoridades marroquíes, a las que, una vez más, acusaron de marginar al Rif. El hecho de que Mohamed VI suspendiera en dos ocasiones su visita a la zona siniestrada no contribuyó precisamente a apaciguar los ánimos de la población, pero a la tercera fue la vencida y el 28 de febrero, cuatro días después del terremoto, el monarca alauí llegaba a la provincia más afectada por el seísmo.

Visitas reales aparte, el terremoto no sólo hizo aflorar el nacionalismo rifeño. Puso en evidencia, además, que Mohamed VI no ha estado a la altura de las grandes esperanzas que también despertó en esta zona del país hace cinco años. Montañosa, pobre, superpoblada y mal comunicada, sus habitantes dependen, en gran medida, del cannabis -el 27% de la superficie agrícola del norte está dedicada a su cultivo-, el contrabando con las ciudades de Ceuta y Melilla y las remesas de divisas que envían los rifeños que han emigrado a Europa. Estas tres son las principales actividades económicas de la región.

Pero, tras cinco años de mandato de Mohamed VI, el balance no es mucho más halagüeño en el resto del reino y, mientras la pobreza se reduce en países como Túnez o Argelia, según datos del Banco Mundial, en Marruecos ha aumentado siete puntos durante la última década y alcanza a un 25% de la población. Es decir, siete millones de personas viven con menos de un dólar al día. Un índice tan preocupante como el de analfabetismo, que afecta todavía al 50% de los marroquíes (14 millones de personas) y se eleva hasta el 62% entre la población femenina, mientras que en las zonas rurales el índice de alfabetización no llega al 18%, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).



Caldo de cultivo del terrorismo

No les falta razón, pues, a los que consideran que tanto la pobreza como el analfabetismo se han convertido en problemas endémicos en la sociedad marroquí. A lo que se debería añadir que han constituido el caldo de cultivo para el surgimiento de una tercera lacra: la del terrorismo islámico, como hicieron patente los atentados en Casablanca, el 16 de mayo de 2003. De hecho, el recuerdo de estos ataques ha marcado gran parte de la agenda política marroquí a lo largo de este año.

Buena prueba de ello es que el 14 de mayo -es decir, apenas dos días antes de la conmemoración del primer aniversario de los atentados- el ministro de Asuntos Religiosos, Ahmed Taufic, anunciaba la aplicación de una serie de de reformas, destinadas, todas ellas, a frenar el imparable avance del fundamentalismo islámico en Marruecos. La versión oficial, obviamente, suavizó los términos, y, según Taufic, el objetivo de estas transformaciones es “reestructurar” el ámbito religioso desde una perspectiva “democrática” y “abierta a la modernidad”, lo que se concretará, básicamente, en una profunda “renovación” de la enseñanza religiosa -que, afectará, a su vez, al conjunto del sistema educativo-, así como en la necesidad de controlar las mezquitas y la represión de los lugares de culto ilegales.

Con estas declaraciones, Taufic se hacía eco -como no podría ser de otra manera, habida cuenta de que el titular de la cartera de Asuntos Religiosos es uno de los cuatro ministros llamados de soberanía, porque los nombra directamente el monarca sin esperar a las propuestas del primer ministro- de la voluntad que, quince días antes, ya había expresado Mohamed VI. Concretamente, el 30 de abril, el soberano alauí anunció una estrategia para “renovar el ámbito religioso con la intención de proteger a Marruecos de las veleidades del extremismo y del terrorismo y preservar su identidad, que lleva el sello de la ponderación, moderación y tolerancia”. Fue durante un discurso ante el Consejo Superior de los Ulemas, en el que Mohamed VI recordó además su papel constitucional de comendador de los creyentes, descendiente de Mahoma. No en vano, en el mundo árabe actual, sólo el rey de Marruecos aúna en su persona la condición de jefe de Estado y líder religioso del país. Como máxima autoridad religiosa, aseguró el monarca, su función consiste en poner a los marroquíes a salvo “de todas las herejías y de todos los males provocados por los sectarios […] que se han colocado al margen del consenso de la comunidad”.

El grueso de la intervención real, en todo caso, estuvo dedicada a recordar la reestructuración del Ministerio de Asuntos Religiosos, una iniciativa hecha pública al empezar el año. A finales de enero, concretamente, Taufic presentó una reforma de su Departamento consistente en crear una dirección de las mezquitas que se encargará de recuperar los templos que escapan al control del reino (el Gobierno ignora, por ejemplo, el tipo de discurso que difunden más de un tercio, 37%, de las 30.000 mezquitas que hay en Marruecos). Los cambios afectarán también a la enseñanza tradicional, mediante la modernización de los libros de texto.

Asimismo, el ministro de Asuntos Religiosos anunció la incorporación de un “guía religioso” a todas las unidades del Ejército marroquí, cuya función será inculcar a los soldados un islam alejado de todo radicalismo. Esta medida sería la respuesta a una investigación que realizaron conjuntamente la inteligencia militar, la Gendarmería Real y el servicio secreto civil tras los atentados de Casablanca, y que puso de manifiesto que el islamismo había hecho mella en las Fuerzas Armadas marroquíes, compuestas por unos 300.000 hombres. La inclusión de estos imames o “catequistas” en el Ejército habría culminado, además, con la expulsión de cientos de reclutas sospechosos de practicar un islam demasiado piadoso, según han desvelado diversos medios de comunicación marroquíes, como el semanario As Sahifa, el de mayor difusión en árabe.

Pero esta voluntad reformadora ha llegado al mismo Consejo de los Ulemas y, en abril, Mohamed VI acometió lo que algunos observadores internacionales han calificado de “auténtica revolución”: en su calidad de comendador de los creyentes, el rey designó por primera vez a una mujer, Fatima Kebbaj, miembro del Consejo Supremo, el máximo órgano de la cúpula religiosa, y otras 35 se integrarán en los órganos regionales esparcidos por el país. Todo ello contribuirá a “enderezar la imagen del islam, dañada y pervertida por campañas furibundas”, así como a combatir el “terrorismo ciego perpetrado por agresores que carecen de patria y religión”, dijo Mohamed VI en el Consejo de los Ulemas.

El problema estriba en que las autoridades marroquíes no sólo han seguido la vía legal para combatir el terrorismo islámico, y las medidas antes enumeradas se han combinado, en el último año y medio, con una represión policial durísima. Cuando menos así lo han denunciado reiteradamente diversas organizaciones proderechos humanos, como Amnistía Internacional (AI) y la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), además del Comité de la ONU contra la Tortura y el Departamento de Estado norteamericano en su informe de 2003. A ellos se añadió, el pasado 21 de octubre, la estadounidense Human Rights Watch (HRW), con su informe anual sobre Marruecos, presentado en Rabat. “Importantes avances logrados durante los últimos quince años están ahora amenazados por la actitud de las autoridades que multiplican las redadas y mandan a la cárcel a miles de marroquíes acusados de tener lazos con el terrorismo”, se asegura en el documento. La lucha contra el terrorismo islamista, añade HRW, ha supuesto un retroceso de los derechos humanos en el reino alauí, un proceso que se ha agudizado sobremanera tras la cadena de explosiones que padeció Casablanca el 16 de mayo de 2003, con un balance de 45 muertos, incluidos 12 kamikazes.

Así, un año después de los atentados habían sido detenidas unas 7.000 personas, 2.000 de las cuales fueron procesadas por terrorismo y la mayoría de ellas condenadas, 17 a muerte, según reveló el pasado 11 de mayo el ministro de Justicia, Mohamed Buzubaa. A lo que habría que añadir también el impacto de los atentados del pasado 11 de marzo en Madrid, que propiciaron nuevas oleadas de detenciones, sobre todo en el norte del país. Todo ello dio lugar a un nuevo informe de AI, hecho público el 24 de junio, en el que la organización proderechos humanos denunciaba torturas “sistemáticas” contra los detenidos en Marruecos. Dos semanas después, el 6 de julio, el primer ministro, Driss Jettu, aseguró que se trataba un fenómeno “limitado”, pero no desmintió las acusaciones y prometió incluso tomar las “medidas apropiadas” contra los responsables de esos excesos. Dicho y (casi) hecho, puesto que el 22 de julio el Gobierno ordenaba la apertura de una investigación y anunciaba un proyecto de ley para sancionar a los funcionarios que torturen.



“Sois unos incompetentes”

Pero la celeridad del Ejecutivo a la hora de responder a estas acusaciones tuvo poco que ver con la gravedad de las denuncias realizadas por AI. Antes bien, se podría interpretar como un intento, por parte del Gobierno de complacer los deseos del monarca. Y es que, poco tiempo antes, Mohamed VI había reducido de 39 a 34 el número de ministerios y secretarías de Estado, tal y como anunció su portavoz, Hasan Abrid, el 8 de junio. Esta remodelación del Gobierno no cogió desprevenido a nadie, puesto que, ya el pasado 22 de abril, el soberano presidió un Consejo de Ministros en el que mostró su disgusto. “Excepto dos o tres, sois unos incompetentes”, les dijo, enfadado, a los miembros de su Gabinete, según fuentes gubernamentales citadas en Le Journal de Casablanca. “Cuando paso, un año después, por algún proyecto inaugurado, observo que no se ha hecho nada”, se lamentó el monarca, para concluir con una clara advertencia: “Si no estáis interesados por la misión que lleváis a cabo, podéis marcharos”.

Mohamed VI se refería, por ejemplo, al inicio de las obras del hospital oncológico de Alhucemas, una región cuyos enfermos de cáncer deben desplazarse a Rabat. A finales del verano de 2003 el rey puso la primera piedra, pero, cuando el terremoto asoló los alrededores de la ciudad rifeña y la comitiva real regresó al lugar, descubrió que la construcción no había empezado.

La reforma del Gobierno, en cualquier caso, supuso la desaparición de los ministerios de Derechos Humanos, cuyo titular era Mohamed Aujar, y de Pesca, que ostentaba el polémico Tayeb Rafes. Esta última cartera fue absorbida por el Ministerio de Agricultura. No obstante, Mohamed VI mantuvo en el cargo a los ministros de soberanía (Asuntos Exteriores, Justicia, Asuntos Religiosos e Interior). Con este nuevo equipo, Jettu, nombrado directamente por el rey después de las elecciones generales de 2002, aseguró haber “fortalecido la eficacia del Ejecutivo para acompañar el proceso de reformas y seguir adelante con la realización de grandes proyectos”, incluso a pesar de haber perdido a su hombre de confianza en el Gabinete, Abderrazak Musadeq, encargado de las reformas económicas.

De hecho, la misma continuidad de Jettu al frente del Gobierno fue recibida con una cierta sorpresa, pues, ya en otoño de 2003, la prensa afín a la monarquía le criticó con dureza. El diario Aujourd'hui Le Maroc llegó a pedir incluso su destitución con un contundente titular en portada: ¡Este hombre ya no sirve! Los rumores se volvieron de nuevo insistentes a principios de este año, cuando casi se dio por hecho que el cese de Jettu -que goza de una excelente reputación en influyentes sectores del país, así como en España, Francia y Estados Unidos- era cuestión de semanas. Esta campaña de acoso y derribo contra el primer ministro marroquí estuvo promovida por los sectores más conservadores del sistema, capitaneados por Fouad Ali El Himma, ministro delegado para el Interior, y con una influencia notable sobre Mohamed VI.

