Anuario 2004
Rusia
"Putin avanza hacia la concentración de todo el poder en Rusia"
Eloy Pardo

Rusia está inmsersa en un proceso de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), tras más de quince años de decadencia en la economía, en el Estado y en la sociedad. Años de descontrol económico, que vieron el ascenso de los llamados Siete Magníficos, un grupo de oligarcas que aprovecharon su posición cercana al establishment del último período de la URSS, para, una vez caída esta, hacer dinero rápido de la nada. Entre otras operaciones, estos oligarcas fueron especialistas en convertir las subvenciones que recibían las empresas estatales en dinero en efectivo. Organizar subastas en beneficio propio, comprar petroleras por una fracción de su valor (caso de Sibneft, por parte de Roman Abramóvich) y, sobre todo, influir legislativa y políticamente para favorecer sus negocios privados fueron sus principales obras. La revista “Newsweek” señaló además la baja productividad de las empresas controladas por los oligarcas -en cuyas manos se estima que está entre el 35 y el 60% de la industria rusa, petróleo, metalurgia y banca eminentemente. Mal reparto del dinero generado y mala organización del trabajo son las gangrenas de la economía rusa actual. La inoperatividad de este modelo, hecho a medida de la corrupción oligárquica, ha llevado a Rusia a una quiebra social absoluta, con un renta per cápita que ronda los 1.500 dólares anuales, un número inferior al de Namibia, Panamá y Tailandia.
Parece claro que, bajo la tutela de Vladímir Putin, reelegido presidente este año, Rusia se encamina hacia un mejor control de los ingentes recursos energéticos del país. Pero esta voluntad intervencionista no ha gustado en EE.UU, país con el que Putin mantiene un idilio desde el 11-S que parece estar llegando a su fin. EE.UU teme que el liberalismo, en su versión norteamericana, ceda el paso a un control más racional de la economía. La pena de cárcel contra un oligarca corrupto, Mijail Jodorkovsky, y los sonados exilios en Londres de dos de los oligarcas que más influencia política tuvieron, Boris Berezovsky y el gobernador de Chukotka Roman Abramóvich, son síntoma, sin duda, del inicio de una nueva política económica en Rusia. Sergei Gláziev, un economista próximo a los círculos presidenciales, opinaba en febrero que, para acrecentar su influencia mundial, Rusia debía encaminarse hacia el fortalecimiento del rublo -la moneda de Rusia- y poner fin al período de excesiva dependencia del dólar.

La razón está, por el momento, del lado de Putin, que desde que preside Rusia ha obtenido un balance económico positivo para el Estado. En 2004, el crecimiento de Rusia (país con 144 millones de habitantes) ha sido de 7,3% con respecto a 2003. Su producto interior bruto (PIB) alcanza los 571.800 millones de dólares, cifra en todo caso menor que la de España (40 millones de habitantes) que alcanzó, según una estimación de “The Economist”, 931.000 millones de dólares. Pese a que la cifra rusa es menor que la de países con menos recursos demográficos y energéticos, el auge del PIB logrado por Rusia este año ha ayudado a sufragar, finalmente, la deuda externa contraída por el país con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los créditos que ésta institución concedió a Moscú, tras el ocaso de la Unión Soviética, introdujeron la economía de mercado en suelo ruso, pero crearon una enorme dependencia económica con el FMI, a causa del pago de la deuda, que aplazó el crecimiento real de la economía rusa y provocó un colapso en 1998. En 2004, sin embargo, Rusia ha logrado reducir la cifra a tan sólo 3.900 millones de euros. El presidente del FMI, el español Rodrigo Rato, acudió en noviembre a Moscú para, prácticamente, felicitar a Vladímir Putin.

Y es que las reservas de oro y divisas logradas por Rusia este año han crecido cerca de 87.000 millones de euros, gracias, sobre todo, a las exportaciones de petróleo y de gas al extranjero. Rusia ha logrado cobrar de las empresas compradoras extranjeras 134.000 millones de dólares, una cifra que ha librado técnicamente al país de sus ataduras con el FMI y que permite albergar cierta confianza en el futuro.

La regulación al alza de los precios del crudo y del gas ha beneficiado a Rusia

en un contexto internacional marcado por la desastrosa situación en Irak, otra de las grandes reservas mundiales de crudo. El Estado ruso es hoy el primer productor de gas natural del planeta (580,8 millones de barriles, de los que 205,4 millones son exportados). Y el séptimo extractor de petróleo, además de primer exportador a causa de las crisis bélicas que atenazan el Oriente Medio.

El sector petrolífero ruso atrajo este año a un importante inversionista francés, Total, que acordó invertir 1.000 millones de dólares en Novatek, el gigante ruso del gas. La UE y, muy especialmente, Francia tienen un elevado interés por que la industria energética rusa funcione bien. El 45% de las exportaciones de Rusia a Europa son materias primas (53% de petróleo y un 36% de gas). Y, globalmente, un tercio de los intercambios comerciales de Rusia se efectúan con Europa. Con la ampliación de la UE se prevé que esta cifra crezca hasta un 50%. No es de extrañar, por tanto, que las arcas públicas de Rusia empiecen a llenarse, tras la absoluta decadencia de los años 90, que venía gestándose desde la década de los 80.

Pese a lo positivo de estas grandes cifras, persisten muchos problemas. Uno de los más graves es la falta de un sistema bien regulado de recaudación de impuestos. La dispersión sistemática a paraísos fiscales como Chipre o Bahamas de gran parte de los capitales generados en suelo ruso empieza a dar forma a la idea de crear leyes antimonopolio que impidan tales maniobras. Según la revista “Forbes”, Rusia cuenta con 25 milmillonarios en dólares, cifra sólo superada por EE.UU, Japón y Alemania.

Sin embargo, a lo largo del pasado año, el Estado mantuvo sigilosamente unas operaciones destinadas a poner cerco a años de malversación por parte de la petrolera Yukos, de capital privado. En diciembre, llegó la culminación. En una subasta organizada en Moscú, se puso a la venta la empresa Yuganskneftegaz, que con el 62% de la producción total es la más importante filial extractora de Yukos. Mijaíl Jodorkovsky, propietario de este conglomerado petrolífero, encarcelado desde 2003, está acusado de defraudar las arcas públicas y no pagar impuestos entre 2000 y 2003, ambos años inclusive. Coinciden esos impagos con el tiempo que Putin lleva ejerciendo el poder.

La idea de vender Yuganskneftegaz rondó durante varios meses hasta que culminó en la mencionada subasta. Tal operación debía, en principio, cubrir la deudas de Jodorkovsky. Esta iniciativa del Estado ruso topó con la oposición -infructuosa- del grupo de accionistas Menatep (de mayoría norteamericana), que decidió interponer una demanda contra Moscú, amparándose en la Carta Energética, un documento proteccionista elaborado por Occidente que sirve para proteger los negocios extranjeros en los países del antiguo bloque comunista. Consideraron estos inversores que el Estado había violado la propiedad privada. Pero nada impidió al Kremlin obrar de la siguiente manera: suspensión de la cotización en Bolsa de Yuganskneftegaz, provocando un hundimiento de las acciones de esta empresa. Convocatoria de una subasta pública en la que participaron empresas estatales como Gazprom. Y creación de una entidad desconocida hasta entonces, Baikalfinancegroup, que se llevó la subasta y se hizo con la mayor empresa del conglomerado de Yukos. La operación provocó escándalo en los círculos financieros europeos y norteamericanos, pero culminó con el anuncio de Putin de ofrecer a la Corporación Nacional de Petróleo de China la compra del 20% de los activos subastados de Yukos. El control de producción de Yugansk está hoy a manos de Rosneft, una empresa estatal.



Japón le gana la partida a China como socio preferencial de Rusia

China y Rusia volvieron a discutir este año sobre la posibilidad de crear nuevos oleoductos y gasoductos que conecten ambos Estados. El mercado potencial de consumo chino empieza a ser una prioridad en Moscú, algunos de cuyos consejeros ya hablan de la necesidad de girar Rusia hacia Oriente. En el último día del año, sin embargo, el Gobierno aprobó la construcción de un oleoducto que unirá las plantas extractivas de Siberia con el puerto de Nanking, en la región del mar del Japón. A corto plazo, Tokio es más prioritario que Pekin para el Gabinete de Putin. Entre China y Japón existe una enorme rivalidad por conseguir un acceso preferencial a los petróleos de Siberia. China es ya el segundo consumidor mundial de crudo y su crecimiento se disparará en 2020. Pero, en la zona, Japón sigue siendo el principal actor económico, un mercado muy bien estructurado desde hace varias décadas en diversas facetas industriales de importancia global (automóvil, electrónica). La desesperada necesidad de petróleo de Japón, un Estado insular con abundantes capitales pero pocos recursos energéticos, acabó por hacer realidad una oferta irrenunciable para Rusia. Tokio ha ofrecido invertir 7.000 millones de dólares en el desarrollo de los campos petrolíferos de Siberia, financiando, además, el mencionado oleoducto con un aporte 5.000 millones de dólares. Y ha prometido regalar a Rusia 2.000 millones de dólares para el desarrollo de proyectos sociales.

Yukos había tenido sus propios planes en relación a este asunto, y siempre prefirió la opción de conectarse directamente con China, a través de Mongolia. Sin embargo, el Kremlin considera que el transporte de gas y de crudo debe ser una competencia estatal, auténtica piedra filosofal de las últimas acciones emprendidas por Putin.



La lucha por la supervivencia contrasta con la riqueza oligárquica

El palpable descontento entre quienes dirigen Yukos, que este año proporcionó 71 millones de toneladas de petróleo, el equivalente a una quinta parte de la producción nacional de Rusia, sólo es comparable con el ruptura social de la Rusia actual. Prueba de la desregulación entre trabajador-empresa es que, tras la venta de Yuganskneftegaz, al actual director de la compañía, Steven Theede, no se le ocurrió otra cosa que anunciar la suspensión de los salarios de los trabajadores, conminando a que los accionistas (extranjeros en su mayor parte) declarasen la empresa en bancarrota. Theede puso de manifiesto la incertidumbre que vive Yukos como futura empresa privada, pero la amenaza principal pesa sobre los trabajadores, en un país con 5,5 millones de parados.

Mijaíl Jodorkovsky sigue, de momento, en la cárcel, tras serle prolongada la pena por un tribunal de Moscú el pasado enero. Pese a que sus deudas ya han sido sufragadas, tras la subasta de Yuganskneftegaz, su situación no parece destinada a cambiar. A lo largo de los años 90 amasó una ingente fortuna personal, de 15.000 millones de dólares, favorecido por una desregulación total de la economía rusa de la era Yeltsin. Casos de enriquecimiento como el suyo han contribuído, sin duda, a traer la miseria en tierras rusas. El impago sistemático de impuestos y la corrupción han lastrado socialmente a un pais que ha sido incapaz de sostener sus antiguos servicios sociales, ni de crear unos nuevos a causa de la política llevada a cabo por Yeltsin, que dejó vacías las arcas del Estado. La esperanza de vida media ha bajado hasta los 66 años, un dato que señala la falta de un sistema sanitario en condiciones. En 2000 el país ocupaba el puesto 60 en el Indicador de Desarrollo Humano (IDH). En 2002, entre un 50 y un 80% de la población vivía con menos de 5,7 euros al día, en un entorno de precios medios por producto similar al de un país occidental (2 kilos de patatas cuestan 2,3 dólares; el pan cuesta 0,77 dólares). La capacidad de ahorro de los rusos es casi nula y muchos sectores laborales sufren atrasos en el pago de sus salarios. En noviembre, los enseñantes de todo el país expresaron su protesta: cobran menos de 170 euros al mes.

La anulación de muchas pensiones soviéticas de jubilación ha afectado a excombatientes, docentes, militares y sanitarios. La retirada de las pensiones “Héroe del Trabajo”, “Heroe de Rusia” y “Héroe de la URSS” ha afectando a millones de ciudadanos. La miseria toca, sobre todo, a niños y ancianos que viven en las grandes ciudades. Regiones enteras como la del Gran Norte Siberiano, y antiguos centros mineros y textiles malviven sin servicios del Estado. La reforma agraria, que debía prometer la posesión de tierras a pequeños campesinos, no se ha hecho y existe el evidente peligro de que los oligarcas adquieran a título personal regiones enteras. La mortalidad masculina e infantil sigue siendo elevada en Rusia, por causas como la tuberculosis, la difteria y el sida, enfermedad ésta que, según datos de 2004 (publicados en el número de marzo de la revista “Time” a partir de un informe de Human Rights Watch), afecta a un millón y medio de personas. La mayor parte de las personas que contraen el sida consumen heroína en jeringuillas compartidas. Concentradas en las dos grandes urbes rusas (San Petersburgo y Moscú), la no integración en el mercado laboral de estas personas con sida las obliga a vivir en la marginalidad. Un enorme problema socio-económico para Rusia, un país “atractivo para invertir” según un estudio de la firma Ernst&Young elaborado en mayo.



El terrorismo y Chechenia siguen enrocando a Rusia

El 3 de septiembre, tras un secuestro de dos días, morían 339 personas en una escuela de educación primaria de la ciudad de Beslán en la región de Osetia del Norte (Cáucaso). Unos terroristas, pertrechados con bombas y armas de fuego, hicieron prisioneros a cerca de mil de niños y a sus profesores. Shamil Basáyev, un radical de confesión wahabí que se ha hecho fuerte en Chechenia, fue quien ideó la operación. Según un comunicado emitido a través de Internet por él mismo, el detonante de las explosiones fueron los disparos del Ejército ruso, que hicieron estallar la escuela estalló en mil pedazos. En realidad, la intervención militar de Rusia (con tanques y helicópteros) estuvo mal resuelta: el nerviosismo que generan las acciones suicidas del terrorismo se apoderó del escenario. En unos vídeos grabados furtivamente en el interior de la escuela se pudo observar, sin embargo, que los terroristas se comportaron violentamente en todo momento y usaron a niños como escudos humanos situándolos en las ventanas del edificio. La colocación de bombas en todo el edificio hizo, visible en el mismo vídeo, hizo que la escuela, y los niños con ella, estallara.

La cifra total de pérdidas humanas, secuestradores incluídos, se elevó a 339. Se escenificó, una vez más, que la situación de guerra en el Cáucaso no permite albergar un futuro de paz en esa zona del Estado ruso. La mayor consecuencia política de los sucesos de Beslán fue la dimisión del Gobierno de Osetia del Norte, decretada por el primer ministro, Alexandr Dzasojov. Presionado por su propia población, Dzasojov, un dirigente que se proclama miembro oficial del Politburó de la URSS, lidió con una situación que conmocionó a la opinión pública internacional. Su decisión recibió un apoyo masivo en Osetia, mientras que sobre Putin empezaron a llover críticas por la forma ambigua en que el ejército resolvió el secuestro y por la falta de dimisiones de su entorno.

Sin duda, Vladímir Putin teme que la perdida de la soberanía rusa en el Cáucaso genere un efecto en cadena el resto del Estado, compuesto por una miríada de etnias y poblaciones culturalmente muy diversas. Sin embargo, la situación de opresión civil en Chechenia, que no tiene parangón en ninguna otra zona del país, es el caldo de cultivo del terrorismo. Esta pequeña región caucásica vive sometida por la violencia de diversas guerrillas paramilitares, mercenarios a sueldo de filofascistas rusos. Los raptos indiscriminados, las violaciones a mujeres, los saqueos y matanzas, el temor civil convirtieron, un año más, a Chechenia en un caos incontrolable. Las violaciones de derechos humanos son constantes, a pesar de la opacidad informativa entorno a este caso. Pero, un año más, Rusia se ha librado de una moción de censura por parte de la ONU. El Kremlin suele hablar de la existencia de redes wahabíes en Chechenia. La miseria reinante en la región, con un paro del 70% de la población, es sin duda un caldo de cultivo favorable para la demagogia religiosa preconizada por Shamir Basáyev. Sin embargo, nadie ha probado la conexión con Al Qaeda, que tanto acercó a Putin y Bush tras los atentados de Nueva York. Las arbitrariedades cometidas por ciertos nacionalistas rusos en esa zona son suficientes para crear potentes focos de animadversión.

El asesinato del presidente prorruso Ahmed Kadírov, elegido en 2003, mientras presidía una conmemoración del 59 aniversario de la victoria soviética frente a la Alemania nazi, evidenció que Rusia tiene un enorme problema en esa zona. Las elecciones celebradas en agosto dieron la victoria al general Alú Aljanov, abiertamente prorruso, que mantiene la férrea posición de no negociar con las guerrillas, ni con ningún político independentista o nacionalista. La legitimidad popular de estos mandatarios prorrusos es, como mínimo, dudosa, pese a sus abultadas victorias electorales. Aljánov ha prometido mejoras en la economía chechena y Putin parece muy interesado en organizar cuantiosas inversiones en el país. Partiendo de la idea de que la mejora económica apacigua a las poblaciones, Moscú intentó proclamar una Constitución chechena, durante la pasada primavera, que debía conducir hacia una estabilidad. El problema, sin embargo, perdura, máxime cuando el Kremlin no se presta a escuchar al perseguido Aslán Masjádov, un líder mucho más moderado que el terrorista Basáyev, que, tras Beslán, abogó por hallar una solución de concordia con Rusia. Masjadov, ex presidente de Chechenia, es posiblemente el representante más legítimo de los chechenos, pues fue el último presidente democráticamente elegido en esa república. Su proclamada desvinculación del terrorismo wahabita no obtiene otra respuesta por parte de Putin que la de búsqueda y captura.

Otros atentados terroristas atribuidos a comandos chechenos tuvieron lugar en el metro de Moscú en febrero (57 personas muertas), y la caída simultánea, en agosto, de dos aviones de Aeroflot llenos de pasajeros, a causa de la inmolación de unos suicidas. Basáyev, que sin duda dispone de dinero, se atribuyó la idea de tal ejecución. Estos ataques contra la población ciudadana hicieron a Putin enrocarse, quien llegó a afirmar que, de seguir sufriendo los ataques del terrorismo, Rusia lanzaría ataques preventivos en cualquier parte del mundo. Qatar, un país situado en la península de Arabia, acusó a dos espías rusos de haber organizado el asesinato de un ex presidente checheno, Zalimján Yandarbiev, en Doha (Qatar).



Vladímir Putin obtiene la legitimidad de los rusos

A pesar del terrorismo, Putin ha finalizado el 2004 en una posición política más que favorable para él. El año empezó con buenas notícias electorales para su partido Rusia Unida. Tras disolver el gobierno en febrero (una maniobra que causó extrañeza), el actual presidente fue reelegido en marzo por cuatro años más, y con el 71% de los votos. Putin basó toda su campaña electoral en promesas de tipo económico, como el objetivo de doblar el PIB antes de 2010 (meta aplaudida por el FMI) o disminuir la acuciante pobreza de los rusos. El gran peligro era que la participación fuera menor del 50%, hecho que hubiera invalidado la votación. El escollo fue superado, gracias a que el 64,3% de los 107 millones de electores rusos acudió a las urnas. Y frente al pobre 53% de apoyo que obtuvo Putin en 2000, la cifra de 2004 se antojó un paso adelante en su carrera de legitimación popular. A las pocas horas de su victoria, el amo del Kremlin aseguró que uno de sus objetivos era “desmantelar los monopolios naturales” y fortalecer las libertades individuales.

Al frente de un partido de corte nacionalista y conservador llamado Rusia Unida, Putin recibe el apoyo de otras organizaciones políticas, tales como Ródina (cuya figura clave es el economista Serguei Gláziev, anteriormente en la órbita del Partido comunista) o el Partido de la Vida (del Presidente del Consejo de la Federación, Oleg Mirónov).

La oposición se reduce prácticamente al Partido Comunista Ruso (PCFR), que logró tan solo el 13,7% de los votos, tras elegir a un líder que tuvo poco tiempo para darse a conocer: Nikolai Jaritónov. El PCFR llegó a debatir en su seno una renuncia a presentarse a las elecciones. Los comunistas post-soviéticos, tras su gran resultado en las presidenciales de 1996 (Yeltsin fue acusado de falsear el resultado), no han conseguido volver a levantar el vuelo. En su X Congreso, celebrado en julio, el PCFR reportaró las múltiples coacciones que sufrió para organizar una reunión que debía reunir a todos los delegados territoriales.

Otros políticos, más del gusto de Occidente, como la independiente Irina Jakamada (línea liberal), tienen poca voz en Rusia. El que partía con más posibilidades era, a priori, Ivan Rybkin, candidato a presidente, y protegido por el oligarca exiliado Boris Berezovsky, antiguo mentor de Putin. Rybkin, sin embargo, renunció a concurrir en las elecciones, tras haber protagonizado una misteriosa desaparición de cinco días (5-10 de febrero), a un mes de los comicios. Tras reaparecer, adujo haber ido a pasar unos días de vacaciones en Ucrania. Pero más tarde anunciaría, desde Londres, que los servicios secretos rusos (FSB) lo habían envenenado y secuestrado.

Sin duda, el fortísimo control mediático del Kremlin ha ayudado a popularizar la figura de Putin. La manipulación de los mensajes y promesas ejercida por Putin le ha dado unos incontestables réditos electorales con los que ha creído tener carta blanca para consolidar un poder a medida. Su Gobierno, sustentado en un partido que apenas dispone de bases, trabaja en una dirección muy clara: la de nombrar a dedo a gobernadores regionales, que sean afines a las decisiones de Moscú.

Las medidas tomadas este año por la Duma, en la que Putin tiene una holgada mayoría, han encaminado a Rusia hacia la supresión de la democracia regional. A partir de ahora, todos los gobernadores de las regiones de Rusia serán nombrados por el Kremlin. La medida va encaminada, ante todo, a frenar la posibilidad de que se formen bloques de poder regional opuestos al Kremlin, tal como sucede en Chechenia o en los albores de la ex Unión Soviética (Georgia o Ucrania).

La Duma Estatal es uno de los pilares del nuevo poder de Putin. En las elecciones parlamentarias, celebradas en diciembre de 2003, se forjaron una serie de alianzas encaminadas sobre todo a arrinconar a la izquierda (compuesta por comunistas, agrarios y Partido de los pensionistas). La evolución experimentada por el partido Rodina (9% de los escaños), que pasó de ser un partido de tendencia izquierdista a abrazar las tesis de Putin, determinó la actual mayoría que obtiene Rusia Unida en el Parlamento. La Duma ha aprobado este año la restricción del derecho de manifestación, una medida de carácter limitará el derecho de manifestación de los rusos en las grandes avenidas. Tampoco lo podrán hacer, añade la ley, cerca de oleoductos o gasoductos.

