Anuario 2004
Bielorrusia
"Lukashenko consigue que Bielorrusia se convierta en un “bastión de la tiranía”"
Eloy Pardo

La Bielorrusia gobernada desde hace diez años por Alexander Lukashenko finalizó el año 2004 aislada de la UE y Occidente, y empezó el siguiente encabezando la temible lista de “bastiones de la tiranía”, una propuesta de Condolezza Rice, nueva secretaria de Estado del Gabinete de George Bush, sobre lo que deberá ser la política exterior bélica de los EE.UU en los próximos cuatro años. Esta lista de países (Irán, Cuba, Birmania, Corea del Norte y Zimbabue) es la continuación del llamado “Eje del Mal”, que pone en el punto de mira a pequeños Estados que Norteamérica considera sus enemigos potenciales, como en su día lo fue el Irak de Saddam Hussein.
Sin embargo, Bielorrusia devino oficialmente un Estado libre de armas nucleares en 1996, luego de un período de negociaciones internacionales que empezó en 1992, tras la firma, junto con Ucrania y Kazhajstán, del Protocolo de No Proliferación de Lisboa. Y pese a las reticencias de Lukashenko en 1995, denunciando supuestas intenciones expansionistas de la OTAN, todos los misiles soviéticos de largo alcance, desplegados en el país durante la Guerra Fría, fueron traspasados a Rusia. Bielorrusia es hoy un país sin armas de destrucción masiva. No obstante, las desavenencias políticas de Lukashenko con Occidente la han aislado.

El Consejo de Europa cortó este año todo tipo de relaciones con Bielorrusia, al recibir un permiso de las autoridades bielorrusas para la creación de un comisión de investigación que dilucidara responsabilidades políticas en relación a ciertos crímenes, que la UE considera perpetrados por los círculos de poder de Lukashenko. El punto álgido del desencuentro entre la UE y Bielorrusia se escenificó poco antes de la celebración de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, cuando Europa intentó impedir, sin éxito, que el Ministro de Deportes bielorruso, Yury Sivakov, acudiera a la cita olímpica. Según un informe elaborado en abril por la UE, Sivakov constaba como uno de los principales sospechosos de la desaparición de cuatro personas entre 1999 y 2000: Yuri Zakharenko, antiguo ministro del Interior; Victor Gonchar, ex portavoz y diputado parlamentario; el empresario Anatoly Krassovski y el periodista Dmitri Zavadski. Este último, del que no se sabe nada desde julio de 2000, fue durante años el cámara personal del presidente, Alexander Lukashenko, antes de abandonar su puesto en 1996 para trabajar con la cadena rusa ORT. Un año más tarde fue encarcelado durante dos meses por poner de manifiesto las debilidades de la seguridad bielorrusa en la frontera con Lituania. Y en 2000 se esfumó.

Lukashenko convocó en el mes de octubre un referendum que debía confirmarle en el poder. Ante la falta de una oposición fuerte, como sí ha sido el caso de Ucrania, el único enemigo de Lukashenko era la abstención. Necesitaba al menos un 50% de participación, y pese a que la firma Gallup aseguró que sus encuestas a pie de urna (15.000 personas en total) daban un porcentaje del 48%, la elección salió adelante. Pedía Lukashenko legitimidad popular para tirar adelante una reforma de la Constitución, de cara a presentarse, por tercera vez consecutiva, a unas presidenciales, que deben celebrarse en 2006. Obtuvo un holgado resultado: un 75% de la población apoyó la reforma constitucional y en segundo lugar, con un 15% quedó Vladímir Goncharyk, un candidato que lleva años sufriendo cortapisas (en 2001 se clausuró un periódico que le era favorable).

Paralelamente a este referendum, se celebraron otras elecciones, que debían conformar el puzzle de uno de los dos parlamentos bielorrusos, la llamada Cámara de los Representantes. De los 110 escaños en liza, 107 fueron logrados por una unión de partidos múltiples partidos socialistas, patrióticos, obreros y agrarios. Todo ellos considerados cercanos a las intereses del ejecutivo de Lukashenko.

El papel poco relevante de la oposición quedó reflejado en la manifestación que tuvo lugar en Minsk tras las elecciones, que congregó a tan solo 2.000 personas, 52 de ellas detenidas por la policía. Sin acceso a los medios de comunicación del país, los partidos críticos, un bloque político en el que figuran el Partido Comunista de Bielorrusia, de Sergei Kaliakyn, la Unidad Civil, de Anatoly Lebedko, el Partido Laborista, de Alexander Bukhvostov, el Partido Socialdemócrata Gromada, de Stanislav Shushkevich o la Unión Socialdemócrata, de Valentina Polevikova son hoy una minoría sin prácticamente voz, y la preocupación máxima de Lukashenko es impedir que tengan audiencia. El caso de Mijail Marynich es particularmente turbador a estos efectos. Político de amplio currículum, ex Ministro de Asuntos Exteriores y ex Embajador de Bielorrusia, su actividad como opositor le llevó a ser arrestado y encarcelado, el pasado abril. La represión política es una realidad en Bielorrusia.