La animadversión que sienten los sectores más duros hacia Jettu se explica, en parte, por la postura conciliadora y flexible que adoptó el premier marroquí en relación al caso del periodista Alí Lmrabet. Pero tampoco le han perdonado su voluntad de solucionar las diversas crisis diplomáticas que, a lo largo de 2003, les han enfrentado con el Gobierno español o su clara apuesta por aumentar la inversión en bienestar social en detrimento del gasto en seguridad o en orden público.

Asimismo, tampoco los islamistas moderados del PJD, la tercera fuerza parlamentaria, ven con buenos ojos que el Gobierno esté dirigido por un tecnócrata liberal que mantiene buenas relaciones con los círculos económicos y financieros occidentales. Incluso tras la celebración, en abril, del quinto congreso del partido -en el que el moderado Saad Eddinde Otmani fue elegido secretario general de la formación- el PJD se ha mostrado dispuesto a aliarse con la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), primera fuerza gubernamental, para participar en un gobierno de coalición sin esperar a las elecciones legislativas de 2007. “Estamos preocupados por la grave situación social y económica que vive el país y pensamos que Marruecos necesita un Gobierno fuerte y representativo. El PJD, que es un partido responsable y democrático, estaría dispuesto a participar en un nuevo Gabinete, con otras fuerzas políticas”, aseguraba Otmani en octubre.

Pese a que improbable a corto plazo, la entrada de los islamistas moderados en el Gobierno marroquí no es nada descartable. Al fin y al cabo, el PJD en ningún momento ha puesto en duda la legitimidad de la monarquía. Esta cercanía al régimen se evidenció, una vez más, durante la celebración del quinto congreso del partido. Concretamente, cuando el candidato radical a la secretaria general de la formación, el popular diputado Mustafá Ramid, retiró su candidatura. Aunque disponía de sólidos apoyos en la base del partido, Ramid -partidario de reformar la Constitución para limitar los poderes del monarca, así como de una profunda islamización de la sociedad marroquí- habría renunciado tras recibir presiones del poder y de los dirigentes más moderados.

La victoria, en el seno del PJD, de los partidarios de mantener el statu quo explica, en parte, por qué esta formación ha conseguido entrar en el Parlamento mientras Justicia y Caridad, el principal movimiento islamista reformista en Marruecos, continúa fuera de la ley, aunque tolerado. No por casualidad, la oposición de su carismático líder, el jeque Yassin, a la monarquía es conocida desde su enfrentamiento con el rey Hassan II en 1974.

Tras cinco años de reinado de Mohamed VI, pues, las autoridades marroquíes continúan buscando el equilibrio entre islam y monarquía, probablemente una de las claves para el despegue definitivo de la transición a la democracia. Un equilibrio, por lo demás, difícil de conseguir sin la integración total de los islamistas moderados en el sistema, algo no tan improbable a largo plazo, como ya se ha apuntado.



La pandemia de la corrupción

Entretanto, la sociedad marroquí sigue con la mirada puesta en el hombre que tras su llegada al trono se autoproclamó “el rey de los pobres”. Se le atribuía, a Mohamed VI, un perfil social que no tenía su padre y la población esperaba cambios decisivos en este terreno. La mayoría de ellos -reducción de la pobreza y el analfabetismo; más oportunidades laborales para los jóvenes, que representan el 60% de la población y cuya mejor perspectiva de vida es la emigración; mejoras en el ineficaz sistema educativo y en la sanidad; freno del éxodo campo-ciudad- aún están por llegar. Así lo atestigua, en cierto modo, el ranking del PNUD: en 1999, Marruecos ocupaba el puesto 126 de un total de 174 países, pero en 2004 sólo había escalado un peldaño más, hasta el puesto 125. El reino alauí se sitúa, de este modo, entre los países árabes con peores resultados.

La modernización de la economía contribuiría sobremanera a propiciar algunas de estas reformas sociales, pero, por ahora, la pesca y, sobre todo, la agricultura, continúan siendo los principales motores del país: un 50% de la población activa trabaja en el sector primario y su aportación al PIB oscila, según el año, entre un 12 y un 20%.

A lo que habría que añadir que también las principales actividades económicas del país sufren los efectos de otro de los problemas endémicos del reino alauí que no se ha atajado durante el reinado de Mohamed VI: la corrupción. Este fenómeno es especialmente evidente en el sector pesquero, tal como admitía implícitamente el propio ministro de Agricultura, Desarrollo Rural y Pesca Marítima, Mohamed Laenser, el pasado 2 de noviembre. “Hoy hay una explotación, tanto lícita como ilícita, y por consiguiente el Estado, los profesionales del sector y los asalariados deben aceptar la lógica de que no se puede seguir así”, afirmó Laenser.

El titular de Agricultura anunció, en este sentido, que su ministerio adoptará “medidas estrictas” para evitar que se agoten las reservas pesqueras por la sobreexplotación de los recursos y advirtió que, en el caso del pulpo, las reservas han pasado de 100.000 toneladas en 2001, a 18.000 en 2003 y 8.000 a finales de julio de este año. Casualmente, los datos aportados por Laenser correspondían a la gestión del polémico Tayeb Rafes, que ostentó la cartera de Pesca hasta principios de julio. Durante su mandato, además, el volumen de las exportaciones pesqueras de Marruecos descendió un 32%, hasta situarse en 308.170 toneladas, según datos del Ministerio de Agricultura hechos públicos el 11 de octubre.

Pero, obviamente, la corrupción no sólo afecta a las principales actividades productivas del país. Antes bien, está extendida por todo el sistema, ya sea en el plano económico, político, judicial o administrativo, según denuncia Transparency International. En su informe sobre corrupción correspondiente a 1999, esta organización situaba a Marruecos en el puesto 45 de un total de 99 países. El informe de 2003 sitúa al reino alauí en el puesto 70 de 133 países, con un descenso notable de su puntuación.



El Sáhara Occidental, “máxima prioridad” de Mohamed VI

En todo caso, la corrupción no es la única losa que pesa sobre la economía marroquí. También lo son las enormes partidas (un 36% del presupuesto) que el reino destina a mantener su presencia, tanto civil como militar, en el Sáhara Occidental. Al fin y al cabo, durante su primer lustro de reinado, Mohamed VI ha adoptado una postura incluso más intransigente que la de su padre en lo concerniente al conflicto en la ex colonia española. Una intransigencia que, obviamente, no sacó a relucir en su discurso de la Fiesta del Trono: “La primera prioridad para Marruecos”, aseguró entonces, será “la resolución definitiva en los próximos cinco años” del conflicto saharaui.

Plazos aparte, no es de extrañar que estas declaraciones del soberano alauí levantaran ampollas, habida cuenta de que la solución del contencioso parece hoy más lejana que nunca. El reino alauí continúa negándose a aceptar el plan Baker, que prevé la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental y que fue aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU el 31 de julio de 2003. A lo que hay que añadir que, a lo largo de este año, la tensión entre Marruecos y Argelia -principal valedora de la otra parte implicada en el conflicto, el Frente Polisario- no ha hecho más que intensificarse y, mientras el reino alauí insiste en negociar directamente con el régimen argelino, el Gobierno de Abdelaziz Buteflika asegura que el conflicto saharaui es “un problema colonial” que sólo se podrá resolver en el marco del plan Baker.

Así las cosas, Mohamed VI no olvidó lanzar un guiño a Francia, España y Estados Unidos en su discurso del 30 de julio. El monarca celebró “la asociación sólida, ejemplar y renovada” con París, “la página pasada” con Madrid y “la asociación estratégica con Washington”. Una cordialidad nada sorprendente en el caso de Francia, puesto que el Elíseo siempre ha defendido la postura marroquí en el conflicto del Sáhara Occidental, pero más significativa en el caso de Madrid.

Y es que la victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones del pasado 14 de marzo marcó un punto de inflexión en las relaciones entre ambos países. De este modo, mientras el 7 de febrero se producía un nuevo incidente diplomático entre el Ejecutivo del Partido Popular (PP) y el reino alauí -esta vez a causa de la violación del espacio aéreo de Nador por cazabombarderos españoles- a partir de marzo el acercamiento entre ambos países ha sido más que patente. Especialmente, en lo que concierne al tema del Sáhara Occidental, lo que contrasta con la pasividad que mostró al respecto el Gobierno del PP.



Premios de la Administración Bush

Estados Unidos, sin embargo, y a diferencia de París y Madrid, ha preferido seguir cultivando un prudente equilibrio entre las posturas de Marruecos y de Argelia. Lo que no quiere decir que la Casa Blanca haya descuidado sus relaciones con el reino alauí. Antes bien, a lo largo de este año ha premiado en numerosas ocasiones al país magrebí, al que Washington sitúa en los primeros puestos de la clasificación de países árabes que han acometido mayores reformas democráticas y económicas, sin olvidar su colaboración en la lucha contra el terrorismo internacional. Así, el 3 de junio la Administración Bush designó a Marruecos aliado preferente no perteneciente a la OTAN, para pocos días después, el 14 de junio, suscribir un acuerdo de libre comercio con el reino alauí.

Desde un punto de vista económico, y al contrario de lo que podría parecer a simple vista, el tratado entre EE.UU. y Marruecos reviste poco importancia, ya que Estados Unidos no es uno de los principales socios comerciales del país magrebí. En 2003, absorbió el 3% de sus exportaciones y le suministró el 4% de sus importaciones, según datos del Ministerio de Comercio marroquí. La insignificancia de estas cifras se hace más evidente si se comparan con las de la Unión Europea, principal cliente y proveedor de Marruecos, precisamente con Francia y España a la cabeza. Así, a la que fue su metrópoli van el 34% de las exportaciones marroquíes y de ella proceden el 21% de las importaciones del reino alauí. En el caso de España, absorbió el 18% de las exportaciones y ocupa el segundo lugar de países importadores, con el 12%.

No es de extrañar, por tanto, que los analistas políticos describieran el tratado de libre comercio entre Washington y Rabat como un acuerdo eminentemente político. Así lo puso de manifiesto, en cierto modo, Robert Zoellick, representante de EE.UU. para el comercio exterior y encargado de las negociaciones. Con la firma de este acuerdo, Estados Unidos “envía el mensaje clamoroso de que está firmemente comprometido con el apoyo a las sociedades musulmanas tolerantes, abiertas”, aseguró Zoellick.

De hecho, el Gobierno estadounidense ratificó su confianza en Marruecos el 8 de noviembre, cuando añadió al reino alauí en una lista de 15 países, entre los que no figura ningún otro árabe, que podrán beneficiarse de ayudas al desarrollo por valor de mil millones de dólares. Y aún hay más, porque, también a principios de noviembre, el Gobierno de George W. Bush encargó a Marruecos la organización, prevista para el 11 de diciembre, del Foro del Porvenir, la primera conferencia ministerial destinada a promover reformas democráticas y económicas en los países árabes. Todo ello convierte a Marruecos en el primer jalón norteafricano de la iniciativa estadounidense para reformar el mundo islámico, conocida como Greater Meaddle East Initiative (GMEI), y que constituye, a su vez, uno de los principales proyectos de la Administración Bush.

Aprovechando esta posición privilegiada ante EE.UU., Mohamed VI ha pedido reiteradamente a Washington que deje a un lado su tradicional neutralidad en el conflicto del Sáhara Occidental. Por ahora sin éxito, lo que quizá no constituya una situación del todo desfavorable para el monarca alauí, a quien no parece angustiarle demasiado que el contencioso saharaui se eternice. A fin de cuentas, el soberano y su corte, auténtico poder en la sombra, lo siguen utilizando ante los marroquíes como elemento legitimador del sistema.


Mohamed VI indulta al periodista Alí Lmrabet y crea la Instancia Equidad y Reconciliación

A principios de 2004 se cerraba una de las páginas que, por enésima vez en los cinco años de reinado de Mohamed VI, habían puesto en entredicho el respeto de la libertad de prensa por parte del trono: el 7 de enero, el soberano indultaba al periodista Alí Lmrabet. Para entonces, habían pasado cerca de ocho meses desde que el director de los semanarios satíricos en francés y árabe Demain Magazine y Doumane fue condenado a tres años de cárcel por delitos de “ultraje al rey” y “atentados” a la estabilidad de la monarquía y a la integridad territorial de Marruecos. La medida de gracia -con la que Mohamed VI pretendía tender la mano y cerrar las heridas de los sectores críticos, tanto a escala nacional como internacional, pues el caso Lmrabet había tenido una amplia difusión en el extranjero- benefició también a otros 32 presos, entre ellos seis periodistas encarcelados o procesados, doce independentistas saharauis, muchos de ellos condenados a muerte desde hacía un cuarto de siglo, y un grupo de islamistas acusados de actos de terrorismo. El gesto real se acompañó, además, con la creación de la Instancia Equidad y Reconciliación, un organismo destinado a cerrar definitivamente la negra etapa de violaciones sistemáticas de los derechos humanos en Marruecos durante el reinado de Hassan II y, especialmente, durante la represión de los izquierdistas en los años setenta. Esta comisión “aclarará las violaciones de derechos humanos del pasado y rehabilitará a todas sus víctimas, para que puedan reintegrarse en la sociedad”, explicó Salah El Ouadie, un miembro de Equidad y Reconciliación que conoció en primera persona la prisión y la tortura en los llamados años de plomo del reinado de Hassan II.


Cronologia año  2004
7 de enero. El rey de Marruecos, Mohamed VI, indulta a Alí Lmrabet, -además de a otros 32 presos, entre ellos seis periodistas, islamistas, independentistas saharauis y a un militante de derechos humanos- con motivo de la creación de la Instancia de Equidad y Reconciliación.

11 de enero. Marruecos envía a la ONU una contrapropuesta al plan Baker que sólo contempla una autonomía limitada para la antigua colonia española.

16 de enero. El Grupo Migratorio Permanente acuerda que guardias civiles españoles y gendarmes marroquíes patrullen juntos las aguas entre El Aaiún, en el Sáhara Occidental, y las Islas Canarias a partir de febrero.

19 de enero. El Gobierno logra en el parlamento la aprobación unánime de la nueva ley que consagra la práctica igualdad de la mujer, pese a la oposición de los islamistas.

23 de enero. La Cámara de Consejeros (Senado) aprueba por unanimidad el nuevo Código de Familia marroquí.

28 de enero. La policía disuelve a golpes una manifestación de intelectuales marroquíes contra el acuerdo de libre comercio que se está negociando con Estados Unidos.

7 de febrero. El ministerio de Exteiores marroquí entrega al embajador de España en Marruecos, Fernando Arias-Salgado, una protesta por la violación del espacio aéreo de Nador por cazabombarderos españoles.

8 de febrero. El Gobierno español y el marroquí dan por zanjado el incidente del sobrevuelo de cazas españoles sobre la provincia de Nador.

20 de febrero. Marruecos ofrece cambiar su Constitución, inspirándose en el modelo de España, para conceder al Sáhara Occidental una autonomía. El representante especial del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental.

24 de febrero. Un terremoto causa cerca de 600 muertos en la ciudad de Alhucemas y alrededores, en la región del Rif.

28 de febrero. Mohamed VI visita Alhucemas cuatro días después del seísmo tras anular dos veces el viaje

26 de marzo. El ministro portavoz, Nabil Benabdallah, hace hincapié en que “los atentados de Madrid fueron preparados en Europa y que en ellos han participado personas de diversas nacionalidades y no sólo marroquíes”.

9 de abril. Marruecos remite una carta a Baker en la que rechaza “elementos esenciales” del plan Baker -en palabras de Annan- y le comunica que sólo aceptará una autonomía limitada para la antigua colonia española.

13 de abril. El diputado marroquí Mustafá Ramid, dirigente islamista moderado, propone recortar los poderes del rey.

18 de abril. Mohamed VI envía un telegrama al presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, felicitándole por su toma de posesión y le invita a luchar juntos contra el “integrismo y el terrorismo”.

22 de abril. El monarca alauí expresa al gobierno su disgusto por la lentitud de las reformas durante un consejo de ministros.

24 de abril. Cumpliendo el rito, Zapatero visita Marruecos en su primer viaje al extranjero. Le acompaña el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos.

31 de abril. Mohamed VI propone cambios en la educación islámica en las escuelas para “renovar el ámbito religioso con la intención de proteger a Marruecos de las veleidades del extremismo y del terrorismo”.

10 de mayo. El ministro del Interior marroquí, Mustafá Sahel, se reúne en Madrid con su homólogo español, José Antonio Alonso. Acuerdan reforzar los flujos de intercambio de información antiterrorista.

1 de junio. El tribunal de primera instancia de Rabat condena al director del semanario sensacionalista marroquí Ajbar al Usbuaa, Anas Tadili, a seis meses de cárcel por “difamar, denigrar (…) y propagar falsas noticias susceptibles de perturbar el orden público”.

4 de junio. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, designa a Marruecos aliado preferente.

8 de junio. Mohamed VI remodela el gobierno y reduce de 39 a 34 el número de ministerios y secretarias de Estado.

El monarca marroquí se reúne con Bush en la Casa Blanca.

15 de junio. El representante de EEUU para el comercio, Robert Zoellick, y el ministro adjunto marroquí de Asuntos Exteriores firman en Washington el acuerdo de libre comercio entre ambos países.

24 de junio. Amnistía Internacional (AI) denuncia en un informe torturas “sistemáticas” en Marruecos.

6 de julio. El primer ministro marroquí, Driss Jettu, afirma que el fenómeno de la tortura en Marruecos es “limitado” pero no desmiente las acusaciones.

8 de julio. Mohamed VI viaja a Washington para reunirse con Bush.

22 de julio. El Gobierno anuncia un proyecto de ley para sancionar con severidad a los funcionarios de prisiones que practiquen la tortura y ordena la apertura de una investigación.

24 de julio. El primer ministro marroquí, Driss Jettu, elogia la actitud del gobierno español en el conflicto del Sáhara.

30 de julio. Quinto aniversario de la entronización de Mohamed VI.

2 de agosto. Segunda visita de Moratinos a Marruecos.

6 de septiembre. Mohamed VI recibe al nuevo representante de la ONU para el Sáhara Occidental, Álvaro de Soto, en su palacio de Meknes.

21 de septiembre. Mohamed VI interviene en la Asamblea General de la ONU.

24 de septiembre. Marruecos envía a Annan un memorando de 28 puntos en el que comunica al secretario general de la ONU que no aceptará un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental y acusa a Argelia de haber obstaculizado sistemáticamente las propuestas pasa solucionar el conflicto.

26 de septiembre. Desde su exilio en París, el que fue durante 20 años ministro del Interior de Hassan II, Driss Basri, asegura que Rabat no quiere renovar su pasaporte.

11 de octubre. Las exportaciones pesqueras de Marruecos descendieron un 32% en términos de volumen en la campaña 203-2004, hasta situarse en 308.170, según datos del ministerio de Agricultura.

13 de octubre. Tercera visita de Moratinos a Marruecos en lo que va de año .

21 de octubre. La organización estadounidense de defensa de los valores democráticos Human Rights Watch (HRW) presenta en Rabat un informe en el que critica el retroceso de los derechos humanos en Marruecos.

 


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