El clima reinante en Rusia no invita a ejercer un periodismo especialmente crítico con el Gobierno. En poco más de una semana, el 9 y el 17 de julio, dos periodistas fueron asesinados en Moscú, en circunstancias poco claras, pero siempre fortuitas y violentas. El primero, Paul Klebnikov, era un norteamericano de origen ruso que dirigía la revista “Forbes”, ligada a la oligarquía. Solía criticar la corrupción y evaluar positivamente la labor de los oligarcas. Era un defensor de Boris Berezovsky. Fue cosido a tiros. El segundo, Paila Peloyán, era redactor de la revista “Armianskii Pereulok (El Callejón Armenio)”, fue encontrado muerto con heridas de arma blanca y golpes por todo el cuerpo. En ambos casos las Fiscalía de Moscú abrió expedientes criminales para investigar lo sucedido. En septiembre la periodista Anna Politovskaia, reconocida internacionalmente por su labor de investigación en Chechenia y crítica con Putin, aseguró en una carta publicada en la Red haber sido envenenada cuando intentaba desplazarse a Beslán.



La relaciones exteriores de Rusia se encallan

La ampliación de la UE, decretada para el 1 de mayo de 2004, ha empujado las fronteras de Europa hasta las puertas de Rusia. Estonia, Lituania, Letonia, tres países que hasta 1990 formaron parte de la Unión Soviética son hoy miembros de la Unión Europea y también de la OTAN. Este segundo aspecto ha creado malestar en Rusia, cuya doctrina del “Extranjero Próximo”, basada en la estrecha colaboración entre países de la ex URSS, se ha visto cuestionada con la adhesión a la OTAN de los países bálticos.

Las relaciones entre Rusia y la UE tuvieron, de todas formas, ciertos momentos álgidos en 2004: el Consejo de Europa manifestó claramente que deseaba la entrada en Rusia en la Organización Mundial del Comercio (OMC), idea que se ha reforzado este año en algunas de las reuniones semestrales que mantienen Moscú y Bruselas. El acuerdo para que Rusia entre a formar parte de la OMC, que China también apoyó tras la visita a Pekín de Putin a Hu Jintao en noviembre, parece más próximo que nunca.

La ratificación rusa del Protocolo de Kioto, una de las noticias más relevantes del año desde el punto de vista medioambiental, ha multiplicado las posibilidades de cara a entrar en la OMC. La decisión del Gobierno de Putin ha hecho posible que entrara en vigor el protocolo mismo, que en 1990 determinó que los gases que emitían los países más industrializados no debían superar el 55% del total mundial.

Sin embargo, entre la promesa de Putin de acrecentar el PIB y la aprobación del Protocolo de Kioto, que obliga a no superar un cierto tope de emisiones de gases industriales, hay una clara contradicción, según afirmó en marzo Nikolai Tonkov, presidente del holding NTM, que reune a 50 de las más importantes empresas del país. Pero, al parecer, a Rusia le interesan, a corto plazo, las divisas que le pueden pagar ciertos países que sí se mantienen por encima de los topes estipulados por el Protocolo (como India o China). Estos países, para seguir produciendo al ritmo actual, le compran a Rusia la cota de gas que no emite, para asegurarse de que el Protocolo siga vigente en todo el mundo. La venta de emisiones de CO2 puede suponer un notable negocio para el Kremlin.

Finalmente, las relaciones del Kremlin con Occidente (EE.UU y la UE) pasan hoy por momentos reacios. La crisis de Ucrania, desencadenada a raíz de las eleeciones presidenciales de noviembre de 2004, acabó de plantear la contradicción existente entre la doctrina del “Extranjero Próximo” rusa y el triunfo de los políticos prooccidentales en países que hasta hace poco parecían inamoviblemente rusófilos. Putin cerró el año con un discurso televisado, en el que llegó a hablar de una conspiración internacional en contra de Rusia -citando incluso a EE.UU. Dejando a las claras sus intenciones de control estratégico sobre Ucrania, que investirá como presidente al europeísta Víktor Yúshenko, el presidente ruso hizo planear sombras sobre las futuras relaciones diplomáticas de su país con la UE y Estados Unidos. Rusia se siente aislada.



Cronologia año  2004
18 de enero. El sida amenaza con infectar al 1% de la población rusa.

2 de marzo. Dos espías rusos acusados por Qatar de matar a un ex presidente checheno en Doha.

12 de marzo. Victoria electoral de Vladímir Putin con el 71% de los votos.

13 de marzo. Un alto funcionario de los EEUU en Moscú expresa su frustración tras la victoria de Putin.

26 de marzo. Jacques Chirac afirma que la UE debe defender mejor los intereses de Moscú.

4 de abril. Gerhard Schröder se entrevista con Vladímir Putin en Novo Ogarevo.

1 de mayo. Entra en vigor la nueva frontera entre Rusia y la UE, y las tres repúblicas bálticas entran en la OTAN.

9 de mayo. Putin promete en su discurso de investidura como presidente que que mejorará las libertades individuales.

11 de mayo. Una bomba mata al presidente de Chechenia, Ahmed Kadirov, avalado en 2003 por el Kremlin.

29 de mayo. Comienza el proceso contra Mijaíl Jodorkovsky, ex dueño de Yukos.

8 de julio. La justicia rusa libera a dos talibanes que pasaron dos años en Guantánamo.

8 de agosto. Suprimidas todas pensiones heredadas de la URSS, que beneficiaban a 30 millones de ciudadanos rusos.

28 de agosto. Alú Aljanov, nuevo presidente de Chechenia, descarta el empleo del diálogo con la guerrilla independentista.

3 de septiembre. Mueren 339 personas en una escuela de Beslán, Osetia, tomada por terroristas.

4 de septiembre. Putin advierte que Rusia perseguirá a los terroristas en cualquier parte del mundo. La supresión del sufragio universal en 89 repúblicas, primera medida de Putin tras los sucesos de Beslán.

17 de septiembre. La UE critica las reformas electorales de Putin y EE.UU las califica de asunto interno.

18 de septiembre. El lider nacionalista checheno Masjádov dispuesto a “ceder en todo” ante Rusia.

20 de septiembre. Mil hombres son enviados a una operación antiterrorista en Chechenia

para capturar a Aslán Masjadov y Shamil Basáyev.

14 de octubre. China y Rusia sellan alianzas para una paz fronteriza. Hu Jintao apoya el ingreso de Rusia en la Organización Mundial del Comercio.

23 de octubre. La Duma aprueba el Protocolo de Kyoto.

11 de noviembre. Los ingresos del petróleo sufragan la deuda externa rusa. La balanza del comercio alcanza los 74.000 millones de dólares, un 32,1% más que en 2003.

20 de noviembre. Elevada a 15.000 millones de dólares la deuda de Yukos. Yuganskneftegaz, valorada en 6.640 millones de dólares, será vendida.

25 de noviembre. Cumbre entre la Unión Europea y Rusia, en medio de la crisis ucraniana. Los intereses puestos en Ucrania crispan la relación entre ambos bloques.

24 de diciembre. Putin se defiende de los lemas antirrusos oídos en Ucrania y promete trabajar con el vencedor de las elecciones.

26 diciembre. Vendido el 63% de las acciones de Yuganskneftegaz, la mayor empresa de Yukos. La compra la realizó Baikafinancegroup, una firma ligada al Estado ruso.

31 de diciembre. Rusia aprueba la construcción de un oleoducto entre Siberia y el mar de Japón. La operación pretende abastecer el mercado japonés.

 


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