Un gran vacío silencio oficial se cierne, además, sobre el auténtico drama bielorruso: los efectos de la catástrofe nuclear de Chernobyl en 1986. Sigue en la cárcel Yury Bandajevsky, un científico que demostró que el 75% de Bielorrusia seguía sometido a los terribles efectos del cesio radioactivo c137, provocando daños irreversibles en los órganos humanos y en los fetos. Bandajevky ha conseguido este año mejorar su situación carcelaria, gracias a la presión ejercida por científicos de otros países. Pero su caso lleva cinco años suscitando una ola de protestas, porque en realidad su única actividad subversiva fue advertir a Lukashenko de que debía avisar a la población de los peligros que entrañaba volver a las tierras más contaminadas.

El mandatario bielorruso no ha llevado a cabo una campaña de prevención nacioan contra la reocupación de suelo agrícola radiactivo. Miles de familias campesinas y ciudadanos están volviendo a las zonas consideradas más peligrosas. La radioactividad, que se transmite por vía alimentaria de la tierra al ganado vacuno, y de este al ser humano, afecta a dos millones de bielorrusos, el 20% de la población. Chernóbyl, que ha causado ya más de 30.000 muertes entre Ucrania y Bielorrusia, sigue provocando cada año cáncer de tiroides y de mama, y problemas sanguíneos también afectan a los niños nacidos con posterioridad al accidente.



El gas enturbia las relaciones entre Rusia y Bielorrusia

El único aliado político de Lukashenko, y aún con reservas, es Vladímir Putin. El litigio que mantienen ambos países por el monopolio de los gasoductos tensó en febrero las relaciones entre estos dos Estados socios, que comparten una unión militar y policial. Gazprom, gigante ruso del gas, cortó durante un día la distribución de gas a Bielorrusia. Aparentemente, Lukashenko acusó a Moscú de querer matar de frío a los bielorrusos, pues aquel día reinaban temperaturas de -20ºC. El este de Alemania y Polonia también se vieron afectados.

Rusia vende su gas a Bielorrusia a precios preferenciales, pero el litigio se debió a que Moscú impuso unos precios que Lukashenko consideró demasiado elevados. Gazprom intentaba vender el gas a 50 dólares los 1.000 metros cúbicos, y Bielorrusia quería seguir pagando 32. Finalmente, Gazprom dejó de vender su producto a Bielorrusia, forzándola a negociar con otras compañías como Trans Nafta. El presidente bielorruso llegó a calificar de terrorista la actuación de Rusia, pero cedió al final a los precios que demandaba Moscú, llamando a recolectar todo el dinero que hiciera falta, incluso, señaló Lukashenko, entre los “veteranos de Chernobyl y de la Segunda Guerra Mundial”, en referencia a los supervivientes de las dos grandes catástrofes que Bielorrusia ha vivido en su historia reciente.

Pero existen otros problemas entre ambos países, en relación a la distribución del gas. Europa recibe esta materia prima a través de gasoductos bielorrusos, que tejen sus propios intereses de compra-venta. Por esta razón, Gazprom ha buscado, infructuosamente, controlar más de cerca éstas operaciones, intentando comprar Beltransgaz, la sociedad que gestiona los gasoductos de Bielorrusia. Cuando salió la posibilidad de privatizar el 50% de esta compañía, Lukashenko mostró su amargura por el hecho de tener que vender “patrimonio nacional a un Estado extranjero”.

Pero, pese a las palabras del líder bielorruso, la unidad entre Rusia y Bielorrusia se mantiene sólida a todos los efectos. Existe una Unión Aduanera desde 1996, convertida en Comunidad Económica Euroasiática, y concretizada en la llamada Unión Rusia-Bielorrusia. La prioridad absoluta es el rechazo de las bases de la OTAN, principal argumento propagandístico de Lukashenko, en esta y en anteriores elecciones.

2004 ha sido el año del 60 aniversario de la derrota del Tercer Reich en suelo bielorruso, una efeméride muy vivida en todo el país, cuyo día de la Independencia quedó fijado desde 1944 en un 1 de julio. Para conmemorar esta fecha, se inauguró en Dziarjnava un monumento en honor a Felix Djerzinsky, el fundador de la Cheka, la policía que cimentó el poder de Stalin en los años 30. Su estátua había sido demolida cuando cayó la URSS.



Cronologia año  2004
5 de febrero. Bandajevki, encarcelado por denunciar el silencio oficial en torno a las consecuencias de la fuga radiactiva de Chernobyl, podría obtener un estatus de semilibertad.

19 de febrero. El Consejo de Europa culpa a Lukashenko de la desaparición de oponentes políticos.

21 de febrero. Querella por el gas entre Rusia y Bielorrusia, tras un fallo de suministro que duró un día.

6 de agosto. La UE pide que el ministro de Deportes de Bielorrusia no acuda a los Juegos Olímpicos de Atenas, al acusarlo de hacer desaparecer a oponentes.

14 de octubre. Bielorrusia recuerda con una estatua a Felix Djerzinski, fundador de la Checa (policia política).

17 de octubre. Lukashenko convoca un referéndum con vistas a obtener un cambio en la Constitución que le permita presentarse otra vez a las presidenciales.

17 de octubre. Elecciones a la Cámara de Representantes, una de las dos cámaras lesgislativas bielorrusas.

18 de octubre. Los primeros datos apuntan a una victoria de Lukashenko, que también gozará del apoyo de una amplia coalición favorable en el Parlamento.

19-20 de octubre. Se manifiestan 2.000 personas en Minsk, y 52 son detenidas.

21 de octubre. Observadores de la OSCE denuncian irregularidades electorales e insta a liberar a los manifestantes detenidos.

8 de diciembre. Lukashenko acusa a Occidente de injerencia en Bielorrusia.


 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies